Desde A Coruña, una nueva esperanza para detener la metástasis en el cáncer

El proyecto Canther del INIBIC, con el apoyo del programa Ignicia de la Xunta de Galicia, impulsa un fármaco pionero que podría frenar la propagación tumoral en cáncer de colon, gástrico y de pulmón

¿Sabías que la metástasis es la responsable del 90% de las muertes por cáncer? No es la presencia de un tumor en un órgano concreto lo que provoca el fallecimiento, sino la capacidad de algunas células de moverse, invadir y diseminarse a otras partes del cuerpo. Con el objetivo de encontrar nuevas soluciones terapéuticas, el grupo de investigación Plasticidad Epitelial y Metástasis del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (INIBIC) puso en marcha el proyecto Canther (Cancer Therapy). Su finalidad es comprender cómo se produce la metástasis e identificar las dianas más relevantes para diseñar nuevas estrategias terapéuticas para su tratamiento.

En la actualidad, la lucha contra el cáncer se basa en cuatro pilares fundamentales: cirugía, quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia. Sin embargo, segundo explica Angélica Figueroa, una de las líderes de Canther: “Nosotros queremos dirigirnos específicamente a evitar que las células se muevan, invadan y metasticen”. Y es que las terapias actuales se centran, sobre todo, en destruir el tumor primario o frenar su crecimiento, pero no abordan directamente el proceso metastásico.

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El proyecto, beneficiario del programa Ignicia de la Xunta de Galicia en 2021 y que se encuentra ya en una fase preclínica avanzada, nació durante la estadía postdoctoral de Figueroa en Londres. Allí comenzó a investigar una proteína llamada Hakai. “Destrucción” es su significado en japonés, y no es casual: esta proteína está implicada en el metástasis, ya que degrada una proteína de contactos celulares presente en células normales y que se pierde cuando las celulas se transforman, provocando un cambio en su morfología y convirtiéndolas en migratorias. Debido a su mecanismo de acción, el fármaco desarrollado podría aplicarse al tratamiento de tumores sólidos como lo de colon, gástrico o de pulmón. 

Con el apoyo de la Consellería de Educación, Ciencia, Universidades y FP a través de la Agencia Gallega de Innovación, la ayuda fue considerada, en palabras de Figueroa, “un enorme catalizador”. Supuso no solo un impulso económico esencial para un desarrollo tan costoso y complejo cómo de un fármaco, sino también reconocimiento institucional, visibilidad y posicionamiento estratégico en innovación. Además, contó con otras fuentes de financiación, como los programas Caixaimpulse Validate y Consolidate de la Fundación Lana Caja, así como lo AECC Innova de la Asociación Española contra el Cáncer.

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Hakai, una diana terapéutica

La proteína Hakai, uno de los pilares del proyecto Canther, fue identificada hay más de 20 años y, desde entonces, se consolidó su papel como posible diana terapéutica. A día de hoy, existe una sólida evidencia científica que avala su relevancia en el proceso metastático de diferentes tipos de cáncer. “La sobreexpresión de Hakai provoca una mayor capacidad invasiva y progresión tumoral”, explica la investigadora del INIBIC. Los estudios realizados en biopsias de pacientes confirman que la proteína aparece incrementada en distintos tumores, reforzando así su potencial como diana para nuevos tratamientos.

El año 2012 marcó un punto de inflexión: se describió la estructura molecular de Hakai, un avance que abrió la puerta al diseño de moléculas capaces de unirse a ella y bloquear su actividad. A partir diera descubrimiento, el laboratorio de Angélica Figueroa en A Coruña asumió el reto de explorar esta vía innovadora. 

En un primero momento, el equipo realizó un screening virtual mediante docking, una técnica de modelado computacional que simula como interactúan diferentes moléculas con la proteína. A través de este proceso identificaron el compuesto central de Canther: el compuesto inicial (candidato Hit). “Este candidato demostró ser capaz de bloquear Hakai y, en consecuencia, frenar los procesos de migración, invasión y metástasis”, señala Figueroa. 

Así comenzó un viaje científico hacia el desarrollo de un fármaco antimetastático, centrado en neutralizar la acción de Hakai. “Este proyecto ya no es solo de investigación, sino innovación”, destaca la investigadora, quien concibe la labor de Canther como un proceso de mejora de un compuesto ya conocido.

Fase preclínica avanzada

A pesar del largo, complejo y costoso proceso que supone desarrollar el primero inhibidor de Hakai, el proyecto Canther se encuentra ya en una fase preclínica avanzada. La hoja de ruta sucesiva por el equipo puede resumirse en tres hitos principales: la validación de la diana terapéutica, la identificación y optimización de los compuestos candidatos y la demostración de su eficacia antimetastática en modelos animales

“Actualmente trabajamos en optimizar estos compuestos para su uso en humanos, con el propósito de disponer de un compuesto mejorado para avanzar a la fase regulatoria”, explica Angélica Figueroa, señalando el paso previo al inicio de los ensayos clínicos.

El grupo Plasticidad Epitelial y Metástasis es consciente de la complejidad del camino y no duda en calificarlo de “enormemente arriesgado”. Con todo, la falta de terapias específicas contra el metástasis convierte la Canther en una respuesta clara la una “necesidad médica no cubierta”, subraya Figueroa. Según la investigadora del INIBIC, el compuesto ya presenta propiedades de fármaco viables para la administración oral

Entre los resultados más salientables de la fase preclínica destaca que el 50% de los ratones no desarrollaron metástasis pulmonares y se observó una reducción del 70% de la carga metastásica en el pulmón. No se registraron pérdidas de peso ni daños en órganos clave como hígado, riñón o corazón. “No existe toxicidad aparente”, asegura Figueroa, avanzando que los siguientes pasos incluirán ensayos de seguridad adicionales en estudios preclínicos regulados.

Retos hacia la prueba en pacientes

Las pruebas preclínicas son solo el primer paso de un largo camino que debe culminar con la evaluación del fármaco en pacientes reales para confirmar su eficacia. Los desafíos son evidentes, especialmente en un ámbito tan complejo como el tratamiento de metástasis. “Resulta clave obtener una formulación estable y adecuada para su administración en pacientes”, subraya Angélica Figueroa. 

El principal reto científico consiste en posicionar un fármaco antimetastásico de manera diferencial frente a las alternativas existentes, un objetivo que el proyecto Canther persigue con una clara vocación global. 

Pero al reto científico se suma también el reto económico. El desarrollo de un nuevo fármaco requiere recursos muy elevados, sobre todo en la transición entre la fase preclínica y los primeros ensayos clínicos. Así, es fundamental dotar a los grupos de investigación de financiación suficiente para afrontar “los elevados costes asociados la este paso”, añade la investigadora.

Una nueva spin-off del INIBIC

El innovador fármaco en el marco de Canther ya se encuentra bajo una estrategia para dar lugar la una  nueva spin-off vinculada al INIBIC, con el objetivo de transformar resultados científicos en productos con potencial en el comprado. “Consideramos que es la estrategia más adecuada para optimizar el valor de la innovación y mantener el liderazgo científico”, explica Angélica Figueroa.

No caso de Canther, no se trata de comercializar un producto tangible inmediato, sino de un fármaco candidato en fases clínicas tempranas, “un proyecto con alto potencial de convertirse en un gran producto”, añade la investigadora. 

La estrategia del equipo pasa por generar la suficiente evidencia científica y clínica para que una farmacéutica pueda asumir las fases más avanzadas de los ensayos clínicos y la posterior comercialización. “Son proyectos que requieren inversiones de 20 y 40 millones de euros”, recuerda Figueroa, cifras que solo pueden afrontar las compañías farmacéuticas.  

A corto plazo, el objetivo es atraer inversores especializados en proyectos biomédicos en fases preclínicas avanzadas. “El ideal sería contar con uno inversor líder que comprenda la complejidad y el riesgo de este tipo de iniciativas”, explica la investigadora, y que además pueda guiar en la estrategia de capital, en el cierre de la ronda de inversión y en el avance del proyecto.

Con resultados “muy prometedores e innovadores”, Canther está listo para dar el siguiente paso. “Es una oportunidad de cambiar el panorama del cáncer con el desarrollo de terapias antimetastásicas, generando un impacto científico, clínico y de valor”, concluye Angélica Figueroa.

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