La primera impresora 3D asistida por láser: así quieren cambiar el futuro industrial desde O Porriño

La fabricación aditiva revolucionó la forma de diseñar y producir piezas, pero aún presenta importantes limitaciones cuando se trabaja con materiales plásticos de altas prestaciones. Este es el objetivo del proyecto L3DO, que busca madurar y validar industrialmente la primera impresora 3D de postre asistida por láser. El Centro de Innovación y Tecnología multisectorial AIMEN lanza esta idea pionera con la que poder trabajar con materiales de altas prestaciones, que son mecánicamente mejores en términos estructurales que los materiales plásticos tradicionales de la impresión 3D. Mientras estos permiten hacer un prototipo rápido pero frágil, los materiales con los que permitirá trabajar el resultado de L3DO tienen una mayor resistencia mecánica y térmica, conocidos como termoplásticos de altas prestaciones.

David Diego Vallejo, investigador de Sistemas y Aplicaciones Láser y coordinador técnico del proyecto L3DO, señala que esta alternativa pone el foco en el principal problema de la impresión 3D: el proceso de creación de una pieza suele hacerse capa la capa, y para que los materiales se adhieran bien y tengan unas correctas características mecánicas, tienen que tener una temperatura controlada. “La diferencia de temperatura tiene que ser la menor posible para que sean resistentes”, indica el experto de Aimen. En el caso de los materiales de altas prestaciones, controlar la temperatura de la pieza en el proceso de impresión se hace imprescindible para lograr buenos resultados.

“Nosotros apostamos por tecnología láser para hacer este calentamiento controlado”, explica Diego Vallejo, pues es una herramienta que permite calentar un área muy localizada sin molestar los aledaños de la pieza. Así, supone una ventaja frente al calentamiento de cámaras calefactables y otras fuentes de calentamiento local. Desde AIMEN, con un largo recorrido en láser e impresión 3D de plásticos, combinaron estas dos técnicas para mejorar las características de los materiales. Esto, sumado a la ayuda tras la aprobación del proyecto dentro de la convocatoria del programa Ignicia Prueba de Concepto de la Xunta de Galicia, hacen de L3DO un proyecto claramente prometedor con vistas a una spin-off: “La ayuda de Ignicia es fundamental para la creación de una posible empresa; que alguien crea en ti”.

Automoción y aeronáutica

A pesar de que AIMEN contaba con un prototipo funcional del producto detrás de L3DO, comenzó como Ignicia en enero de 2026. Ahora, se encuentran en una fase de maduración del prototipo y en la creación de la estructura alrededor de la spin-off, un escenario en el que AIMEN no tiene experiencia al tratarse de un centro tecnológico. “Estamos entre procesos regulatorios, de seguridad, diseño de producto y estudio de mercado”, apunta David Diego Vallejo. “No queremos actuar con materiales convencionales (PLA) porque ya existen impresoras que lo hacen”, señala el coordinador técnico del proyecto. Con todo, estas tecnologías no funcionan igual de bien con materiales de altas prestaciones, con unas características mecánicas y térmicas mejores. Por ello, se proponen dar un salto cualitativo dentro de la tecnología para “lograr un alto grado de flexibilidad y permitir crear piezas la medida con geometrías complejas, la principal ventaja de la impresión 3D”, como añade David. Junto que ligereza de los plásticos en comparación a los metales, estas piezas son de grande interés para el sector de la automoción y el aeronaútico.

Antes de comenzar con L3DO, los líderes del proyecto decidieron preguntar el interés en empresas de diferentes sectores por esta tecnología. Las respuestas más positivas llegaron desde la automoción y la aeronáutica. Por una parte, en el caso de la automoción permitiría crear piezas de series pequeñas para poder realizar evaluaciones como componentes a causa de su resistencia mecánica y características estructurales. Por otra, para la aeronáutica —concretamente en el sector de los drones— se precisan piezas resistentes, flexibles y fabricadas de forma rápida, en muchos casos customizadas para poder ocupar determinados huecos y realizar modificaciones de tamaño; también para vehículos aéreos o terrestres unipersonales, desde anfibios hasta voladores, donde la ligereza de los materiales y el alta resistencia es importante. Aquí es donde el producto del proyecto L3DO marca la diferencia.

Lo mejor de ambos mundos

“El mayor reto fue a ser capaces de unir ambas tecnologías; el mejor de ambos mundos en un solo producto”, señala. Así, en los pinitos de L3DO se unían tanto los equipos de impresión como los de láser a fin de alcanzar una solución a nivel conjunto. Diego Vallejo señala que, como norma general, quien se dedica a hacer una cosa, no hace a otra. Aunque el principal reto a nivel humano fue la convergencia, a nivel técnico destaca la integración de tecnologías en un único sistema: “Nunca lo me los había hecho, es complicado por la integración y la automatización, además de la seguridad del láser”. Este problema fue solucionado gracias al trabajo de un equipo multidisciplinar.

En L3DO emplean la tecnología láser para calentar los materiales de altas prestaciones de forma muy localizada. Foto: AIMEN
En L3DO emplean la tecnología láser para calentar los materiales de altas prestaciones de forma muy localizada. Foto: AIMEN

Impresión, con más que ofrecer

El beneficio que el proyecto L3DO puede llevar a las empresas es la capacidad de creación de piezas de manera tan rápida como una impresora 3D, pero empleando materiales con mejores prestaciones mecánicas, térmicas y de ligereza que los sectores puedan emplear y probar bajo condiciones reales. “Queremos que las empresas lleguen a más mercados gracias a unas piezas fabricadas con nuestra tecnología, más resistentes, ligeras y altamente personalizadas”, apunta el coordinador técnico, David Diego Vallejo. Así, Aimen, un centro ya prestigioso en el mundo de la fabricación adictiva, lleva a cabo un nuevo hito para poner su nombre en el mapa internacional a través de L3DO.

Imprimir directamente en la boca: un proyecto gallego busca acelerar la regeneración ósea dental

La medicina regenerativa es cada vez más puntera, y desde Galicia existen proyectos como ORALREGENERIX que lo demuestran. Liderazgo por el grupo Advanced Biofab del Centro Interdisciplinar de Química y Biología (CICA) de la Universidade da Coruña (UDC), esta iniciativa trata de buscar la solución para un problema clínico en un ámbito poco explorado: la odontología. Cuando los dentistas quitan desperfectos en la boca, el hueso tarda hasta seis meses en regenerarse, tiempo durante el cuál el paciente debe vivir con limitaciones, sobre todo en el ámbito alimenticio. Así nace un biopen que podrán usar los profesionales en el consultorio para poder imprimir la pieza dental en el lugar necesario y cubrir mejor el hueco con la forma específica del desperfecto de cada paciente, gracias a la bioimpresión 3D.

Detrás de esta idea pionera está un trio de tres científicos: Daniel Nieto, el investigador principal, contratado por la Xunta de Galicia a través do programa Oportunius; Nadina Usseglio, investigadora y farmacéutica; y Alberto Otero, odontólogo. Este grupo interdisciplinar creará la solución: “Hoy por hoy estamos desarrollando una tinta para que la regeneración sea más rápida“, señala Usseglio. El proyecto está en una fase inicial, donde están desarrollando los prototipos de biopen e iniciando los procesos regulatorios para confirmar la seguridad del dispositivo.

Así, a causa de su relevancia, el proyecto ORALREGENERIX cuenta con el apoyo del programa Ignicia Prueba de Concepto, promovido por la Agencia Gallega de Innovación (GAIN), dependiente de la Xunta de Galicia, a través de una financiación superior a los 400.000 euros bajo el objetivo futuro de crear una spin-off para poder comercializar el producto. “Es una ayuda fundamental, sobre todo para poder acceder al plan de negocio; ve más allá del que solemos hacer en investigación”, subraya la promotora.

De traumatismos a patologías periodontales

La regeneración por biopen favorecería a todo tipo de afectados: “Pueden ser pacientes que pierdan la pieza dental por patología o por traumatismo“, explica Nadina Usseglio. También aplica a aquellas personas a las que les crecen los dientes en dirección transversal, el que genera un hueco en el hueso que se debe regenerar para aplicar el implante.

Así, las compliacións durante el proceso de recuperación dependen de cada paciente y de como se lleve a cabo el tratamiento. Como norma general, no pueden comer con normalidad, alimentándose en base a una dieta blanda, sobre todo en los casos de desperfectos muy acentuados. En otros pacientes, el problema puede solucionarse masticando con los otros dientes. Con todo, la boca tiene un problema: no puede quedar quieta, fenómeno que se acentúa con actos involuntarios como el bruxismo. “ORALREGENERIX hace una aportación novidosa, tratando de romper el reto de los tiempos y mejorar la calidad de vida del paciente”, explica la investigadora.

El futuro de la bioimpresión 3D

“En general, la medicina regenerativa está avanzando mucho en la clínica”, apunta Usseglio. Con todo, al tratarse de una tecnología que se aplica directamente en los tejidos del paciente, el proceso hasta llegar a la comercialización y uso es más lento. “Puede aportar mucho a los tratamientos”, apunta. Por ello, en el proyecto, Daniel Nieto aporta la experiencia en el desarrollo de tecnologías de bioimpresión 3D y Nadina Usseglio garantiza como hacer la regeneración sin que la herida se infecte; “la figura fundamental es nuestro compañero dentista, que es quien está en la consulta”, subraya. Segundo apunta la investigadora, la causa de que la boca es un lugar complicado para trabajar, la participación de Alberto Otero permite matizar las funciones del biopen que no sirven en la práctica por una posible incomodidad del paciente.

Un largo recorrido

El objetivo, según el equipo de ORALREGENERIX, es que la spin-off pueda estar lista para diciembre de 2027. “Estamos haciendo todo el posible”, añade Nadina Usseglio, en medio de un largo camino desconocido para ella de procesos administrativos, patentes y próximos ensayos clínicos. “Además del apoyo de la Xunta de Galicia, que es muy importante, también buscamos más sustento económico en rondas de inversión”, apunta.

Así, para la investigadora, el mayor reto aún no fue científico, sino regulatorio: “La investigación aplicada es un desafío en todos los aspectos”, indica, con especial hincapié en los productos médicos, ya que las medidas de seguridad que hay que asegurar deben ser más perfectas para que el producto no tenga efectos negativos sobre el paciente. “Al final de este proyecto queremos reducir los tiempos de curación del paciente con un tratamiento más localizado y preciso“, concluye Nadina Usseglio.

Revolución tecnológica desde Vigo: así funcionará la nueva cátedra de computación óptica cuántica

La Universidad de Vigo y Zona Franca unen fuerzas para crear la nueva Cátedra de Computación Óptica Cuántica, que se iniciará el próximo 1 de julio. Este laboratorio experimental, impulsado desde el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA), explorará esta tecnología aún incipiente en Galicia partiendo de un límite: actualmente aumentamos la potencia de los ordenadores esencialmente metiendo decenas de millones de transistores en un chip. El problema llega cuando se continúan encogiendo esos transistores, y si llega un punto en el que son tan pequeños que su comportamiento no se rige por las leyes de la física clásica, sino por las leyes de la mecánica cuántica. Así, en lugar de luchar contra la física, en los años 70 la gente ya anticipaba que “los últimos límites de la computación no deberían estar establecidos no por modelos matemáticos, como hoy en día, sino por principios de la física”. Así lo explica Marcos Curty, director científico del Vigo Quantum Communication Center (VQCC), ligado también al mundo de la entramado de la comunicación cuántica.

Pero, ¿por qué se denomina “computación óptica cuántica”? La computación cuántica emplea qubits y estos pueden ser construidos con diversas tecnologías, desde sistemas supercondutores, iones atrapados, átomos neutros o tecnología fotónica, entre otras. La computación óptica cuántica emplea los fotones —partículas de luz— como qubits que viajan a través de circuitos integrados fotónicos.

Sin embargo, esta cátedra permitirá poner a Galicia al nivel de potenciales nacionales e internacionales, donde la computación cuántica despertó el interés de grandes empresas como IBM o Google. “Antes comprábamos dispositivos proveedores externos; ahora, queremos desarrollar tecnología puntera desde Vigo”, subraya Marcos Curty, convirtiéndose en una de las grandes premisas de la iniciativa dentro de su programa de investigación para los próximos cinco años.

En este contexto, el Consorcio de la Zona Franca de Vigo decidió apoyar la Cátedra de la UVigo con financiación adicional. El director científico de VQCC señala que, desde este proyecto, quieren “hacer tecnología que pueda ser transferida a la empresa y al ecosistema gallego”. Esta es una visión con la que está de acuerdo el delegado del Estado de la Zona Franca, David Regades, que añade que “es una oportunidad que no podemos perder para hacer más competitiva a la Universidade de Vigo”. Además, subraya el interés por enriquecer tanto el ecosistema universitario como empresarial: “Es una herramienta más para la economía de nuestra ciudad, de Galicia y España al estar a la vanguardia de la tecnología”.

El motor del laboratorio

Competir contra los gigantes de la computación no es tarea fácil. Por ello, desde la Cátedra de Computación Óptica Cuántica, decidieron que van a resolver unos problemas concretos para comenzar. “Queremos desarrollar unos pequeños microprocesadores cuánticos que nos permitan resolver problemas de optimización”, comienza Curty, poniendo el foco en el mundo industrial. De esta forma, procedimientos de logística o planificación se podrían llevar a cabo de forma más eficiente y rápida. Esta tarea está prevista para los próximos cinco años. “Esperamos estar en un nivel en el que podamos competir con las soluciones clásicas”, apunta.

No obstante, el foco está en la fotónica como vía de funcionamiento. Por una parte, los fotones son adecuados paraos microprocesadores que se quieren desarrollar y, por otra, porque en el Vigo Quantum Communication Center cuentan con varios laboratorios experimentales especializados en fotónica. “Para comunicar microprocesadores cuánticos y hacer procesado distribuido se necesitan comunicaciones cuánticas, por el que me los veía mucha sinergia”, apunta Marcos Curty.

Entre los puntos fuertes están la dirección del laboratorio por el profesor Alexander Lvovsky, de la Universidad de Oxford, uno de los principias expertos en computación óptica cuántica del mundo.

Ventajas de la computación cuántica

Un problema que se resuelve con un ordenador cuántico se puede resolver con un ordenador clásico. Con todo, varía un factor: el tiempo ya que “en un ordenador cuántico ciertos problemas se pueden resolver de forma mucho más rápida”, tal y como indica el investigador. Por tanto, las principales ventajas son la agilidad y la rapidez.

Por ejemplo, uno de los principales retos de un ordenador clásico es factorizar números, ya que el tiempo que se tarda en resolver crecimiento de manera exponencial con las cifras del número: “Si te digo un número de 3.000 bits, un ordenador clásico precisaría la edad del universo para resolverlo”, señala. Con todo, en el año 1995, desarrollarse un algoritmo para un ordenador cuántico en el que el tiempo que se preciso crecimiento muy despacio con el número de bits. Por ejemplo, este mismo problema se podría resolver en unas pocas horas. “La mayoría de la criptografía que empleamos en Internet para proteger nuestras comunicaciones se basa en problemas matemáticos de factorización”, apunta el investigador.

Sinergia con la fábrica de chips fotónicos

“Hay muchas iniciativas independientes, pero muy complementarias”. Los chips fotónicos se pueden emplear para hacer transmitores y receptores para comunicaciones cuánticas, y también microprocesadores para computación óptica cuántica. Aquí entra en juego la fábrica Sparc, que cuando esté operativa podrá especializarse en el diseño e implementación de chips fotónicos. “Muchas de las tecnologías que desarrollemos podrían transferirse al mundo del chip fotónico”, apunta.

Asimismo, la fábrica también nace del trabajo de la UVigo y con el apoyo de la Zona Franca, que lleva años creando un ecosistema fotónico, en el que también se sitúa esta nueva cátedra. “Existe una combinación perfecta entre Sparc, la cátedra cuántica y la realidad económica de Galicia”, argumenta David Regades.

Entrada progresiva en Galicia

“La aplicación de la nueva tecnología disruptora aun es incipiente en Galicia«, sinala Marcos Curty. Desde el VQCC llevan a cabo numerosas colaboraciones con empresas nacionales e internacionales, como Deutsche Telekom de Alemania, Thales Alenia Space de Francia o Toshiba en el Reino Unico entre otras muchas. Algunos de los proyectos nos que trabajan están desarrollando satélites para comunicaciones cuánticas para ofrecer servicios a empresas, o metodologías de certificación de estas tecnologías. También se está trabajando en el desprege de una red de comunicaciones cuánticas que una Lisboa con Vigo y Santiago y también con otras partes de España y Europa. David Regades añade que “desde Zona Franca estamos trabajando en sectores de vanguardia”.

Instrumentos del Vigo Quantum Communication Center. Foto: Marcos Curty
Instrumentos del Vigo Quantum Communication Center. Foto: Marcos Curty

El futuro de la computación desde Vigo

Marcos Curty explica que la computación es uno de los campos de mayor interés dentro de las tecnologías cuánticas. Con todo, desde Vigo, el objetivo principal será la investigación de excelencia con la idea de hacer transferencia de conocimiento hacia el mundo de la empresa: “Si la economía del futuro tiene una base en la fotónica o en la cuántica, serán todo oportunidades para nuestros investigadores e investigadoras“, señala David Regades desde Zona Franca. Así, gracias a la computación óptica cuántica, se podrán acelerar procesos de horas o días hasta minutos o segundos.

La Diputación de A Coruña recibe en Madrid el Premio Gourmet Turismo Gastronómico

El vicepresidente de la Diputación de A Coruña y diputado de Turismo y Promoción Económica, Xosé Regueira, recogió en Madrid el Premio Gourmet Turismo Gastronómico. El reconocimiento tuvo lugar nos II Premios Planes Gourmet, organizados por el programa de televisión especializado en gastronomía, industria alimentaria y turismo producido por Mediaset España. Regueira destacó que el premio “es un reconocimiento colectivo a todas las personas que, desde el sector agroalimentario y gastronómico, contribuyen cada día a construir una provincia más competitiva, más atractiva y con mayor capacidad para generar riqueza“.

El vicepresidente afirmó que “la gastronomía es mucho más que un producto: es paisaje, cultura, identidad y también una oportunidad para desarrollar un turismo de calidad que deja valor en el territorio». De este modo, consideró que el galardón avala la apuesta de la Diputación por un modelo basado “en la excelencia, en la autenticidad y en la sostenibilidad, que son los elementos que hacen de la provincia de A Coruña un destino singular y diferenciado“.

Un premio a la promoción

El premio supone un nuevo reconocimiento al trabajo desarrollado por la Diputación de A Coruña en el ámbito de la promoción turística vinculada a la gastronomía, una de las líneas estratégicas de la institución provincial para fortalecer el tejido productivo, impulsar la proyección exterior del territorio y promover un modelo turístico sustentado en la calidad y en el respeto por los recursos propios. La organización del premio corresponde la Planes Gourmet, un espacio de televisión centrado en el sector gastronómico, en la industria alimentaria y en el turismo, producido por Mediaset España.

Vigo como referente aeroespacial: el lanzamiento de la misión BIXO permitirá estudiar la vida en el espacio

Galicia es una potencia universitaria y tecnológica gracias a su red de centros de investigación e innovación. En este contexto nació en 2020 el proyecto BIXO (Bacteriological Intercommunication eXperiment in Orbit), desarrollado por UVigo SpaceLab, un equipo multidisciplinar de estudiantes de la universidad que trabaja en la creación de un CubeSat —un satélite miniaturizado estándar empleado en la industria aeroespacial— con el objetivo de estudiar durante nueve meses como afectan la microgravidade y la radiación espacial a los procesos de comunicación bacteriana. En la actualidad, el proyecto se encuentra en la fase final de desarrollo y planteamento de nuevas misiones, ultimando los detalles para el lanzamiento, previsto entre finales de este año y comienzos de 2027, aun sin fecha definitiva confirmada.

El equipo incluye la 50 estudiantes que trabajan en un entorno en la que convergen áreas como la ingeniería aeroespacial, la biología, la mecánica, la electrónica y la automática. Entre ellos se encuentra Daniel Collarte, quien explica que BIXO “tiene como objetivo unir la biología con el espacio”. La iniciativa cuenta con el apoyo de la Zona Franca de Vigo y, segundo señala David Regades, delegado del Estado en el Consorcio de la Zona Franca, el proyecto “significa seguir afondando en una de las razones de ser de la Zona Franca: la innovación”, con especial atención al desarrollo del sector aeroespacial.

De este modo, se suma al ecosistema aeroespacial impulsado por el Consorcio, en el que también destaca Alén Space, empresa que en 2025 fabricó el 50% de los nanosatélites privados lanzados al espacio. Esto consolida el área de Vigo como uno de los referentes del sector aeroespacial. “Tenemos en la Universidade de Vigo nuestro mejor partner para transferir ese conocimiento al mundo de la industria”, afirma Regades. Por su parte, Daniel Collarte destaca que “la Zona Franca los brindan financiación y visibilidad”.

Bacterias al espacio

“El objetivo de la misión BIXO es conocer como afecta al espacio a la vida”, explica Daniel Collarte. La misión se estructura en tres experimentos distribuidos en tres fases diferenciadas, con una duración de tres meses cada una. “Queremos compararlo con el tiempo aproximado que llevaría un viaje a Marte”, añade.

El CubeSat, de dos unidades, enviará al espacio una bacteria —Pseudomonas aeruginosa— con el objetivo de analizar el impacto de las condiciones espaciales en su comportamiento. En el interior del satélite, este microorganismo viajará liofilizado —es decir, deshidratado mediante un proceso de congelación y vacío— y almacenado en tarjetas microfluídicas, unos dispositivos dotados de pequeños canales y compartimentos diseñados para transportar y manipular las bacterias en condiciones controladas. Para iniciar el ensayo, se introducirá a través de estos canales un líquido conocido como caldo de cultivo. Al inundar los distintos pozos de la tarjeta, las bacterias liofilizadas absorberán el agua y los nutrientes, abandonando su estado de reposo y comenzando a multiplicarse activamente en ese entorno controlado.

La medida que las bacterias se reproducen, entra en funcionamiento el proceso de comunicación conocido como Quorum Sensing. Mediante este mecanismo, las bacterias activan determinados grupos de genes cuando alcanzan una densidad de población suficiente. En este caso, los genes activados son los responsables de la bioluminiscencia. Así, las bacterias comienzan a emitir luz en la oscuridad, siendo la intensidad luminosa directamente proporcional a la cantidad de bacterias activas y a la velocidad con la que se están comunicando entre ellas. De este modo, se realizarán distintas activaciones desde el momento en el que el satélite entre en órbita, mientras que en Tierra el alumnado desarrollará experimentos paralelos para comparar los resultados obtenidos en ambos escenarios.

A Pseudomonas aeruginosa

A través del proceso de Quorum Sensing, la bacteria continúa comunicándose con su medio mediante la secreción de moléculas autoindutoras. “A través de la bioluminiscencia y de la medición de la espectrofotometría podemos observar su crecimiento”, explica Daniel Collarte.

‘Pseudomonas aeruginosa’. Foto: Wikimedia Commons
‘Pseudomonas aeruginosa’. Foto: Wikimedia Commons

Para controlar y analizar este proceso biológico, el equipo diseñó un sistema modular en placas conocido como vixion, en el que cada componente desempeña una función específica. En la parte intermedia se sitúa la tarjeta microfluídica, seguida del sistema de estimulación y control mediante LEDs. Estas luces cumplen una doble función fundamental: determinados sensores fluorescentes precisan de una fuente de luz externa para activarse y emitir señal. Debajo de la tarjeta microfluídica se colocan sensores ópticos microscópicos encargados de registrar la cantidad de luz que atraviesa el pozo y también de captar los fotones de bioluminiscencia generados por las propias bacterias cuando se activa su comunicación celular.

Mantener la supervivencia

“El principal problema es garantizar la supervivencia de la bacteria”, señala Daniel Collarte. En este sentido, las limitaciones de espacio pasan a un segundo plano, ya que se trata de microorganismos. El verdadero desafío reside en el que ocupan los subsistemas necesarios para asegurar el correcto funcionamiento de la misión: los sistemas de potencia, el ACDS (Attitude Determination and Control Subsystem) y las comunicaciones. Muchos de estos componentes proceden de colaboraciones con empresas especializadas: así, el ordenador de a bordo y a radio definida por software fueron proporcionados por la empresa Alén Space. Por el contrario, otros elementos fundamentales, como la antena de banda S y el subsistema ACDS, fueron desarrollados íntegramente por el propio equipo de BIXO.

Imagen de laboratorio. Foto: Daniel Collarte
Imagen de laboratorio. Foto: Daniel Collarte

Pero el principal reto técnico se centra en la capacidad de adaptación de la Pseudomonas aeruginosa a las condiciones extremas del lanzamiento. “Aquí entran en juego factores como la presión y la componente térmica derivada del calor generado por el propio cohete”, explica Collarte. Para proteger el experimento, el departamento térmico diseñó el Payload Container, un contenedor hermético y termicamente aislado pensado para soportar las condiciones extremas del espacio. Este sistema analiza el comportamiento del experimento en dos escenarios críticos: el Hot Operational Case, cuando el satélite recibe la máxima radiación solar, y el Cold Operational Case, que se produce durante los eclipses terrestre o solar. En este último caso, al no recibir luz ni energía solar, el contenedor debe actuar como un término aislante para impedir que el caldo de cultivo se congele en el vacío absoluto del espacio.

Del espacio a la Tierra

Daniel Collarte explica que la metodología para la recogida de datos de la misión BIXO funcionará mediante conexiones periódicas entre el CubeSat y la estación terrestre situada en el edificio Filomena Dato, en Vigo. “El satélite pasará sobre Vigo tres veces al día, pero solo tendremos alrededor de diez minutos para establecer el contacto en cada pasada”, detalla el integrante de UVigo SpaceLab. Con todo, no todas esas conexiones serán igual de eficientes. De las tres oportunidades diarias, solo en dos el satélite estará en una posición óptima para transmitir información a través de la antena de banda S, debido a la latitud y a la orientación orbital. “Esto los permiten descargar los datos de mayor tamaño relacionados con el experimento, así como imágenes”, explica Collarte. La transmisión de la información se realiza mediante una cadena de comunicación que parte del propio satélite y llega a la antena de banda S, encargada de enviar los datos hacia la antena parabólica de la estación terrestre, desde donde serán procesados y analizados por el equipo investigador.

Equipo de BIXO trabajando en una sala presurizada. Foto: Daniel Collarte
Equipo de BIXO trabajando en una sala presurizada. Foto: Daniel Collarte

El último paso

En la actualidad, el alumnado de UVigo SpaceLab trabaja en la preparación e integración de los diferentes subsistemas necesarios para garantizar el correcto funcionamiento del CubeSat. En este contexto, una de las soluciones desarrolladas por el equipo de BIXO consiste en integrar todos estos sistemas en una única placa mediante tecnología FlatSat. “Esta tecnología los permiten acceder a los distintos subsistemas de manera más sencilla y mantener todo el conjunto compacto”, explica Daniel Collarte.

Para llevar a cabo este trabajo de integración, el equipo utiliza una cámara presurizada, empleada en el ámbito aeroespacial para evitar la entrada de partículas de polvo y garantizar condiciones controladas de limpieza. Este espacio permite realizar con seguridad todo el montaje y comprobación de los subsistemas antes del lanzamiento. “Son mecanismos que van a viajar al espacio, por el que deben estar en condiciones extremadamente limpias y preparados para soportar el lanzamiento”, concluye Collarte.

Galicia como fábrica de talento

“Va a ser una forma más de contribuir al reto del talento que tiene Galicia”, apunta David Regades desde Zona Franca. En este sentido, destaca que proyectos como BIXO, impulsado desde la Universidade de Vigo, permiten que la juventud al salir de la asociación que remata sus estudios poda liderar iniciativas innovadoras sin necesidad de emigrar. “Antiguamente, para participar en proyectos de este nivel, muchos jóvenes y jóvenes tenían que marchar la China, a los Estados Unidos o al centro de Europa”, explica. Ahora, añade, gracias a una red de apoyo como la de la Zona Franca, el alumnado de UVigo SpaceLab cuenta con la capacidad de impulsar proyectos “muy ambiciosos” y desarrollarlos directamente desde Galicia, con proyección hacia el sector espacial.

Los chefs Iria Espinosa y Luís Veira representan ‘A paisaxe que sabe’ en el Premio Cocinero/a Gallego/a 2026

La Deputación da Coruña participa este atardecer en la gala del Premio Cocinero/a Gallego/a 2026, que se celebra en el auditorio Mar de Vigo. Al acto acudirá el vicepresidente, Xosé Regueira, y habrá un espacio propio de la campaña provincial ‘A paisaxe que sabe’. La cita, organizada por Galicia Fórum Gastronómico, inaugura una nueva etapa del certamen, que pasa a tener carácter anual y refuerza su apuesta por la promoción de la gastronomía gallega, el producto de cercanías y el talento emergente.

“La gastronomía gallega vive un momento extraordinario gracias a la combinación del enorme talento de nuestras cocineras y cocineros con una despensa única, que nace del mejor mar y de la mejor tierra. Tenemos producto, identidad y creatividad, y eso los convierten en un territorio de referencia“, señaló Regueira. La participación de la Diputación se enmarca en la estrategia de promoción de la provincia como territorio gastronómico de referencia, poniendo en valor el producto local, la sostenibilidad y la identidad culinaria coruñesa.

La marca ‘A paisaxe que sabe’ contará con un espacio de por sí dentro del evento. En él, los chefs Iria Espinosa y Luís Veira, del restaurante coruñés Árbore da Veira —distinguido con una estrella Michelin—, elaborarán distintas propuestas para el público asistente. Entre ellas, tostada de tinta de calamar con boquerón y plancton, mollete de pulpo a la gallega y xurela con queso gallego, fresas y palomitas.

La gastronomía coruñesa

A través de este espacio propio de ‘A paisaxe que sabe’ “queremos explicar el éxito de una provincia que sabe transformar su territorio, su paisaje y su producto en una experiencia gastronómica de altísimo nivel“, reivindicó el vicepresidente de la Deputación da Coruña.

Xosé Regueira incidió también en la importancia de apoyar el talento emergente y de visibilizar el sector en eventos de referencia. “Los cocineros y cocineras de la provincia de A Coruña están demostrando que tradición e innovación no solo pueden convivir, sino que son la clave del éxito. Tenemos una generación de profesionales que está reinterpretando nuestra cultura gastronómica desde el respecto al producto y con la máxima calidad”.

Señor rector: en respuesta a su decisión de investigar nuestras fuentes

Una de las características del periodismo es la heterogeneidad de los materiales de los que se nutre. Por más especialización que uno busque, incluso en un medio como GCiencia un día estás hablando de las bondades de un nuevo fármaco y al siguiente de la misión Artemis II o de los rayos crepusculares. De pronto tienes entre tus manos un caso de presunto acoso sexual en la Universidade de Vigo y te preguntas qué hacer. ¿Encaja en nuestra línea editorial? ¿Cómo lo entenderán nuestros lectores? Después recuerdas que el lema de nuestro portal es Periodismo y Divulgación, te viene a la cabeza el viejo axioma de esta profesión maltratada y lo tienes claro: en caso de duda, periodismo.

Cuento esto para que se entienda mejor lo que voy a relatar a continuación, que tiene mucho que ver con el periodismo y con la dificultad que acarrean ciertas instituciones para entender su importancia para la buena salud de una democracia, especialmente en tiempos de creciente desinformación.

Vamos por partes. El pasado 8 de abril publicamos que la Universidade de Vigo había eludido adoptar medidas cautelares contra un profesor, a pesar de reconocer en un informe interno la existencia de claros indicios de acoso sexual hacia, por lo menos, cuatro alumnas. ¿Estaba obligada a adoptarlas? Claramente no. Una vez que la alumna que destapó el caso acude a la Policía Nacional y el asunto se judicializa, la Universidad debe suspender el expediente, cosa que hizo. Nada ilegal ni irregular por ahí. ¿Qué ocurre? Que la investigación previa realizada por la instructora del informe había llegado a la conclusión de que la denuncia no solo era “verosímil”, sino que el presunto acoso estaba generalizado. “Creemos que no solo con esta alumna, sino con otras alumnas predoctorales y posdoctorales”. ¿Fue sensato mantener el profesor en el cargo mientras la justicia hacía su labor? En GCiencia pensamos que no.

No solo la omisión de medidas cautelares es discutible, porque entendemos que nada impedía a la Universidad continuar el expediente respecto al resto de las alumnas presuntamente acosadas, cuyos casos no estaban judicializados. No hay que olvidar que, basándose en el relato de distintas estudiantes, la investigación había destapado un modo de actuar común, un “patrón de conducta” del docente. “Se hace imprescindible” profesional y académicamente para las alumnas, comparte detalles de su vida privada y consigue que estas “se involucren emocionalmente con él”. Después pasa a una segunda fase, siempre según la instructora: “Contacto físico como abrazos y besos en la mejilla en un primero momento, para posteriormente crear un ambiente en el que el beso sea en la boca, poner a mano en la cintura, hacer comentarios sobre el físico…”.

En pleno debate sobre como abordar la noticia, justo antes de la publicación, tuvimos conocimiento del archivo judicial del caso denunciado por —le vamos a poner un nombre ficticio— Samira. No voy a entrar ahora en los detalles tan particulares del sobreseimiento ni en las razones que nos llevaron a continuación adelante la noticia; ya lo hizo Laura Filloy, responsable del sensacional trabajo periodístico que destapó el escándalo, en un reciente Ciencia en Confianza. Lo que voy a contar ahora tiene más bien que ver con la política informativa de una institución pagada con los impuestos de todos, de su nula capacidad autocrítica y, sobre todo, de su peculiar forma de entender el periodismo, especialmente grave en una universidad directamente relacionada con la profesión a través de su Facultad de Comunicación.

El 7 de abril, víspera de la primera noticia sobre el caso, Laura Filloy se puso en contacto con la jefatura de prensa de la UVigo para conocer su versión de los hechos y solicitar el contacto de la instructora, María del Carmen Ruiz Hidalgo. Lo que aconseja el protocolo, en resumen. Horas más tarde, nos reenvían un correo de Hidalgo en el que rechaza dar explicaciones por tres motivos: porque le parece “extemporáneo”, porque “no hay nada más que [la Universidad] pudiera hacer” cuando hay una denuncia policial y porque existe “el derecho a la presunción de inocencia del profesor”. Y en este punto se permite el lujo de regalarnos un par de consejos sobre el ejercicio del periodismo para disuadirnos de publicar nada: “Si en las actuaciones policiales queda acreditada su inocencia por falta de pruebas, creo que no se puede sacar este tema en la medida en que vulnera derechos fundamentales de presunción de inocencia, el de la intimidad y la honra del profesor en cuestión. A mi juicio, este profesor podría tomar medidas legales con todo el derecho del mundo”.

Cabe recordar que GCiencia no solo no identificó ni con iniciales al profesor que la propia Hidalgo describe como un (presunto) acosador sistemático. Tampoco dimos muchos otros datos y circunstancias que agravan y mucho el supuesto acoso sexual, pero que podrían poner en peligro su anonimato. Nos limitamos a ofrecer el contexto mínimamente imprescindible para el entendimiento de la información. Incluso nos pusimos en contacto con él para que ofreciera su versión. Pero la instructora ya nos había hecho llegar su opinión sobre nuestras intenciones, antes de que publicásemos nada: “Me parece escabroso sacar este tema si no hay ningún tipo de denuncia a posteriori. No todo vale, hay límites al derecho a la información”.

Con la noticia ya lanzada, el 9 de abril Laura Filloy solicita a la misma jefatura de prensa una entrevista con la directora de la Unidad de Igualdad e información sobre si, una vez archivado el caso por el juez y dada la existencia de otras posibles víctimas, va a seguir adelante con la investigación. Esta fue su respuesta: “Te confirmo que la directora de Igualdad no va a hacer declaraciones”. Y  añade: “No se hacen declaraciones porque el procedimiento es confidencial y no está concluido”. Ante nuestra insistencia, apuntan: “Acaban de confirmarnos que no se van a hacer más declaraciones al respecto”.

Ese silencio resultó afectar exclusivamente a GCiencia. Para nuestra sorpresa, el rector eligió otro medio de comunicación para expresarse. Lo hizo el 11 de abril en uno que ni siquiera había informado del caso, en un artículo titulado Ni silencio ni linchamiento: el rector replica a sus críticos en la Universidade de Vigo. En él, y en un tono cuanto menos autocomplaciente, Reigosa se regala a sí mismo generosos elogios por su forma de actuar ante casos de “acoso” (por alguna razón se le olvidó añadir “sexual”) que no especifica. Pero me interesa especialmente detenerme en el título elegido por el rector. No a los linchamientos (al presunto acosador), silencio (depende en qué medio) y críticos. El titular —como el texto— se olvida de las presuntas víctimas, lo que en mi modesta opinión resulta revelador.

La alusión a los críticos del artículo pasó inicialmente inadvertida para mí, pero todo encajó al presenciar el Consejo de Gobierno del pasado martes, en el que el equipo del rector trató de vincular la publicación de la noticia con el proceso electoral que atraviesa a Universidade de Vigo. Nada más lejos de la realidad, como informé a una persona muy próxima al rector que me telefoneó ese mismo día, espero que con una finalidad distinta a la de averiguar la fuente. Lo dije entonces y lo repito ahora, aunque no esté ni mucho menos obligado a hacerlo: nuestra información no tiene absolutamente nada que ver con el proceso electoral. Es más: ojalá coincidiera con un momento distinto, pero tantos años de experiencia profesional me sirven para saber que las noticias tienen vida propia y acostumbran a aparecer cuando les da la gana a ellas, no a los periodistas.

El caso, que no estaba en el orden del día del Consejo de Gobierno, surgió “espontáneamente” en el turno de preguntas, para dar paso a una respuesta de Reigosa apoyada en un detallado power point; una contestación tan autoindulgente como el propio artículo en la prensa local, repleta de alusiones a las denuncias falsas y a evitar quemar a nadie en “hogueras”. Llegó después una última pregunta del decano de la facultad en la que da clase el profesor expedientado. “En las informaciones hay varios párrafos entre comillas, quiere decir que hubo una filtración. Pido que se investigue de dónde procede y se tomen las medidas necesarias judiciales, porque me parece especialmente grave”. El rector hizo suyas estas palabras y cerró la sesión la secretaria general de la Universidad, María José Bravo Bosch:“Tenemos que comprobar de dónde salió la información, pediremos a la Fiscalía que investigue”.

Está en su derecho la UVigo en investigar lo que quiera, faltaría más, pero no es una investigación interna lo que está promoviendo, sino la intervención del Ministerio Fiscal, lo que requiere una denuncia formal. Me asombra el interés del rector por desvelar el origen de nuestras informaciones, pero desde aquí se lo adelanto: no lo va a conseguir. Aunque lo desconozca, el derecho a la información —en este caso, un presunto caso de acoso sexual generalizado— está muy por encima de su curiosidad y de la de su equipo de gobierno, al igual que el secreto profesional ampara la protección de nuestras fuentes. Ningún juez nos va a obligar a revelarlas. Y si no me cree, le recomiendo la lectura del artículo 20.1 de la Constitución.

Hasta aquí el relato de un caso de presunto acoso sexual y de las dificultades que a menudo encontramos los informadores para ejercer nuestro trabajo. Ojalá optara la Universidad por la transparencia en su política de comunicación, la mejor receta para defender sus argumentos —que los tiene— y desistir de teorías conspiranóicas y de manos negras. Ojalá no dañara el periodismo libre con la persecución del mensajero ni reaccionara en los juzgados ante una noticia veraz, contrastada y respetuosa con el anonimato de todos, también de las estudiantes. Pero sobre todo, ojalá se tuviera empleado con el mismo afán en la protección de sus alumnas ante un caso de presunto acoso.

Sexual, señor Reigosa, sexual.

Estos son los locales con un Solete Repsol que no te puedes perder esta Semana Santa en A Coruña

Los Soletes de Repsol llegan justo “para exprimir la Primavera”, tal y como explican ellos. Porque, por muy largo que sea el invierno, por mucho temporal y lluvia y viento y niebla que se cruce en el camino, siempre llega la primavera para traernos de nuevo a la vida. Y una de las mejores maneras de festejar la vida es comiendo. Por ello, Repsol incluye en su guía de recomendaciones una serie de locales y restaurantes donde destaca, por encima de todo, “la calidad y el buen hacer”. Mesones y casas de comidas donde no hay menú degustación, sino menú del día.

Repsol acaba de hacer públicos los Soletes de esta primavera, sumando 24 nuevos distintivos “para no parar de disfrutar en esta Semana Santa” en Galicia, que ya cuenta con 357 Soletes. Según cuenta María Ritter, directora de la Guía Repsol, este año hay hambre de disfrutar y conocer sitios nuevos: “En esta edición se incorporan lugares destacados por su propuesta gastro y en los que además se puede dormir, negocios nuevos y sitios nos que la naturaleza es protagonista”.

En la ciudad de A Coruña se cuentan hasta 31 de estos locales, siendo el bar de tapas caseras La Bombilla la última y única incorporación de este año. Estos son los lugares que necesitas visitar en estas fiestas; pero eso sí: va haciendo planes para bajar la comida después.

Cocina tradicional, cocina fusión y buen vino

La Esquina de Valentina

Bocatas, sí, pero no de cualquier cosa. Esta es la propuesta original de este local donde la Guía Repsol recomienda el bocadillo de caballa con lechuga de mar, el pan de algas y crema de codium y el de caldereta de raya. Una opción diferente para degustar el producto local de una manera sencilla y, como dicen las opiniones de los viajeros, “una experiencia totalmente diferente”.

Según explica Nacho Moreira, propietario de La Esquina de Valentina, la idea con la que partieron inicialmente fue crear un lugar donde comer con las manos: “Teníamos un local pequeñito, entonces quisimos adaptarnos a la calle, a la gente que viene a comer una, dos tapas, de pie”. Sin embargo, la oferta del local fue cambiando, hasta llegar a lo que es hoy; un lugar donde la gente va a comer de una manera “divertida, con las manos, pero más elaborado”.

Marisquería Cancelo

Se tienes ganas de marisco y no quieres gastar, es una de las mejores opciones en la ciudad. Reconocida por sus excelentes tortillas y centollos, segundo explican en la Guía de Repsol. Destacan platos como el arroz con bogavante, las almejas con salsa de Albariño y, en general, producto fresco y de calidad. Quizás sea necesario reservar.

Propuestas originales

Taberna da Galera

La guía Repsol destaca la cocina fusión de la Taberna da Galera, donde se reúnen Perú, Colombia y Galicia. No hay más que echar un vistazo a los platos: ceviche de merluza con arepas de maíz, jurel con pico de gallo y lima, y como acompañamiento unos cócteles que convierten una cena en una propuesta de viaje sin moverse de la ciudad.

Los Manueles

Una carta clásica, pero no por ello básica: zamburiñas, croquetas, mar y tierra en una mezcla que difícilmente puede errar el tiro. Destacan los platos de pescado, como el bacalao, el abadejo y el rape al horno y, por encima de todo, el trato próximo del personal.

Furancho Brasa Clandestina

El pulpo, el secreto ibérico y la tortilla al estilo Betanzos ya son más que suficiente reclamo para visitar este local en el Parque de Santa Margarita, explican desde la Guía Repsol. Sin embargo, el furancho destaca por las distintas carnes a la brasa, con una muy buena carta de vinos para acompañar el atardecer.

El de siempre y el de ahora, todo en la misma ciudad

Casa Puente

En esta clásica vinoteca del centro de A Coruña la carta es pequeña. Sin embargo, incluye una apetecible selección de platos que pueden acompañar la “interesante” lista de vinos. Desde la Guía Repsol, recomiendan los tomates al horno con queso afuega’l pitu (de origen asturiano), el pollo con miel y mostaza y el carpaccio de buey.

Mesón El Serrano

Los 20 años de este local, que puedes encontrar muy cerca de María Pita, ya dicen mucho del Mesón El Serrano, que destaca dentro de la Guía por su carta con platos típicos gallegos: pulpo á feira, empanada de vieiras, calamares o salpicón de cocochas y langostinos para disfrutar con la comida en una de las zonas con más encanto de la ciudad.

Charlatán

Según explican en la Guía Repsol, “la nueva propuesta del grupo Peculiar se basa en una selección cuidada de materias primas, en una bodega con mucha variedad y en un ambiente siempre animado”. Destacan la carne a la brasa, los chicharrones y los langostinos fritos, entre otros platos más originales como el arroz con jarrete.

La nueva incorporación

La Bombilla

Más que merecida es la nueva incorporación de este local en la Guía de Repsol, siendo “una de las barras más populares de A Coruña, que lleva décadas sobreviviendo a las modas gracias a su ambiente animado y a su imbatible oferta de tapas tradicionales”.

Si te decides a ir, no puedes irte sin probar el caldo. Sin duda, un clásico, aunque la propietaria del local, Diana Bar, señala que lo que la gente acostumbra a pedir más es la tapa de croqueta y la tortilla. Sobre este nuevo reconocimiento, la dueña destaca la sorpresa: “Nosotros somos un bar tradicional, de los de siempre, y asociábamos los Soletes a la cocina de autor y más contemporánea, pero es una alegría que valoren nuestro trabajo”. Sobre el espíritu que caracteriza a La Bombilla, Bar es clara: “Somos un sitio pequeño, muy de estar en casa, y aquí la gente se siente a gusto”. Y es que, desde el 1937 que lleva abierto, este bar es un lugar emblemático para los habitantes de la ciudad.

Para antes y para después

La Guía de Repsol no solo incluye como Soletes restaurantes o locales que sirvan comida o cena: también pueden llevar este distintivo bares, hamburgueserías, heladerías o mismo tiendas gourmet. En esta Semana Santa se puede pasear por la ciudad de A Coruña y disfrutar en una tarde fría de los clásicos churros de Bonilla a la Vista o de los bocatas gigantes de Rogelio, degustar vermús de Martínez o de Pepa A Loba o sentar en cualquier banco para probar los diferentes sabores de Bico de Xeado o de los helados artesanos de Colón. Para pasteles, hay Habaziro Concept; para comenzar el día con la barriga llena, el brunch de Miss Maruja.

Otros locales que llevan el distintivo de solete en la ciudad son La Tita Rivera, Marc de Café, la viñnoteca O Cabo, la cafetería Pontejos, el Emporio de los Sándwiches, la hamburguersería gourmet La Sastrería Taberna, la Fábula Café y el café bar Árnica, la pizzería TerraMia, Jumbo H1, Hermes’ Journey y las tiendas de alimentos El Sauce y Rodolfus.

En el resto de la provincia, obtuvieron reconocimiento por primera vez como Soletes de Primavera los locales Eiquí Café Flaco y Nómada Café, en Santiago de Compostela; Ferrador, en Noia; O Bacoriño, en Ferrol; Onde Keiras, en Bertamiráns y Pancomido, en Boiro.

Un reconocimiento a nuestro patrimonio

En esta ocasión, la Guía Repsol quiso destacar la riqueza de nuestro patrimonio cotidiano, aquel que se puede encontrar en los rincones de los bares y tabernas gallegos. Un reconocimiento que se puede sumar al nombramiento de los Soles 2026, que fueron otorgados en el pasado mes de febrero. Se estrenaron con un Sol los locales de Marna, en Pontevedra; Alberte, en Vigo; O Secadeiro, en Outes; El de Alberto y Gunnen, en la ciudad de A Coruña; Vértigo, en Sober y Miguel González, en O Pereiro de Aguiar, haciendo que la lista de restaurantes gallegos galardonados ascienda a la cifra de 49.

A Tafona, en Santiago de Compostela, recibió en esta ocasión el mayor reconocimiento de la Guía Repsol, convirtiéndose en el tercer restaurante de Galicia con tres Soles. El espíritu de A Tafona, que también cuenta con una Estrella Michelín, se personaliza en su chef y propietaria, Lucía Freitas, quien además de cocinar cultiva sus propias frutas y verduras en una huerta en Cacheiras: la propuesta de este local santiagués se basa en la temporalidad y en la materia prima local, homenajeando a través de sus platos las costas y huertas de Galicia.

Química sostenible desde el CiQUS: ¿cómo será la energía del futuro?

La sostenibilidad es necesaria y llega incluso a la química, desde los procesos de degradación de plásticos hasta la creación de baterías limpias. En este último ámbito se centran las líneas de investigación de la doctora María Giménez López, investigadora del Centro Singular de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (CiQUS) de la Universidad de Santiago, que se incorporó en febrero de 2024 al programa Oportunius de la Xunta de Galicia.

Con una trayectoria previa entre la Universidad de Valencia y la University of Nottingham, en 2018 Giménez vuelve a Galicia para establecerse en el centro singular e investigar un reto global: crear materiales avanzados capaces de transformar y almacenar energía “de forma más limpia, eficiente y sostenible”.

Para eso, el trabajo de su equipo desde lo CiQUS se puede definir en tres líneas de investigación centrales. En primer lugar, el diseño de electrocatalizadores de alta durabilidad que permiten, por ejemplo, abaratar la producción de hidrógeno verde o convertir la energía química de ciertas moléculas, algunas de productos de residuo con energía eléctrica. En segundo, el desarrollo de nuevos componentes para baterías electroquímicas, como los electrolitos. En tercero, el desarrollo de baterías térmicas.

“En general, quiero explorar conceptos emergentes para el almacenamiento energético del futuro”, señala la investigadora de la USC. Este ambicioso eje de investigación va acompañado también del grupo que dirige, FunNanoMat Lab, con un crecimiento e internacionalización considerable en los últimos años que permite ampliar las líneas de investigación y seguir buscando la respuesta para conseguir una sociedad más sostenible.

Materiales híbridos y nanoswitches: ¿Para qué sirven?

No grupo de investigación de la doctora Giménez desarrollan materiales híbridos para conseguir estas baterías más sostenibles, y nanoswitches como elementos versátiles con los que trabajar. ¿Pero qué son? Por una parte, los materiales híbridos combinan materiales de carbono, que actúan como “arquitectos” estructurales, con componentes inorgánicos como moléculas, clústeres o nanopartículas con propiedades catalíticas o redox. “Esta unión genera propiedades que ninguno de los materiales tendría por separado“, explica la investigadora, pues dan lugar a sistemas más estables, eficientes y funcionales.

Entre los materiales con los que trabajan también destacan los nanoswitches, capaces de cambiar su estructura cuando reciben un estímulo externo, como una variación de la presión o de la temperatura. Ese cambio modifica la forma en que almacenan o liberan la energía. “Sus características pueden emplearse en tecnologías de refrigeración limpia, baterías más eficientes y en dispositivos inteligentes como sensores”, explica María Giménez.

El objetivo, tanto de los materiales híbridos como de los nanoswitches, es aportar soluciones innovadoras en un contexto donde la transición energética hacia sostenibilidad exige nuevas ideas y comportamientos en la materia, y por lo tanto, también a los investigadores que trabajan con ella. Así, desde lo CiQUS, Giménez López asegura que diseñan materiales “capaces de mantener su rendimiento durante miles de ciclos“, señala.

Alternativa: las baterías zinc-aire

Sin embargo, que se puedan reutilizar no es lo único relevante: son materiales que no dependen de materias primas críticas como el cobalto, ni de metales preciosos. Aun así, siguen siendo estables en condiciones reales de operación, como un “avance fundamental para las baterías zinc-aire“, especialmente respetuosas con el medio ambiente. ¿Pero por qué?

Estas baterías emplean oxígeno de aire como reactivo, almacenan energía renovable, reduciendo el oxígeno el agua y liberando nuevamente esa energía de manera reversible oxidando el agua para regenerar oxígeno. “Al basarse en zinc representan una de las alternativas más sostenibles”, señala la doctora Giménez, pues se trata de un material abundante y altamente reciclable.

Al mismo tiempo, su equipo también está desarrollando nuevos planteamientos de electrolitos acuosos para otra vertiente de baterías, zinc-bromo. “Mejoran la seguridad, reducen cuestes y aumentan la reversibilidad del sistema”, indica. Estos son los pasos que están dando desde lo CiQUS para llegar a superar el reto de las baterías.

Ni metales preciosos ni materias primas críticas

El fin de conseguir la estabilidad de materiales que fomenten la creación de baterías sostenibles emplean diferentes estrategias: la hibridación con nanomateriales, el confinamiento de catalizadores en estructuras protegidas y la optimización de transiciones estructurales dentro de nanoarquitecturas de carbono son algunas de ellas.

Por ejemplo, la investigadora explica que en muchos electrodos, el material activo sufre ciclos de disolución y reprecipitación durante la carga y la descarga. “Si este proceso tiene lugar en un entorno abierto, el material tiende a “perderse” con el tiempo y reduce la vida útil del dispositivo”, explica. Con todo, cuando el mismo material trabaja en un espacio “restringido” de tan sólo unos nanometros, como el interior de una nanoestructura de carbono, se mantiene en su lugar y funciona durante mucho más tiempo.

“Estos avances apuntan cara sistemas de almacenamiento más seguros, asequibles y duraderos“, explica. Desde infraestructuras críticas, como centros de datos u hospitales, hasta comunidades remotas donde se precisan soluciones energéticas.

Combustible limpio y hogar

Muchos de los materiales desarrollados por el grupo FunNanoMat Lab están pensados para integrarse en tecnologías que usamos (o usaremos) de manera cotidiana. Por ejemplo, las baterías de zinc-aire y zinc-bromo podrían emplearse para almacenar la electricidad generada por las placas solares, y disponer de energía cuando no hay sol. “Garantiza el suministro de hogares y comunidades, y asegura la energía en infraestructuras críticas”, señala Giménez.

El desarrollo de electrocatalizadores podría abaratar la producción de hidrógeno verde, lo que impactaría en su uso como combustible limpio en transporte, industria o incluso calefacción. Mientras, los sistemas de refrigeración limpia basados en materiales sólidos podrían sustituir a los refrigeradores y aires acondicionados actuales. “Podrían eliminar los gases contaminantes y reducir de forma significativa el consumo energético”, explica.

El equipo detrás de Giménez

El equipo de la doctora Giménez del CiQUS está lleno de talento. Entre sus miembros, hay varios investigadores internacionales que llegaron por programas europeos como las Marie Skłodowska-Curie Postdoctoral Fellowships. Gracias a ellos, fue posibles abrir nuevas líneas de investigación, aún incipientes: producción solar de amoniaco, desarrollo de ánodos para baterías de ion sodio o mismo electrodos de membrana para electrocatalizadores.

“Nuestro laboratorio se convirtió en un entorno interdisciplinar donde convergen química, nanomateriales y energía”, explica. Así, la colaboración entre equipos también es vital en este campo de la investigación: trabajan con grupos especializados en electroquímica, materiales o ingeniería para validar los materiales en condiciones más reales, realizar prototipos y acelerar la transferencia tecnológica.

A futuro, la ambición de Giménez López es convertir los materiales desarrollados en prototipos funcionales: baterías metal-aire más duraderas, un nuevo concepto más seguro y económico de la batería zinc-bromo, y nuevos conceptos de baterías térmicas. A nivel profesional, quiere seguir fortaleciendo el grupo y atraer talento investigador.

Oportunius: recursos, estabilidad y visibilidad

El programa Oportunius permitió a María Giménez López consolidar su investigación en Galicia con mayor estabilidad y visión a largo plazo. “Ofrece recursos, estabilidad y visibilidad, lo que facilita competir en convocatorias internacionales y ampliar equipo”, señala. Además, según la doctora, el contexto gallego permite conformar un entorno atractivo para ahondar en la investigación en materias para energía dentro de la comunidad.

Además, asegura que es “una herramienta muy potente para atraer talento con ideas nuevas y ambición”. De este modo, pueden incorporarse al ecosistema investigador gallego con una mayor facilidad, con apoyo institucional desde la Xunta de Galicia. De este modo, es un programa que, tal y como explica la investigadora, posiciona a Galicia como un destino competitivo para investigar en áreas estratégicas, como la de los materiales y la energía.

Con todo, también hay retos, ya que no siempre es fácil transformar las oportunidades en incorporaciones en el sistema universitario. Así, el talento gallego está presente, pero Giménez busca también atraer a investigadores extranjeros que puedan nutrir su investigación en un plano tan importante como los retos futuros. “Estas tecnologías apuntan a un escenario donde la energía se produce, almacena y consume de forma sostenible, segura y accesible, mejorando nuestra calidad de vida al tiempo que reducimos el impacto ambiental”, concluye.

La arqueóloga que descubrió su pasión a los 12 y hoy lidera un proyecto ERC desde Galicia

“Con 12 años descubrí que los arqueólogos estudiaban esqueletos humanos y tuve claro que quería dedicarme a eso”. Así comenzó la trayectoria de la investigadora Olalla López Costas, actualmente miembro del Centro Interdisciplinar de Investigación en Tecnologías Ambientales de la Universidad de Santiago (CRETUS). No seno del grupo EcoPast dirige el proyecto PollutedPast, financiado con una ERC Consolidator Grant y por el programa Oportunius de la Xunta de Galicia, con el objetivo de comprender como la contaminación ambiental por metales afectó a las poblaciones que habitaron Europa en los períodos romano y medieval.

Sin embargo, su camino no partió directamente de la arqueología. Cuando tuvo que elegir carrera, Olalla López optó por Biología para poder estudiar esqueletos humanos, ya que de aquella aún no existía un grado de Arqueología en ninguna universidad española.

Desde 2015, además de profesora de Arqueología en la USC, es también investigadora en el Departament of Archaeology and Classical Studies de la Universidad de Estocolmo. Se doctoró en la Universidad de Granada y participó en excavaciones en España, Grecia y Portugal. Esta experiencia internacional le permitió conocer problemáticas comunes a múltiples lugares del mundo, más allá del contexto gallego.

“Estamos en la vanguardia de Europa, pero sí que estamos haciendo investigación de muchísima calidad”, destaca. El Laboratorio de Antropología de Granada fue clave para su impulso investigador. Posteriormente, llegó a Suecia como investigadora postdoctoral, integrándose en un equipo formado por mujeres líderes, algo que asegura ser más habitual en los países del Norte de Europa. A pesar de los grandes estudios longitudinales, también reivindica el valor de las investigaciones de menor escala vinculadas a sitios gallegos, como A Lanzada. “Puede interesar la gente de todo el mundo porque cada quien puede encontrar un paralelo con su pasado y con su historia”, explica.

PollutedPast: ¿cómo impactaba la contaminación?

Bajo la dirección de Olalla, el proyecto PollutedPast busca comprender como la contaminación por metales afectó la vida de las personas y el ambiente en el pasado. Para eso se analizan restos humanos y animales procedentes de la Península Ibérica, Portugal, el sur de Suecia y, más recientemente, de Grecia y Francia. También estudian turbeiras y lagos, con el fin de obtener una perspectiva ambiental más amplia. No caso de Galicia, el equipo se centra en yacimientos como A Lanzada, las necrópolis de la Pontevedra medieval y los esqueletos de la Catedral de Lugo.

El método de análisis se basa en la medición del contenido de los metales y en sus isótopos. “Las turbeiras y los lagos hablan de la contaminación ambiental, mientras que los seres humanos reflejan la contaminación sufrida a lo largo de su vida”, explica la investigadora. La investigación no se limita a las excavaciones: “Estamos analizando también lo que dicen las personas: textos, epigrafía y documentos antiguos“, añade López. La finalidad del grupo EcoPast es integrar disciplinas tan diversas como arqueología, geología, historia del arte, química o biología.

Entre los hallazgos más destacados, López Costas subraya que los restos de bebés presentan niveles de contaminación mucho más elevados y que existió un período de fuerte contaminación por mercurio y plomo en la época romana. Esta tendencia disminuyó posteriormente, pero volvió a aumentar a partir del siglo XIV. “No siglo XV comienza a utilizarse el mercurio como tratamiento médico, muy contaminante”, explica.

Además, aunque se suele pensar que aquellas poblaciones desconocían los riesgos de estos metales, los textos antiguos muestran que sí que eran conscientes de los problemas de salud asociados. El proyecto también está abriendo nuevas vías de estudio: “Por primera vez estamos viendo que se pueden hacer análisis en restos humanos cremados“, destaca López Costas, un avance que amplía el abanico de casos disponibles para la investigación.

Creación de una subdisciplina

“Me gustaría crear una especie de subdisciplina“, explica Olalla López cuando se le pregunta por sus objetivos de futuro. Su intención es integrar el estudio de la paleocontaminación en el análisis de los esqueletos humanos, unificando ambas perspectivas. Así, la investigadora de la USC aspira a formar un grupo de trabajo con visión transdisciplinar que permita responder preguntas como: ¿Qué ocurre en las turbeiras? ¿Qué nos cuentan los esqueletos?

Sin embargo, este tipo de investigaciones presentan múltiples retos. López Costas señala que no siempre resulta sencillo trabajar con el mundo vikingo desde Suecia o determinados restos de Grecia, debido a las limitaciones de acceso. También los textos antiguos suponen una dificultad, ya que mucha información está en latín o griego: “Estamos teniendo muchos problemas para consultar los documentos medievales porque es necesario desplazarse a los archivos“, explica. A esto se suma el enorme volumen de trabajo derivado de alrededor de setecientas muestras, lo que requiere un largo proceso de tratamiento e interpretación de los datos.

De toda esta diversidad cultural que confluye en PollutedPast, Olalla López extrae un claro aprendizaje: “Tener una cultura científica tan diferente puede ser siempre un desafío, pero es precisamente lo que más nos gusta”, destaca, subrayando el carácter enriquecedor.

Un proyecto sostenido por el programa Oportunius

“Yo siempre digo que, si no fuera por Oportunius, nunca llegaría a tener una ERC”, afirma la investigadora del CRETUS. Cuando finalizó su contrato, fue gracias a este programa que pudo mantener su línea de investigación y continuar trabajando desde Galicia. “Si no fuera así, probablemente habría regresado a Suecia”, admite. Relata también un caso significativo: uno de los miembros de su equipo, procedente diera país nórdico, acaba de solicitar una ERC desde Galicia porque el apoyo que recibe a través de Oportunius y de la USC no es comparable a lo que le ofrecen en su país de origen.

En cuanto a los recursos, el programa permite adquirir equipación propia y evitar tener que compartirlo continuamente: “Cuando trabajas con volúmenes tan grandes de muestra, los tiempos se alargan mucho y es difícil mantener la estabilidad”, explica. Por eso considera que tanto las ERC como el programa Oportunius son ayudas que se complementan a la perfección en el ecosistema investigador gallego.

“Oportunius ofrece ese punto de calidad y estabilización”, subraya. Y añade: “Cuando hay un modelo que funciona, el importante es mantenerlo estable en el tiempo”. Presume así, delante de los compañeros de otras universidades, de este avance que permite que investigadores gallegos puedan quedar en Galicia al frente de sus propios proyectos.