¿Qué ocurre tras finalizar una investigación? ¿Más ciencia? Sí, pero, además, los proyectos que nacen de una necesidad o de un problema real pueden llegar más allá. Esto es el que se conoce como transferencia de conocimiento: cuando un fármaco, un dispositivo médico o un software nace en el laboratorio y llega al mercado a fin de satisfacer a un cliente final, los pacientes. Gestionar este proceso desde su inicio es el labor de los gestores de transferencia como Alexandre de la Fuente, que cumple con este papel desde la Fundacion Pública Gallega de investigación del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (INIBIC).
Se trata de una profesión oculta entre los hallazgos de la ciencia, sin la que, muchas veces, los resultados no llegarían a los pacientes. Sin embargo, De la Fuente señala que Galicia, a través de la Agencia Gallega de Innovación (GAIN), está la aportar visibilidad sobre la figura del gestor de innovación. ¿Y cómo? Impulsan el desarrollo del personal a través del Programa formativo con acreditación RTTP para personal de gestión de transferencia, que proporciona la formación necesaria para que los gestores y gestoras puedan optar a la certificación internacional Registered Technology Transfer Professionals (RTTP) de la Alliance of Technology Transfer Professionals.
Esto da lugar a importantes avances que convierten a Galicia en una comunidad especialmente avanzada desde el punto de vista de la transferencia del laboratorio. “Se hace investigación e innovación muy buenas”, afirma Alexandre de la Fuente. Esta cita se hace evidente a través del desarrollo del INIBIC en materia de transferencia: a día de hoy, señala que están desarrollando multiples soluciones innovadoras incluyendo como proceso de transferencia los primeros pasos de creación de dos empresas de base tecnológica de desarrollo de fármacos. Además, se suman múltiples proyectos con el foco en dispotivos médicos y softwares. Así nace la transferencia científica en Galicia, del laboratorio directamente al mercado.
La importancia de la innovación
Primero, se debe partir de una premisa: “No existe transferencia sin conocimiento científico”. Por ello, el papel de estructuras como el INIBIC o el Servicio Gallego de Salud (SERGAS) son especialmente relevantes en esta actividad. Pero el problema es que hay que saber qué hacer cuando una investigación científica llega a su fin. “Estamos viviendo en el mundo de la innovación”, señala Alexandre de la Fuente, pues explica que, de sus 20 años como investigador, emprendedor y gestor de transferencia, es ahora cuando observa una verdadera revolución.
La innovación en el ámbito de la salud aparece por diferentes frentes: la inteligencia artificial (IA) facilita la creación de sistemas de diagnóstico o predicción temprana de patologías o la respuesta personalizada a tratamientos o, como se conoce a día de hoy, medicina personalizada. “Todos los profesionales vinculados a la salud se están dando de cuenta de que tienen que innovar para no perder este ánimo”, indica De la Fuente. No obstante, explica que innovar no está de la mano solo de grandes proyectos, sino también de las pequeñas modificaciones del día a día en los colectivos a pie de los problemas diarios, como enfermeros, celadores y profesionales de Atención Primaria. “Se enfrentan a una multitud de retos diarios que solucionan un problema y no son conscientes de que así innovan”, apunta.

Pero cuando la base científica ya está resuelta, se debe dar un paso más. “Hay un momento en el que la investigación pasa a un segundo plano“, advierte el gestor de transferencia del INIBIC. Los investigadores tienen que comprender que hay que alinearse con nuevos perfiles profesionales expertos en otras muchas materias, que van desde la regulación hasta la administración de empresas.
Qué es necesario
“Hay diferentes factores que permiten que las soluciones lleguen a la sociedad, pero sobre todo es importante la vocación“, apunta Alexandre de la Fuente. Así, indica que es relevante contar con un grupo de profesionales que quieran innovar. Pero también hay determinantes que impiden que un producto o servicio llegue al mercado: en muchas ocasiones no existen ayudas ligadas a la transferencia, una situación que cambia en Galicia. La Consellería de Educación, Ciencia, Universidades y FP, a través de la Agencia Gallega de Innovación, impulsa el Programa Ignicia, que tiene como objetivo el desarrollo de aplicaciones comerciales de la investigación en centros gallegos como el INIBIC. Algunos ejemplos impulsados por la Xunta de Galicia son el proyecto siRNA o L3DO. “Se necesita ayuda de profesionales de diferente perfil para dar forma al producto en la vida real“, explica.
Cómo transferir
En el caso del INIBIC la investigación se realiza en el entorno del Hospital de A Coruña, por el que el usuario final de la innovación está en casa. “Es más fácil saber si una investigación tiene sentido; solo tenemos que preguntar a los profesionales”, indica De la Fuente. Por ejemplo, si se busca desarrollar una nueva terapia oncológica en un tipo de cáncer concreto, la mejor opción es preguntar e involucrar al servicio de oncología. Así, desde la clínica, los profesionales pueden determinar posibles limitaciones que, en ocasiones, no se tienen en cuenta desde el lado de la investigación: el fármaco puede no ser aceptado o la tendencia actual de los tratamientos puede ir por otro camino.
En este contexto, aparecen las spin-offs procedentes del laboratorio como un mecanismo más de transferencia. Sin embargo, según Alexandre de la Fuente, son mecanismos de transferencia que en el ámbito biomédico requieren de tiempo, desde la constitución de la empresa, encontrar los perfiles acomodados hasta llevar a cabo rondas de financiación. Se suma una alternativa: la licencia, donde un producto o servicio llega a su punto de maduración de la mano de una empresa ya constituida. Nasasbiotech, la empresa fruto de la transferencia que lidera Alexandre de la Fuente, especializada en el desarrollo de soluciones clínicas innovadoras de biopsia líquida para mejorar el diagnóstico, pronóstico y tratamiento del cáncer, fue la primera empresa participada en Galicia por un servicio de salud; en este caso, el SERGAS.
Pero emprender desde un centro de investigación también tiene sus dificultades: en primer lugar, el gestor de transferencia señala que el investigador tiene que entender que, cuando se crea una empresa, el punto de vista científico es solo el primer paso. Y, en segundo lugar, “a día de hoy no existe un nicho de profesionales tan fácilmente localizables que puedan impulsar una empresa en el ámbito sanitario”, señala, ya que precisan de formación específica.
La búsqueda del potencial
¿Cómo saber si un resultado científico puede tener potencial para convertirse en una innovación? “La respuesta no la tiene solo el investigador, hay que abstraerse y preguntarle al mercado real“, afirma De la Fuente. Perfiles como el suyo tienen una tarea: preguntar fuera del hospital a empresas sobre las soluciones que adoptarían dentro de su propio proyecto. Pero no resulta sencillo comenzar una investigación y saber que tu innovación no tiene cabida en el mundo real. Por ello, el gestor del INIBIC apunta a iniciar un estudio con una pregunta: ¿Qué es lo que busca el mercado?
Y, para averiguar qué camino recorrer, entran en juego diversos itinerarios que seguir. Si se trata de un fármaco, se deben conocer las medidas regulatorias y llevar a cabo un proceso de fabricación que no se puede realizar en los hospitales. “Vas a tener que compartir el conocimiento”, subraya: encontrar los socios adecuados, buscar instalaciones con capacidad de escalado de producto, realizar un estudio multicéntrico… Mientras, el camino regulatorio de un dispositivo médico existe, pero es más sencillo.
De esta forma, podemos llegar a una conclusión. Sí, hay mucho trayecto por recorrer en la transferencia del laboratorio al mercado, pero es una labor facilitada por una figura ya no tan invisible: el gestor de transferencia, como Alexander de la Fuente, del INIBIC.














