Aceite de palma en la ría: calma oficial, ciencia ausente

Durante los últimos días, el vertido de aceite de palma en el puerto de Vigo ha llenado los titulares y los comunicados oficiales. Desde el primer momento, las autoridades insistieron en transmitir tranquilidad: aseguran que no hay peligro ni para la población ni para el mar, y que el producto es “inocuo” porque se usa en alimentación animal. Pero esa afirmación, tan rotunda como cómoda, no se sostiene ni científica ni lógicamente.

El argumento de que “si se come, no contamina” puede parecer de sentido común, pero es un error de manual. Que algo sea comestible para una vaca o un pollo no significa que lo sea para un pez, una microalga o un mejillón. En el medio marino, el daño no siempre viene de la toxicidad química, sino del efecto físico: el aceite forma una capa que bloquea la luz solar, impide la fotosíntesis del fitoplancton, asfixia a los organismos filtradores y puede taponar el sistema digestivo de los animales que lo ingieren. Dicho de otra forma, puede provocar muertes sin necesidad de ser “venenoso”.

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La ciencia internacional es clara. Desde 2007, la Organización Marítima Internacional, a través del convenio MARPOL, clasifica los aceites vegetales —incluido el de palma— como sustancias peligrosas para el medio marino. No lo digo yo, lo dicen las normas internacionales que España ha firmado. Y no es solo teoría: hay precedentes muy documentados. En 1975, un vertido de aceite de palma y coco en el Pacífico causó la muerte masiva de peces, moluscos y crustáceos durante casi un año. Más recientemente, un estudio de la Universidad de Hong Kong sobre un vertido de 200 toneladas de estearina de palma mostró daños evidentes en microalgas, copépodos y peces, con una recuperación que tardó meses en producirse.

Aquí, en cambio, las declaraciones oficiales hablan de calma absoluta, pero sin ofrecer ni un solo dato. Nadie ha publicado la composición exacta del vertido, ni el volumen total, ni los resultados de los análisis del agua ni de los organismos afectados. Tampoco se han mencionado los mejillones, que deberían ser los primeros en estudiarse. En la ría de Vigo hay casi quinientas bateas que producen más de quince mil toneladas al año y sostienen miles de empleos. Los mejillones filtran hasta veinticinco litros de agua al día y acumulan contaminantes con concentraciones cientos de veces superiores a las del entorno. Son los mejores centinelas del estado del mar. Pero nadie los está mirando. Eso, sinceramente, preocupa.

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En cualquier país con protocolos ambientales serios, un vertido así desencadena análisis inmediatos del agua, estudios de plancton y moluscos, cierres preventivos de zonas de marisqueo y un seguimiento durante meses, con resultados públicos y transparentes. Aquí, en cambio, se da por resuelto el asunto en unos días, con fotos de playas aparentemente limpias y titulares optimistas. Pero que no se vea aceite no significa que no haya impacto. El daño invisible, en el fondo, en los organismos filtradores, en las redes tróficas, puede tardar semanas o meses en hacerse notar.

La contradicción final resulta casi cómica: en el mismo comunicado oficial en que se afirma que el vertido “no es contaminante”, se reconoce que “podría afectar a aves, peces y bateas de mejillón”. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Es inocuo o no? Si hay posibilidad de daño, ¿por qué no se toman precauciones?

La ría de Vigo, su biodiversidad y su industria del mejillón merecen algo mejor que una campaña de tranquilidad. La calma solo tiene sentido cuando se basa en datos, no en suposiciones. La ausencia de análisis no es prueba de que no haya daño, y el mar no entiende de titulares complacientes.

Al final, quizá tengamos que acostumbrarnos a una nueva moda gastronómica: mejillones con aceite… pero de palma.


Referencias científicas:

—Zhou, G.J. et al. Accidental spill of palm stearin poses relatively short-term ecological risks to a tropical coastal marine ecosystem. Environ. Toxicol. Chem. 38, 2788-2802 (2019).

—Russell, D.J. & Carlson, P.R. The ecological impact of the wreck of the tanker MV Lindenbank, Fanning Atoll, August 1975. (Kiribati Atoll Research Program, 1978). [Cited in ref. 3]

—Salam, M.A., Bakar, A.F.A., Zakaria, M.P. & Yazid, M. The degradation and toxicity of commercially traded vegetable oils following spills in aquatic environment. Sci. Total Environ. 813, 152531 (2022).

—International Maritime Organization. International Convention for the Prevention of Pollution from Ships (MARPOL) – Annex II. (IMO, 2007

—Meistertzheim, L. Mussels, ‘super-filters’ that can help beat water pollution. Phys.org (2019)

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