Odio los lunes

Relato gañador do Premio do Público no certame Inspiraciencia

Autor: Andreu Blanco Cartagena (Vigo)

Miro a la derecha, una pared. Miro a la izquierda, otra. Recorro con mis ojos toda la estancia, como siempre. Sólo veo a través de las rejas que tengo en frente. Esta cárcel de acero no es un buen sitio para estar y yo sigo sin saber porqué estoy en ella. Una manta mugrienta en el suelo es lo único que me da calor aquí, ¡qué generosos! Apenas me puedo mover y mi celda cada vez huele peor. El hedor no sólo viene de mí, puedo oler los excrementos de mis compañeros. Oigo llantos, pero nadie habla. Se abre una trampilla por donde nos pasan la comida, cada día igual, cada día lo mismo.

Entre los barrotes solo se ve oscuridad. ¿Será de día o aún es de noche? Llevo tanto aquí dentro que he perdido la noción del tiempo y sólo la blanca luz de los halógenos marca el ritmo de mis días. Sólo espero que no sea lunes. Los lunes me toca vacuna, y la vacuna me deja hecho polvo. Durante tres días me dan unos mareos que me quitan hasta el hambre, aunque total, para lo que me dan de comer, mejor ayuno.

Oigo la puerta y unos pasos firmes recorren el pasillo, cada vez están más cerca y yo cada vez me alejo más de los barrotes de mi celda. Me agazapo en la esquina esperando que no me toque a mí. Hoy es lunes. Me cogen y me arrastran por un suelo resbaladizo en el que me es imposible agarrarme. Me tapan la boca para que no grite y me ponen cadenas para que no huya. Intento zafarme de ellos, intento andar hacia atrás, pero es inútil, estoy tan débil que no puedo con ellos.

Me llevan a una sala y un intenso olor a esterilidad inunda el ambiente. Este olor es incluso peor que el de mi celda. Me atan a una mesa de metal y no puedo mover ninguna de mis extremidades, el frío acero de la mesa en mi espalda me provoca un escalofrío que recorre mi espinazo. La intensa luz sobre mis ojos me indica que ya están aquí, hombres con batas y guantes que vienen a ponerme la inyección, dicen que me hará dormir. Siento como me clavan la aguja y un calor recorre mis venas, empiezo a salivar y me pesan los ojos. Me tumban en una mesa de plástico duro y me inmovilizan. Han salido todos de la habitación y han apagado las luces, ¿será mi liberación? De repente la mesa empieza a desplazarse hacia dentro de un tubo y aunque tengo los ojos cerrados oigo ruidos, bip, bip, tu, tu, tu, tu, bip, tri, tri, tri tri, bip. Me estoy poniendo muy nervioso y mi corazón se acelera. Sólo este chirriar incesante rompe el silencio.

Todo ha pasado, abro los ojos y veo borroso, mientras un rítmico bip anuncia que sigo con vida. No sé si eso me tranquiliza o me horroriza. Los mareos cada vez son más intensos y, aunque lo intento, no me tengo en pie. Me tumban de costado en una camilla, ya sin atar. Saben que ahora mismo no podré ni incorporarme. Me dejan sobre la cochambrosa manta de mi celda y, como siempre, empiezan los vómitos; ¿será el olor a rancio de este sitio, será el mareo o será la vacuna? ¡Qué más da! Mi cuerpo no responde a ningún estímulo y duermo. Duermo mucho tiempo.
Abro los ojos y, aunque sigo mareado, ya puedo ponerme en pie. Oigo pasos por el pasillo, pero estoy tranquilo, hoy no es lunes. Cada vez oigo los pasos más cerca, ¿vienen hacia mí? Tembloroso me escondo en la esquina de mi celda, aunque sé que nada puedo hacer si vienen hasta aquí. Efectivamente, me sacan de la celda y, aunque apenas puedo sostenerme, me vuelven a tapar la boca y a atar con cadenas, ¿dónde se creen que voy a ir? Afortunadamente no me hacen andar, pues no puedo ni dar tres pasos seguidos. Me suben a la camilla de acero, fría, como todo aquí. Entran dos hombres de bata blanca, muy contentos, me dicen que ya no tengo rastro de cáncer. ¿Cáncer? ¿Qué demonios es eso? Me llevan al patio trasero, donde me deslumbra el Sol. El olor de la primavera entra por mi nariz hinchando mis pulmones con el frescor del aire. Estoy en el exterior. Me acarician el lomo y la luz del sol calienta mi hocico. Los oigo hablar lejos: “Muy bien chicos, después de los perros, el siguiente paso en el estudio preclínico son los monos”.
¿Qué demonios es un estudio preclínico?

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