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El "Xigante da Mina", con la playa de Carnota al fondo. Foto: Ondasderuido/CC BY-SA 2.0.

Monte Pindo: el coloso de piedra que besa el mar

La mole granítica que hace posible la Fervenza do Ézaro sirve como atalaya de Fisterra y Carnota y alberga mucha historia entre sus rincones

“En aquel momento reflexioné sobre lo lejos que estaba Carnota del resto del mundo”. Son palabras que hace casi un siglo, en 1924, pronunció la fotógrafa estadounidense Ruth Matilda Anderson al visitar varias localidades de este municipio. Se detuvo bastante en O Pindo, una pequeña aldea marinera que lleva el nombre del monte que la separa, como decía Anderson, del resto del mundo. Un macizo de granito que se eleva en la cumbre de la Muela hasta los 627 metros de altura a muy poca distancia del mar, y desde la que se vislumbran en su esplendor dos de los muchos lugares fascinantes de la geografía gallega: la playa de Carnota, la más extensa de la costa gallega, y el cabo Fisterra con su faro. Y también hace posible, en una de sus laderas, una de los paisajes que más fama ha ganado en los últimos años en la zona: la Fervenza do Ézaro, donde el río Xallas cae al mar desde 40 metros de altura.

En el monte Pindo, como en muchas otras cosas en Galicia, es difícil cribar lo que es real y lo que es parte de la leyenda y de la imaginación de la gente. Porque cuesta creer hoy, aunque fue cierto, como ha documentado el investigador Luis Lamela, que en sus infinitos rincones y grutas entre piedras se habían escondido, durante años, los huidos que escapaban de la represión franquista tras el golpe de 1936. O que aún queden numerosos restos de petroglifos e incluso algunos de castillos como los de San Xurxo, Canedo o Penafiel, erguidos en varios promontorios dentro del macizo. Y la leyenda también habla, por su parte, de que el tesoro de la reina Lupa puede estar escondido aquí. Del mismo modo, las figuras antropomorfas dibujadas por la erosión en las rocas, como el Xigante da Mina, que acercan de nuevo la realidad y la fantasía. Ante esto, no faltó quien decidió bautizarlo como el Olimpo de los celtas.

El "Xigante da Mina", con la playa de Carnota al fondo. Foto: Ondasderuido/CC BY-SA 2.0.
El “Xigante da Mina”, con la playa de Carnota al fondo. Foto: Ondasderuido/CC BY-SA 2.0.

La génesis del Pindo

El catálogo del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) define este macizo como “un auténtico museo al aire libre”, gracias a la gran variedad y complejidad de formas que alberga. Está labrado en granodioritas tardihercínicas y granitos hercínicos, por lo que se distingue notablemente del sustrato geológico que lo rodea. Así, mientras que por una parte, al sur y al oeste, tiene al mar, a sus espaldas, en el norte y en el este, su color rosado o pardo, dependiendo de cómo caiga la luz del Sol, contrasta con las verdes praderas de los municipios ganaderos de Mazaricos y Dumbría.

En la parte norte está una de sus señales de identidad. El Xallas no es distinto de muchos ríos gallegos que acaban desembocando en las rías, pero en su trecho final se encontró con el monte Pindo para volverse único. Porque al chocar con un macizo tan duro, el Xallas, que es un río nuevo en términos geológicos, aún no ha sido capaz de surcar lo suficiente las rocas sobre las que lleva millones de años pasando. Y por eso, aunque sigue dibujando una gran hendidura en el monte, sigue dando un espectacular salto de decenas de metros de altura para caer a la ensenada de O Ézaro. Sin embargo, desde hace varios decenios, el caudal de la cascada está a merced de las compuertas del embalse de Santa Uxía. Aun así, la imagen sigue siendo impactante en las épocas de más lluvias.

Flora y fauna

Pero la riqueza no es solo geológica. Las peculiares características de este monte hacen posible que en él convivan cientos de especies de flora y fauna, además de ser aprovechado en el pasado para pasto del ganado de la zona gracias al agua que cae en varios arroyos en todas las direcciones hacia zonas más bajas. La Asociación Monte Pindo Parque Natural, nacida en la pasada década para reivindicar la declaración del lugar con esta figura de protección, desarrolló un catálogo de especies que ejemplifica la gran biodiversidad del macizo.

Uno de sus principales emblemas es el roble enano (Quercus lusitanica) que tiene aquí su único hábitat en Galicia, y está aislado más de 300 kilómetros de la población más próxima. Un pavoroso incendio que tuvo lugar en el año 2013 en el monte Pindo arrasó parte de esta población de roble, y reforzó la concienciación para proteger el lugar. Del mismo modo, investigaciones científicas en las que participan el CSIC y las universidades gallegas desarrollan estrategias para proteger y conservar la especie.

Rutas para ascender

La cumbre de la Moa del monte Pindo puede alcanzarse desde tres rutas principales que parten de pueblos de la zona. El ascenso, en función del ritmo y de las condiciones de cada persona, puede durar algo más de dos horas. Más allá del desnivel, el recorrido no tiene dificultades importantes y está señalizado en su mayor parte.

La ruta más utilizada es la que sale, a nivel del mar, desde el pueblo de O Pindo, y que pasa antes de llegar a la cima por lugares destacados como O Pedrullo, Chan de Lourenzo o la figura del Xigante. Otra de ellas sale desde la aldea de O Fieiro, cerca del embalse de Santa Uxía, y permite acercarse al castillo de Penafiel o la Cova da Xoana. A otra es la que sale desde la aldea de Quilmas, y que tiene de camino a la Moa el Castillo de San Xurxo.

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