El reciclaje es ese proceso de reincorporación a la cadena productiva por el cual ciertos materiales usados o tirados al contenedor consiguen una nueva vida. No obstante, se trata de un acto que siempre genera muchas dudas: ¿Qué va en cada uno? ¿Por qué es tan importante separar bien los residuos?
Como norma general, existen seis contenedores: el azul, el verde del vidrio, el amarillo, el verde del aceite, el blanco y el de las pilas. Sin embargo, en Vigo aparece una nueva incorporación, el contenedor marrón, una iniciativa creada entre el Ayuntamiento y FCC Medio Ambiente para tirar la materia orgánica y, con estos residuos, producir un fertilizante natural rico en nutrientes.
Entonces, ¿para qué sirve cada uno de ellos y qué no se puede depositar en su interior?
Siete contenedores, siete colores
Existen siete contenedores en Vigo con siete colores distintos para poder diferenciarlos y no errar.
El contenedor verde sirve para depositar botellas, tarros y frascos de vidrio, por el que no se pueden depositar ni vasos, copas, espejos, lámparas o cerámica. Mientras, el contenedor azul es para papel y cartón, pero con un matiz importante: tienen que estar limpios, por el que no se incluyen ni papeles sucios, servilletas usadas o briks. Estos últimos se tiran en el amarillo, en el que también van los envases de plástico y las latas, pero no se pueden juguetes, cubos, utensilios u objetos que no sean envases. De hecho, siempre que se pueda, se deben eliminar los restos orgánicos de los envases previamente.

Pero, ¿dónde van estos residuos orgánicos? Al contenedor marrón, destinado exclusivamente a restos de comida, mondas de frutas y verduras, cáscaras de huevos, huesos, conchas de marisco o frutos secos, además de papel de cocina sin tintes, restos de plantas y tapones de corteza. Por el contrario, no se pueden depositar restos de barrer, ceniza, colillas, pañales, productos higiénicos o excrementos de animales de compañía. Además, todos los residuos deben ir metidos en una bolsa compostable.
Vigo suma otros tres depósitos especializados: uno para las pilas usadas, otro para el aceite y uno para ropa y calzado. Además, cuenta con puntos limpios fijos, móviles y de cercanía. Allí se tiran tapones de botellas, libros y revistas, residuos de aparatos electrónicos y eléctricos de pequeño tamaño, baterías usadas, lámparas de bajo consumo, cartuchos de tóner y aerosoles, además de cápsulas de café, radiografías, y CD’s, DVD’s y cintas de vídeo.
Errores clásicos
En una tarea como el reciclaje, donde entran en juego tantos tipos de contenedor, también aparecen errores que se repiten hasta que no se aprenden. Por ejemplo, el contenedor amarillo está pensado para envases, pero no se puede meter en él cualquier objeto de plástico. Por otra parte, en el caso del verde existe una confusión: vidrio y cristal no son lo mismo, aunque visualmente se asemejen, pues tienen una composición distinta; por ello no se pueden depositar vasos en él.
Otro factor importante es la suciedad. En el caso de una caja de pizza, podría pensarse que va directamente al contenedor azul; con todo, hay matices. Si el cartón está limpio, se deposita en el azul, pero si tiene grasa o restos de comida, tiene que ir al contenedor de fracción resto, el de la basura.
Consejos para reciclar mejor
Con esta guía de contenedores y colores será más sencillo reciclar mejor. Pero, para complementar, aquí tienes una serie de consejos para llevar al máximo esta tarea:
—Hacer un reciclaje consciente. Si tienes dudas, primero pregúntate qué es lo que vas a tirar. Por ejemplo, si es un envase de plástico, metal o brik, ve en el amarillo; si es de papel o cartón limpio, al azul; y, si finalmente es de vidrio, al verde. Los residuos orgánicos se depositan en el contenedor marrón.
—Reducir los envases o productos de usar y tirar. Una buena opción es optar por productos envasados en materiales que después se pueden reciclar con mayor facilidad, como cartón, papel o vidrio.
—Usar el contenedor marrón y optar por el compostaje orgánico, que se traduce en un incremento de la fertilidad con la que se podrán producir frutas y verduras, mejorando la calidad del suelo y reduciendo el uso de productos químicos.
—Elegir productos de origen reciclado y, en consecuencia, reducir la necesidad de extraer materiales nuevos de la naturaleza o recurrir a recursos energéticos para procesarlos.
—Buscar formas de reutilizar los recursos textiles antes de echarlos, convirtiéndolos en trapos o empleándolos para hacer manualidades.
—Optar por la reparación de objetos siempre que sea posible y económicamente viable.














