Fraga de Catasós. Fuente: Concello de Lalín.
Fraga de Catasós. Fuente: Concello de Lalín.

Fraga de Catasós, un corazón verde para conservar

Este espacio de castaños y robles a lo largo del arroyo Quintela, en Lalín, es un gran ejemplo de los bosques antiguos gallegos, actualmente en retroceso

Las fragas, los bosque típicos atlánticos, son, sin duda, lugares que siembran la creatividad y la imaginación. Los colores y las formas que trazan las ramas de robles y castaños, la hojarasca que cubre el suelo, y que va cambiando de color en cada estación, cautivan a quien las recorre. En Galicia hay muchos y buenos ejemplos: el Eume o Cecebre inspiraron obras literarias muy recordadas. Y también la fraga de Catasós (Lalín) en la comarca de Deza, corazón de Galicia, es una muestra de estos paraísos verdes. Cuentan, aunque nadie lo puede asegurar, que Emilia Pardo Bazán escribió varios capítulos de Los pazos de Ulloa, en el pazo de Quintela, donde la autora pasó una larga temporada. Seguro que paseó por la zona, ya que se casó uno de los descendientes de la familia propietaria del pazo. Del nombre de este edificio y del lugar de la parroquia (Quintela) proceden los nombres que más utilizan los vecinos para referirse al bosque: Quiroga o Quintela, más que Catasós, la denominación oficial.

Ya desde mucho antes de Pardo Bazán, y durante mucho tiempo después, Catasós siguió asombrando la quien lo conocía. Poco a poco, los castaños y robles llegaron a superar los 30 metros de altura y hasta 5 metros de diámetro. Y en 1954 apareció por el Deza el fitopatólogo norteamericano Flippo Gravatt, que describió ante la FAO la riqueza del bosque y propuso su protección. A finales de siglo, en 1998, pasaron a ser propiedad de la Consellería de Agricultura y Medio Ambiente y finalmente en el 2000 fue declarado como Monumento Natural por la Xunta de Galicia. También forma parte del Catálogo de Árboles Singulares, gracias a los majestuosos ejemplares que se elevan y extienden su copa en casi 15 metros de diámetro. Fueron estos preciosos ejemplares los que llamaron la atención de la FAO y siguen atrayendo a investigadores, a los que le sorprende la resistencia y capacidad de crecimiento de los ejemplares de la zona. Destacan, además, las variedades de castaña que brotan en los árboles (famosa, negral, oura, rosario, abadá, pelada, temprá, patacuda, rañuda y mazaíña).

El espacio cuenta con más de 45.000 metros cuadrados de superficie protegida (4,52 hectáreas). Sin embargo, bastantes voces han propuesto ampliar su protección a un área mucho mayor, a los dos lados de la N-525 que une Lalín con Ourense, en las fragas de Penelas, Celemín, Casas Vellas, Antuín, Gate, Pereira o Portocelo, todas ellas unidas por el agua del arroyo de Quintela. Fue precisamente en Casas Vellas donde estaba proyectada una línea de alta tensión de Fenosa que obligaría a cortar cientos de árboles, pero que finalmente no salió adelante gracias a la oposición vecinal y municipal.

Vista xeral de Catasós. Fonte: Concello de Lalín.

Y a raíz de este proyecto, el Consello da Cultura Galega, en un informe elaborado por el catedrático Francisco Díaz Fierros, defendió la importancia de Catasós como un ejemplo que resistía ante el retroceso territorial del bosque gallego nativo. Decía el documento que es “cada vez más escasa la existencia de bosques formados por especies nativas que mantengan una estructura y biodiversidad próxima a la naturalidad, y/o que estén conformados por especímenes longevos o simplemente que se correspondan con masas que persistieron como tales desde hace más de 250 o 500 años“.

Sin embargo, como en otros aspectos de conservación de la naturaleza, la legislación autonómica tampoco protege estas formaciones de bosques antiguos. Hablaba el texto del Consello da Cultura que “en Galicia no existe una protección específica” para estos lugares, “y año tras año se produce la pérdida o degradación de bosques antiguos de gran valor ambiental y cultural”, subrayando que las actuales leyes “no resultan suficientemente efectivas para detener la pérdida de bosques nativos, especialmente de bosques de ribera o carballeiras”, como lo de Catasós.

Al amparo de este espacio crece la flora típica de los bosques nativos (robles, castaños) y de ribera (alisos y fresnos), declarados como hábitat de interés comunitario. Y la bibliografía existente sobre la fauna también describe la presencia de endemismos como el pez Pseudochondrostoma duriense, endémico del noroeste de la Península, el tritón común (Triturus boscai), el sapo pinto (Discoglossus galganoi), la cobra bastarda (Malpolon monspessulanus) y el topo ibérico (Talpa occidentalis). Hay además especies vulnerables, como los murciélagos de herradura grande y pequeño (Rhinolophus ferrumequinum y Rhinolophus hippossideros), el desmán ibérico (Galemys pirenaicus) e incluso en peligro de extinción, como la avefría (Vanellus vanellus) y la agachadiza (Gallinago gallinago).

La visita a Catasós puede hacerse en un breve y sencillo paseo, gracias a su cercanía a la N-525. Al pasar Lalín desde Santiago de Compostela, en dirección a Ourense, a unos dos kilómetros y medio, aparece señalizado el desvío hacia bosque. Hay un sendero circular señalizado e ilustrado con paneles, que se puede recorrer en apenas una hora.

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