Acantilados de Vixía Herbeira desde la zona próxima a Teixidelo. Foto: R. Pan.
Acantilados de Vixía Herbeira desde la zona próxima a Teixidelo. Foto: R. Pan.

Vixía Herbeira: lo que esconden los acantilados que caen del cielo hasta el mar

La peculiar historia geológica que conformó esta zona del norte de A Coruña es única en el planeta, con rocas del interior de la Tierra en la superficie

Cuando se habla de la relevancia de los acantilados de Vixía Herbeira es habitual hacer referencia a la afirmación categórica de que en Galicia están los acantilados más altos de la Europa continental. La belleza de la panorámica que podemos observar desde la Garita ayuda en esta fascinación, pero además de que este es un dato que es objeto de controversia, para comprender lo realmente importante de este enclave hay que mirar también hacia el interior de la Tierra. Porque las rocas que nuestros ojos pueden ver hoy son el resultado de millones y millones de años de movimientos a muchos kilómetros de profundidad que desembocaron en un afloramiento muy poco habitual, ya que son materiales que normalmente están a decenas de kilómetros bajo nuestros pies.

Aunque el interés geológico de la zona, que aspira a convertirse en geoparque de la Unesco, abarca a una parte importante de las comarcas de Ortegal y Ferrolterra, con decenas de puntos de gran valor científico, la conjugación entre paisaje y ciencia que se une en los acantilados de Herbeira lo convierten en un destino de referencia por su atractivo turístico. Con todo, hay que saber ver para disfrutar de todos los matices que ofrece una visita al lugar. Tal y como reza el lema elegido para el proyecto del xeoparque, impulsado por la Diputación de A Coruña y los ayuntamientos de Cariño, Cedeira, Cerdido, Moeche, Ortigueira, San Sadurniño y Valdoviño, es un viaje al interior de la Tieraa.

Desde la Garita de Herbeira

Uno de los puntos de partida más frecuentes para observar la zona, además de Santo André de Teixido, es el de la Garita de Herbeira, muy cerca de la cual está la máxima cuota de los acantilados, a más de 610 metros sobre el nivel del mar. Muchos días, debido a la nubosidad frecuente en la zona, las nubes llegan a cubrir el alto de estos montes y aumentan la sensación de que llegan hasta el cielo.

El paisaje que se extiende desde aquí bajo nuestros pies tiene su génesis en al menos 490 millones de años. Fue entonces, en la etapa conocida como Cámbrico Superior, cuando se formó el Océano Rheico. En ese momento comenzaron a separarse Laurusia y Gondwana, que acabarían uniéndose de nuevo en la formación del supercontinente Pangea. Aquella colisión tectónica formó cordilleras de miles de kilómetros de extensión, con cumbres más altas que el Himalaya actual.

La envergadura de aquel choque fue tal que, a pesar de lo que se han movido las placas tectónicas desde entonces, lo que se puede ver en Vixía Herbeira son los restos de aquella cordillera. Por esta razón, la colisión empujó hasta la superficie a materiales que estaban la gran profundidad, lo que convierte a estos acantilados en uno de los mayores afloramentos mundiales de eclogitas y piroxenitas. Son las responsables de que, por ejemplo, exista aquí uno de los muy pocos ejemplos en el mundo de una playa de arena negra no volcánica, la de Teixidelo. Algunas de ellas precisan de condiciones muy peculiares para formarse. Por ejemplo, las ecloxitas suelen generarse a presiones superiores a las 10.000 atmósferas y unos 800º C de temperatura.

Al pie de Vixía Herbeira

Playa de arena negra de Teixidelo, al pie de Vixía Herbeira. Foto: R. Pan.
Playa de arena negra de Teixidelo, al pie de Vixía Herbeira. Foto: R. Pan.

Si la imagen a vista de pájaro de la Garita es cautivadora, descender por los acantilados en las rutas geológicas guiadas que se organizan durante todo el año es una experiencia que nos sumerge definitivamente en la historia de nuestro planeta. Desde pequeños detalles, como la presencia de una pequeña planta propia de sustratos calcáreos (Erinus alpinus) hasta la falta de Teixidelo, una estructura de 300 millones de años que corta en dos partes a sierra de la Capelada.

Justo en esta zona es posible ver también los restos de un antiguo valle glaciar, que se vislumbra en la forma en U de la zona, los restos de morenas, las estrías en las rocas, los bloques de tamaños muy desiguales (el conocido cómo till), y depósitos de arcillas.

Siguiendo hacia el noreste, A Capelada alberga otros acantilados algo más desconocidos, pero igualmente impactantes, en la zona de O Limo. Aunque de menor altura, la imagen es igualmente de vértigo porque la pendiente es mayor que la de Herbeira. Ya en el cabo Ortegal, hasta donde se prolongan los acantilados de gran altura, la Punta dos Agullóns es otro de los lugares de referencia geológica.


Más información: Proyecto del geoparque de Cabo Ortegal.

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