martes 5 marzo 2024

El monumental Ézaro espera a la Vuelta contra el reloj

La mole granítica del monte Pindo y su espectacular catarata hablan de un espectáculo geolóxico que dará la vuelta a las pantallas de medio mundo

Un paisaje monumental llegará a las pantallas de medio mundo este martes 3 de noviembre, con una de las grandes etapas de la Vuelta Ciclista a España. Porque el mirador del Ézaro, en Dumbría, será el final de la decimotercera jornada que saldrá de Muros, pasando por Carnota, para finalizar en el mirador dumbriés.

No será posible asistir al tramo final de esta prueba individual de 22,7 km de dura ascensión. Las restricciones por la Covid-19 tambén hacen que la organización de la Vuelta, Unipublic, recomiende no presenzar en vivo tampoco los tramos iniciales, mismo con máscara, para evitar aglomeraciones. Pero lo cierto es que el monte Pindo y la cascada del Ézaro van a ser protagonistas de un espectáculo deportivo que recorrerá medio planeta, y que en Europa servirá Eurosport.

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En este paisaje monumental los ciclistas encontrarán el monte Pindo, un lugar mítico, alrededor del cual giran numerosas leyendas y historias reales que asombran. Fue refugio para los maquis, albergó fortalezas desde la Edad Media y sus rocas esculpidas por la erosión ofrecen imaginativas formas. Su particularidad geológica también es responsable de un fenómeno casi único en Europa: un río que desemboca en la Cascada del Ézaro, un salto de 40 metros de altura.

El río Xallas recorre la comarca que le da nombre hasta que, nos sus últimos kilómetros, queda encajada por la mole granítica del Pindo. Este monte es una inmejorable atalaya que alcanza en el lugar de A Moa los 627 metros de altura. Desde la cima puede verse toda la costa entre el cabo Fisterra y la playa de Carnota, la más larga de Galicia.

O Pindo se generó en el interior de la #Terra hay 325 millones de años a 24 kilómetros de profundidad, aunque no quedó a cielo abierto debido la erosión hasta hay 200 millones de años. Ya en el Terciario, entre 65 y 24 millones de años antes de ahora, se formó el Xallas, un río nuevo, geolóxicamente hablando. De este modo, al encontrarse con una enorme masa granítica como el Pindo, el río no dio excavado su canal, por lo que aún queda a medio hacer.

Vista aérea do último tramo do río Xallas, entre o encoro de Santa Uxía e O Ézaro, incluída a fervenza.
Vista aérea do último tramo do río Xallas, entre o encoro de Santa Uxía e O Ézaro, incluída a fervenza.

Lo destacable es que en todas las rías gallegas se repite la situación del Ézaro, pero en el resto de los casos, la cascada está escondida bajo el agua. Si el nivel del mar había retrocedido a los puntos más bajos de la última glaciación, podríamos ver este tipo de fenómeno en muchas rías del país.
La espectacular cascada del Ézaro estuvo escondida durante años por la explotación hidroeléctrica de su caudal por parte de Ferroatlántica, propiedad del empresario Juan Miguel Villar-Mir. Desde los años 80 del siglo XX, el salto de agua fue una especie de Guadiana que solo podía verse de vez en cuando. En los primeros años, solo se abría cuando la empresa se veía obligada a aliviar el volumen de agua acumulado en las presa de Santa Uxía, río arriba. En el año 2000, Manuel Fraga y el empresario madrileño inauguraron una ‘cascada por horas’, que ‘abría al público’ los domingos de 12 a 14 horas, pero que el resto del tiempo era propiedad de Ferroatlántica. Hubo que esperar hasta el año 2011, con la denuncia du grupo ecologista, para que los tribunales habían obligado a Villar Mir a mantener el caudal ecológico mínimo que alimenta la catarata.

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