Ruta al pico de Tres Bispos con nieve un día soleado.

Invernal en Ancares: blanco y rojo en nieve y acebo

Cuando llegan las primeras nevadas a las montañas de Lugo, el paisaje cambia y las rutas son otras

Cada estación dibuja un profundo cambio en Os Ancares. En pocos lugares de Galicia se percibe tan claramente el paso de los solsticios y equinoccios, que van mudando el paisaje. En primavera, los narcisos toman las altas campas. En verano, el sol implacable calcina los brezos. El primer frío del otoño enciende los bosques con un espectáculo de colores. Y, en invierno, la nieve reina en las cumbres salpicada por el rojo vivo de las bayas de acebo, que resisten hasta la primavera. Así que vamos a visitar Os Ancares en la estación más fría del año, que muchos consideran la de mayor encanto. Una vez que cae la nieve, que a menudo se adelanta al mes de noviembre, las altas montañas de Lugo se cambian de traje y nos ofrecen una experiencia espectacular.

Lo primero, el viaje exige ir bien equipado. De diciembre a marzo las temperaturas nocturnas muchas veces están bajo cero. Conviene llevar prendas de abrigo, gorro, guantes, buen calzado… aunque sea como paseo, un día soleado puede engañarnos: cuando se pone el sol, en invierno en Os Ancares lucenses siempre hace frío.

El Tres Bispos desde su campa.

Llegar a este paraíso es bastante fácil: desde que se construyó la autovía A6, se accede fácilmente, aunque cuando llegan las grandes nevadas hay que informarse sobre el estado de las carreteras de la zona. A veces, algunas aldeas quedan aisladas, pero las máquinas quitanieves funcionan a pleno rendimiento cuando llega lo más duro. Eso sí: en esta estación, en el maletero del coche siempre hay que llevar cadenas.

Para alojarse, hay diversos hostales principalmente en Navia de Suarna, Piornedo y en Campa da Braña. Este último lugar es un cruce de caminos clave, donde encontraremos el Hostal Campa da Braña. Allí podemos alojarnos en habitación o en litera, que eligen a mundo los montañeros. También se come muy bien (espectaculares las carnes y verduras de la zona) y podremos disfrutar de la hospitalidad de Pedro, que además de hostelero es un veterano de la montaña. La chimenea de su salón puede ser tan memorable como la mejor ruta hacia las cumbres nevadas.

Palloza en la aldea de Piornedo.

En cuanto a las rutas, todo dependerá de nuestras ganas de aventura. Para los que quieran moverse en coche, lo básico es visitar Navia de Suarna, con su espectacular puente, el castillo de Doiras y finalmente Piornedo, la aldea con la mayor concentración de pallozas. Hasta hace medio siglo, cuando mejoraron la carretera, aún estaban habitadas. Actualmente, hay varias que pueden visitarse y están habilitadas para venta de artesanía o museo. El conjunto está declarado Bien de Interés Cultural y destacan también sus espectaculares hórreos. Para tomar algo, encontraremos chimenea tanto en la Cantina Mustallar como en el Hotel Piornedo. Ambos dan también de comer y, cuando aprieta el frío, son casi parada obligatoria. Para quienes elijan sólo coche, la ruta puede concluir en Porto Ancares, contemplando las espectaculares vistas ante las cumbres del Cuiña y el Miravalles. Como precaución, no hay que olvidar llevar cadenas…

Pero el verdadero reto está en las rutas a pie, que en invierno son espectaculares pero exigen ir bien equipado. Tras el paso de las grandes nevadas, es imprescindible llevar crampones para avanzar por las placas de hielo que se forman incluso en algunos senderos. También hacen falta polainas, porque por momentos la nieve será alta, incluso en pistas como la que asciende a la campa de Tres Bispos. Y no está de más bastones e incluso piolet para prevenir un resbalón. En resumen, hablamos de una montaña que se vuelve muy técnica cuando llega la nieve.

Huellas de un corzo sobre la nieve, en el ascenso al Tres Bispos.

Las dos rutas principales con nieve son las que ascienden al Mustallar y al Tres Bispos. La primera puede volverse mucho más complicada y debe reservarse a montañeros avezados. La segunda, es más accesible por la pista, pero se vuelve peligrosa en el tramo entre la primera campa y la de las ovejas.

El paisaje es blanco pero se tiñe de rojo en cualquier ruta. Porque precisamente desde principios de octubre llega la aparición del fruto del acebo, con su rojo intenso. Además, perdura durante meses, soportando todo el invierno para dar color a la sierra.

Iglesia de Piornedo donde comienza la ruta al Mustallar.

También deberemos estar atentos a la fauna salvaje. No será difícil encontrar algún rebeco buscando algún pasto oculto bajo la nieve. Y, si nos fijamos con atención en la nieve virgen, sin duda encontraremos las huellas de estos bóvidos como también del lobo.

Pero sea para hacer turismo o para hacer montaña, la clave es que vamos a disfrutar de un paisaje increíble. Cuando los Ancares se cubren de un manto blanco…

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