La solución al vertedero submarino junto a la isla de Sálvora es… otro vertedero próximo a las Cíes. En concreto, a 3,6 millas náuticas (6,6 kilómetros) de la perla del Parque Nacional Illas Atlánticas, lugar elegido por el Ministerio de Transición Ecológica para depositar 146.000 metros cúbicos de materiales dragados principalmente en el Puerto de Vigo que se extraerán en los próximos años. Se trata de lodos y áridos que hasta ahora se arrojaban a dos millas de Sálvora, un basurero en el fondo marino clausurado en 2021 por su impacto ambiental y que ahora se reabre parcialmente.
El “nuevo punto de depósito” para los dragados de la ría de Vigo, recientemente aprobado por el ministerio, se encuentra al suroeste de las Cíes (isla de San Martiño), a unos 100 metros de profundidad. Serán en total unas 220.000 toneladas de lodos y áridos los que allí se depositarán, procedentes en su gran mayoría de actividades de la Autoridad Portuaria de Vigo, pero también para otros puertos autonómicos como los de Panxón y Moaña. Para el resto de las Rías Baixas se reabre la zona de Sálvora pero se complementa con un nuevo vertedero frente a la ría de Pontevedra, a la altura aproximada de Combarro y Sanxenxo, también en las proximidades de otra de las maravillas de Illas Atlánticas. En concreto, a 3,1 millas náuticas al oeste de la isla de Ons, a 110 metros de profundidad. Este último será el destino del polémico dragado del canal del Lérez.
La elección de las alternativas figura en un informe del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex), que concluye que las zonas de depósito “no supondrán afección a los espacios de la Red Natura 2000 ni a la biodiversidad marina”. En el caso del habilitado para la ría de Vigo, el estudio sostiene que es la alternativa “más adecuada” desde el punto de vista operativo, aunque no esté exenta de riesgos ambientales. En concreto, se trata de una ubicación dentro de una ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves), concretamente en el Corredor Migratorio Galaico-Cantábrico Occidental, por la que transitan especies de aves marinas protegidas como los cormoranes moñudos, alcatraces o pardelas, como área de alimentación o paso migratorio.

Su proximidad al Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas, una de las zonas de mayor valor ecológico de Galicia, es otra de sus desventajas. Aunque el estudio indica que en caso de accidente la pluma de sedimentos tendería a dispersarse mar adentro, existe riesgo de propagación de partículas finas hacia las aguas del parque, especialmente con condiciones de viento o corriente del suroeste. El CEDEX descarta que el ruido, la turbidez o el aumento de partículas en suspensión puedan afectar a cetáceos, como marsopas y delfines mulares, así como aves buceadoras como el cormorán moñudo.
Modificación de la topografía
Otra de las preocupaciones desde el punto de vista medioambiental reside en que cada vertido modifica la topografía y composición del lecho marino, lo que puede provocar la pérdida de comunidades bentónicas (organismos que viven en el fondo, como moluscos, gusanos o pequeños crustáceos) y alterar los equilibrios ecológicos locales. La profundidad complica el control y la monitorización de los dragados, por lo que el Cedex recomienda establecer un programa permanente de vigilancia ambiental, con batimetrías periódicas y análisis de turbidez, para garantizar que no haya acumulaciones ni expansión de los materiales hacia zonas sensibles.
El vertedero de Sálvora se mantendrá para recibir los dragados de los puertos de la ría de Arousa, en tanto que los de la de Pontevedra (donde se prevé la extracción de 484.000 metros cúbicos) podrán depositarse indistintamente en ese punto o en el que ahora se habilita más al oeste, ambos también en la misma ZEPA. El informe recomienda que las rutas para el transporte de los vertidos eviten en los tres casos las zonas del Parque Nacional Marítimo Terrestres de las Illas Atlánticas, como medida de prevención de accidentes o de pérdidas ocasionales de materiales.
«No es arena limpia»
La aprobación de los nuevos vertederos submarinos provoca el recelo de ecologistas e investigadores. El biólogo del CSIC Antonio Figueras pone el acento en las características de los dragados. “Llamar arena limpia a sedimentos con metales pesados, hidrocarburos y microplásticos es un ejercicio de imaginación”, lamenta. En el mismo sentido, Antón Lois, exmiembro de Amigos da Terra y colaborador en educación y comunicación de distintas organizaciones ecologistas, apunta a las especiales condiciones de la ría de Vigo, que soportó durante décadas y aún padece una contaminación por metales pesados “elevadísima”. “Eso ha ido sedimentando, sepultado en distintas capas acumuladas, y ahí queda más o menos inertizado salvo que ocurra un temporal fortísimo. El problema es que dragar significa remover capas más bajas y eso pasa a la columna de agua, y lo que estaba en estado latente vuelve a activarse”.
“Resulta incomprensible que un Parque Nacional haya convivido durante décadas con un vertedero submarino a tan solo dos millas de su frontera”, denuncia Figueras, que lamenta la explicación ofrecida durante los últimos años de que se mantuvo el de Sálvora “porque siempre se había hecho así”. “Un Parque Nacional no puede protegerse en tierra mientras se descuida su mar, porque el mar no protesta, pero acumula. Y al final, siempre devuelve lo que le dejamos”, apunta el investigador del Instituto de Investigacións Mariñas, que considera que la sociedad ha “normalizado” un impacto que, “visto desde fuera, resulta un auténtico absurdo.”
Lois defiende la realización de “análisis cuidadosos y exhaustivos” de los dragados, con el objetivo de gestionar en tierra los peligrosos e industriales. “No hagamos la tontería de cambiar la contaminación de sitio. Tras cuatro años sin dragados, los que se hagan ahora van a ser más intensos y con más cantidad de material que los de mantenimiento”. El ecologista destaca además que aunque técnicamente ninguno de los tres puntos de vertido están en el Parque Nacional, sí lo están en su zona de influencia. Y el caso concreto de Cíes presenta otro problema añadido: “La corriente principal de la ría entra por el sur de Cíes, da la vuelta a toda la ría y sale por el Norte. La turbidez y efecto arrastre no es descartable que llegue a área protegida”. “Por eso decimos que antes de tocar nada hay que analizar los sedimentos, porque en tierra son controlables, pero en mar se los lleva las corriente».













