Estamos vigilados por nuestros aparatos inteligentes?

Tienen capacidad para escucharnos y vernos, pero está en nuestras manos gestionar su uso si queremos proteger nuestra privacidad

Móviles, televisiones, aspiradoras o pulseras inteligentes. Hoy vivimos prácticamente todos conectados en permanencia a la red. Enviamos vídeos, encendemos la calefacción a distancia, compramos ropa, hacemos la declaración de la renta y hasta cotrolamos nuestra tensión arterial. Un mundo conectado que facilita nuestra vida gracias, muchas veces, a simples aplicaciones gratuitas. Solo tenemos que disponer de un móvil inteligente o, mejor, de un ordenador que llevamos en el bolso y que también sirve para hablar, dotado de cámara y micrófono. Pero, ¿quién no se preguntó alguna vez qué ocurre con los datos a los que les damos acceso, por ejemplo, a los servicios de mensajería y llamadas por los que no pagamos?

“Hoy todo el mundo utiliza WhastApp. Si no nos cobra nada es porque el dinero lo saca de otro lado para mantener una infraestructura que cuesta millones. Ese servicio, por ejemplo, nos dice que las conversaciones están cifradas pero también sabe cuándo nos levantamos, cuándo nos acostamos porque dejamos de emplear el servicio o con quién hablamos más y cuánto tiempo. Todos esos datos analizados junto con los que obtienen en otras plataformas propiedad de la misma empresa, resultan ser “un perfil de usuario”. Y es eso con lo que ganan dinero las grandes empresas tecnológicas, haciendo lo que se llama segmentar usuarios por tipos, mandarnos publicidad personalizada”, nos explica Tomás Fernández Pena, Catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Tomás Fernández es catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la USC.

Leer la letra pequeña antes de aceptar las reglas

Los aparatos inteligentes de los que nos servimos a todas horas como nuestro teléfono móvil, “reciben en todo momento el sonido de nuestras conversaciones pero, en teoría -advierte el Investigador del CiTIUS, el Centro de Investigación en Tecnologías Inteligentes de la USC- no lo procesan, no lo analizan. Esa es la prueba de que nos escuchan continuamente porque activamos algunos servicios con nuestra voz”.

Para Tomás Fernández la ecuación es sencilla y nos recuerda que tenemos que pensar en si estamos dispuestos a ceder parte de nuestra privacidad, dejando que nos vigilen, a cambio de las facilidades que nos ofrecen porque, afirma, siempre somos nosotros los que les damos permiso para hacerlo cuando descargamos una aplicación.

«La prueba de que nos escuchan continuamente es que activamos algunos servicios con la voz!

TOMÁS FERNÁNDEZ PENA, catedrático de la USC

“Las informaciones pertenecen a las empresas que pueden venderlas, unas a las otras. Cuando aceptas las condiciones de uso de una aplicación, la letra pequeña que muchas veces ni leemos, es ahí donde se nos explica a lo que se comprometen a hacer con nuestros datos o no. El problema es cuando utilizan nuestras informaciones sin permiso. Muchas veces las aplicaciones solicitan acceso a la cámara o al micrófono sin que les haga mucha falta, tenemos que fijarnos en eso y gestionarlo. Pero también podemos desconectar el GPS y nuestra localización, y las empresas saben igualmente donde te encuentras por el uso de tus redes como Facebook o Instagram”, advierte Fernández quien nos cuenta, casi con reparo, que a mediados de los años 90 creó desde Estados Unidos la que fue, posiblemente, la primera página en la historia de la redes que hablaba de Galicia.

Aplicaciones maliciosas que actúan sin darnos cuenta

Además de los servicios que nos ofrecen los aparatos inteligentes que empleamos, el simple hecho de tener el móvil con nosotros puede facilitar que se nos localice con precisión en caso de que nos ocurra cualquier cosa, como perdernos en la nieve, gracias a las antenas de telefonía, sin necesidad de estar conectados a la red. Frente a las ventajas, Tomás Fernández también enumera otros riesgos de utilización de estos aparatos en los que guardamos en muchos casos hasta nuestra información más íntima y privada como nuestros datos bancarios.

“Los sistemas de seguridad también se refuerzan de manera continua, como ocurre con las aplicaciones de los bancos en la red. El problema son las aplicaciones maliciosas, el llamado malware, aquellas que no instalamos conscientemente y que pueden acceder a nuestros datos llegando incluso a descifrar nuestras contraseñas o captar imágenes encendiendo la cámara sin permiso y sin que nos demos cuenta. Pero, insisto, somos siempre nosotros los que primero instalamos, aunque de manera inconsciente, esas aplicaciones”, afirma.

«Los sistemas de seguridad también se refuerzan de manera continua como las aplicaciones de los bancos en la red»

TOMÁS FERNÁNDEZ PENA, catedrático de la USC

Secuestro de datos a las empresas a cambio de una cantidad de dinero, espionaje industrial o por parte de los gobiernos a las personas, tentativas de influencia política, clonación de tarjetas bancarias o bloqueo y captación de las informaciones que ofrecen nuestros aparatos inteligentes sobre nuestras propias casas. Los ejemplos no faltan en los últimos años con la red convertida en un tráfico incesante de información “que puede ser empleada de manera legítima o no para influenciarnos en todos los aspectos de nuestras vidas, como lo hacen cuando necesitamos comprar un producto”, deja claro el Catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores.

Gestionar para proteger nuestra privacidad

Tomás Fernández reconoce que, en ocasiones, puede llegar a ser difícil además de laboriosa una gestión idónea y consciente de nuestra privacidad y de nuestra conexión a la red a través de nuestros aparatos inteligentes. La legislación existente al respeto, sigue el ritmo de los avances tecnológicos “siempre por detrás, aunque en la Unión Europea contamos con uno de los sistemas de reglas más avanzados en comparación, por ejemplo, con Estados Unidos donde las empresas pueden hacer prácticamente de todo, el sistema es mucho más laxo”, explica.

Revisar los permisos que damos a las aplicaciones de las que hacemos uso, actualizar cuando se nos pide los sistemas que empleamos para reforzar la seguridad y emplear siempre que sea posible aplicaciones de código abierto en las que se puede controlar si algo está ocurriendo fuera del normal, “aunque esos códigos existen sobre todo para ordenadores, no para móviles”, nos aconseja Fernández.

«Tapar la cámara del ordenador puede ser útil si tienes la sospecha de un programa malicioso instalado»

TOMÁS FERNÁNDEZ PENA, catedrático da USC

Y no podíamos finalizar esta conversación con el Investigador del CiTIUS sin preguntarle si debemos poner o no un poco de papel tapando la cámara de nuestros ordenadores cuando estamos trabajando, por ejemplo.

“Puede ser algo bueno, nunca se sabe. Yo no lo tengo puesto, la verdad, pero sí es útil si existe la mínima posibilidad, la mínima sospecha, de que tengas un programa o aplicación maliciosa en el ordenador. A mí, personalmente, me preocuparía más que la cámara, la grabación del teclado porque estarían detectando lo que estás escribiendo, tecleando, y los sitios a los que estás accediendo enviando quizás contraseñas o información muy privada”, asegura, para concluir, Tomás Fernández.

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