Monte y laguna de Louro: la atalaya que desborda historia y naturaleza

El enclave, situado en la orilla norte de la ría de Muros y Noia, lleva siglos cautivando al ser humano, como demustran los vestigios presentes en él

Vista aérea del monte Louro y la laguna de Xalfas. Al fondo, la playa de Ancoradoiro y en último término, el cabo Fisterra. Foto: Deensel / CC BY 2.0.

Cualquier persona que viva en las orillas de la ría de Muros y Noia tiene grabada en su memoria la lengua de piedra que dibuja en el horizonte el monte Louro. Es una de esas postales que quedan grabadas y nunca se olvidan. Ya lo sabían, sin duda, los pobladores que llevan mucho tiempo dejando su rastro cerca de la doble cumbre del monte, que se eleva rápidamente hasta los 240 metros de altura y se atreve a adentrarse en el mar. Es un punto inmejorable para controlar todo lo que se mueve en esta ría. Y también es una referencia tierra adentro, pues desde los picos más interiores de la sierra del Barbanza ya se comienza a vislumbrar a bastantes kilómetros de distancia. Y al lado, entre la playa de San Francisco y el pequeño pueblo que lleva el nombre del monte, la laguna de Xalfas lo acompaña fielmente.

El peculiar paisaje que dibuja el monte Louro encuentra explicación en la geología. Es lo que se conoce como inselberg (del alemán ‘monte isla’), un lugar en el que la erosión desgastó los materiales más blandos de los alrededores y solo deja las rocas más duras, graníticas en el caso de Louro. es, de hecho, un Lugar de Interés Geológico (LIG) reconocido por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Salvando las distancias, es difícil no compararlo como una especie de monte Pindo a pequeña escala, sobre todo al mirarlo desde lo próximo mirador del Naraio. De hecho, varias formas de tafoni que se ven en los granitos de Rubio remiten claramente al Olimpo celta.

Foto: Ramón Piñeiro / CC BY 2.0.
Foto: Ramón Piñeiro / CC BY 2.0.

La historia del monte Louro

El monte Louro, golpeado sin tregua por el viento, el mar y la borraxeira (Monte Louro con touca, chuvia moita ou pouca, dice el refranero), no es un lugar especialmente agradable para los asentamientos humanos, de ahí que la única construcción que se mantenga hoy es la del faro de Punta Queixal, al pie de los acantilados, y junto a la carretera que rodea el macizo. Pero en su cumbre sí que quedan vestigios de su relevancia estratégica. De las alas del monte, en la zona más próxima al pueblo de Louro, salen los senderos que de una forma sencilla (más allá del lógico desnivel) nos sitúan en el punto más alto.

Aunque las evidencias científicas no son muchas, por la falta de documentos e investigaciones que así lo constaten, parece claro que el innegable valor estratégico del monte tuvo que dar pie en el pasado la construcciones defensivas y de vigilancia. Segundo recoge Patrimonio Galego, el catálogo de bienes arqueológicos del plan general de urbanismo de Muros contempla la posibilidad de que aquí haya habido asentamientos. Y también hay restos que inducen a pensar que hubo una garita (que de hecho da nombre al pico situado más al sur). Las imágenes recogidas por Manuel Gago apuntan, con pocas dudas, a la presencia de edificaciones antiguas.

Y no muy lejos, al otro lado del lugar de Louro, los petroglifos brotan alrededor del monte Meán. A los más conocidos de la Laxe das Rodas, una de las estaciones más relevantes de la zona, uniúselle hay menos de dos años el hallazgo de otro paraje en el Outeiro dos Furados.

La naturaleza del Monte Louro

Una vez recorridas a través de la imaginación las andanzas de los centinelas del monte y los artistas rupestres de la zona, es momento de sumergirse en la riqueza natural que gira alrededor de la laguna de Xalfas. Es posible gracias a que la barra de arena que conforma la playa de Area Maior impide la llegada al mar de las aguas del arroyo Longarela. Sin embargo, en momentos puntuales (el último tuvo lugar hace apenas unos días), se produce el fenómeno del Ingüeiro, cuando la laguna y el mar juntan por un tiempo sus aguas.

El ecosistema que conforma la laguna de Xalfas da pie al encuentro de aves, anfibios, reptiles y pequeños mamíferos. Entre los pájaros destacan el ánade o la garza real,  convirtiéndose en un interesante espacio de observación ornitológica. En cuanto a la flora se destaca el endemismo de la Lilaeopsis carolinensis, que tiene aquí su única población en Galicia.

1 comentario

  1. Segundo Flora Ibérica, Lilaeopsis carolinensis é unha especie alóctona, non é polo tanto un endemismo, e a súa distribución é máis ampla que a comentada no artigo

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