La innovación gallega se consolida en el mapa internacional con la puesta en marcha de OSSIE (por sus siglas en inglés Orbit Solutions to Simplify Injection and Exploration), un avanzado vehículo de transferencia orbital diseñado para facilitar que los pequeños satélites y CubeSats alcancen su destino final en el espacio. El proyecto está desarrollado íntegramente por la compañía UARX Space en las instalaciones de la Zona Franca de Vigo, lo que sitúa la ciudad olívica como un punto neurálgico del sector aeroespacial europeo.
OSSIE cuenta con la colaboración de la NASA, referente en tecnología espacial a nivel mundial. “Es un reflejo del potencial que tiene el área de Vigo y la Zona Franca para atraer talento”, reconoce el delegado de Zona Franca de Vigo, David Regades. Añade que esta iniciativa empresarial muestra, del mismo modo, la evolución del consorcio a través de los años. “Hace 10 años comenzamos con proyectos del sector espacial. Ahora vemos qué es un éxito: OSSIE ya está en Estados Unidos listo para salir”, afirma Regades.
Porque, como indica el delegado de la Zona Franca, el dispositivo ya no se encuentra en tierras gallegas. UARX compartió a través de su cuenta de X las siguientes palabras: “La cuenta atrás final ya ha comenzado. ¡OSSIE ya está integrado en el vehículo de lanzamiento!”. Está situado en el lanzador de un cohete Falcon 9 de SpaceX y espera el momento de emprender una misión histórica para la tecnología aeroespacial gallega. El lanzamiento, cuya fecha exacta es aún desconocida, está previsto para este otoño.
Una tecnología única
“La tecnología de OSSIE es tan avanzada que solo la tienen cinco países en el mundo”, declara David Regades. El delegado de la Zona Franca de Vigo resalta, de este modo, la capacidad de UARX para situar tanto Galicia como España a la vanguardia de la elaboración de vehículos de transferencia orbital punteros. “Es una tecnología aeroespacial que busca optimizar los lanzamientos al espacio. El mayor coste está en los cohetes que llevan nanosatélites y satélites. Con OSSIE, se busca llegar a llevar 20, 30, 40 nanosatélites en vez de uno solo”, asegura Regades, que añade: “Está democratizando la tecnología espacial”.
Más allá de su innovación tecnológica, el proyecto de UARX supone un importante impulso al sector industrial gallego. “Este proyecto tiene un carácter muy especial, porque se desarrolló de manera íntegra en los laboratorios de Zona Franca”, concluye David Regades.
Las capacidades de OSSIE
OSSIE es capaz de realizar: inyección directa, cambios orbitales en altitud e inclinación, cambios de fase para la distribución de constelaciones en el mismo plano y cambios de LTAN / LTDN (parámetros empleados en guías orbitales para determinar la hora local exacta en la que un satélite cruza el ecuador de la Terra).
Entre los tipos de cargas útiles que puede transportar este dispositivo están: PocketQubes (un tipo de satélite miniaturizado de forma cúbica), CubeSats (un tipo de nanosatélite estandarizado), pequeños satélites y cargas útiles alojadas (IoD / IoT; esto es, sistemas de comunicación).
Como comparte UARX desde su espacio web, el diseño modular y escalable de OSSIE le permite adaptarse a los requerimientos específicos de cada cliente mediante el uso de propulsión química o eléctrica, ofreciendo una gran versatilidad que va mucho más allá de los modelos tradicionales de lanzamiento compartido o rideshare. Entre sus principales capacidades técnicas destacan la inyección directa, los cambios orbitales en altitud e inclinación, y la gestión de múltiples cargas útiles como PocketQubes y pequeñas plataformas tecnológicas.
Esta tecnología de vanguardia no solo optimiza la puesta en órbita de cargas satelitales y nanosatelitales, sino que reduce la dependencia de las rutas estándar al abrir la puerta a la exploración de órbitas menos habituales. Como señalan desde el portal web de UARX, “OSSIE permitirá la inyección precisa de satélites en órbitas terrestres no tradicionales, así como órbitas alrededor de la Luna y trayectorias hacia el espacio profundo”.
La misión inaugural de este vehículo espacial, que definieron desde la empresa en múltiples ocasiones como un “taxi espacial”, supone, de este modo, un paso sin precedentes a nivel nacional para consolidar un nuevo modelo operativo más flexible y autónomo en la exploración espacial.
¿Qué ocurre tras finalizar una investigación? ¿Más ciencia? Sí, pero, además, los proyectos que nacen de una necesidad o de un problema real pueden llegar más allá. Esto es el que se conoce como transferencia de conocimiento: cuando un fármaco, un dispositivo médico o un software nace en el laboratorio y llega al mercado a fin de satisfacer a un cliente final, los pacientes. Gestionar este proceso desde su inicio es el labor de los gestores de transferencia como Alexandre de la Fuente, que cumple con este papel desde la Fundacion Pública Gallega de investigación del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (INIBIC).
Se trata de una profesión oculta entre los hallazgos de la ciencia, sin la que, muchas veces, los resultados no llegarían a los pacientes. Sin embargo, De la Fuente señala que Galicia, a través de la Agencia Gallega de Innovación (GAIN), está la aportar visibilidad sobre la figura del gestor de innovación. ¿Y cómo? Impulsan el desarrollo del personal a través del Programa formativo con acreditación RTTP para personal de gestión de transferencia, que proporciona la formación necesaria para que los gestores y gestoras puedan optar a la certificación internacional Registered Technology Transfer Professionals (RTTP) de la Alliance of Technology Transfer Professionals.
Esto da lugar a importantes avances que convierten a Galicia en una comunidad especialmente avanzada desde el punto de vista de la transferencia del laboratorio. “Se hace investigación e innovación muy buenas”, afirma Alexandre de la Fuente. Esta cita se hace evidente a través del desarrollo del INIBIC en materia de transferencia: a día de hoy, señala que están desarrollando multiples soluciones innovadoras incluyendo como proceso de transferencia los primeros pasos de creación de dos empresas de base tecnológica de desarrollo de fármacos. Además, se suman múltiples proyectos con el foco en dispotivos médicos y softwares. Así nace la transferencia científica en Galicia, del laboratorio directamente al mercado.
La importancia de la innovación
Primero, se debe partir de una premisa: “No existe transferencia sin conocimiento científico”. Por ello, el papel de estructuras como el INIBIC o el Servicio Gallego de Salud (SERGAS) son especialmente relevantes en esta actividad. Pero el problema es que hay que saber qué hacer cuando una investigación científica llega a su fin. “Estamos viviendo en el mundo de la innovación”, señala Alexandre de la Fuente, pues explica que, de sus 20 años como investigador, emprendedor y gestor de transferencia, es ahora cuando observa una verdadera revolución.
La innovación en el ámbito de la salud aparece por diferentes frentes: la inteligencia artificial (IA) facilita la creación de sistemas de diagnóstico o predicción temprana de patologías o la respuesta personalizada a tratamientos o, como se conoce a día de hoy, medicina personalizada. “Todos los profesionales vinculados a la salud se están dando de cuenta de que tienen que innovar para no perder este ánimo”, indica De la Fuente. No obstante, explica que innovar no está de la mano solo de grandes proyectos, sino también de las pequeñas modificaciones del día a día en los colectivos a pie de los problemas diarios, como enfermeros, celadores y profesionales de Atención Primaria. “Se enfrentan a una multitud de retos diarios que solucionan un problema y no son conscientes de que así innovan”, apunta.
Alexandre de la Fuente, gestor de transferencia del INIBIC.
Pero cuando la base científica ya está resuelta, se debe dar un paso más. “Hay un momento en el que la investigación pasa a un segundo plano“, advierte el gestor de transferencia del INIBIC. Los investigadores tienen que comprender que hay que alinearse con nuevos perfiles profesionales expertos en otras muchas materias, que van desde la regulación hasta la administración de empresas.
Qué es necesario
“Hay diferentes factores que permiten que las soluciones lleguen a la sociedad, pero sobre todo es importante la vocación“, apunta Alexandre de la Fuente. Así, indica que es relevante contar con un grupo de profesionales que quieran innovar. Pero también hay determinantes que impiden que un producto o servicio llegue al mercado: en muchas ocasiones no existen ayudas ligadas a la transferencia, una situación que cambia en Galicia. La Consellería de Educación, Ciencia, Universidades y FP, a través de la Agencia Gallega de Innovación, impulsa el Programa Ignicia, que tiene como objetivo el desarrollo de aplicaciones comerciales de la investigación en centros gallegos como el INIBIC. Algunos ejemplos impulsados por la Xunta de Galicia son el proyecto siRNA o L3DO. “Se necesita ayuda de profesionales de diferente perfil para dar forma al producto en la vida real“, explica.
Cómo transferir
En el caso del INIBIC la investigación se realiza en el entorno del Hospital de A Coruña, por el que el usuario final de la innovación está en casa. “Es más fácil saber si una investigación tiene sentido; solo tenemos que preguntar a los profesionales”, indica De la Fuente. Por ejemplo, si se busca desarrollar una nueva terapia oncológica en un tipo de cáncer concreto, la mejor opción es preguntar e involucrar al servicio de oncología. Así, desde la clínica, los profesionales pueden determinar posibles limitaciones que, en ocasiones, no se tienen en cuenta desde el lado de la investigación: el fármaco puede no ser aceptado o la tendencia actual de los tratamientos puede ir por otro camino.
En este contexto, aparecen las spin-offs procedentes del laboratorio como un mecanismo más de transferencia. Sin embargo, según Alexandre de la Fuente, son mecanismos de transferencia que en el ámbito biomédico requieren de tiempo, desde la constitución de la empresa, encontrar los perfiles acomodados hasta llevar a cabo rondas de financiación. Se suma una alternativa: la licencia, donde un producto o servicio llega a su punto de maduración de la mano de una empresa ya constituida. Nasasbiotech, la empresa fruto de la transferencia que lidera Alexandre de la Fuente, especializada en el desarrollo de soluciones clínicas innovadoras de biopsia líquida para mejorar el diagnóstico, pronóstico y tratamiento del cáncer, fue la primera empresa participada en Galicia por un servicio de salud; en este caso, el SERGAS.
Pero emprender desde un centro de investigación también tiene sus dificultades: en primer lugar, el gestor de transferencia señala que el investigador tiene que entender que, cuando se crea una empresa, el punto de vista científico es solo el primer paso. Y, en segundo lugar, “a día de hoy no existe un nicho de profesionales tan fácilmente localizables que puedan impulsar una empresa en el ámbito sanitario”, señala, ya que precisan de formación específica.
¿Cómo saber si un resultado científico puede tener potencial para convertirse en una innovación? “La respuesta no la tiene solo el investigador, hay que abstraerse y preguntarle al mercado real“, afirma De la Fuente. Perfiles como el suyo tienen una tarea: preguntar fuera del hospital a empresas sobre las soluciones que adoptarían dentro de su propio proyecto. Pero no resulta sencillo comenzar una investigación y saber que tu innovación no tiene cabida en el mundo real. Por ello, el gestor del INIBIC apunta a iniciar un estudio con una pregunta: ¿Qué es lo que busca el mercado?
Y, para averiguar qué camino recorrer, entran en juego diversos itinerarios que seguir. Si se trata de un fármaco, se deben conocer las medidas regulatorias y llevar a cabo un proceso de fabricación que no se puede realizar en los hospitales. “Vas a tener que compartir el conocimiento”, subraya: encontrar los socios adecuados, buscar instalaciones con capacidad de escalado de producto, realizar un estudio multicéntrico… Mientras, el camino regulatorio de un dispositivo médico existe, pero es más sencillo.
De esta forma, podemos llegar a una conclusión. Sí, hay mucho trayecto por recorrer en la transferencia del laboratorio al mercado, pero es una labor facilitada por una figura ya no tan invisible: el gestor de transferencia, como Alexander de la Fuente, del INIBIC.
Vigo se prepara para acoger la primera fábrica de chips fotónicos de España en el Parque Tecnológico y Logístico de Zona Franca, que dará comienzo a su actividad a partir de 2027. Ardora III-V, antes conocida como Sparc Foundry, es una empresa de semiconductores especializada en fotónica integrada en dispositivos avanzados basados en diferentes materiales, con un foco especial en las aplicaciones fotónicas y la radiofrecuencia (RF). “Los semiconductores fotónicos son la última tecnología de chips que se está desarrollando en el mundo. En Europa tan solo está en tres países: Alemania, Francia y España. Y, en el caso de España, se encuentra en la Zona Franca de Vigo”, explica el delegado de Zona Franca, David Regades. De este modo, Ardora III-V sitúa a Galicia en la vanguardia de una industria puntera con un impacto creciente en el ecosistema tecnológico.
El Ministerio para la Transformación Digital viene de anunciar que ya se han preseleccionado seis empresas españolas que participarán en el Proyecto Importante de Interés Común Europeo en Tecnologías Avanzadas de Semiconductores (Ipcei-AST), y Ardora es una de las entidades escogidas. La iniciativa, coordinada desde la Unión Europea, busca fomentar la cooperación internacional en sectores de impacto económico y tecnológico.
Un trabajo altamente especializado
La compañía se encuentra en el proceso de captación de personal especializado en diferentes países. “Actualmente somos 28 personas e iniciaremos la producción con una plantilla de 90 empleados”, apunta el CEO de Ardora III-V, Francisco Díaz-Otero. El delegado de la Zona Franca de Vigo señala que el objetivo es llegar a 500 trabajadores altamente capacitados en la fábrica, y añade: “Ya contamos con personas de muchas nacionalidades, lo que prueba que el proyecto atrae talento internacional“.
La empresa cuenta con aportaciones por parte de Indra como socio principal del proyecto, de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica y de la Zona Franca de Vigo. David Regades resalta la importancia de estas sinergias: “Es el reflejo de una colaboración público-privada que garantiza el desarrollo de proyectos tan innovadores”. El delegado de Zona Franca reconoce el valor de trabajar de la mano del gigante Indra: “El 90% de los aeropuertos del mundo tienen alguna tecnología elaborada por esa empresa”.
El objetivo de Ardora
«Nuestro objetivo es convertir las innovaciones de nuestros clientes en capacidad industrial«, afirma Díaz-Otero. El CEO señala que, como fundición pure-play (es decir, que fabrica chips exclusivamente para otras compañías, sin diseñar ni vender productos propios), se centran en apoyar tecnologías estratégicas a la par que mantienen la independencia y la propiedad intelectual de los desarrolladores. “Queremos reducir la dependencia exterior, reforzar la resiliencia de la cadena de suministro europeo y responder a la creciente demanda de semiconductores de alta eficiencia energética”, añade Francisco Díaz-Otero.
De este modo, la empresa busca satisfacer la necesidad en aumento de una tecnología cuya vigencia se vuelve más patente con los avances en el tratamiento a espuertas de datos. «Nos especializamos en la fotónica integrada y dispositivos avanzados basados en fosfuro de indio (InP), arseniuro de galio (GaAs) y nitruro de galio (GaN)«, aclara el CEO de Ardora.
El nuevo nombre de la empresa hace alusión al fenómeno bioluminiscente por el que las aguas de algunas costas se salpican de puntos de luz debido a la presencia de ciertas microalgas. El indicador III-V, por su parte, se refiere a los elementos usados como base para la elaboración de sus chips (InP, GaAs y GaN).
“Estos materiales se emplean en forma de obleas (que se denominan wafers) sobre las que se fabrican los dispositivos y circuitos. El proceso de fabricación requiere, además, materiales auxiliares como metales para contactos (oro, titanio, platino, etc.), dieléctricos (SiO₂, SiN), fotorresinas, gases de epitaxia y productos químicos de limpieza y grabado”, aclara Díaz-Otero.
Estos chips se emplearán en los campos de la inteligencia artificial (IA), en centros de datos, 6G, telecomunicaciones, automoción, sensores, defensa, radiofrecuencias (RF), etc. “Ofrecemos a los clientes capacidad de producción para sus diseños. Ponemos a su disposición una plataforma tecnológica flexible para que cada empresa pueda desarrollar sus propios dispositivos y productos”, explica el CEO de Ardora III-V.
La fabricación de chips fotónicos es especialmente relevante en el contexto tecnológico actual. Francisco Díaz-Otero señala que esto nace de la respuesta que ofrecen estos objetos a los grandes retos de la innovación y la geopolítica, y numera: “El crecimiento exponencial del tráfico de datos, la inteligencia artificial, la eficiencia energética y la autonomía tecnológica europea en un ámbito estratégico para la competitividad y la seguridad futuras”.
La preselección de Ardora III-V en el proyecto de la Unión Europa Ipcei supone un paso más en la consecución de los objetivos de la empresa, que prevé abrir sus puertas el próximo año.
La fabricación aditiva revolucionó la forma de diseñar y producir piezas, pero aún presenta importantes limitaciones cuando se trabaja con materiales plásticos de altas prestaciones. Este es el objetivo del proyecto L3DO, que busca madurar y validar industrialmente la primera impresora 3D de postre asistida por láser. El Centro de Innovación y Tecnología multisectorial AIMEN lanza esta idea pionera con la que poder trabajar con materiales de altas prestaciones, que son mecánicamente mejores en términos estructurales que los materiales plásticos tradicionales de la impresión 3D. Mientras estos permiten hacer un prototipo rápido pero frágil, los materiales con los que permitirá trabajar el resultado de L3DO tienen una mayor resistencia mecánica y térmica, conocidos como termoplásticos de altas prestaciones.
David Diego Vallejo, investigador de Sistemas y Aplicaciones Láser y coordinador técnico del proyecto L3DO, señala que esta alternativa pone el foco en el principal problema de la impresión 3D: el proceso de creación de una pieza suele hacerse capa la capa, y para que los materiales se adhieran bien y tengan unas correctas características mecánicas, tienen que tener una temperatura controlada. “La diferencia de temperatura tiene que ser la menor posible para que sean resistentes”, indica el experto de Aimen. En el caso de los materiales de altas prestaciones, controlar la temperatura de la pieza en el proceso de impresión se hace imprescindible para lograr buenos resultados.
“Nosotros apostamos por tecnología láser para hacer este calentamiento controlado”, explica Diego Vallejo, pues es una herramienta que permite calentar un área muy localizada sin molestar los aledaños de la pieza. Así, supone una ventaja frente al calentamiento de cámaras calefactables y otras fuentes de calentamiento local. Desde AIMEN, con un largo recorrido en láser e impresión 3D de plásticos, combinaron estas dos técnicas para mejorar las características de los materiales. Esto, sumado a la ayuda tras la aprobación del proyecto dentro de la convocatoria del programa Ignicia Prueba de Concepto de la Xunta de Galicia, hacen de L3DO un proyecto claramente prometedor con vistas a una spin-off: “La ayuda de Ignicia es fundamental para la creación de una posible empresa; que alguien crea en ti”.
Automoción y aeronáutica
A pesar de que AIMEN contaba con un prototipo funcional del producto detrás de L3DO, comenzó como Ignicia en enero de 2026. Ahora, se encuentran en una fase de maduración del prototipo y en la creación de la estructura alrededor de la spin-off, un escenario en el que AIMEN no tiene experiencia al tratarse de un centro tecnológico. “Estamos entre procesos regulatorios, de seguridad, diseño de producto y estudio de mercado”, apunta David Diego Vallejo. “No queremos actuar con materiales convencionales (PLA) porque ya existen impresoras que lo hacen”, señala el coordinador técnico del proyecto. Con todo, estas tecnologías no funcionan igual de bien con materiales de altas prestaciones, con unas características mecánicas y térmicas mejores. Por ello, se proponen dar un salto cualitativo dentro de la tecnología para “lograr un alto grado de flexibilidad y permitir crear piezas la medida con geometrías complejas, la principal ventaja de la impresión 3D”, como añade David. Junto que ligereza de los plásticos en comparación a los metales, estas piezas son de grande interés para el sector de la automoción y el aeronaútico.
Antes de comenzar con L3DO, los líderes del proyecto decidieron preguntar el interés en empresas de diferentes sectores por esta tecnología. Las respuestas más positivas llegaron desde la automoción y la aeronáutica. Por una parte, en el caso de la automoción permitiría crear piezas de series pequeñas para poder realizar evaluaciones como componentes a causa de su resistencia mecánica y características estructurales. Por otra, para la aeronáutica —concretamente en el sector de los drones— se precisan piezas resistentes, flexibles y fabricadas de forma rápida, en muchos casos customizadas para poder ocupar determinados huecos y realizar modificaciones de tamaño; también para vehículos aéreos o terrestres unipersonales, desde anfibios hasta voladores, donde la ligereza de los materiales y el alta resistencia es importante. Aquí es donde el producto del proyecto L3DO marca la diferencia.
Lo mejor de ambos mundos
“El mayor reto fue a ser capaces de unir ambas tecnologías; el mejor de ambos mundos en un solo producto”, señala. Así, en los pinitos de L3DO se unían tanto los equipos de impresión como los de láser a fin de alcanzar una solución a nivel conjunto. Diego Vallejo señala que, como norma general, quien se dedica a hacer una cosa, no hace a otra. Aunque el principal reto a nivel humano fue la convergencia, a nivel técnico destaca la integración de tecnologías en un único sistema: “Nunca lo me los había hecho, es complicado por la integración y la automatización, además de la seguridad del láser”. Este problema fue solucionado gracias al trabajo de un equipo multidisciplinar.
En L3DO emplean la tecnología láser para calentar los materiales de altas prestaciones de forma muy localizada. Foto: AIMEN
Impresión, con más que ofrecer
El beneficio que el proyecto L3DO puede llevar a las empresas es la capacidad de creación de piezas de manera tan rápida como una impresora 3D, pero empleando materiales con mejores prestaciones mecánicas, térmicas y de ligereza que los sectores puedan emplear y probar bajo condiciones reales. “Queremos que las empresas lleguen a más mercados gracias a unas piezas fabricadas con nuestra tecnología, más resistentes, ligeras y altamente personalizadas”, apunta el coordinador técnico, David Diego Vallejo. Así, Aimen, un centro ya prestigioso en el mundo de la fabricación adictiva, lleva a cabo un nuevo hito para poner su nombre en el mapa internacional a través de L3DO.
La medicina regenerativa es cada vez más puntera, y desde Galicia existen proyectos como ORALREGENERIX que lo demuestran. Liderazgo por el grupo Advanced Biofab del Centro Interdisciplinar de Química y Biología (CICA) de la Universidade da Coruña (UDC), esta iniciativa trata de buscar la solución para un problema clínico en un ámbito poco explorado: la odontología. Cuando los dentistas quitan desperfectos en la boca, el hueso tarda hasta seis meses en regenerarse, tiempo durante el cuál el paciente debe vivir con limitaciones, sobre todo en el ámbito alimenticio. Así nace unbiopen que podrán usar los profesionales en el consultorio para poder imprimir la pieza dental en el lugar necesario y cubrir mejor el hueco con la forma específica del desperfecto de cada paciente, gracias a la bioimpresión 3D.
Detrás de esta idea pionera está un trio de tres científicos: Daniel Nieto, el investigador principal, contratado por la Xunta de Galicia a través do programa Oportunius; Nadina Usseglio, investigadora y farmacéutica; y Alberto Otero, odontólogo. Este grupo interdisciplinar creará la solución: “Hoy por hoy estamos desarrollando una tinta para que la regeneración sea más rápida“, señala Usseglio. El proyecto está en una fase inicial, donde están desarrollando los prototipos de biopen e iniciando los procesos regulatorios para confirmar la seguridad del dispositivo.
Así, a causa de su relevancia, el proyecto ORALREGENERIX cuenta con el apoyo del programa Ignicia Prueba de Concepto, promovido por la Agencia Gallega de Innovación (GAIN), dependiente de la Xunta de Galicia, a través de una financiación superior a los 400.000 euros bajo el objetivo futuro de crear una spin-off para poder comercializar el producto. “Es una ayuda fundamental, sobre todo para poder acceder al plan de negocio; ve más allá del que solemos hacer en investigación”, subraya la promotora.
De traumatismos a patologías periodontales
La regeneración por biopen favorecería a todo tipo de afectados: “Pueden ser pacientes que pierdan la pieza dental por patología o por traumatismo“, explica Nadina Usseglio. También aplica a aquellas personas a las que les crecen los dientes en dirección transversal, el que genera un hueco en el hueso que se debe regenerar para aplicar el implante.
Así, las compliacións durante el proceso de recuperación dependen de cada paciente y de como se lleve a cabo el tratamiento. Como norma general, no pueden comer con normalidad, alimentándose en base a una dieta blanda, sobre todo en los casos de desperfectos muy acentuados. En otros pacientes, el problema puede solucionarse masticando con los otros dientes. Con todo, la boca tiene un problema: no puede quedar quieta, fenómeno que se acentúa con actos involuntarios como el bruxismo. “ORALREGENERIX hace una aportación novidosa, tratando de romper el reto de los tiempos y mejorar la calidad de vida del paciente”, explica la investigadora.
El futuro de la bioimpresión 3D
“En general, la medicina regenerativa está avanzando mucho en la clínica”, apunta Usseglio. Con todo, al tratarse de una tecnología que se aplica directamente en los tejidos del paciente, el proceso hasta llegar a la comercialización y uso es más lento. “Puede aportar mucho a los tratamientos”, apunta. Por ello, en el proyecto, Daniel Nieto aporta la experiencia en el desarrollo de tecnologías de bioimpresión 3D y Nadina Usseglio garantiza como hacer la regeneración sin que la herida se infecte; “la figura fundamental es nuestro compañero dentista, que es quien está en la consulta”, subraya. Segundo apunta la investigadora, la causa de que la boca es un lugar complicado para trabajar, la participación de Alberto Otero permite matizar las funciones del biopen que no sirven en la práctica por una posible incomodidad del paciente.
Un largo recorrido
El objetivo, según el equipo de ORALREGENERIX, es que la spin-off pueda estar lista para diciembre de 2027. “Estamos haciendo todo el posible”, añade Nadina Usseglio, en medio de un largo camino desconocido para ella de procesos administrativos, patentes y próximos ensayos clínicos. “Además del apoyo de la Xunta de Galicia, que es muy importante, también buscamos más sustento económico en rondas de inversión”, apunta.
Así, para la investigadora, el mayor reto aún no fue científico, sino regulatorio: “La investigación aplicada es un desafío en todos los aspectos”, indica, con especial hincapié en los productos médicos, ya que las medidas de seguridad que hay que asegurar deben ser más perfectas para que el producto no tenga efectos negativos sobre el paciente. “Al final de este proyecto queremos reducir los tiempos de curación del paciente con un tratamiento más localizado y preciso“, concluye Nadina Usseglio.
La Universidad de Vigo y Zona Franca unen fuerzas para crear la nueva Cátedra de Computación Óptica Cuántica, que se iniciará el próximo 1 de julio. Este laboratorio experimental, impulsado desde el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA), explorará esta tecnología aún incipiente en Galicia partiendo de un límite: actualmente aumentamos la potencia de los ordenadores esencialmente metiendo decenas de millones de transistores en un chip. El problema llega cuando se continúan encogiendo esos transistores, y si llega un punto en el que son tan pequeños que su comportamiento no se rige por las leyes de la física clásica, sino por las leyes de la mecánica cuántica. Así, en lugar de luchar contra la física, en los años 70 la gente ya anticipaba que “los últimos límites de la computación no deberían estar establecidos no por modelos matemáticos, como hoy en día, sino por principios de la física”. Así lo explica Marcos Curty, director científico del Vigo Quantum Communication Center (VQCC), ligado también al mundo de la entramado de la comunicación cuántica.
Pero, ¿por qué se denomina “computación óptica cuántica”? La computación cuántica emplea qubits y estos pueden ser construidos con diversas tecnologías, desde sistemas supercondutores, iones atrapados, átomos neutros o tecnología fotónica, entre otras. La computación óptica cuántica emplea los fotones —partículas de luz— como qubits que viajan a través de circuitos integrados fotónicos.
Sin embargo, esta cátedra permitirá poner a Galicia al nivel de potenciales nacionales e internacionales, donde la computación cuántica despertó el interés de grandes empresas como IBM o Google. “Antes comprábamos dispositivos proveedores externos; ahora, queremos desarrollar tecnología puntera desde Vigo”, subraya Marcos Curty, convirtiéndose en una de las grandes premisas de la iniciativa dentro de su programa de investigación para los próximos cinco años.
En este contexto, el Consorcio de la Zona Franca de Vigo decidió apoyar la Cátedra de la UVigo con financiación adicional. El director científico de VQCC señala que, desde este proyecto, quieren “hacer tecnología que pueda ser transferida a la empresa y al ecosistema gallego”. Esta es una visión con la que está de acuerdo el delegado del Estado de la Zona Franca, David Regades, que añade que “es una oportunidad que no podemos perder para hacer más competitiva a la Universidade de Vigo”. Además, subraya el interés por enriquecer tanto el ecosistema universitario como empresarial: “Es una herramienta más para la economía de nuestra ciudad, de Galicia y España al estar a la vanguardia de la tecnología”.
El motor del laboratorio
Competir contra los gigantes de la computación no es tarea fácil. Por ello, desde la Cátedra de Computación Óptica Cuántica, decidieron que van a resolver unos problemas concretos para comenzar. “Queremos desarrollar unos pequeños microprocesadores cuánticos que nos permitan resolver problemas de optimización”, comienza Curty, poniendo el foco en el mundo industrial. De esta forma, procedimientos de logística o planificación se podrían llevar a cabo de forma más eficiente y rápida. Esta tarea está prevista para los próximos cinco años. “Esperamos estar en un nivel en el que podamos competir con las soluciones clásicas”, apunta.
No obstante, el foco está en la fotónica como vía de funcionamiento. Por una parte, los fotones son adecuados paraos microprocesadores que se quieren desarrollar y, por otra, porque en el Vigo Quantum Communication Center cuentan con varios laboratorios experimentales especializados en fotónica. “Para comunicar microprocesadores cuánticos y hacer procesado distribuido se necesitan comunicaciones cuánticas, por el que me los veía mucha sinergia”, apunta Marcos Curty.
Entre los puntos fuertes están la dirección del laboratorio por el profesor Alexander Lvovsky, de la Universidad de Oxford, uno de los principias expertos en computación óptica cuántica del mundo.
Un problema que se resuelve con un ordenador cuántico se puede resolver con un ordenador clásico. Con todo, varía un factor: el tiempo ya que “en un ordenador cuántico ciertos problemas se pueden resolver de forma mucho más rápida”, tal y como indica el investigador. Por tanto, las principales ventajas son la agilidad y la rapidez.
Por ejemplo, uno de los principales retos de un ordenador clásico es factorizar números, ya que el tiempo que se tarda en resolver crecimiento de manera exponencial con las cifras del número: “Si te digo un número de 3.000 bits, un ordenador clásico precisaría la edad del universo para resolverlo”, señala. Con todo, en el año 1995, desarrollarse un algoritmo para un ordenador cuántico en el que el tiempo que se preciso crecimiento muy despacio con el número de bits. Por ejemplo, este mismo problema se podría resolver en unas pocas horas. “La mayoría de la criptografía que empleamos en Internet para proteger nuestras comunicaciones se basa en problemas matemáticos de factorización”, apunta el investigador.
Sinergia con la fábrica de chips fotónicos
“Hay muchas iniciativas independientes, pero muy complementarias”. Los chips fotónicos se pueden emplear para hacer transmitores y receptores para comunicaciones cuánticas, y también microprocesadores para computación óptica cuántica. Aquí entra en juego la fábrica Sparc, que cuando esté operativa podrá especializarse en el diseño e implementación de chips fotónicos. “Muchas de las tecnologías que desarrollemos podrían transferirse al mundo del chip fotónico”, apunta.
Asimismo, la fábrica también nace del trabajo de la UVigo y con el apoyo de la Zona Franca, que lleva años creando un ecosistema fotónico, en el que también se sitúa esta nueva cátedra. “Existe una combinación perfecta entre Sparc, la cátedra cuántica y la realidad económica de Galicia”, argumenta David Regades.
“La aplicación de la nueva tecnología disruptora aun es incipiente en Galicia«, sinala Marcos Curty. Desde el VQCC llevan a cabo numerosas colaboraciones con empresas nacionales e internacionales, como Deutsche Telekom de Alemania, Thales Alenia Space de Francia o Toshiba en el Reino Unico entre otras muchas. Algunos de los proyectos nos que trabajan están desarrollando satélites para comunicaciones cuánticas para ofrecer servicios a empresas, o metodologías de certificación de estas tecnologías. También se está trabajando en el desprege de una red de comunicaciones cuánticas que una Lisboa con Vigo y Santiago y también con otras partes de España y Europa. David Regades añade que “desde Zona Franca estamos trabajando en sectores de vanguardia”.
Instrumentos del Vigo Quantum Communication Center. Foto: Marcos Curty
El futuro de la computación desde Vigo
Marcos Curty explica que la computación es uno de los campos de mayor interés dentro de las tecnologías cuánticas. Con todo, desde Vigo, el objetivo principal será la investigación de excelencia con la idea de hacer transferencia de conocimiento hacia el mundo de la empresa: “Si la economía del futuro tiene una base en la fotónica o en la cuántica, serán todo oportunidades para nuestros investigadores e investigadoras“, señala David Regades desde Zona Franca. Así, gracias a la computación óptica cuántica, se podrán acelerar procesos de horas o días hasta minutos o segundos.
El vicepresidente de la Diputación de A Coruña y diputado de Turismo y Promoción Económica, Xosé Regueira, recogió en Madrid el Premio Gourmet Turismo Gastronómico. El reconocimiento tuvo lugar nos II Premios Planes Gourmet, organizados por el programa de televisión especializado en gastronomía, industria alimentaria y turismo producido por Mediaset España. Regueira destacó que el premio “es un reconocimiento colectivo a todas las personas que, desde el sector agroalimentario y gastronómico, contribuyen cada día a construir una provincia más competitiva, más atractiva y con mayor capacidad para generar riqueza“.
El vicepresidente afirmó que “la gastronomía es mucho más que un producto: es paisaje, cultura, identidad y también una oportunidad para desarrollar un turismo de calidad que deja valor en el territorio». De este modo, consideró que el galardón avala la apuesta de la Diputación por un modelo basado “en la excelencia, en la autenticidad y en la sostenibilidad, que son los elementos que hacen de la provincia de A Coruña un destino singular y diferenciado“.
Un premio a la promoción
El premio supone un nuevo reconocimiento al trabajo desarrollado por la Diputación de A Coruña en el ámbito de la promoción turística vinculada a la gastronomía, una de las líneas estratégicas de la institución provincial para fortalecer el tejido productivo, impulsar la proyección exterior del territorio y promover un modelo turístico sustentado en la calidad y en el respeto por los recursos propios. La organización del premio corresponde la Planes Gourmet, un espacio de televisión centrado en el sector gastronómico, en la industria alimentaria y en el turismo, producido por Mediaset España.
Galicia es una potencia universitaria y tecnológica gracias a su red de centros de investigación e innovación. En este contexto nació en 2020 el proyecto BIXO (Bacteriological Intercommunication eXperiment in Orbit), desarrollado por UVigo SpaceLab, un equipo multidisciplinar de estudiantes de la universidad que trabaja en la creación de un CubeSat —un satélite miniaturizado estándar empleado en la industria aeroespacial— con el objetivo de estudiar durante nueve meses como afectan la microgravidade y la radiación espacial a los procesos de comunicación bacteriana. En la actualidad, el proyecto se encuentra en la fase final de desarrollo y planteamento de nuevas misiones, ultimando los detalles para el lanzamiento, previsto entre finales de este año y comienzos de 2027, aun sin fecha definitiva confirmada.
El equipo incluye la 50 estudiantes que trabajan en un entorno en la que convergen áreas como la ingeniería aeroespacial, la biología, la mecánica, la electrónica y la automática. Entre ellos se encuentra Daniel Collarte, quien explica que BIXO “tiene como objetivo unir la biología con el espacio”. La iniciativa cuenta con el apoyo de la Zona Franca de Vigo y, segundo señala David Regades, delegado del Estado en el Consorcio de la Zona Franca, el proyecto “significa seguir afondando en una de las razones de ser de la Zona Franca: la innovación”, con especial atención al desarrollo del sector aeroespacial.
De este modo, se suma al ecosistema aeroespacial impulsado por el Consorcio, en el que también destaca Alén Space, empresa que en 2025 fabricó el 50% de los nanosatélites privados lanzados al espacio. Esto consolida el área de Vigo como uno de los referentes del sector aeroespacial. “Tenemos en la Universidade de Vigo nuestro mejor partner para transferir ese conocimiento al mundo de la industria”, afirma Regades. Por su parte, Daniel Collarte destaca que “la Zona Franca los brindan financiación y visibilidad”.
Bacterias al espacio
“El objetivo de la misión BIXO es conocer como afecta al espacio a la vida”, explica Daniel Collarte. La misión se estructura en tres experimentos distribuidos en tres fases diferenciadas, con una duración de tres meses cada una. “Queremos compararlo con el tiempo aproximado que llevaría un viaje a Marte”, añade.
El CubeSat, de dos unidades, enviará al espacio una bacteria —Pseudomonas aeruginosa— con el objetivo de analizar el impacto de las condiciones espaciales en su comportamiento. En el interior del satélite, este microorganismo viajará liofilizado —es decir, deshidratado mediante un proceso de congelación y vacío— y almacenado en tarjetas microfluídicas, unos dispositivos dotados de pequeños canales y compartimentos diseñados para transportar y manipular las bacterias en condiciones controladas. Para iniciar el ensayo, se introducirá a través de estos canales un líquido conocido como caldo de cultivo. Al inundar los distintos pozos de la tarjeta, las bacterias liofilizadas absorberán el agua y los nutrientes, abandonando su estado de reposo y comenzando a multiplicarse activamente en ese entorno controlado.
La medida que las bacterias se reproducen, entra en funcionamiento el proceso de comunicación conocido como Quorum Sensing. Mediante este mecanismo, las bacterias activan determinados grupos de genes cuando alcanzan una densidad de población suficiente. En este caso, los genes activados son los responsables de la bioluminiscencia. Así, las bacterias comienzan a emitir luz en la oscuridad, siendo la intensidad luminosa directamente proporcional a la cantidad de bacterias activas y a la velocidad con la que se están comunicando entre ellas. De este modo, se realizarán distintas activaciones desde el momento en el que el satélite entre en órbita, mientras que en Tierra el alumnado desarrollará experimentos paralelos para comparar los resultados obtenidos en ambos escenarios.
A Pseudomonas aeruginosa
A través del proceso de Quorum Sensing, la bacteria continúa comunicándose con su medio mediante la secreción de moléculas autoindutoras. “A través de la bioluminiscencia y de la medición de la espectrofotometría podemos observar su crecimiento”, explica Daniel Collarte.
‘Pseudomonas aeruginosa’. Foto: Wikimedia Commons
Para controlar y analizar este proceso biológico, el equipo diseñó un sistema modular en placas conocido como vixion, en el que cada componente desempeña una función específica. En la parte intermedia se sitúa la tarjeta microfluídica, seguida del sistema de estimulación y control mediante LEDs. Estas luces cumplen una doble función fundamental: determinados sensores fluorescentes precisan de una fuente de luz externa para activarse y emitir señal. Debajo de la tarjeta microfluídica se colocan sensores ópticos microscópicos encargados de registrar la cantidad de luz que atraviesa el pozo y también de captar los fotones de bioluminiscencia generados por las propias bacterias cuando se activa su comunicación celular.
Mantener la supervivencia
“El principal problema es garantizar la supervivencia de la bacteria”, señala Daniel Collarte. En este sentido, las limitaciones de espacio pasan a un segundo plano, ya que se trata de microorganismos. El verdadero desafío reside en el que ocupan los subsistemas necesarios para asegurar el correcto funcionamiento de la misión: los sistemas de potencia, el ACDS (Attitude Determination and Control Subsystem) y las comunicaciones. Muchos de estos componentes proceden de colaboraciones con empresas especializadas: así, el ordenador de a bordo y a radio definida por software fueron proporcionados por la empresa Alén Space. Por el contrario, otros elementos fundamentales, como la antena de banda S y el subsistema ACDS, fueron desarrollados íntegramente por el propio equipo de BIXO.
Imagen de laboratorio. Foto: Daniel Collarte
Pero el principal reto técnico se centra en la capacidad de adaptación de la Pseudomonas aeruginosa a las condiciones extremas del lanzamiento. “Aquí entran en juego factores como la presión y la componente térmica derivada del calor generado por el propio cohete”, explica Collarte. Para proteger el experimento, el departamento térmico diseñó el Payload Container, un contenedor hermético y termicamente aislado pensado para soportar las condiciones extremas del espacio. Este sistema analiza el comportamiento del experimento en dos escenarios críticos: el Hot Operational Case, cuando el satélite recibe la máxima radiación solar, y el Cold Operational Case, que se produce durante los eclipses terrestre o solar. En este último caso, al no recibir luz ni energía solar, el contenedor debe actuar como un término aislante para impedir que el caldo de cultivo se congele en el vacío absoluto del espacio.
Del espacio a la Tierra
Daniel Collarte explica que la metodología para la recogida de datos de la misión BIXO funcionará mediante conexiones periódicas entre el CubeSat y la estación terrestre situada en el edificio Filomena Dato, en Vigo. “El satélite pasará sobre Vigo tres veces al día, pero solo tendremos alrededor de diez minutos para establecer el contacto en cada pasada”, detalla el integrante de UVigo SpaceLab. Con todo, no todas esas conexiones serán igual de eficientes. De las tres oportunidades diarias, solo en dos el satélite estará en una posición óptima para transmitir información a través de la antena de banda S, debido a la latitud y a la orientación orbital. “Esto los permiten descargar los datos de mayor tamaño relacionados con el experimento, así como imágenes”, explica Collarte. La transmisión de la información se realiza mediante una cadena de comunicación que parte del propio satélite y llega a la antena de banda S, encargada de enviar los datos hacia la antena parabólica de la estación terrestre, desde donde serán procesados y analizados por el equipo investigador.
Equipo de BIXO trabajando en una sala presurizada. Foto: Daniel Collarte
El último paso
En la actualidad, el alumnado de UVigo SpaceLab trabaja en la preparación e integración de los diferentes subsistemas necesarios para garantizar el correcto funcionamiento del CubeSat. En este contexto, una de las soluciones desarrolladas por el equipo de BIXO consiste en integrar todos estos sistemas en una única placa mediante tecnología FlatSat. “Esta tecnología los permiten acceder a los distintos subsistemas de manera más sencilla y mantener todo el conjunto compacto”, explica Daniel Collarte.
Para llevar a cabo este trabajo de integración, el equipo utiliza una cámara presurizada, empleada en el ámbito aeroespacial para evitar la entrada de partículas de polvo y garantizar condiciones controladas de limpieza. Este espacio permite realizar con seguridad todo el montaje y comprobación de los subsistemas antes del lanzamiento. “Son mecanismos que van a viajar al espacio, por el que deben estar en condiciones extremadamente limpias y preparados para soportar el lanzamiento”, concluye Collarte.
Galicia como fábrica de talento
“Va a ser una forma más de contribuir al reto del talento que tiene Galicia”, apunta David Regades desde Zona Franca. En este sentido, destaca que proyectos como BIXO, impulsado desde la Universidade de Vigo, permiten que la juventud al salir de la asociación que remata sus estudios poda liderar iniciativas innovadoras sin necesidad de emigrar. “Antiguamente, para participar en proyectos de este nivel, muchos jóvenes y jóvenes tenían que marchar la China, a los Estados Unidos o al centro de Europa”, explica. Ahora, añade, gracias a una red de apoyo como la de la Zona Franca, el alumnado de UVigo SpaceLab cuenta con la capacidad de impulsar proyectos “muy ambiciosos” y desarrollarlos directamente desde Galicia, con proyección hacia el sector espacial.
La Deputación da Coruña participa este atardecer en la gala del Premio Cocinero/a Gallego/a 2026, que se celebra en el auditorio Mar de Vigo. Al acto acudirá el vicepresidente, Xosé Regueira, y habrá un espacio propio de la campaña provincial ‘A paisaxe que sabe’. La cita, organizada por Galicia Fórum Gastronómico, inaugura una nueva etapa del certamen, que pasa a tener carácter anual y refuerza su apuesta por la promoción de la gastronomía gallega, el producto de cercanías y el talento emergente.
“La gastronomía gallega vive un momento extraordinario gracias a la combinación del enorme talento de nuestras cocineras y cocineros con una despensa única, que nace del mejor mar y de la mejor tierra. Tenemos producto, identidad y creatividad, y eso los convierten en un territorio de referencia“, señaló Regueira. La participación de la Diputación se enmarca en la estrategia de promoción de la provincia como territorio gastronómico de referencia, poniendo en valor el producto local, la sostenibilidad y la identidad culinaria coruñesa.
La marca ‘A paisaxe que sabe’ contará con un espacio de por sí dentro del evento. En él, los chefs Iria Espinosa y Luís Veira, del restaurante coruñés Árbore da Veira —distinguido con una estrella Michelin—, elaborarán distintas propuestas para el público asistente. Entre ellas, tostada de tinta de calamar con boquerón y plancton, mollete de pulpo a la gallega y xurela con queso gallego, fresas y palomitas.
La gastronomía coruñesa
A través de este espacio propio de ‘A paisaxe que sabe’ “queremos explicar el éxito de una provincia que sabe transformar su territorio, su paisaje y su producto en una experiencia gastronómica de altísimo nivel“, reivindicó el vicepresidente de la Deputación da Coruña.
Xosé Regueira incidió también en la importancia de apoyar el talento emergente y de visibilizar el sector en eventos de referencia. “Los cocineros y cocineras de la provincia de A Coruña están demostrando que tradición e innovación no solo pueden convivir, sino que son la clave del éxito. Tenemos una generación de profesionales que está reinterpretando nuestra cultura gastronómica desde el respecto al producto y con la máxima calidad”.
Una de las características del periodismo es la heterogeneidad de los materiales de los que se nutre. Por más especialización que uno busque, incluso en un medio como GCiencia un día estás hablando de las bondades de un nuevo fármaco y al siguiente de la misión Artemis II o de los rayos crepusculares. De pronto tienes entre tus manos un caso de presunto acoso sexual en la Universidade de Vigo y te preguntas qué hacer. ¿Encaja en nuestra línea editorial? ¿Cómo lo entenderán nuestros lectores? Después recuerdas que el lema de nuestro portal es Periodismo y Divulgación, te viene a la cabeza el viejo axioma de esta profesión maltratada y lo tienes claro: en caso de duda, periodismo.
Cuento esto para que se entienda mejor lo que voy a relatar a continuación, que tiene mucho que ver con el periodismo y con la dificultad que acarrean ciertas instituciones para entender su importancia para la buena salud de una democracia, especialmente en tiempos de creciente desinformación.
Vamos por partes. El pasado 8 de abril publicamos que la Universidade de Vigo había eludido adoptar medidas cautelares contra un profesor, a pesar de reconocer en un informe interno la existencia de claros indicios de acoso sexual hacia, por lo menos, cuatro alumnas. ¿Estaba obligada a adoptarlas? Claramente no. Una vez que la alumna que destapó el caso acude a la Policía Nacional y el asunto se judicializa, la Universidad debe suspender el expediente, cosa que hizo. Nada ilegal ni irregular por ahí. ¿Qué ocurre? Que la investigación previa realizada por la instructora del informe había llegado a la conclusión de que la denuncia no solo era “verosímil”, sino que el presunto acoso estaba generalizado. “Creemos que no solo con esta alumna, sino con otras alumnas predoctorales y posdoctorales”. ¿Fue sensato mantener el profesor en el cargo mientras la justicia hacía su labor? En GCiencia pensamos que no.
No solo la omisión de medidas cautelares es discutible, porque entendemos que nada impedía a la Universidad continuar el expediente respecto al resto de las alumnas presuntamente acosadas, cuyos casos no estaban judicializados. No hay que olvidar que, basándose en el relato de distintas estudiantes, la investigación había destapado un modo de actuar común, un “patrón de conducta” del docente. “Se hace imprescindible” profesional y académicamente para las alumnas, comparte detalles de su vida privada y consigue que estas “se involucren emocionalmente con él”. Después pasa a una segunda fase, siempre según la instructora: “Contacto físico como abrazos y besos en la mejilla en un primero momento, para posteriormente crear un ambiente en el que el beso sea en la boca, poner a mano en la cintura, hacer comentarios sobre el físico…”.
En pleno debate sobre como abordar la noticia, justo antes de la publicación, tuvimos conocimiento del archivo judicial del caso denunciado por —le vamos a poner un nombre ficticio— Samira. No voy a entrar ahora en los detalles tan particulares del sobreseimiento ni en las razones que nos llevaron a continuación adelante la noticia; ya lo hizo Laura Filloy, responsable del sensacional trabajo periodístico que destapó el escándalo, en un reciente Ciencia en Confianza. Lo que voy a contar ahora tiene más bien que ver con la política informativa de una institución pagada con los impuestos de todos, de su nula capacidad autocrítica y, sobre todo, de su peculiar forma de entender el periodismo, especialmente grave en una universidad directamente relacionada con la profesión a través de su Facultad de Comunicación.
El 7 de abril, víspera de la primera noticia sobre el caso, Laura Filloy se puso en contacto con la jefatura de prensa de la UVigo para conocer su versión de los hechos y solicitar el contacto de la instructora, María del Carmen Ruiz Hidalgo. Lo que aconseja el protocolo, en resumen. Horas más tarde, nos reenvían un correo de Hidalgo en el que rechaza dar explicaciones por tres motivos: porque le parece “extemporáneo”, porque “no hay nada más que [la Universidad] pudiera hacer” cuando hay una denuncia policial y porque existe “el derecho a la presunción de inocencia del profesor”. Y en este punto se permite el lujo de regalarnos un par de consejos sobre el ejercicio del periodismo para disuadirnos de publicar nada: “Si en las actuaciones policiales queda acreditada su inocencia por falta de pruebas, creo que no se puede sacar este tema en la medida en que vulnera derechos fundamentales de presunción de inocencia, el de la intimidad y la honra del profesor en cuestión. A mi juicio, este profesor podría tomar medidas legales con todo el derecho del mundo”.
Cabe recordar que GCiencia no solo no identificó ni con iniciales al profesor que la propia Hidalgo describe como un (presunto) acosador sistemático. Tampoco dimos muchos otros datos y circunstancias que agravan y mucho el supuesto acoso sexual, pero que podrían poner en peligro su anonimato. Nos limitamos a ofrecer el contexto mínimamente imprescindible para el entendimiento de la información. Incluso nos pusimos en contacto con él para que ofreciera su versión. Pero la instructora ya nos había hecho llegar su opinión sobre nuestras intenciones, antes de que publicásemos nada: “Me parece escabroso sacar este tema si no hay ningún tipo de denuncia a posteriori. No todo vale, hay límites al derecho a la información”.
Con la noticia ya lanzada, el 9 de abril Laura Filloy solicita a la misma jefatura de prensa una entrevista con la directora de la Unidad de Igualdad e información sobre si, una vez archivado el caso por el juez y dada la existencia de otras posibles víctimas, va a seguir adelante con la investigación. Esta fue su respuesta: “Te confirmo que la directora de Igualdad no va a hacer declaraciones”. Y añade: “No se hacen declaraciones porque el procedimiento es confidencial y no está concluido”. Ante nuestra insistencia, apuntan: “Acaban de confirmarnos que no se van a hacer más declaraciones al respecto”.
Ese silencio resultó afectar exclusivamente a GCiencia. Para nuestra sorpresa, el rector eligió otro medio de comunicación para expresarse. Lo hizo el 11 de abril en uno que ni siquiera había informado del caso, en un artículo titulado Ni silencio ni linchamiento: el rector replica a sus críticos en la Universidade de Vigo. En él, y en un tono cuanto menos autocomplaciente, Reigosa se regala a sí mismo generosos elogios por su forma de actuar ante casos de “acoso” (por alguna razón se le olvidó añadir “sexual”) que no especifica. Pero me interesa especialmente detenerme en el título elegido por el rector. No a los linchamientos (al presunto acosador), silencio (depende en qué medio) y críticos. El titular —como el texto— se olvida de las presuntas víctimas, lo que en mi modesta opinión resulta revelador.
La alusión a los críticos del artículo pasó inicialmente inadvertida para mí, pero todo encajó al presenciar el Consejo de Gobierno del pasado martes, en el que el equipo del rector trató de vincular la publicación de la noticia con el proceso electoral que atraviesa a Universidade de Vigo. Nada más lejos de la realidad, como informé a una persona muy próxima al rector que me telefoneó ese mismo día, espero que con una finalidad distinta a la de averiguar la fuente. Lo dije entonces y lo repito ahora, aunque no esté ni mucho menos obligado a hacerlo: nuestra información no tiene absolutamente nada que ver con el proceso electoral. Es más: ojalá coincidiera con un momento distinto, pero tantos años de experiencia profesional me sirven para saber que las noticias tienen vida propia y acostumbran a aparecer cuando les da la gana a ellas, no a los periodistas.
El caso, que no estaba en el orden del día del Consejo de Gobierno, surgió “espontáneamente” en el turno de preguntas, para dar paso a una respuesta de Reigosa apoyada en un detallado power point; una contestación tan autoindulgente como el propio artículo en la prensa local, repleta de alusiones a las denuncias falsas y a evitar quemar a nadie en “hogueras”. Llegó después una última pregunta del decano de la facultad en la que da clase el profesor expedientado. “En las informaciones hay varios párrafos entre comillas, quiere decir que hubo una filtración. Pido que se investigue de dónde procede y se tomen las medidas necesarias judiciales, porque me parece especialmente grave”. El rector hizo suyas estas palabras y cerró la sesión la secretaria general de la Universidad, María José Bravo Bosch:“Tenemos que comprobar de dónde salió la información, pediremos a la Fiscalía que investigue”.
Está en su derecho la UVigo en investigar lo que quiera, faltaría más, pero no es una investigación interna lo que está promoviendo, sino la intervención del Ministerio Fiscal, lo que requiere una denuncia formal. Me asombra el interés del rector por desvelar el origen de nuestras informaciones, pero desde aquí se lo adelanto: no lo va a conseguir. Aunque lo desconozca, el derecho a la información —en este caso, un presunto caso de acoso sexual generalizado— está muy por encima de su curiosidad y de la de su equipo de gobierno, al igual que el secreto profesional ampara la protección de nuestras fuentes. Ningún juez nos va a obligar a revelarlas. Y si no me cree, le recomiendo la lectura del artículo 20.1 de la Constitución.
Hasta aquí el relato de un caso de presunto acoso sexual y de las dificultades que a menudo encontramos los informadores para ejercer nuestro trabajo. Ojalá optara la Universidad por la transparencia en su política de comunicación, la mejor receta para defender sus argumentos —que los tiene— y desistir de teorías conspiranóicas y de manos negras. Ojalá no dañara el periodismo libre con la persecución del mensajero ni reaccionara en los juzgados ante una noticia veraz, contrastada y respetuosa con el anonimato de todos, también de las estudiantes. Pero sobre todo, ojalá se tuviera empleado con el mismo afán en la protección de sus alumnas ante un caso de presunto acoso.
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