Programador de videojuegos. Esta era a profesión soñada del investigador Diego Robledo durante la etapa escolar. Con todo, al llegar a bachillerato, reconoció para sí que realmente lo que le gustaba era jugar, no programar. Así, se decantó por su otra pasión: los animales. Después de estudiar biología y especializarse en genética, acabó viajando a Edimburgo para comenzar su etapa como investigador independiente. Con todo, ahora mira con esperanza su regreso a Galicia con el programa Oportunius, impulsado por la Agencia Gallega de Innovación con el fin de ofrecer condiciones favorables para atraer y retener talento investigador.
“Si hoy volviese atrás y tuviera que escoger otra carrera, sería algo en lo que estuviera en contacto con los animales todo el día. Por ejemplo, en un refugio o estudiando el comportamiento de los orangutanes. Además, siempre me interesó mucho la evolución y estaba acostumbrado a ver cosas de genética en la televisión, por lo que también fueron las materias que más me interesaron en la carrera”, recuerda sobre su etapa como estudiante.
Sobre su recorrido, destaca el hecho de dejarse llevar por las sensaciones que va teniendo: “No es que yo buscase trabajar en peces ni nada relacionado con la acuicultura. Me gustaba la genética y Ana Viñas, la profesora con la que mejor conecté y de la que quería aprender, trabajaba en esta área. Una cosa llevó a la otra y acabé entrando en el laboratorio y haciendo la tesis, pero tampoco había tomado la decisión consciente de ser investigador”.
El Instituto Roslin
Mientras realizaba su tesis, Robledo pasó seis meses en el Instituto Roslin (Universidad de Edimburgo) junto con el investigador Ross Houston. “Tenía poco más de 30 años y estaba comenzando su grupo de investigación. Conectamos muy bien, por lo que cuando finalicé la tesis, volví con un contrato en su grupo”, apunta.
Para el investigador esta es la clave en lo que respecta a la investigación y a la enseñanza, algo que destaca tanto en la vocación de Ana Viñas cómo en la de Ross Houston: “Es algo que no se valora mucho en la universidad, al menos en las ciencias. Llegas a ser profesor por tu carrera, pero no tienes por que tener una vocación por transmitir los conocimientos o una capacidad para despertar la pasión en otras personas. Sin embargo es fundamental. Sería ideal si tuviéramos profesores que disfrutasen de enseñar“. Por este motivo, considera que tuvo mucha suerte al dar con “gente normal” a lo largo de su carrera laboral, pudiendo trabajar además con personas con las que conectaba.
La primera oportunidad
Menos de tres años después de su llegada al Instituto Roslin, le ofrecieron una plaza como investigador independiente, puesto que valoraban su currículo y los trabajos que tenía realizados y también buscaban hacer crecer esta área de investigación. “Creo que estuve en el sitio y en el momento correctos. No quiere decir que no estuviese preparado. Hay mucha gente que lo está y, por diversas circunstancias, no llegan las oportunidades. Hay que estar preparado y pendiente de las oportunidades. Y estar dispuesto a cogerlas cuando llegan. Pero la suerte también está ahí”, afirma.
A pesar de contar ya con su propio grupo de investigación, Robledo no dejó de colaborar con Houston, con el que escribía proyectos conjuntos. Pero después de dos años realizando este trabajo, su mentor dejó de trabajar en el Instituto Roslin, de manera que Robledo pasó a gestionar toda el área: “Pasé de tener tres o cuatro personas a mi cargo a tener diez. Fueron unos momentos un poco difíciles, porque implicaba mucho más trabajo. De nuevo, tuve la suerte de que me llevé bien con todas ellas y eso facilitó mucho todo”.
Reflexionando sobre su trayectoria en el instituto, también reconoce que el ambiente que este proporciona a los investigadores es un factor fundamental para el desarrollo de sus carreras: “Estamos expuestos a nuevas tecnologías y avances científicos, lo cual ayuda a la hora de diseñar nuevos proyectos. Además, hay seminarios todas las semanas en los que los distintos grupos presentan lo que están haciendo. Se aseguran de que sepas qué está haciendo el del al lado“.
Los genes TRIM
Las buenas relaciones que llegó a hacer durante los siete años que duró su estancia en Edimburgo no eran ningún impedimento para continuar el contacto con su grupo de investigación gallego, ACUIGEN, de la Universidad de Santiago de Compostela (USC): “Es mi familia investigadora. Es un verdadero privilegio encontrarte con gente con la que estás a gusto, tanto trabajando como a nivel personal”.
Por esto, cuando vio la oportunidad de solicitar la bolsa Starting Grant del Consejo Europeo de Investigación (ERC) y entrar en el programa Oportunius, no lo dudó: “La línea principal de investigación en mi grupo del Instituto Roslin es la resistencia ante enfermedades de los peces mediante selección genómica. Es un proceso bastante intuitivo: si tienes una vaca que da más leche y la reproduces, la siguiente creación dará más leche que la media. Era el mismo concepto aplicado a las enfermedades. En el caso del ERC me salí un poco de este campo, movido por la curiosidad. Había observado que en muchas especies de peces había más genes de una misma familia, los genes TRIM, de los que debería haber. La pregunta es por qué estos genes y por qué se da este fenómeno en especies tan diferentes”.
Un programa puntero
Así, en el momento en el que le concedieron la bolsa, el investigador entró en contacto con el programa Oportunius, del que valora especialmente la libertad para desarrollar la investigación, los fondos y las oportunidades que este le otorga: “Es un programa puntero a nivel nacional. Como gallego, es un orgullo y un placer poder decir que no tiene nada que envidiar de otros programas internacionales”.
Toda vez que esta investigación comenzó en septiembre de 2023, el grupo aún se encuentra dando los primeros pasos. “Una de nuestras hipótesis es que estos genes están relacionados con un intento de degradar las proteínas virais. Los virus evolucionan muy rápidamente, por lo que la familia TRIM estaría expandiéndose y mudando continuamente para combatir los nuevos virus. De ser cierta, podríamos dar con una herramienta más para combatirlos en acuicultura y quizás otros patógenos”, explica.
Técnicas de edición genética
Además de investigar la evolución de estos genes e investigar cómo fueron cambiando entre unas especies de peces y otras, el grupo también busca utilizar la técnica de edición genómica CRISPR para entender la función de los genes TRIM: “Ya teníamos herramientas que habían podido cambiar el genoma, pero con esta técnica es muchísimo más fácil. Estamos desactivando genes y viendo qué le pasa al organismo. En los próximos 12 meses esperamos tener la información de qué es lo que están haciendo exactamente”.
Actualmente, Robledo continúa en Edimburgo por dos motivos: su responsabilidad con los estudiantes e investigadores y la adopción de su hijo. “Para mí es importante no dejar tirada a gente con la que trabajo, por lo que no me iré hasta que acaben la tesis o consigan un trabajo. Por otra parte, mi pareja y yo llevamos cuatro años en un proceso de adopción, que está a punto de finalizar, y al llevarse a cabo en Edimburgo no podía dejar mi trabajo aquí. Cuando se completen ambos procesos volveré a Galicia“.
Frentes abiertos
Teniendo en cuenta la situación global actual —cambio climático, aumento de población, escasez de recursos—, el investigador señala la necesidad de que la acuicultura sea capaz de conseguir más con menos. “Para eso es necesario que los peces no mueran por enfermedades, que sean más resistentes a choques térmicos o cambios de clima o lo que toque. Y además es urgente, no para dentro de 50 años“, manifiesta.
Otro de los aspectos que incide especialmente en la eficiencia y sostenibilidad de la industria de la acuicultura es la alimentación de los peces: “Muchos se alimentan de otros peces que hay que pescar. Hay que intentar respetar más el medio ambiente, por lo que también hay mucha investigación alrededor de los piensos vegetales, así como para generar menos desperdicios o usar menos antibióticos“.
Mirando al futuro
Mirando hacia el futuro de su área de investigación, Robledo intuye que las técnicas no variarán mucho, utilizando esencialmente la selección genómica y el CRISPR: “La edición genética aún no se puede utilizar en Europa, pero hay otros países en el mundo en los que sí. Japón ya comercializa estos peces y Estados Unidos y Argentina están en vías de revisión para pasar al mercado. En Europa, espero que más pronto que tarde, también tendrá que aprobarse esta herramienta que puede revolucionar el mundo de la producción animal y que seguramente tendrá aplicaciones en otros campos, como la sanidad”.
En este sentido, un aspecto fundamental a tener en cuenta es la ética, algo que para el investigador debe ser estudiado individualmente en cada caso y discutido en sociedad: “Los investigadores hacemos cosas y la sociedad es la que guía a la hora de decidir qué es ético aplicar y qué no. Con el CRISPR estás haciendo cambios, eliminando la función de un gen, y aunque puedan ocurrir cambios similares en la naturaleza, en estos primeros momentos en los que comenzamos a utilizar la técnica puede darse una aplicación algo basta. Esto puede tener consecuencias de muchos tipos en un animal y requiere que se valore de manera concreta”.
Riesgos y beneficios de la edición genética
Así, algunos de los ejemplos que utiliza para cuestionarse sobre la ética de utilizar la edición genética tienen en cuenta los riesgos y beneficios implicados. “Los pollos y las gallinas, después de tantos años de selección, crecen tan rápido que comienzan a mostrar problemas en las patas, entre otros. Seguramente no sea ético utilizar el CRISPR para que crezcan aún más rápido ni para que tengan más apetito. Con todo, puede serlo si lo utilizamos para mejorar el uso de los recursos, para que precisen menos pienso, afectando menos al planeta. También para hacerlos resistentes a las enfermedades, evitando el sufrimiento y las pérdidas, de manera que el sistema tenga un mayor rendimiento”, defiende.














