Tecnoestrés: un fenómeno real, pero evitable

Las tecnologías nos facilitan la vida, pero su uso descontrolado puede afectar a la salud. Adaptación y organización son clave para cuidarnos

Trabajar, hacer la declaración de la renta, pedir comida, distraerse, controlar los latidos del corazón o encontrar a la pareja ideal. Las nuevas tecnologías forman parte hoy de nuestra vida cotidiana. Pero a medida que se instalan en el funcionamiento esencial de la sociedad, también cobra protagonismo el llamado tecnoestrés. Estudiado desde principios de este siglo, Ana López, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela, nos ofrece la definición de este concepto: “Hace referencia al estrés que está relacionado o que se ve incrementado por la sociedad de la información en la que estamos sumergidos”.

El estrés, en general, se puede traducir en una sensación de desbordamiento, de incapacidad de afrontar las demandas externas. Podemos tener dolor de cabeza, sentirnos irritados, sufrir insomnio, cansancio o inapetencia. “Cuando le añadimos el elemento de la tecnología a lo que hace referencia es a que estamos continuamente en contacto con el medio digital, que cada vez nos exigen más en nuestros trabajos, por ejemplo, con menos tiempo y más perfeccionismo. El problema es esa necesidad de estar continuamente conectados, por una parte. Pero por otra, hay mucha gente que está sufriendo dificultades no tanto por las exigencias que implican estas tecnologías, sino porque no son capaces de estar siempre al día”, asegura López.

Jornadas de correos y redes sociales

Según estadísticas de la UE publicadas en diciembre, un 93% de los hogares europeos tenían acceso a internet en 2022. Muchos de esos hogares se transformaron en oficinas improvisadas durante la pandemia de la covid-19 que había comenzado dos años antes y, sobre todo, un lugar donde pasar mucho tiempo. Aumentó el número de compras en la red, los cursos online y más de la mitad de los europeos buscó información relacionada con su salud.

Ana López, profesora de la Facultade de Psicoloxía da Universidade de Santiago de Compostela

Ana López alerta, por ejemplo, del uso excesivo que se hace hoy de los correos electrónicos en el trabajo y de la consulta incesante en nuestro teléfono móvil en busca de refuerzo, es decir, de una estimulación que nos haga sentir bien, como el fin de la ansiedad por la tarea pendiente al recibir respuesta. Una búsqueda que se intensifica en lo que se refiere a las redes sociales donde el refuerzo que se busca es social. “Es una manera de recibir atención por parte de los demás. Antes de la era digital nos íbamos a una fiesta o cuando estábamos en clase con los amigos, el hecho de que te hiciesen caso o te dijesen qué buena idea has tenido, ya era un refuerzo. Lo que ocurre es que hoy podemos recibir esos refuerzos las veinticuatro horas del día y es muy complicado ponerle freno a esto”, afirma.

Miedo al cara a cara

Los informes europeos más recientes subrayan también que un 95% de la gente joven de entre 16 y 29 años, hizo uso de la red a diario en el año 2021, en plena pandemia.

La profesora de Psicología advierte del uso excesivo de las redes sociales, y del digital en general, por parte de los más jóvenes pero recuerda que a la hora establecer límites, los padres deberían ser el ejemplo. “El problema que está teniendo la gente joven es que su manera de relacionarse está muy fundamentada en el tema digital, para ellos es esencial, es su línea de desarrollo al nivel de las relaciones sociales y esto está provocando problemas en la comunicación cara a cara, por ejemplo”.

López resalta el sondeo que realizó entre los estudiantes de su propia facultad preguntándoles si preferían relacionarse con sus amigos por mensajería instantánea, con audios o por teléfono. “La mayoría respondieron por mensajería porque de este modo, me explicaron, uno siempre puede rectificar o eliminar lo que se dijo si se piensa mejor la respuesta. Me sorprendió mucho, la verdad. Además, la comunicación no verbal, como la cara o el tono de la voz, se pierde casi totalmente en el digital”, asegura la científica de la USC.

La culpa no es solo de la tecnología

La nomofobia, otro de los términos asociados hoy al mundo digital, es la preocupación de estar lejos, llegar a perder o mantenerse desconectados durante un tiempo de nuestro teléfono móvil. Una situación de estrés que podríamos controlar buscando, por ejemplo, alternativas para pasar nuestro tiempo libre. “La tecnología puede ser una causa más pero nunca la única de nuestro estrés – afirma Ana López. La culpa no la tiene tanto el ordenador o el teléfono sino lo que dejamos muchas veces de hacer por culpa de ellos. Dejamos de tener un tiempo libre, un tiempo dedicado a cuidarnos, a descansar, a comer adecuadamente. Todo depende de la manera en la que utilizamos esos recursos”.

López asegura también que hablar de “pandemia digital” no es correcto porque, en realidad, hoy todos estamos obligados a utilizar los medios digitales, como en nuestra relación con la administración. “Tienen muchas cosas buenas pero o sigues ese camino o te quedas aislado y ese puede ser el caso de muchas personas adultas que simplemente no están al día con la tecnología”, nos recuerda la profesora.

La oportunidad de desconectar

Aprender a relacionarnos con el mundo digital parece ser la mejor receta, según Ana López, que también coordina el Máster de Psicología General Sanitaria en la USC.

Establecer tiempos concretos para gestionar nuestro correo electrónico, buscar alternativas para disfrutar de nuestro tiempo de ocio y, sobre todo, darnos a nosotros mismo la oportunidad de desconectar, son algunas de las pistas que nos ofrece la científica. “No nos tenemos que sentir culpables por dedicar un tiempo concreto a comer adecuadamente, a hacer ejercicio físico y a dormir porque eso es lo que va a permitir que podamos afrontar el día y las exigencias del ambiente. Siempre tenemos algo a lo que adaptarnos o acostumbrarnos y esto es un nuevo paso más que tenemos que dar”, finaliza López.

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