¿Qué comer en septiembre? Los alimentos de temporada recomendados por la dieta atlántica

La catedrática de la USC Rosaura Leis explica por qué el patrón alimentario es un aliado clave para la salud en la vuelta a la rutina

Para muchas personas, septiembre es sinónimo de año nuevo. Finalizan las vacaciones, vuelven las clases y el trabajo, y activamos el chip de marcar objetivos que mejoren nuestra calidad de vida. Entre ellos, cada vez cobra más fuerza un propósito esencial: alimentarse mejor. Con esta idea, GCiencia habla con María Rosaura Leis Trabazo, catedrática de Pediatría en la Universidad de Santiago (USC) y presidenta de la Fundación Dieta Atlántica, para conocer cuáles son los alimentos que anuncian el inicio del otoño y por que apostar por los productos de temporada resulta tan beneficioso.

“Dentro de una alimentación saludable, destacan las dietas tradicionales que se basar en productos de proximidad y de temporada”, explica la catedrática. En este contexto, se sitúa el patrón de la dieta atlántica, propio de Galicia y el norte de Portugal, que ofrece ventajas tanto para la salud como para el medio ambiente. Consumir alimentos frescos y mínimamente procesados, como los que defiende esta dieta, contribuye a reducir la huella de carbono y la huella hídrica.

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Además, optar por productos de temporada garantizador un mayor acerque nutricional: “Cuando uno consume el alimento en su momento, su composición acerca todos los nutrientes”, aclara Leis. De este modo, la elección de frutas, verduras, pescados y otros productos propios de cada estación permite incorporar los macronutrientes y micronutrientes esenciales para mantener una buena salud. Una forma sencilla y natural de volver a la rutina con más energía, haciendo de los productos de temporada a base de nuestras mesas.

Alimentos de temporada de septiembre

Cuando pensamos en septiembre, inevitablemente nos viene a la cabeza un símbolo del otoño gallego: las castañas. Según la página web de la Fundación Dieta Atlántica, en esta época también destacan otros frutos secos como avellanas, almendras y nueces, todos ellos ricos en grasas saludables, minerales y energía, ideales para afrontar la vuelta a la rutina.

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En el apartado de las frutas, septiembre ofrece una auténtica abundancia de productos cargados de nutrientes: higos, uvas, peras, manzanas, granadas, arándanos y caquis, opciones sabrosas y saludables para llenar la mesa de color.

Pulpo á feira, un plato propio de la dieta atlántica y representativo de Galicia. Foto: Wikimedia Commons
Pulpo á feira, un plato propio de la dieta atlántica y representativo de Galicia. Foto: Wikimedia Commons

Las verduras también viven un momento especial este mes, pues conviven las últimas cogidas del verano con las primeras del otoño. Así, podemos disfrutar de berenjenas, pimientos o pepinos, junto con productos que anuncian el cambio de estación como calabazas, espinacas, patatas recién cosechadas, judías verdes o lombardas. Son alimentos frescos y de proximidad que permiten elaborar platos variados y sostenibles.

Y el mar no se queda atrás. Septiembre trae consigo una oferta de pescados y mariscos, fuentes de proteínas de alto valor biológico. Entre ellos destacan la pota, el pulpo, las sardinas, los berberechos o los percebes, sin olvidar otras opciones como el pescado espada, el buey de mar o la palometa roja.

Los beneficios de los alimentos de la temporada

El consumo de alimentos de temporada tiene dos grandes ventajas: cuida de la salud y respeta el medio ambiente. Al optar por productos locales y propios de cada estación, reducimos la huella ambiental asociada al transporte y a la producción intensiva, al tiempo que optemos una alimentación más rica y equilibrada.

Pero, ¿cómo contribuyen a nuestra salud los alimentos de temporada? Según la doctora de la Universidad de Santiago, una buena alimentación ayuda a mejorar el metabolismo y, con eso, disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades degenerativas y también las conocidas como «enfermedades de la edad adulta”.

“Hoy sabemos que la principal causa de morbilidad y muerte tiene que ver con estilos de vida no saludables”, explica Leis. Entre los factores clave están una dieta poco equilibrada, la falta de actividad física y el aumento del sedentarismo.

Por eso, mejorar la dieta es una herramienta fundamental para ganar salud. La comunidad científica internacional recomienda conservar los patrones tradicionales de alimentación saludable. En el caso de Galicia, esto se traduce en la dieta atlántica, cuyos beneficios están bien documentados: reduce el riesgo de obesidad, infartos y diabetes tipo 2, y contribuye a una mayor longevidad y una mejor calidad de vida.

Las premisas nutricionales de la dieta

“Una dieta saludable implica acercar proteínas de alto valor biológico a lo largo de todo el año”, explica la presidenta de la Fundación Dieta Atlántica. Además, es importante garantizar el consumo de nutrientes como hierro, calcio u omega-3. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando optamos por alimentos de temporada? Si tomamos, por ejemplo, un pescado en su época natural, su concentración de omega-3 será más alta, por lo que el beneficio nutricional será mayor.

Según Rosaura Leis, a lo largo del año una dieta equilibrada debe cumplir tres premisas fundamentales: ser suficiente, acercando la cantidad necesaria para cubrir los requerimientos del cuerpo; ser variada, incorporando diferentes alimentos que garanticen la presencia de todos los nutrientes; y ser diversificada, ya que algunos nutrientes pueden interferir entre sí, y se deberían seleccionar alimentos de distintos grupos de acuerdo con las recomendaciones de la pirámide atlántica.

A estas bases se añaden los factores individuales: la dieta debe adaptarse a la edad, al sexo, al estado de salud o a las enfermedad de cada persona, así como a sus necesidades según la actividad física que realice.

Dieta atlántica vs. Dieta mediterránea

Tanto la dieta atlántica como la dieta mediterránea, propia de la costa este de la península, comparten una base común: el consumo de alimentos frescos, de temporada y mínimamente procesados, con presencia regular de lácteos. Ambas acercan nutrientes esenciales como el selenio, vitamina D y vitamina B12, a través de los alimentos que los contienen de forma natural, como los huevos, las lentejas, el atún o las almejas.

Con todo, las diferencias aparecen nos detalles. La dieta atlántica destaca por el mayor consumo de cereales integrales y de verduras propias del género Brassica, como los grelos, muy ligados a la tradición gallega. La principal distinción, sin embargo, está en las técnicas culinarias: “Nosotros empleamos más el vapor y el hervido, y menos los fritos”, señala Rosaura Leis.

Así, aunque ambas dietas son patrones saludables y reconocidos a nivel internacional, la atlántica incorpora particularidades culturales y gastronómicas que la hacen única.

La pirámide atlántica

En el año 2006, el II Congreso Internacional de la Dieta Atlántica recogió diez recomendaciones clave para una alimentación saludable inspirada en el patrón atlántico. Estas orientaciones se publicaron bajo el título “Decálogo de Dieta Atlántica” y siguen vigentes como guía práctica:

Consumir pescado, tanto de mar como de río, y mariscos entre tres y cuatro veces a la semana en todas las etapas de la vida.

Consumo de alimentos vegetales en abundancia. Ingerir en abundancia cereales, patatas y legumbres, como base energética de la dieta.

—Priorizar una amplia variedad de frutas, con especial atención a manzanas y cítrícos. Entre las hortalizas destacan el repollo, berzas, grelos, judías, pimientos, cebollas, zanahorias y ajos.

—Uso de aceite de oliva como principal grasa culinaria, sobre todo en crudo, para aderezar platos y conservar su valor nutritivo.

—Incorporar productos lácteos diariamente, ya que acercan proteínas de alto valor biológico, calcio y vitaminas. El consumo de leches fermentadas añade beneficios extra, al mejorar el equilibrio de la microflora intestinal.

—La carne es una buena fuente de proteínas, hierro y niacina, pero debe consumirse con moderación. Se recomienda combinarla con platos basados en verduras, legumbres o patatas.

—El agua es la bebida de excelencia y debe consumirse en abundancia. El vino, por su parte, puede tomarse de forma moderada, responsable y siempre acompañado de las comidas.

—Apostar por técnicas culinarias sencillas que respeten la calidad de los alimentos, como la cocción, la fritura en aceite de oliva o el empanado, manteniendo así las propiedades nutritivas y organolépticas.

Preservar el estilo de vida tradicional atlántico, valorando el acto de comer como fuente de placer.

—Complementar la dieta con una práctica diaria de ejercicio, tan fundamental para la salud como la propia alimentación.

«Una mesa familiar saludable»

La catedrática de la USC sostiene que “una mesa familiar saludable es aquella que garantiza la salud a lo largo de toda la vida”. Por eso, subraya que una buena alimentación debe estar presente en todas las etapas: en la infancia, en la edad adulta y en la vejez.

Según Leis, el patrón hídrico y tradicional de la dieta atlántica constituye una de las mejores estrategias de salud desde los primeros años de vida, ya que condiciona no solo el bienestar inmediato, sino también la aparición de enfermedades y la calidad de la salud a corto, medio y largo plazo.

En las grandes mesas familiares de los domingos de septiembre, tan propias de los hogares gallegos, no deberían faltar los alimentos de temporada y de proximidad, auténtica base de una dieta equilibrada y sostenible.

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