Lo que hace la Luna: las mareas, ¿y algo más? Por lo menos, no hay evidencia

Las investigaciones realizadas no encuentran vínculos entre los ciclos de la Luna y los partos, el comportamiento o el crecimiento de vegetales

El propio diccionario podría llevarnos a creer que la Luna provoca en los seres humanos algún efecto sorprendente. La RAE define como lunático/a o a aquella persona “que padece locura, no continua, sino por intervalos”. Escuchamos, igualmente, que alguien ‘está de luna’ cuando, por algún motivo que se nos escapa, su carácter se amarga y se vuelve irascible. En esta línea se mueven también las leyendas sobre los lobishomes o licántropos: personas que, a la luz de la Luna llena, se convierten en lobos que atemorizan a poblaciones enteras. En Galicia, la supuesta conversión del asesino en serie Romasanta en el siglo XIX ha mantenido la creencia muy viva hasta nuestros días.

Pero las creencias populares alrededor de la Luna no quedan ahí. Muchas personas sostienen que hay más mujeres que dan a luz cuando la Luna está llena. Por supuestas razones  atávicas, algo pasa en el organismo que llevaría a estimular el nacimiento de los bebés.

Y estas creencias se arraigan en la misma tierra. No son pocos los agricultores que tienen en cuenta, debido a una creencia transmitida generación a generación, de que la Luna determina el momento en el que hace falta sembrar, cosechar, regar más o menos o limpiar las malas hierbas o podar los seres vivos que crecen en los campos. Hay incluso almanaques que muestran un calendario lunar para marcar los períodos del año en el que la savia que alimentan las plantas sube y baja en función de las fases de la Luna. Muy bien, hemos escuchado alguna vez estas creencias pero, ¿qué hay de cierto en ellas?

Lo que es cierto: las mareas

Sin duda, el satélite de la Tierra es un elemento esencial para la vida en nuestro planeta. La interacción entre ella, el Sol y la Tierra genera un complejo y hermoso equilibrio con muchas caras distintas. Nos da eclipses, noches de gran claridad e infinidad de leyendas. La fuerza  gravitacional que ella ejerce al mesmo tiempo sobre nosotros, marca, por ejemplo, el ritmo de las mareas. Y sus distintas fases han llenado muchas, muchas páginas, durante la historia de la Humanidad.

Su influencia provoca por ejemplo, además de las mareas cada seis horas, las conocidas como mareas vivas, que en algunas partes del mundo, como es el caso de la costa de Galicia, pueden hacer subir y bajar varios metros el nivel del mar en algunas épocas del año. En esto, además del satélite, influyen la latitud y la longitud del lugar en el que nos encontremos y la interacción entre las corrientes de las grandes masas de agua y la tierra firme. Pero esta ya es otra historia que no vamos a contar aquí.

Y lo que ya no es cierto, porque no se ha demostrado hasta ahora

Sin embargo, hay otras cuestiones, como las comentadas al inicio del texto, que aún están, en parte, sin resolver. Proceden de siglos de acumulación de sabiduría popular que, aun teniendo muchas ventajas, aciertos y beneficios, también puede equivocarse. En la frontera entre la evidencia científica y estas creencias surgen varias preguntas.

El ser humano: ¿nacen más niños, o influye en nuestro comportamiento?

“Hay muchas creencias populares de que los ciclos de la Luna influyen sobre el comportamiento, de que la gente se vuelve más agresiva, o que incluso aumenta el número de partos, etc”, dice Olga Barca Mayo, líder del grupo de Biología Glial y Circadiana del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidade de Santiago de Compostela.

Aunque algunas investigaciones realizadas en las últimas décadas, con un reducido número de casos, parecían encontrar vínculos en aspectos como el ciclo menstrual, las tasas de criminalidad o el número de partos, las revisiones de estos datos e investigaciones más amplias parecen descartarlo. “Estudios más recientes, algunos de ellos metaanálisis con millones de casos, vieron que realmente no había relación ni evidencia significativa entre los ciclos lunares y el comportamiento, la incidencia de patologías mentales o los partos”, continúa Olga Barca. Menciona, en concreto, trabajos desarrollados en los Estados Unidos en los que se comprobaron los datos de hasta 70 millones de nacimientos. En Galicia también se ha abordado la cuestión: un estudio que usó datos de 45.000 partos recogidos por el Servizo Galego de Saúde “descartan cualquier influencia de la iluminación de la Luna en el momento del parto”.

Sesgo de confirmación

Hay, sin embargo, gente que sigue manteniendo la correlación entre las fases de la Luna y diferentes factores que influyen en el comportamiento del organismo. Pero hay que acudir aquí al sesgo de confirmación, tal y como explica Barca. “Cuando aumenta la delincuencia, o hay más partos, el hecho de que sea Luna llena se destaca; pero cuando eso no ocurre en esta fase, o bien cuando se produce en otras fases lunares, esto no se escoge para la evidencia. Esto va reforzando la creencia popular, pero está lejos de ser constatable”, explica la científica.

¿Y en la agricultura?

En algunas publicaciones se sostiene, del mismo modo que pasa con las mareas, que las fases de la Luna provocan cambios en la fisiología de las plantas. Y hay quien extiende este hábito a las matanzas en la ganadería, como la del cerdo. En el referente a los cultivos, por ejemplo, se dice que en el cuarto creciente y alrededor del plenilunio, la savia asciende y este momento es más acaído para recoger determinados frutos y hortalizas. Y también se apuntan recomendaciones para actividades como la poda, la siembra o limpieza de las malas hierbas, que en este último caso deberían cortarse después de la Luna llena para limitar su crecimiento tras arrancarlas.

“En la agricultura, la evidencia está mucho más extendida, pero científicamente tampoco hay ningún estudio que lo verifique“, continúa Olga Barca. La científica explica también por qué la supuesta influencia gravitatoria de la Luna sobre la fracción líquida de los seres vivos no es tal. “Hay que tener en cuenta tanto la escala como la proporción, porque en las grandes masas de agua, incluso en los lagos más grandes, el efecto de la Luna es de apenas 5 centímetros. Entonces, aunque nosotros o las plantas estemos formados en buena parte por agua, hay un estudio que explica que el efecto que tendría la fuerza de la Luna sobre nosotros es comparable a lo que podría tener en un mosquito; es decir, insignificante“.

¡El efecto de la luz!

La científica del  CiMUS advierte, con todo, que hace falta diferenciar entre los ciclos de la propia Luna y las posibles alteraciones que cause el efecto, no tanto de la fuerza gravitatoria del satélite, sino de su brillo. “En este caso, estaríamos hablando de un efecto circadiano, por causa de la luz, y no tanto por algo dependiente del ciclo lunar”, aclara.


Referencias:

–  What Has Been Thought and Taught on the Lunar  Influence on Plants in Agriculture?  Perspective from Physics and Biology (Agronomy, 2020).

–  The effect of the lunar cycle on frequency of births and birth complications (American Journal of Obstetrics and Gynecology, 2005).

–  Is it the moon? Effects of the lunar cycle on psychiatric admissions, discharges and length of stay (Swiss Medical Weekly, 2019).

Influencia de las fases de la Luna en los nacimientos: hechos y creencias (VI Congreso Gallego de Estadística e Investigación de Operaciones, 2003).


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