Febrero de 2024. Una mujer de 51 años se somete a una revolucionaria cirugía. Su trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) no responde a la medicación y su única esperanza es pasar por quirófano para implantar dos electrodos que modulen su actividad cerebral. Un año después del hito conseguido en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, los neurocirujanos Pablo Sousa y Laura Serrano, encargados del caso, confirman que la respuesta de la paciente fue “muy buena” y que mejoró considerablemente su calidad de vida. Pero no fue la única. El hospital vigués consiguió en el plazo de un año operar a otro enfermo de TOC, abriendo una vía de esperanza a aquellas personas sin alternativas porque la medicación no surte efecto. El equipo de psiquiatría considera que los resultados de esta operación “espectaculares”.
“Es una técnica muy novedosa que se aplica la pacientes en una situación clínica desesperada. El objetivo es modular la actividad cerebral sin que experimenten efectos secundarios. El 70% de los enfermos que se someten a esta operación experimentan una mejoría”, matiza Sousa. El Cunqueiro es uno de los pocos hospitales españoles que aplican este método de constatada eficacia. El 2% de la población —más de 54.000 gallegos— tienen TOC y entre un 20% y un 40% de los que presentan un trastorno grave no responden a los tratamientos, por lo que la vía quirúrgica es la única opción.
Técnica poco invasiva
La iniciativa de realizar estas intervenciones en Vigo partió de Sousa y Serrano. El equipo de psiquiatría le había trasladado la situación de pacientes que habían agotado todas las vías disponibles para mejorar su situación clínica, por lo que los dos neurocirujanos decidieron comenzar con esta técnica, pionera en Galicia. El objetivo es implantar dos electrodos, uno en cada hemisferio cerebral, de la manera menos invasiva posible. Esto se debe a que las personas con TOC tienen un circuito cerebral reverberante. Es decir, sus conexiones neuronales “funcionan más intensamente del que deberían”. A través de dos pequeños orificios en el cráneo se implantan los dos electrodos.
Este mecanismo está conectado a una batería subcutánea que se sitúa debajo de la clavícula del paciente y que produce impulsos eléctricos a una diana concreta. “El resultado es que estas descargas inhiben el circuito cerebral. En definitiva, el objetivo es reducir al máximo la sintomatología del trastorno, cambiando la actividad cerebral de manera controlada”, según las declaraciones de Sousa y Serrano hace un año, cuando se dio a conocer el éxito de la primera cirugía en una mujer de 51 años de la comarca de Vigo. Segundo cuentan ahora, ya hay candidatos de las áreas de Lugo y de Ourense.
A pesar de que se trata de una técnica segura, sin apenas efectos secundarios y con una rápida recuperación, es una intervención compleja desde el punto de vista de la planificación. “Para decidir dónde colocamos los electrodos nos basamos en imágenes de alta precisión, por lo que necesitamos un TAC intraoperatorio en el quirófano. Entre la planificación previa y las pruebas de imagen fusionadas buscamos las coordenadas en el espacio. Es decir, el punto exacto en el que colocar los electrodos”, explica el neurocirujano.
“Resultados espectaculares” en el TOC
Tras la operación, indica Serrano, el equipo hace un seguimiento de la herida y del sistema instalado. Una vez que todos los parámetros son correctos y no se detecta ninguna incidencia, el paciente pasa a realizar su seguimiento en el servicio de Psiquiatría del Cunqueiro, liderado por Raúl Vázquez-Noguerol. El experto declaró hace un año que esta técnica, basada en la estimulación cerebral profunda, tiene constatada su eficacia con “resultados espectaculares”. “Experimentan una mejoría del 70%, que es un índice muy alto para estos pacientes, ya que puede disminuir el sufrimiento que la enfermedad causa y permitir mejorar su funcionamiento social e incluso reincorporarse al mundo laboral”, indicaba.
El TOC es uno de los trastornos más incapacitantes que hay, según la Organización Mundial de la Salud. Sus elementos más característicos son las obsesiones y las compulsiones. Las primeras se definen como pensamientos, impulsos o imágenes metales intrusivos, no deseados y que provocan ansiedad. Así lo define el Instituto Nacional para la Salud Mental de los Estados Unidos. En lo que respecta a las compulsiones, son una especie de respuesta a la obsesión y, por tanto, conductas repetitivas que no se pueden evitar hacer. Por ejemplo, lavar constantemente las manos ante el temor irracional de que un familiar fallezca si no se lleva a cabo el ritual.
El comité clínico
“Las obsesiones y las compulsiones son muy diferentes en cada paciente pero todos se sienten muy limitados. Pasan tanto tiempo realizando sus rituales que dejan de hacer su vida. Por lo tanto, la mejoría que experimentan tras la operación debe analizarse de manera individualizada”, matiza Serrano. Y, sobre todo, los dos neurocirujanos ponen énfasis en que la intervención solo está destinada a un grupo muy concreto de pacientes y que no es una opción extendida. Los que se sometan a la operación tienen que ser casos evaluados previamente por un comité clínico. Ahí se valoran, entre otros aspectos, la intensidad de las obsesiones, cuanto afectan a su calidad de vida y su estado de ánimo y, en general, la gravedad de la enfermedad.
El objetivo que defiende Sousa es que se puedan realizar entre 15 y 20 operaciones anuales, así como convertir el Cunqueiro en el “centro de referencia gallego” para el tratamiento quirúrgico del TOC. A pesar de que este tipo de intervención solo se centra en este trastorno, los neurocirujanos abren un amplio abanico de posibilidades. Tal vez, en el futuro, y respondiendo a los estudios experimentales actuales, esta misma técnica se pueda aplicar a otras enfermedades como la anorexia, el síndrome de Tourette, la depresión mayor refractaria, la esquizofrenia y algún caso de alzhéimer. “De momento todo esto está en la esfera de lo experimental y son casos muy aislados”, matiza Sousa. Sin embargo, a la vista de los resultados con el TOC, esa vía de esperanza tal vez se amplíe, con el tiempo, a otros trastornos igualmente incapacitantes.















Hola escribo este mensaje porque no sé cómo hacer cuando mi hijo ,de 33 años ,está en plena crisis de su TOC.A mi hijo le diagnosticaron toc con 20 años ,estuvo en terapia intensiva en el centro toc granada ,antes vivíamos allí.pero hace ocho años nos mudamos a Vigo y hemos probado con varios sicologos,le han aconsejado escribir,hacer ejercicios,saunas incluso que le haga caso a su toc …ahora está tomando SENTRALINA ,ya va por 150 mg y no le hace nada ,lleva unos seis meses con ella,empezó con 50 y ya va por 150.
Cuando le dan sus crisis ,por llamarlo así,es desesperante pero , mas desesperante es no encontrar ayuda en Vigo sino es pagando y a su vez ,encontrar un sicologo que sepa manejar bien el TOC,como podría mi hijo ver a estos profesionales?hasta qué punto hay que llegar para que traten en condiciones este transtorno y den con una solución que al menos,deje vivir medianamente tranquilo a una persona ?
Mi hijo emepzo con toc suicida,de amores,homosexual ,miedo a las alturas por temor a tirarse,a los cuchillos por temor a cortarse,rumiante,y el que más le persigue es el de cambiar de teléfono cada dos por tres ,su toc le repite una y otra vez que tiene que cambiar de teléfono.y el pobre trabaja vendiendo teléfonos …..así que si a través de este comentario me pueden dar algún contacto o medio para poder hablar con un buen especialista se lo agradecería ,mi miedo es que al estar tan desesperado cometa una locura ,gracias de corazón