Juan Rodríguez Silvar.
Juan Rodríguez Silvar.

Juan R. Silvar: “Queremos seguir viendo, 40 años después, la ilusión en el rostro de los visitantes”

El biólogo y activista ambiental es uno de los miembros del equipo directivo del Museo de Historia Natural de Ferrol, que cumplió 40 años en 2019

El Museo de Historia Natural de Ferrol, que cumplió en 2019 su 40º aniversario, llega a la mediana edad atesorando algunas de las mejores colecciones naturalistas de la península ibérica, fruto del trabajo activista de la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), su entidad precursora.

Juan Rodríguez Silvar (Ferrol, 1953), biólogo, naturalista y activista ambiental, fue uno de los fundadores en 1976 de la SGHN. Rodríguez Silvar, junto con un nutrido grupo de estudiantes de Biología de la época, fueron quien de poner en marcha una institución pionera en Galicia, que tenía por objetivos fomentar el conocimiento, la divulgación y la defensa del medio ambiente gallego. Todo un reto en aquellos tiempos.

– El nacimiento del museo de Historia Natural de Ferrol parece en sus inicios una labor de activismo. ¿Cómo surge y por qué?

– En 1977 volví a mi ciudad natal por motivos laborales después de formar parte del núcleo fundador del Grupo Ornitolóxico Galego (GOG), en 1973, y su transformación en la Sociedade Galega de Historia Natural (1976), de la que fui secretario en ese tiempo. Llegar a Ferrol y continuar con el activismo de esos años junto a los socios locales nos pareció lo más natural, así que convocamos una reunión abierta en 1979, de la que salió la primera Delegación de la SGHN.

Nuestras iniciativas fueron bien acogidas en una ciudad nacida en la Ilustración, y con una larga trayectoria de gente ilustrada, de distintos orígenes profesionales, sindicales y asociativos. Nadie pensaba en museos entonces, pero nuestra presencia en un local particular prestado nos dio visibilidad, y pronto comenzó a llegar material procedente de la intensa actividad de caza de entonces, de las repetidas mareas negras o sentinazos y los varamientos marinos de tortugas, aves, lobos de mar y cetáceos.

– Hay mucho trabajo de colaboración hasta llegar a hoy en día. ¿Echas en falta más apoyos públicos, o de mecenas, en la actualidad?

– El museo es un milagro, por la confluencia entre la ilusión de una asociación y los sucesivos representantes de la ciudad, que supieron apoyar con la cesión de los locales y fondos públicos en la medida de sus posibilidades.

En 1983, la SGHN en Ferrol había conseguido una valoración social de bastante para que la corporación local de entonces nos había cedido, por convenio, un precario local sobre la Praza de Amboaxe. Allí nos mantuvimos hasta 2011, fecha del traslado a la llamada “Casa del Coronel”, en el cuartel de Sánchez Aguilera, desafectado por Defensa y cedido en uso y custodia al Ayuntamiento de Ferrol. Este acordó en 2006 autorizar la instalación en él de las colecciones de la SGHN, que ya saturaban el local de Amboaxe.

Esqueleto de ballena en el Museo de Historia Natural de Ferrol. Foto: SGHN.
Esqueleto de ballena en el Museo de Historia Natural de Ferrol. Foto: SGHN.

No obstante, el futuro debe reservar la emoción para la experiencia de los visitantes y de los voluntarios que apoyamos el trabajo cotidiano. Ahora hay que pensar y gestionar un museo actualizado, con una base más amplia de apoyo -público y privado, en mi opinión- para dar un salto cualitativo y permitir completar su restauración, conseguir las instalaciones necesarias para garantizar la conservación de las colecciones, ampliar la superficie expositiva que aún permite el edificio y contar con apoyo profesional calificado.

Este es el paso que estamos dando como entidad, trasladar desde la SGHN a la sociedad gallega la necesidad de apoyo económico y cívico para mejorar lo ya hecho. Queremos  seguir viendo la satisfacción y la ilusión en la cara de los visitantes o en los comentarios que dejan en las redes.

– Fuisteis un grupo pionero en España, nacido en Galicia, muy relacionado con los principales actores del movimiento ecologista y conservacionista nacionales, y con una clara orientación hacia el mundo y la sociedad. ¿Cómo se consigue esto en una época difícil, donde la dictadura seguía presente?

– La energía de los veinte años era útil, también la convicción de la necesidad de paliar la escasez de medios de aquella universidad gallega que nos tocó vivir, con iniciativa y contactos fuera de Galicia y de España. En los tiempos revueltos previos a la muerte de Franco, con huelgas, manifestaciones y cierres de facultades, la auto organización y la solidaridad eran obligadas en el académico. Y para una docena escasa de estudiantes de Biología, como decisión auto impuesta de comenzar a trabajar en el “conocimiento, divulgación y protección del medio natural gallego”, como se recogió en los estatutos del GOG aprobados por el Ministerio de Gobernación en vida del dictador con un nombre de la asociación en gallego, algo singular, visto con la perspectiva de los años.

Así iniciamos actividades y conseguimos poner a Galicia entre los pioneros del medio ambiente peninsular, gracias a los esfuerzos por asistir a las reuniones que iban surgiendo, conocer a los naturalistas de los que aprender, o escribir cartas con sello a científicos de todo el mundo que habían sido de referencia en los campos de interés. Tiempos de lentos correos postales, esperas para hablar por teléfono en locutorios, mucha generosidad humana y pocas certezas de conseguir nada.

– Desde vuestro nacimiento como institución estuvo presente la necesidad de abordar el conocimiento del medio ambiente, para divulgarlo y así protegerlo. ¿Cuál es tu balance en estos cuarenta años?

– El conocimiento de la naturaleza gallega, aunque bien sabido ahora, se debía, en buena medida, hasta mediados del siglo XX, a las aportaciones de curas ilustrados con formación naturalista, a las testigos esporádicas de visitantes foráneos, la figuras como el geólogo Schulz, o en la zoología, la figuras como la de López Seoane y Cabrera. Pero las secuelas de la Guerra Civil (la expulsión de Isidro Parga Pondal de la USC, un ejemplo) y la tardía constitución de la Sección de Ciencias Biológicas en Compostela, dejaban un terreno tan vasto para trabajar como yermo de referencias.

En 1977 nace la Educación Ambiental (EA) en Tiblisi. En 1979 se hacen las primeras jornadas españolas en Sevilla, y allí estábamos cinco docentes vinculados a la SGHN! Por entonces acabámamos de constituir en Ferrol la primera Delegación de la SGHN, y los principios de la Educación Ambiental encontraron terreno fértil, gracias a la información de primera mano y al interés de la mucha comunidad educativa, asistentes a varias Jornadas Pedagógicas de la época y abiertas a nuevas experiencias educativas en las que colaboramos dentro de lo posible.

Calamar gigante (Architeuthis dux) conservada en el museo de Ferrol. Foto: SGHN.
Calamar gigante (Architeuthis dux) conservada en el museo de Ferrol. Foto: SGHN.

El Grupo Ornitológico Gallego, consiguió hacer amplios censos de aves acuáticas y invernantes en coordinación con la Sociedad Española de Ornitología, anelar aves, o publicar Bubela, un boletín. Ya como SGHN se consiguió publicar Braña, la primera revista de Ciencia en gallego (1977), que aún vive en digital en nuestra web, cuadernos divulgativos sobre la energía nuclear, y contra de la caza de ballenas o sobre los incendios.

– ¿Cuáles consideras que son los principales hitos conseguidos?

– El Museo siempre mantuvo una posición firme e independiente a favor del medio ambiente, el hito de la publicación en 1995, de los dos volúmenes del Atlas de Vertebrados de Galicia (AVG), es para mí un marco singular de ciencia ciudadana. Iniciado en 1979 con un casi nulo apoyo institucional, consiguió la participación de doscientos colaboradores. El AVG fue, es, y será empleado como obra de la referencia de la fauna vertebrada gallega. Algo impensable en aquel lejano 1973.

– ¿Cómo fueron atesorándose las colecciones del museo?

– Las colecciones son el resultado de un esfuerzo indescriptible por parte de muchas personas y la colaboración con armadores, empresas, otras asociaciones afines y contadas instituciones.

– ¿Cuáles destacarías?

– Hay muchas a destacar. La colección osteológica de mamíferos marinos. La más llamativa parte de nuestra exposición, dominada por el esqueleto de una hembra de ballena común de 18 metros. También la colección monográfica de la caza de las ballenas. La actividad de caza, su importancia económica e impacto ambiental son presentadas por decenas de elementos.

La colección paleontológica de cráneos de la familia Ziphiidae, y otras colecciones paleontológicas. La interesante colección de grandes ejemplares marinos en líquidos conservantes o la colección de tortugas marinas. La colección Xavier Sóñora Gómez. Su herbario, colecciones conquiológicas y de crustáceos, además de sus útiles de campo y recuerdos relacionados con su formación. La colección Contralmirante Claudio Montero y Gay, una excelente compilación de unas 3.000 conchas de Filipinas, recogidas por este marino de Ferrol mientras estuvo al cargo de la Comisión Hidrográfica (1855-1862). La colección de artrópodos decápodos. Unos 100 ejemplares en seco o líquidos, conservantes. La colección entomológica y ornitológica. La geológica y de minerales y rocas. Y también es de destacar la Biblioteca de la Naturaleza. Nacida dentro de la Delegación de Ferrol cuenta aproximadamente cuatro mil entradas de libros y revistas sobre Naturaleza. Ya digitalizada, está en proceso de integración en la red de bibliotecas de Galicia.

El museo pasó de siete mil visitas anuales en 2016 a más de diez mil en 2018

– ¿Cuál es el perfil de visitantes?

– De 2016 a 2019 se fue incrementando el número de visitas de algo más de siete mil a superar las diez mil en 2018. En 2019 bajó algo y el impacto de la Covid-19 está siendo obvio. El perfil de origen es muy interesante: pese a recibir muchas visitas escolares organizadas, la mayoría de las visitas son libres, constituidas por mucho turismo con un perfil cultural. Son frecuentes grupos familiares procedentes del resto de Galicia y la península Ibérica, frecuentemente con gente joven, y especialmente en el período estival, Semana Santa, Carnaval, Navidad y alguna fiesta de otras comunidades, lo que desvela un interesante perfil turístico de Ferrol.

– ¿Cómo se afrontan las visitas en esta época de pandemia?

– Antes de la pandemia comenzábamos a recibir visitas de viajeros de los cruceros que hacen escala en la ciudad, queda ver como será el futuro de esta modalidad. Durante el confinamiento procuramos ofertar en la red contenidos del museo en la web y, tras el cierre, reinstalamos no pocas piezas de la exposición, diseñando nuevos recorridos y protocolos para cumplimiento de la seguridad. Poco a poco las visitas van llenando de nuevo las salas y con ellas vuelve la alegría de compartir ciencia.

– ¿Cuáles son los retos del Museo para el futuro?

– Si ya había debate sobre los museos en general y el nuestro en particular, la pandemia ha avivado el tema. ¿Qué debe “contar” un museo? ¿Cómo llegar a visitantes tan diversos? ¿Cómo “provocar” el interés por la ciencia, el respeto por la vida? Estas y muchas otras facetas son las que nos preocupan. Para eso debatimos entre nosotros, colaboramos desde 2016 con el Máster de Museos, Archivos y Bibliotecas de la UDC y otras entidades académicas, acogiendo alumnado en prácticas y procuramos participar en redes museísticas, de turismo científico y eventos formativos del sector, de interpretación del patrimonio, educación ambiental o cualquier otra que nos ayude a mejorar.

Se está también trabajando en una doble dirección: la integración en la red de museos y el estudio de fórmulas organizativas que garanticen el futuro del museo.

En todo caso, sea cual sea el medio y circunstancias de la visita, el reto es tratar de preservar el espíritu de esfuerzo y generosidad de tantas personas que hicieron posible tener en Galicia, en Ferrol, un pequeño y singular Museo de Historia Natural.

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