Elena Ojea, la gallega que busca un futuro sostenible para el océano

"Si no tomamos medidas en materia de mitigación, habrá que combinar la pesca con otra actividad o incluso abandonarla"

Con una mente inquieta maravillada por las ciencias, a la investigadora Elena Ojea le costaba decidir por que disciplina decantarse en la secundaria. Al descubrir que estudiando Ciencias ambientales podía poner en práctica conocimientos transversales no lo dudó. Ahora, años después de esa decisión, valora positivamente las puertas que esta le abrió, llevándola a desarrollar diferentes proyectos en el País Vasco, India, Costa Rica, California y Venecia. Desde 2016, desarrolla su labor en el Centro de Investigación Marina (CIM) de la Universidad de Vigo como investigadora dentro del programa Oportunius, impulsado por la Agencia Gallega de Innovación con el fin de atraer y retener talento investigador.

«Siempre lo cuento cuando voy a los institutos: yo no tenía una vocación de investigadora súper clara. Fue algo que fui descubriendo a lo largo de mi formación. Me enteré de que los problemas como el cambio climático o la crisis ambiental no se resuelven desde una disciplina concreta. Me siento cómoda trabajando en un campo en el que necesito saber un poco de cada cosa», remarca sobre su trayectoria.

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Estudiar Ciencias ambientales le requirió desplazarse hasta la Universidad de Salamanca, donde comprendió la importancia de las ciencias sociales y económicas a la hora de trabajar en cuestiones ambientales, por lo que decidió hacer su tesis de doctorado en economía ambiental. Con todo, también acabó por echar de menos el mar: «Como gallega que siempre vivió en la costa, en Nigrán, tuve curiosidad por los sistemas costeros, un tema con el que no tuve mucho contacto en Salamanca. Al hacer el doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela, pude centrarme en poblaciones de peces en peligro de extinción, aves marinas y demás».

Ampliando horizontes

Mientras Ojea finalizaba su tesis, nacía el Basque Centre for Climate Change (BC3), un centro de investigación multidisciplinar centrado en la investigación alrededor del cambio climático. «En aquel momento su director era Anil Markandya, uno de los referentes en la economía ambiental, y además funcionaba, y funciona, con una vocación internacional. Me pareció una oportunidad buenísima», explica la investigadora. Así, se presentó la una oferta de posdoctorado que tenían abierta y fue seleccionada. «Era un momento muy importante e interesante para introducirse en este campo, puesto que nos estaba cayendo encima un problema, pero aún no sabíamos todas las consecuencias que sabemos ahora», señala.

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Gracias a esa vocación internacional del BC3, la investigadora comenzó a trabajar en proyectos que la llevaron a visitar diferentes lugares, como India y Costa Rica: «Me abrió mucho las miras para hacer investigación, puesto que pude colaborar con gente que no era tan occidental como lo que estaba viviendo en España. Ahora intento seguir con esa visión global«.

Primera gallega en conseguir una ERC

Además de una estancia en el Centro Eni Enrico Mattei (Venecia) durante su doctorado, la investigadora también llegó a la Universidad de California de la mano del programa Marie Curie mientras continuaba vinculada al BC3. Allí estuvo un año completo y tres estancias posteriores de tres meses cada una, trabajando con los profesores Christopher Costello y Steve Gaines, «ambos referentes de la economía pesquera y la conservación marina».

El ambiente que vivió en California, «ambicioso e intelectualmente muy rico», la inspiró para escribir su propia propuesta para optar a una bolsa Starting Grant del Consejo Europeo de Investigación (ERC), convirtiéndose en la primera gallega en conseguirla. Además, gracias a esta, pudo volver a Galicia y entrar en contacto con el programa Oportunius. «Me dio la libertad económica e intelectual necesaria para poder escoger centrarme de nuevo en temas marinos», manifiesta Ojea.

La clave de la participación

En este ERC, que finalizó hace dos años, la investigadora combinaba metodologías de modelos bioeconómicos y de comportamiento individual de pescadores para entender de qué manera se pueden adaptar los impactos del cambio climático en la pesca. «Se llamaba CLOCK y trataba de llegar a la misma pregunta a través de las dos vías: cómo anticiparnos al cambio climático en la pesca y en la conservación marina«, explica.

Durante el tiempo que duró, ella y su grupo Future Oceans Lab analizaron cuatro casos de estudio en profundidad: la pesca artesanal de Galicia, Nayarit (México) y Shikoku (Japón) y la pesca industrial del atún en el País Vasco. El objetivo era aprender cuáles eran los diferentes tipos de respuesta que se presentaban en las comunidades ante el cambio climático, de qué dependían esas respuestas y hasta qué punto estaban influenciadas por las características sociales de las comunidades o por la gravedad de los impactos ecológicos que recibían. «El más importante que vimos es que, para adaptar las poblaciones costeras al cambio climático, lo que más se precisa es fortalecerlas de capacidades adaptativas sociales. La participación en la toma de decisiones es muy importante, así como la relación que tienen los profesionales de la pesca entre sí y con la administración».

La resiliencia climática

No obstante, a la hora de enfrentar los retos que se presentan, los investigadores también observaron dos posibilidades: «En muchos casos vimos que, aunque tengan las habilidades de adaptarse, a veces el impacto es tan grave que precisan de una transformación. Por ejemplo, en el caso del Japón vimos que el ecosistema está cambiando de bosque de laminaria a coral. Sus prácticas ya no sirven, por lo que observamos una transformación en la pesca. Cuando hablamos de adaptación, la capacidad de las comunidades para hacerlo va a depender de que sientan que pueden tomar decisiones, pero en el caso de la transformación se requieren otras capacidades, como la relación con otros agentes y administraciones».

Uno de los principales problemas a la hora de abordar el cambio climático es la previsión de los impactos que tendrán lugar y el grado de los mismos, una variable fundamental para que las comunidades puedan desarrollar estas habilidades necesarias para su adaptación a los nuevos escenarios. «Sabemos que hay determinadas cosas que podemos hacer para favorecer la resiliencia climática y reducir la vulnerabilidad, como intervenciones en la gestión u otorgar capacidades en la toma de decisiones. Estamos preparando las comunidades para prácticamente cualquier impacto, pero es cierto que si se tornan más intensos y fuertes en el futuro puede que no sea suficiente. Esto obligaría a la comunidad a transformarse, combinando la pesca con otras actividades o directamente abandonándola. Todo depende de lo que hagamos ahora en materia de mitigación«, manifiesta.

El futuro del laboratorio

Una vez finalizado el proyecto CLOCK, la prioridad de Elena Ojea fue mantener el grupo de investigación y el trabajo que realizan en él: «La estrategia fue participar en convocatorias europeas y nacionales, diversificando los proyectos que tenemos. En este sentido, actualmente trabajamos en áreas marinas protegidas del Mediterráneo, en soluciones al cambio climático que pasan por mejorar el estado de la naturaleza en Europa y continuamos con la investigación que realizamos en el ERC en otras comunidades, como en Chile».

Otro de sus objetivos es intentar impulsar a los investigadores, de manera que puedan guiar tareas y proyectos. «Esto, con el sistema actual de posdoctorado, es muy difícil, pero es lo que nos gustaría fomentar. Siempre se pide que la duración del contrato sea más larga que la duración de la propuesta, y eso con los tipos de contratos que hay ahora mismo disponibles es imposible. Por eso valoro mucho el Oportunius que tengo: me da estabilidad para seguir haciendo esto. Aun así soy consciente de que no hay ERC para todo el mundo, son muy competitivas y no debería ser el único camino para establecerse como investigadora«, defiende. Así, uno de los retos actuales en Future Oceans Lab es lograr la estabilidad en la carrera investigadora de las personas que lo componen, así como poder contar con más investigadores principales.

Un mejor futuro para el oceáno

Continuando con su estudio en las comunidades costeras, el grupo busca conocer que hay detrás de los comportamientos de la población ante el cambio climático: «Hay mucho que investigar ahí porque no se sabe cuáles son los puntos que hacen que el sistema entero se transforme. También nos interesa mucho vincular los agentes locales y sociales en nuestra investigación, trabajando con sus preferencias y en el codiseño de soluciones».

Además, cuentan con una vocación internacional, demostrada en la participación de Ojea en el último IPCC, y con la que buscan introducirse en los foros científicos que afectan a la toma de decisiones a nivel global: «Queremos ayudar a crear un futuro sostenible, para el océano y, por lo tanto, para todos».

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