Rubén Ramos Balsa, en Singapur.
Rubén Ramos Balsa, en Singapur.

“La diferencia entre artistas y científicos es irrelevante, los dos harán lo que no haga la inteligencia artificial”

El artista compostelano Rubén Ramos, que combina ciencia y arte en sus piezas, reflexiona sobre la conexión entre las dos disciplinas

El artista Rubén Ramos Balsa (Santiago, 1978) cuenta con una trayectoria que se aleja bastante de lo que es habitual en el mundo del arte contemporáneo. En su caso, la mezcla entre ciencia y arte es mucho más que un convencionalismo de los que suelen ser utilizados en el pomposo mundo del arte contemporáneo. Ahora trabaja en Singapur con diversos proyectos que siempre vinculan ambas disciplinas ya que considera que el íntimo enlace entre ellas las hace casi indistinguibles. Con menos de 30 años, Ramos ya fue elegido para formar parte de la representación española en la prestigiosa Bienal de Venecia en 2007 y actualmente sigue desarrollando una actividad incesante, que lo lleva a participar en proyectos que combinan ciencia y arte de modos muy diversos. No olvida su origen y apunta que sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra marcaron su carrera científico-artística.

– Ciencia y arte a veces se contemplan como compartimentos estancos cuando en realidad hay mucha relación entre ambas. ¿Cómo llegaste a vincular ambas disciplinas en tu obra?

Esquema de una obra de Rubén Ramos.

– Podría explicar como vinculo esta relación desde tres vías: la metodología del proceso, la fabricación de realidad y la intención transformadora. Los artistas, como los ingenieros, fabricamos cosas. Nosotros cuando logramos el objetivo estético, decimos también, como los ingenieros, que el artefacto funciona. Aunque es cierto que esa funcionalidad es diferente, el objetivo, más allá de una utilidad práctica concreta, se parece bastante, y decir, en un marco espacio-temporal dado existe un criterio de convención cultural con las mismas aspiraciones de generalidad y universalidad que los criterios de convención científica que aspiran a lo mismo dentro del mismo marco. Por eso arte y ciencia viajan en paralelo.

En mi caso, me considero un experimentalista, defino mi trabajo plástico como una manualidad óptica, entendiendo la relación entre la mano y el ojo como una interacción compleja que sincroniza la fabricación y la reflexión. A través del nervio óptico se conecta el contenido del inconsciente con el pensamiento de las manos. Hacer y pensar se hacen indistinguibles porque se está construyendo realidad nueva.

En general los artistas, al igual que los científicos, estamos formulando preguntas y acercando propuestas que nos ayuden a construir la realidad para entender lo desconocido. Conceptos como el tiempo, el espacio, la materia, el movimiento, han sido temas constantes a lo largo de la historia del arte y de la ciencia. Además, para su comprensión como observadores, tanto artistas como científicos partimos de los sentidos y, en ese dialogo con la realidad, en esa fricción sensorial, como extensión para ampliar lo visible, ambos usamos un puente que llamamos la tecnología. Mi obra trata de esa amplificación.

– Precisamente la tecnología tiene un papel importante en tu obra. ¿Cuál es la intencionalidad de este uso?

– Al principio intenté darle un uso inédito y, en cierto sentido, anticiparme a las previsibles aplicaciones de los desarrollos de la industria tecnológica después de estos usos alternativos de la tecnología a través de explorar sus posibilidades plásticas. Entendí que, para aplicar la función transformadora del arte, tenía que ir más allá, que parte de la acción estaba en repercutir directamente en el estado de la técnica y, para eso, debía desarrollar propuestas de tecnología desde el arte.

Existe, en general, la tendencia errónea en creer que la tecnología es el resultado de la ciencia, cuando, en realidad, ambas están siempre retroalimentándose. La nueva tecnología posibilita nueva ciencia y esta, nueva tecnología. Además podríamos decir que, en todo caso, la tecnología es el resultado de una cultura determinada y por tanto carece de neutralidad intencional y funcional.

Por eso, el uso de la carcasa tecnológica que sostiene la formalización de mi obra se puede volver más significativa como huella de un tiempo determinado que la propia narrativa íntima, mismo obsoleta y, esto último me resulta fascinante, porque no es más que un signo de nuestro presente. Todo esto muestra en que medida el contenido es el continente, el canal es el propio mensaje. Por eso, al final, toda mi obra se puede resumir en un algoritmo.

“La tecnología no es simplemente el resultado de la ciencia, las dos se retroalimentan”

Habría que recordar que el constructor de la historia de la ciencia es también una constante autocorrección de errores, y de ahí su grandeza. Mi trabajo plástico también expresa esta posición intelectual. En el fondo, la actual diferenciación entre arte y ciencia es una anécdota histórica pasajera. Tanto arte como ciencia están siempre reformulándose y reformulándose. Así, en la actualidad, la manida definición de la obra de arte como la presencia de una ausencia es al universo cuántico lo mismo que una superposición de estados, si se quiere, semánticos, que mantienen la obra como sistema abierto al observador.

En estos mismos términos , relativizando conceptos absolutos, diría que “Verdad” y “Belleza” son valores fungibles. Para mí, este es el único camino que nos queda por explorar. Pero en todo caso, la diferencia entre artistas y científicos es potencialmente irrelevante ya. Ambos nos dedicaremos a hacer todo aquello que no pueda hacer una inteligencia artificial.

Máquina de pin-ball para "All possible paths".
Máquina de pin-ball para “All possible paths”.

– Estás desarrollando también un proyecto que vas a presentar en unos meses en la Universidad de Vigo, ¿en qué consiste?

– En el 2000, durante mi último año de licenciatura, como invitación previa a introducirme en la investigación académica desde la praxis artística, participé en una exposición de los estudiantes de doctorado titulada “ Vacío Espeso”. Esta exposición se planeaba sobre la pregunta: ¿Qué pasa entre dos electrones para que surja un fotón?. Me tomé muy en serio el reto. Desde aquel momento no hice más que aproximarme la esa pregunta y ahora ya tengo una respuesta sólida.

La investigación que presentaré en 2019 fue un largo recorrido de 15 años para tratar de dar una respuesta escultórica satisfactoria a aquel reto. Se trata de una tesis teórico-práctica que describe, desde la perspectiva estética, una interacción compleja de dos máquinas simples. Como prueba experimental presento una emulación de una puerta de computación cuántica tipo “√ not” propuesta por David Deutsch y Artur Ekerth que, en este caso, funciona de manera estable operando bajo los parámetros de la interacción mostrados en la investigación.

En este sentido, quiero resaltar que, desde aquella primera exposición pionera en el modo de arte y ciencia, la línea de integración de las “dos culturas” fue a lo largo del tiempo seña de identidad de la Facultad de Bellas Artes. Un ejemplo más reciente de esa continuidad fue la maravillosa exposición “Campos de la imagen” que tuvo lugar en el museo MARCO, donde la labor de artistas y científicos se reunían por igual bajo el mismo paraguas.

– ¿En qué proyectos estás trabajando ahora en Singapur y qué relación tienen con temas científicos?

– Ahora mismo estoy trabajando en la formalización de un nuevo sistema para inteligencia artificial basado en computación cuántica que es totalmente diferente a los desarrollados hasta la actualidad, lo llamamos A.I.I. (Artificial Intuitive Intelligence). Básicamente, se trata de un protocolo de comunicación simplificado para dos o más sistemas complejos como pueden ser dos ordenadores, o un ordenador y un cerebro, o dos cerebros entre sí.

Para explicarlo de un modo sencillo, todos los sistemas de computación actuales parten de una base sintáctica, siendo muy poderosos en el cálculo y en el manejo de cantidades ingentes de datos, por eso, tienen una capacidad inductiva y deductiva enorme, pero aún no hemos logrado un sistema que realmente genere significados, que es una de las características que definen una inteligencia natural. Es decir, carecemos de una base computacional semántica. Así, los ordenadores son incapaces de generar hipótesis espontáneas o de interpretar significados, de dudar para formular alternativas, no saben cómo integrar un error más allá de expectativas programables.

Como decía Picasso “un ordenador no sirve para nada, solo sabe dar respuestas”. Idealmente, el objetivo sería que se haces la pregunta adecuada al sistema de A.I.I. quizás la respuesta sea interesante para ti, tan subjetiva como ti mismo y tan objetiva como puedas validar su uso.

Para acercarnos al problema de un ordenador semántico, que igual que la propia A.I.I. es un blanco móvil, técnicamente lo que nosotros estamos haciendo es incorporar el modelo abdutivo desenvolvido por C. S. Peirce en Inteligencia Artificial, cuya integración ya fue propuesta hace años por Atocha Aliseda, pero en este caso, tratamos de lograrlo bajo los parámetros de la computación cuántica.

Para eso, también partimos de un modelo diferente sobre cómo la mente genera el concepto de cantidad numérica al otro lado del código binario. En este caso elegimos el modelo de Stanislas Dehaene de un “acumulador numérico”, principalmente, porque abre un nuevo paradigma similar a nuestra propuesta.

Todo este trabajo se engloba dentro del programa de un proyecto que se llama “Thing that Think They Think”. De momento es un proyecto germinal y tenemos tamaño de mosquito, pero mientras la tecnología de las grandes multinacionales está en la carrera de alcanzar supremacía cuántica, nuestro objetivo vendría después de eso, por lo que a largo plazo es también ambicioso. El objetivo es humanizar la I.A. y diluir más la diferencia entre lo orgánico y lo mecánico, es decir, aquello que aún llamamos artificial. Son muy optimista con lograrlo y para mí sería imposible ni siquiera concebir la idea sin los los estudios de semiótica y morfología recibidos en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra.

– Últimamente has participado en un congreso sobre la figura de Richard Feynman. ¿Qué es lo que te interesa especialmente de su obra?

– Se celebró el centenario del nacimiento de Richard Feynman con un congreso organizado por el centro de estudios avanzados de la Universidad de Nanyang, en colaboración con el Centro de Tecnología Cuántica y el Museo de Arte y Ciencia de Singapur. Fue un evento que logró reunir a una parte significativa de las grandes figuras de la física actual, muchos de ellos discípulos de Feynman, bajo las premisas de la relación de arte y ciencia.

En paralelo al congreso, en el Museo de Arte y Ciencia, se realizó una exposición, “All possible paths” que hizo un recorrido por su legado a través también de sus propuestas artísticas. Para mí, es un buen ejemplo de la productividad de esta simbiosis donde científicos y artistas colaboran. En ella podemos ver reunidos desde el último procesador cuántico de Google hasta una pintura realizada por el propio Feynman. Lo que más me interesa de su figura es el sentido lúdico de su modo de mirar, el singular ángulo de entrada a la hora abordar un problema, es decir, su intuición.

Los diagramas de Feynman, como ocurrió con los dibujos de las neuronas de Santiago Ramón y Cajal, nos revelaron, con una apariencia desnuda, la estructura ausente al conocimiento científico de su momento, aquello que nadie podía imaginar. Son grafías que cambiaron nuestro modo de ver.

– ¿Podrá verse tu obra en Galicia (o España) próximamente? ¿Preparas alguna exposición?

– Ahora mismo puede verse una pieza reciente en la Bienal de Lalín, comisariada por Álvaro Negro. Este año estamos con la presentación y promoción del “Librario”, un proyecto editorial que recopila mis obras y textos en una especie de libro infinito. En cuanto a las exposiciones, estoy con la producción de una muestra para el año 2020 titulada “Engranajes y Estrellas” y planeando su continuidad en una segunda exposición llamada “Energía oscura, materia gris y otras teorías del color”. Aunque los títulos ya anticipan la temática, no quiero adelantar mucho sobre ellas, pero junto al resto de exposiciones anteriores funcionan encadenadas como un sistema complejo, que sumadas se reúnen en un concepto expositivo total que llamo “Circular el espacio”.

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