La diabetes tipo 1 es una gran desconocida. Es una enfermedad autoinmune que nada tiene que ver con el excesivo consumo de azúcar ni con el sedentarismo. Se sabe que el sistema inmunitario ataca las células del páncreas que producen insulina, pero su causa aún es un misterio para la ciencia. En Galicia hay cerca de 18.000 personas con diabetes tipo 1, según el informe Más allá de la insulina publicado en 2024. Además, es la tercera comunidad autónoma —por detrás de Cantabria y Extremadura— con mayor prevalencia de esta enfermedad, que puede afectar a otros órganos como los riñones, los ojos y el corazón. En el Día Mundial Contra la Diabetes, que se celebra este viernes 14 de noviembre, es más importante que nunca poner esta dolencia en el foco.
Desde Santiago, el equipo de la bióloga molecular Iria Gómez Touriño está desafiando la diabetes tipo 1 en la búsqueda de nuevos fármacos y en la investigación de los mecanismos que desencadenan la enfermedad. “El diagnóstico es demoledor. Primero, porque no se conoce mucho la dolencia. La gente piensa que hizo algo mal, pero no es así. Segundo, porque implica tomar muchas decisiones diarias y limitadoras: ¿Puedo comer eso? ¿Puedo hacer deporte?”. La enfermedad, continúa la bióloga, suele diagnosticarse en la infancia, en la adolescencia y en adultos hasta los 40 años. El único tratamiento disponible a día de hoy son las inyecciones de insulina, aunque un nuevo fármaco aprobado en Estados Unidos y Reino Unido para estudios iniciales abre una vía de esperanza para los pacientes.
Un fármaco prometedor
“Es un tratamiento que se administra durante dos semanas y retrasa la aparición de la enfermedad unos 10 años. No puede impedir que aparezca la dolencia, pero no es lo mismo diagnosticar a un niño de 4 años que a uno de 14″, sostiene Gómez Touriño, investigadora en el Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidad de Santiago (USC) y en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS). Este nuevo tratamiento, que aún no fue aprobado en la Unión Europea, es un avance significativo. Cuanta más edad tenga el paciente, mejor. El páncreas de un adolescente de 14 años es más grande que el de un niño de cuatro, tuvo más tiempo de crecer, de desarrollarse y de tener más células.
La búsqueda de nuevos tratamientos y fármacos es imprescindible para la mejora de la calidad de vida, pero también para ofrecer más soluciones a un número creciente de pacientes. “La incidencia está aumentando. No sabemos si es el medio de vida, los alimentos, las infecciones víricas del invierno… Desde luego, la genética no ha cambiado tanto en 50 o 100 años”, apunta Gómez Touriño.
La importancia de los cribados
“La enfermedad no comienza cuando se recibe el diagnóstico. Cuando se detecta, es ya una forma grave, con síntomas como tener mucha sed, cansancio extremo y pérdida de peso. En ese momento, muchas células del páncreas ya murieron. La dolencia avanza poco a poco«, explica la investigadora del CiMUS y del IDIS. Ante la falta de más tratamientos y de la imposibilidad de prevenir la diabetes tipo 1, Gómez Touriño apela a una iniciativa que cada vez tiene más ánimo: los cribados. Por un lado están los familiares, cuando uno de los miembros ya tiene diagnosticada diabetes tipo 1. No obstante, la bióloga molecular detalla: “No tiene una carga genética tan importante como otras enfermedades. El 90% de los casos son espontáneos”.
El otro tipo de cribados son los poblacionales, que se están llevando a cabo de manera piloto en hospitales europeos y estadounidenses, pero aún no se realizan en España. Esta medida iría dirigida a niños de 2, 6 y 10 años durante sus revisiones pediátricas periódicas. Con un análisis de sangre se puede medir la cantidad de unos auto-anticuerpos, es decir, unos anticuerpos que produce el propio cuerpo contra las proteínas del páncreas. “No son los que matan a las células, pero sí nos sirven como bandera; como señal de que algo está pasando en este órgano”, explica Gómez-Touriño. Las personas que presenten estos auto-anticuerpos tienen una probabilidad muy elevada de desarrollar la enfermedad. Por lo tanto, esto permitiría actuar con antelación, hacer un seguimiento más exhaustivo del paciente y conseguir que tenga una mejor calidad de vida.
Un grano de arena desde Santiago
Desde el laboratorio dirigido por Gómez Touriño tratan de poner su grano de arena para enfrentarse a los desafíos de la diabetes tipo 1. Para eso desarrollan dos líneas principales de actuación: una busca nuevos fármacos y la otra se centra en estudiar los mecanismos que causan la enfermedad. “Trabajamos con medicamentos pequeños que puedan ir por vía oral, teniendo en cuenta que muchos pacientes son niños. Buscamos que el fármaco reduzca las causas iniciales, la inflamación”, destaca la investigadora del IDIS y del CiMUS. Ya están trabajando con modelos animales, administrándoles terapias experimentales y determinando si se desarrolla diabetes de forma espontánea, cuánto tarda en hacerlo o cuál es su estado de salud en general. Los procesos de desarrollo de medicamentos son muy largos y costosos, pero imprescindibles.
La otra línea de investigación se basa en comprender los mecanismos que tienen lugar en el páncreas y cómo eso acaba desencadenando la enfermedad. “Algo ocurre con las células que producen insulina. Es como si brillasen; como si le dijeran al sistema inmunitario: ¡Hola, estoy aquí!”, detalla la bióloga molecular. En un artículo publicado en 2024 en la prestigiosa revista Nature Communications describieron un mecanismo esencial en la aparición de la diabetes tipo 1. “El timo es un órgano que está arriba del corazón y donde se producen la mayor parte de los linfocitos T. Son ellos los que detectan nuestras proteínas y células y distinguen el extraño del propio. Lo que vimos en esos estudios es que las células ya salen mal adiestradas de ese centro de entrenamiento y predispuestas a matar células del páncreas cuando no deberían”, explica.
Los dos proyectos que lideran Gómez Touriño desde Santiago buscan un halo de esperanza para los pacientes de diabetes tipo 1 representados, por ejemplo, en la Asociación de Niñas, Niños y Gente Joven con Diabetes de Galicia (Anedia). Es uno de los colectivos que trabaja incansablemente para mejorar la concienciación sobre una enfermedad aún desconocida y para impulsar la financiación de líneas de investigación como las de Gómez Touriño. La investigadora del IDIS y del CiMUS no descarta que, en el futuro, se pueda encontrar una cura. Pero apela al realismo y a las circunstancias actuales: continuar investigando para mejorar la vida de los 18.000 gallegos y gallegas con una enfermedad sobre la que aún existen muchos tabúes.












