“No hay un viaje mejor que otro, lo que define al viajero es la curiosidad”

El documentalista Daniel Landa habla sobre "Atlántico", un proyecto que parte de Fisterra y acabará en Santiago tras recorrer América, África y Europa

Daniel Landa es una voz autorizada para hablar de viajes porque vive prácticamente en ruta. Su gran labor como documentalista pudo verse en las series “Un mundo aparte” y “Pacífico”. En esta última viajó junto a otros dos compañeros durante un año por Asia, Australia y Nueva Zelanda para mostrar de forma magistral al espectador la fascinante naturaleza y la diversa geografía humana de la zona.

Su nuevo proyecto comenzará en pocas semanas en Fisterra y también terminará en Galicia. Se llama “Atlántico” y supone viajar durante dos años en los que su equipo transitará por Europa, África y América para concluir realizando a pie el Camino de Santiago. Al otro lado de los kilómetros recorridos, Landa insiste en que lo que define al viajero es la inquietud por conocer nuevas cosas.

– ¿En qué consiste vuestro próximo proyecto, Atlántico, que vais a iniciar en breve en Fisterra?

– Atlántico da continuidad a nuestro proyecto anterior, Pacífico, y pretende cambiar de localización pero sin cambiar el sentido último, que es acercarnos a las comunidades indígenas que vamos a encontrar en la ruta. Se trata de unir viaje y antropología. Comenzaremos el viaje en un lugar mágico, como es Fisterra, y luego bajaremos hasta África para llegar al extremo sur de ese continente, el Cabo de las Agujas. Desde ahí saltaremos a la isla de Tristán da Cunha y después al extremo sur de Argentina, Ushuaia. Recorreremos todo el continente americano siguiendo la costa atlántica a lo largo del año 2020. Después cruzaremos a Groenlandia e Islandia y a Europa continental. Ya en el año 2021 llegaremos a Roncesvalles y emprenderemos la etapa final del viaje a pie haciendo el Camino Francés. Nos gustaba la idea de terminar el viaje en nuestro país y hacerlo andando en el Año Jacobeo.

Los pueblos indígenas serán el objetivo de “Atlántico”.

– En Pacífico el interés por los pueblos indígenas y los contrastes con otras formas de vida era uno de los ejes de la serie. ¿Va a ser también uno de los objetivos de Atlántico?

– Sí, aquí vamos a tener unos contrastes  interesantísimos porque vamos, por ejemplo, a remontar el río Congo y a encontrarnos con las tribus que hay allí, pero también vamos a explorar Nueva York y ver cómo se vive en los pueblos de las Rías Baixas gallegas. Viajaremos por el Amazonas pero también visitaremos las Antillas y los poblados esquimales. Queremos ir al otro lado de la visión más habitual de los pueblos indígenas. En definitiva lo que llevo haciendo a lo largo de toda mi carrera es tratar de tender un puente con estas culturas para entender al ser humano en toda su complejidad y rescatar valores que en Occidente están olvidados. Y no se trata tanto de criticar a nuestra sociedad como de mostrar los contrastes que existen en el mundo.

– En la parte final vais a recorrer el Camino de Santiago a pie. ¿Crees que esta ruta resume en cierta manera las características ideales del concepto de viaje?

– Sin duda que para mí el Camino reúne las características ideales del viaje. Ya tuve la oportunidad de hacerlo en 2011 cuando recorrí los 900 kilómetros a pie. Hay que tener en cuenta que es un viaje que mucha gente comienza en solitario y termina acompañada. Posiblemente se trata del viaje interior por excelencia, aunque yo creo que el viaje tiene que ser una experiencia exterior también. En el Camino se puede encontrar ese viaje con un poso humano y más reflexivo y puede llegar a cambiarte en muy poco tiempo de una manera muy importante. Permite encontrarte de nuevo contigo mismo y eso lo convierte en un gran viaje.

“El Camino de Santiago es un viaje más reflexivo y puede llegar a cambiarte en poco tiempo de manera importante”

– ¿A qué crees que se debe la fuerza que tiene el Camino en todo el mundo y que tanta gente venga a hacerlo?

– El Camino atrae a la gente inquieta, es un entorno perfecto para conocer gente y eso hazlo muy atractivo. Se trata de una peregrinación, y sea religiosa o no, hay una parte espiritual que supone que las almas se van acompañando durante el viaje. Más que de llegar a conocer mucha gente, la idea creo que es la de compartir un camino y eso lo convierte en algo especial. Además, vivimos en una época de sobreexposición a cosas intangibles, y el Camino permite desconectar de eso y te engancha a otros valores. Puedes hablar con gentes de lugares muy diversos y descubrir la conexión que se construye entre ellos. En mis viajes trato de desconectar y disfrutar de las cosas sin las redes sociales, y en el Camino es fácil hacerlo.

–  Has recorrido buena parte del mundo durante tus viajes; ¿qué paisaje o experiencia resultó más sorprendente?

Imagen de la serie “Pacífico”.

– Las experiencias más seductoras son las que vives en las antípodas culturales, en entornos hostiles donde acabas descubriendo que también hay una gran humanidad. Nos sucedió en la isla de Diomedes, a mitad de camino entre Rusia y Alaska. Nos recibieron con desconfianza porque habían tenido un problema con periodistas anteriormente y pasamos unos días complicados con unas temperaturas muy extremas, pero al final se fueron abriendo y acabamos pescando y comiendo carne de oso polar con la gente del lugar. Este tipo de cosas te conmueven. En un lugar totalmente distinto como  Papúa-Nueva Guinea nos pasó algo similar con los indios Korowai. Allí nos ganamos su confianza también poco a poco y al final nos trataban como iguales. Al final estos lugares se acaban rigiendo por normas sencillas como el honor, el amor o la confianza.

– Viajar es una forma de vida que a todo el mundo parece seducirle en un principio, ¿pero el viajero nace o se hace? ¿Hay que reunir unas características especiales para ser viajero?

– Para mí lo que define al viajero es sentir inquietud, y punto. Discrepo de los tópicos que hay en este sentido, porque creo que a veces la aventura extrema te aleja del verdadero viaje. Subir las montañas te aleja en cierta forma de la gente que vive en ellas. No creo que haya un viaje mejor que otra ni que haya que diferenciar entre turista y viajero. En un viaje a Segovia se puede disfrutar más que en uno a Borneo. No se puede cuantificar la experiencia en kilómetros recorridos ni en países visitados. El viajero es todo aquel que va con actitud inquieta por el mundo que le rodea, y viajar no es más que una forma de satisfacer esa curiosidad.

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