O Pindo, del mar a A Moa: un camino cautivador con recompensa

El ascenso a la mole de granito, de más de 600 metros de altura, desde el nivel do mar, descubre espacios de gran interés geológico y biológico

Para llegar a A Moa, la cumbre del mítico Monte Pindo, en Carnota, existen varios caminos que desde hace siglos recorre la gente de la vuelta y los visitantes. Hay rutas desde las aldeas de Quilmas o Panchés en la vertiente sur del macizo, que permiten descubrir parajes como el Chan das Lamas, una gran explanada que hoy los caballos siguen aprovechando como pasto. También desde O Fieiro, en el norte, al lado del embalse de Santa Uxía, que recoge las augas del Ézaro, desde donde se puede llegar más rápido a la cumbre y acercarse a enclaves como la Cova da Xoana o el castillo de Penafiel. Sin embargo, otro de los trayectos habituales, y que se muestra en estas líneas, es el que lleva al caminante desde el nivel del mar, en la parroquia de O Pindo, hasta la cumbre del monte, a 627 metros de altitud sobre la bahía de Corcubión, abrigada por el cabo Fisterra, y la playa de Carnota, a más extensa de Galicia.

Lagarto das silvas. Foto: Dgilperez/CC BY-SA 4.0.
Lagarto das silvas. Foto: Dgilperez/CC BY-SA 4.0.

El camino parte de cerca de la iglesia parroquial y entra en una zona frondosa, surcada y regada por uno de los riachuelos que caen de la cumbre. En este primero tramo es muy visible aun el impacto del incendio de 2013, que arrasó miles de hectáreas en el monte y causó un importante daño ambiental, poniendo en peligro a supervivencia de especies vulnerables en el macizo, como el roble enano Quercus lusitanica. A medida que el camino deja atrás esta zona verde, se va descubriendo la piedra desnuda, en su mayor parte granito, que domina las zonas altas del monte. Y aparecen, además, otras compañeras: constantemente, desde aquí y hasta la cumbre, se cruzan especies de lagartas. Si hay suerte, mismo puede encontrarse la Lacerta schreiberi, o lagarto verdinegro, una especie vulnerable en el macizo. En este área también aparece a la derecha del camino, interponiéndose en la vista hacia el cabo Fisterra, el Pico do Pedrullo con el castillo de San Xurxo, que hoy son solo restos de una fortaleza medieval que tuvo, en su tiempo, una importante posición de dominio en la zona.

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En este punto, donde se extiende delante de los ojos el Chan das Lamas, el camino gira a la izquierda para enhebrar el ascenso, en uno de los tramos de más desnivel. Al avanzar pueden observarse las caprichosas figuras que la erosión dibujó en el granito, hasta que nos encontramos de cara con el Xigante da Mina. A continuación, falta por superar otro trecho más duro, de nuevo en un área más densa de robles, hasta llegar a A Moa, donde las pías dan cuenta, de nuevo, del incansable pulido de la naturaleza en la mole.

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