Aurora boreal en Islandia. Foto: Wikimedia

¿Volverán las auroras boreales a Galicia?

En 1850, los vecinos de Vigo salieron alarmados a la calle, asustados por unas espantosas luces en el cielo. En 1938, los paisanos de Lalín corrieron refugiarse a la casa del astrónomo Ramón María Aller, menos atraídos por su condición de científico que por la de cura. Porque aquel resplandor nocturno parecía obra del diablo. Unos y otros fueron testigos de una aurora boreal, un extraordinario fenómeno en Galicia, pero que se repitió en contadas ocasiones, dando lugar a anécdotas como éstas.

La aurora polar es un fenómeno en forma de brillo o luminiscencia que se presenta en el cielo nocturno, generalmente en zonas polares, aunque puede ser visible en latitudes más bajas durante breves períodos y en circunstancias excepcionales. En el hemisferio sur es conocida como aurora austral, y en el hemisferio norte como aurora boreal. Este nombre proviene de Aurora, la diosa romana del amanecer, y de la palabra griega Bóreas, que significa norte.

Todos hemos visto espectaculares fotografías de auroras boreales tomadas en países como Islandia, Noruega o Finlandia. Muchas veces, se convierten en la imagen del día de la NASA. Pero lo raro es ver una aurora polar en un lugar tan al Sur como Galicia. Con todo, a veces ocurre y el fenómeno resulta asombroso.

Así sucedió el 21 de enero de 1957, cuando científicos del Observatorio de A Coruña anotaron el fenómeno: “Se observó un reflejo muy intenso rojizo con franjas verticales en dirección NNW sobre las 22.20 Z hasta las 22.45 Z. Aurora polar”.

Otra fecha notable es 1938, en plena Guerra Civil. En la noche del 25 a 26 de enero de aquel año, una aurora rojiza fue visible en el cielo en toda la península Ibérica. Las crónicas periodísticas dicen que en Lalín, donde vivía el astrónomo Ramón María Aller, los vecinos aterrorizados corrieron refugiarse en su casa. La última aurora polar en estas latitudes fecha de 1989. Fue observable especialmente en Galicia, donde el espectáculo fue noticia en los periódicos en los días sucesivos. Desde entonces, en más de un cuarto de siglo, hubo alertas, pero ninguna confirmada.

En 2012, una fuerte tormenta solar hizo creer que me los podría ver auroras boreales. Y, en noviembre de 2015, un portal estadounidense llegó a predecir que serían visibles. Pero no sucedió nada.

El Observatorio de A Coruña anotó una aurora polar en 1957

Se calcula, eso sí, que podemos ver entre tres y cuatro auroras polares por siglo. Así que, estadísticamente, tenemos que estar a punto de ver alguna. Y, con la cantidad de instrumentos fotográficos con que hoy cuentan todos los ciudadanos, va a ser la más retratada de la historia.

Pero hay que tener en cuenta que los mejores momentos para observar auroras en el hemisferio norte van de septiembre a marzo. Y que son necesarios cielos despejados. Algo que no suele acontecer en Galicia precisamente en esos meses.

apítulo distinto merece otra aurora boreal que encontramos registrada en 1850 en Vigo. La recoge Xosé María Álvarez Blázquez en su obra ‘La ciudad y los días’. En la fecha de 2 de noviembre de aquel año anota: “Una aurora boreal es observada en nuestra ciudad. A media tarde, el cielo y los montes próximos se tiñen de una luz color granate intenso, que ocasiona la natural expectación y aun la alarma del vecindario. Después del inusitado fenómeno, el cielo se achubascó. La temperatura era muy baja”, concluyó.

Noticia dunha aurora boreal en Galicia.

Es posible que, en efecto, aquel fenómeno había sido una aurora polar. Aunque Vigo está en el paralelo 42, demasiado al sur para contemplar habitualmente el choque luminiscente del viento solar, cargado de partículas, contra la magnetosfera de la Terra. Pero encontramos un hecho histórico importantísimo con el que Álvarez Blázquez no cuenta. Porque precisamente en 1850 tuvo lugar en el mundo uno de los acontecimientos geológicos más impactantes: el nacimiento de un volcán. Se trata de un raro fenómeno en la historia, ya que la inmensa mayoría de ellos surgieron en la prehistoria. Fue el Cerro Negro, en la actual Nicaragua, uno de esos raros ejemplares que vinieron al mundo cuando lo ser humano ya sabía leer y escribir. El Cerro Negro se yergue hoy hasta 726 metros de altura en el departamento nicaragüense de León. Y está situado en medio de una llana donde, hace dos siglos, no había nada. Hasta que, en la madrugada de 13 de abril de 1850, se produjo una auténtica hecatombe planetaria. Entre temblores de tierra, un revuelo descomunal y proyecciones de lava, surgió el volcán. En dos semanas tenía 50 metros de altura. Y, en sucesivas erupcións, fue formando un formidable cono hasta alcanzar su actual tamaño.

La génesis del Cerro Negro, en 1850, arrojó a la atmósfera toneladas de residuos, con una espesa nube de piroclastos que alcanzaron los 6 kilómetros de altura. Los vecinos de las localidades próximas fueron arrasados, como sucediera antes en Pompeya y Herculano durante la gran erupción del Vesubio. Y las consecuencias del nacimiento de este volcán se sintieron en toda la Terra.

Predición de 2015 dunha aurora polar sobre Galicia.
Predición de 2015 dunha aurora polar sobre Galicia.

Los piroclastos del Cerro Negro alcanzaron las capas altas de la atmósfera y provocaron que, en los meses sucesivos, las salidas o puestas del Sol, en todo el mundo, habían sido de un rojo rojizo, brillante y espectacular. Volvería a suceder el mismo décadas más tarde, con la erupción del Krakatoa, en 1883, con unos atardeceres radiantes mismo en Europa, que llegaron a inspirar al artista Edvard Munch para pintar el cielo carmesí de su obra ‘El grito’.

Así que la aurora boreal de noviembre de 1850, aún registrada por el escritor Álvarez Blázquez, probablemente no era tal. Además fue visible de día y no de noche. Por lo que todo señala que, en realidad, se trataba de otro fenómeno. Lo de un volcán en nacimiento. El colosal Cerro Negro, al otro lado del Atlántico. Y, como las auroras boreales suelen aparecer en Galicia una vez por cada generación humana, más de 25 años después de la última soñamos con estar a punto de asistir al extraordinario espectáculo de la primera del siglo XXI.

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