No te fíes de lo que dicen de tu cerebro: Ni usamos el 10% ni los hemisferios nos definen

“¿Sabías que el ser humano usa solo el 10% de la capacidad de su cerebro?” ¿Cuántas veces has escuchado o leído esta frase? El mito está muy difundido, y se utiliza en todo tipo de contextos para aludir al supuesto potencial que aún tenemos por explotar dentro de nuestra cabeza. E incluso es un recurso para hacer negocio a través de los supuestos programas de autoayuda.

Pero no es la única creencia errónea extendida sobre el tesoro que guardamos en el cráneo. Porque desde luego que el cerebro es un prodigio de la naturaleza, ya que su desarrollo ha permitido que fuera el ser humano, y no otra especie, la que haya conseguido progresar en un terreno hostil y conseguir milagros como que tú puedas estar leyendo esto ahora mismo a través de un aparato que hace apenas medio siglo era ciencia-ficción.

A veces, para explicar las altas capacidades de una persona en determinadas disciplinas, se habla de la preponderancia de un hemisferio sobre lo otro. Se dice, por ejemplo, que quien dispone de un hemisferio derecho más desarrollado tendrá una enorme habilidad creativa para el arte. Pues bien, olvida todo esto: el cerebro sigue escondiendo algunos misterios, como los que desencadenan la aparición de enfermedades como el Párkinson o el Alzheimer. Pero ni estamos utilizando una pequeña parte de su capacidad ni los hemisferios determinan nuestra vida.

Hay quien de hecho le atribuye a Albert Einstein, una de las grandes mentes de la historia de la humanidad, el mito de que toda persona es un genio en potencia si es capaz de aprovechar toda su materia gris. Si pudiéramos usar ese 90% que estaría ahí dentro, como latente, nuestra vida mudaría radicalmente. ¿Pero qué pasa realmente?

“Es un mito que surgió hace tiempo, con poca base científica, y que poco a poco fue potenciándose; hay todo un ‘mundillo’ que vive de estos temas, de ‘vender’ supuestos poderes extrasensoriales del cerebro, y que sigue propagando este mensaje, pero esto no es así”, dice José Luis Labandeira, catedrático de Anatomía Humana de la Universidad de Santiago de Compostela y experto en neurología.

Según el investigador, “el cerebro funciona todo él, está funcionando al 100%”. Lo que no es obstáculo, por ejemplo, “para que haya personas que tengan áreas o determinadas redes de neuronas que funcionalmente son más activas, con un hiperdesarrollo que le otorga mayores capacidades; pero esto no quiere decir que el resto tengamos solo el 10% funcionando”. De hecho, determinadas funciones pueden potenciarse a través del aprendizaje y el entrenamiento.

Una de las evidencias que descarta este mito es, según Labandeira, la aparición de lesiones cerebrales que lastran en gran medida la vida cotidiana de algunas personas. “Hay zonas que tienen unas funciones más visibles, como las áreas relacionadas con la comunicación, y otras que hacen su trabajo de forma menos evidente; así algunas lesiones se manifiestan en problemas más notorios, y en otros casos parece que no pasa nada, pero sí pasa”. En estas situaciones, estas áreas “pueden ser suplidas por otras, pero eso no quiere decir que haya partes que no estén funcionando”. “Eso es un mito”, concluye.

Los hemisferios

La supuesta división del cerebro en dos hemisferios notablemente diferenciados es otra de las creencias populares que sirve a veces para explicar las habilidades de las personas. Pero tampoco esto es cierto. Ser más creativo, más emocional o más analítico no depende simplemente de eso. La dominancia existe, pero forma parte de una red muy compleja e interconectada.

“Hay un hecho real que es la dominancia, pero otra cosa son una serie de conjeturas que se derivan de ahí y son un mito”, apunta el catedrático de la USC. “El tema de la dominancia se hizo especialmente patente con el lenguaje, porque es una función muy exteriorizada, que se ve además cuando surgen las patologías: si una persona tiene una lesión en el hemisferio izquierdo, puede perder el lenguaje o aspectos muy importantes de él. Pero si esa misma lesión se produce en el otro hemisferio apenas pasa nada, o son más imperceptibles”.

Pero no todo es tan sencillo, expone Labandeira. “En el derecho tenemos otras funciones, como la capacidad de cálculo o la orientación espacial. Pero realmente, las puertas de entrada y salida de información en el cerebro tienen una representación bilateral bastante clara; es suficiente con ver que tenemos dos ojos, dos orejas…”, explica el investigador.

Así lo concluye el profesor: “La medida que la asociación de las redes neuronales es más compleja, en funciones como el lenguaje, la interpretación de los rostros o el cálculo matemático, suele haber una mayor dominancia unilateral, pero realmente estas zonas gestionan muchísima información que procede de todo el cerebro”.

Dentro de esto, como explicaba el investigador al inicio del texto, “hay personas que tienen determinadas áreas más desarrolladas que otras; pero no es correcto decir, como se suele leer o escuchar, que alguien tiene un cerebro auditivo, o un cerebro visual. Ese concepto de dominancia es incorrecto”, concluye José Luis Labandeira.


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