Cambio climático: un fenómeno natural que la mano humana está acelerando

La emisión de gases de efecto invernadero de origen antrópico provoca un calentamiento a un ritmo con consecuencias impredecibles

¿Sabías que en últimos 15 años se concentran 10 de los años más cálidos de la Historia? Y que los últimos cinco coinciden con los de mayor temperatura registrados en el planeta? En la última semana de 2020, la Organización Meteorológica Mundial confirmó que la década de 2011 a 2020 fue la más cálida desde que hay datos. El aumento de la temperatura en la Tierra y las consecuencias que esto ocasiona, son sin duda uno de los mayores desafíos que la Humanidad tendrá que afrontar en los próximos decenios. Instituciones de todo el mundo advierten que el impacto de la actividad humana en los ecosistemas tendrá consecuencias inesperadas e impredecibles, y que muchas veces están conectadas: no son pocas las voces que advierten que la propagación de enfermedades, el daño causado por especies exóticas invasoras o las migraciones desencadenadas por el cambio climático generarán un efecto dominó que transformará la vida de muchas personas.

Pero, ¿cuánto de natural y cuánto de inducido tiene el fenómeno del cambio climático? Algunos sectores de la sociedad siguen sembrando dudas sobre el aumento de la temperatura global y las concentraciones de gases de efecto invernadero que se viene detectando desde la Revolución Industrial. Es cierto que el planeta ha pasado por muchos cambios climáticos durante los últimos cientos de miles de años. Hay señales, por ejemplo, de que el Sáhara fue una tierra verde hace 10.000 años. Y la última glaciación, por ejemplo, unía las Islas Británicas con Europa, y llevaba la costa gallega varios kilómetros mar adentro; un paisaje donde no existían como tales las rías que vemos hoy. Pero los cambios observados en apenas dos siglos están siendo mayores que los observados en los registros climáticos de los tres millones de años anteriores (es decir, 30.000 siglos).

Los impactos son múltiples: cada vez es más frecuente, por otra parte, que huracanes y tormentas con características tropicales, que ya causan serios daños en otras zonas del planeta, se acerquen a las latitudes y longitudes de la península Ibérica… Al tiempo, las sequías son cada vez más largas…. El aumento del nivel del mar y de su temperatura está provocando una importante erosión en el litoral, y produce fenómenos extremos en muchas partes del planeta… El deshielo en las zonas más frías está mudando la gran velocidad estos paisajes. Muchas especies, asediadas por la actividad humana y sus consecuencias, quedan sin margen de maniobra para sobrevivir, y la deforestación de amplias zonas las deja también sin espacio… Pero hay quien sigue dudando de que este cambio global sea algo más que una anécdota. ¿Cómo abordar y debatir sobre estas creencias?

“Ha habido muchos cambios bastante drásticos en los últimos 600.000 años. En este tiempo se produjeron, por lo menos, seis períodos glaciares, en los que el clima cambió radicalmente y era muy distinto del que tenemos hoy”, expone Gonzalo Míguez Macho, profesor de Física Atmosférica de la Universidad de Santiago de Compostela. Sin embargo, lo que antes tardaba muchas generaciones en observarse, ahora puede verse en lo que dura la vida de una persona. “Una de las evidencias de que somos los humanos que estamos provocando este calentamiento es que este se está produciendo un ritmo bastante más rápido que esos otros cambios climáticos ocurridos en el pasado”, continúa Míguez.

Imaxe

Tal y como constatan las investigaciones a gran escala sobre la historia del clima, se sabe que la concentración de los gases de efecto invernadero (GEI) está directamente relacionada con la temperatura de la Tierra, y que esta concentración está aumentando a gran velocidad desde el desarrollo industrial iniciado a finales del siglo XVIII. El más abundante de estos gases, el dióxido de carbono, es precisamente el que resulta de la quema de combustibles fósiles que la Humanidad inició a gran escala desde hace pocos siglos.

“En tres o cuatro decenios, la temperatura está aumentando prácticamente 1ºC”, expone Gonzalo Míguez, que añade que “hay evidencias de que la cantidad de CO2 que había  en los últimos 800.000 años”, a partir de los estudios realizados y que “la cantidad que tenemos ahora es mucho mayor de la que hubo en estos cientos de miles de años”.

Ante esto, entidades como las Naciones Unidas, a través del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (con el acrónimo IPCC, por las iniciales en inglés) han desarrollado proyecciones para los posibles escenarios en los próximos decenios. Así, incluso en las predicciones menos dañinas, algunos ecosistemas esenciales para los sistemas climáticos de la Tierra, como las selvas tropicales y ecuatoriales y las tundras árticas y antárticas, podrían sufrir cambios drásticos que afecten al resto del planeta.

El efecto invernadero

El conocido como efecto invernadero no es, de por sí, un problema para la vida, sino todo lo contrario. “El hecho de que la tierra sea habitable es debido a la presencia en la atmósfera de gases que producen este efecto, que es natural, y lo que hace es que la Tierra se quede con calor del Sol y manteniendo una temperatura más tibia y más fácil para la vida”, destaca Míguez Macho. En ausencia de estos gases, la temperatura sería mucho más fría y, por tanto, la vida no sería posible.

“Pero claro, mucho de este efecto tampoco es bueno, ya que hace que el efecto sea más potente y que la temperatura aumente más”, advierte el físico de la USC. En los últimos años, las mediciones realizadas constatan un progresivo aumento: en observatorios de referencia, como lo que el gobierno estadounidense tiene en Mauna Loa (Hawái) la concentración de CO2 pasó en 10 años de las 390 a las 414 ppm (partes por millón), y es probable que se siga incrementando en los próximos años a pesar de las estrategias de freno de emisiones, ya que el gran volumen de combustibles fósiles que se queman y se emiten a la atmósfera potencian este efecto y quedan durante mucho tiempo hasta que vuelven a ser captadas por los ecosistemas terrestres. Las consecuencias de este incremento son, en parte, imprevisibles, ya que no sabemos como va a reaccionar el sistema natural que regula el planeta, y que se ve influido por numerosas interacciones.

“Tenemos un conocimiento bastante bueno, y cada vez mejor, de cómo funciona el clima, y así podemos desarrollar modelos matemáticos para observar la temperatura en los últimos decenios. Y si no incluimos esta perturbación antropogénica que supone quemar combustibles fósiles, no podemos reproducir este aumento de temperatura”.

La adaptación y la mitigación son dos de las palabras clave delante del futuro que tenemos por delante. Los objetivos más optimistas aspiran a limitar el aumento de la temperatura a finales del siglo a 1,5º C respecto a los niveles previos a la Revolución Industrial. Pero esto requiere de un compromiso a todos los niveles, desde los gobiernos más poderosos hasta el cambio de hábitos en cada uno de nosotros: la producción de energía, el transporte, la industria, las construcciones, la vida cotidiana… Todos los campos afrontarán en el siglo XXI una profunda transformación para alcanzar sociedades ‘neutras‘ en carbono; es decir, que la cantidad de CO2 emitida a la atmósfera (contaminación) sea la misma que la que se retira a través de distintas vías (mayor superficie de bosques que captan estos gases, mayor ánimo de las energías renovables, sistemas energéticos más eficientes, etc.).

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