Fertilidad: una cuestión vital llena de (falsas) creencias

No conseguir el embarazo deseado puede tener explicaciones sin fundamento pero también responder a realidades que sí determinan el misterio de la vida

En 2020 nacieron en la Unión Europea poco más de cuatro millones de niñas y niños frente a los casi siete millones que se registraban en los años 60. Un descenso de la tasa de natalidad que se debe, sobre todo, a los cambios socioeconómicos de las últimas décadas pero también a un aumento del porcentaje de personas que padecen esterilidad o infertilidad, 186 millones en todo el mundo, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La esterilidad es la ausencia de concepción después de mantener relaciones sexuales regulares sin protección después de un año mientras que la infertilidad es la incapacidad de llevar a término un embarazo, nos explica Efigenia Arias, profesora asociada de Obstetricia y Ginecología en la Universidad de Santiago de Compostela (USC). “La fertilidad es una esperanza, un proyecto muy importante para algunas personas y, cuando hay un problema, un cambio en los planes de futuro, eso puede llegar a ser un conflicto vital y tener consecuencias psicológicas. Si la causa es diagnosticada, la situación es clara, pero cuando no es así, cuando se desconoce el origen del problema, la gente busca una explicación, echarle la culpa a algo, entender lo que pasa”, asegura la ginecóloga.

Sin explicaciones, surgen los mitos

Las causas más frecuentes de la infertilidad que subraya la OMS son tanto femeninas como masculinas: trastornos ováricos o en las trompas uterinas en las mujeres y deficiencias en la calidad del esperma o en la producción de espermatozoides en los hombres, entre otras razones.

Efigenia Arias, que también es ginecóloga en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, afirma que a veces es difícil establecer un diagnóstico pero que en las consultas sigue sorprendiendo que sea el hombre y no la mujer, si se trata de una pareja, quien se encuentra en el origen del problema. “La mayor parte de las causas son un 40% de las veces femeninas, otro 40% masculinas y el resto no se consigue demostrar. Hay que entender que la fertilidad es de la pareja, en conjunto. Puede haber hombres que no tengan hijos con una mujer y con otra sí o una mujer muy fértil que compense a su compañero. Cada pareja es diferente, la fertilidad es cosas de dos”, insiste.

«La mayor parte de las causas de la infertilidad son un 40% de las veces femeninas, otro 40% masculinas y el resto no se consigue demostrar»

EFIGENIA ARIAS, ginecóloga

La torre de alta tensión cerca de casa, el teléfono móvil o el uso de anticonceptivos durante años, segundo afirma Arias, son solo algunos de los motivos sin fundamento que muchas personas que desean tener hijos y no lo consiguen, presentan como hipótesis. “También llama la atención que aún hay muchas creencias o ritos que se practican en nuestra sociedad como bañarse en la playa de la Lanzada, saltar las olas para mejorar la fertilidad o encender unas velas a un santo. Esto sigue existiendo”, nos cuentan la doctora.

La ginecóloga Efigenia Arias en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela.
La ginecóloga Efigenia Arias en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela.

La edad es una de las claves

El tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la obesidad y la exposición a algunos contaminantes ambientales son elementos que pueden afectar a la fertilidad, asegura la OMS. El estrés también es presentado muchas veces como el causante del problema entre aquellos que no alcanzan la meta tan deseada. “No tiene una relación directa con la esterilidad o la infertilidad. Si es un caso extremo sí, claro, provocando por ejemplo trastornos del ciclo menstrual. Pero lo que puede implicar el estrés es otra serie de factores como falta de relaciones sexuales o el retraso de la edad de maternidad. Digamos que es un factor de confusión”, explica Arias.

Y retrasar la edad de la maternidad puede ser una de las causas determinantes a la hora de buscar un embarazo, advierte la profesora de Ginecología de la USC. “La edad es una realidad. La fertilidad de la mujer desciende a partir de los 26 años y, sobre todo, a partir de los 35 de una manera muy acusada. Tendrían que existir determinadas políticas de educación e información o de conciliación laboral y familiar, para conseguir que las mujeres tuviesen embarazos más jóvenes y mejorar así la fertilidad global de la población. Políticas que irían también destinadas a los hombres porque, aunque no sea de una manera tan acusada, la edad paterna también cuenta”, afirma.

«La fertilidad de la mujer desciende a partir de los 26 anos y, sobre todo, a partir de los 35 de una forma muy acusada»

EFIGENIA ARIAS, ginecóloga

La ginecóloga también alienta a las mujeres que sufren endometriosis: “Es una de las causas a descartar cuando hay un problema pero es necesario recordar que la endometriosis no es sinónimo de esterilidad, incluso en un caso grave. Solo cuando la paciente busque un embarazo podríamos conocer su situación y, si es necesario, intentar encontrar una solución”.

Proteger nuestra fertilidad

La OMS defiende como uno de los elementos básicos de la salud reproductiva la prestación de servicios de calidad en materia de esterilidad y ayuda para la fertilidad a parejas heterosexuales, del mismo sexo, cuando se quiere tener un hijo en solitario o cuando se padecen determinados problemas de salud, por ejemplo.

Efigenia Arias por su parte, alerta de las enfermedades de transmisión sexual como la clamidia: “Es muy aconsejable que la gente use preservativo para proteger su fertilidad. Son enfermedades silenciosas que solo hablan cuando se quiere tener descendencia. Por eso, deberían existir campañas de información sobre los factores que dificultan la concepción en la población, sobre todo para la gente más joven”.

Para mejorar la fertilidad, la ginecóloga de la USC recomienda, para finalizar, tener una dieta equilibrada, hacer ejercicio, evitar el tabaco, mantener relaciones sexuales frecuentes y no obsesionarse con la fecha ideal del ciclo menstrual. “En los estudios que existen aún no está demostrado que un momento preciso sea el mejor para el embarazo”, concluye Arias.

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