José Antonio Vilán, vicerrector de Transferencia de la Universidade de Vigo.

José Antonio Vilán, vicerrector de Transferencia de la Universidade de Vigo. Foto: GC.

“Sin ayuda pública en seis meses, peligra el programa aeroespacial”

El vicerrector de Transferencia de la UVigo sostiene que el sector "crea empleo y tiene más retorno que la automoción"

Gestiona un sector que brilla en la Universidade de Vigo. José Antonio Vilán es el vicerrector de Transferencia. Y los rankings internacionales sitúan a la institución en la élite. Está muy por encima en investigación o patentes que otras más grandes y consolidadas. La Agrupación Aeroespacial, con dos satélites en órbita, es la materialización de este éxito. Pero su futuro está en peligro. Vilán habla también para GCiencia de los secretos de una universidad joven, del auge de las spin off y de la consolidación de Biocaps…

¿Cómo se gestiona investigación y transferencia en crisis y recortes?

Con mucho trabajo. Este es un vicerrectorado de nueva creación, que responde a una apuesta de nuestro rector por I+D, transferencia y apoyo al tejido productivo. Ahora valoramos la transferencia y antes sólo la producción científica. Mucha gente piensa en la universidad como un lugar donde se va a clase. Pero la mayor parte de los profesores, del cuerpo PDI, no dedica más de un 50 por ciento a la docencia. El resto, a la investigación. O más, a veces. Las universidades se han transformado en grandes centros investigadores. Y esto es una buena estrategia, porque aquí hay mucho conocimiento y es lógico aplicarlo.

Pero será difícil transferir cuando las empresas, sin acceso a crédito, también recortan…

Pues desde que estamos aquí, sólo hemos hecho crecer o mantenernos. En los dos últimos años, nos hemos mantenido, porque la situación es muy dura.

“Necesitamos 8 millones para nuestro primer satélite comercial: el G-Sat”

La UVigo brilla en todos los rankings de investigación, desde Shanghai al de The Times, ¿cuál es el secreto?

El secreto son las ganas y la ambición que tienen los profesores, que son jóvenes como su universidad. Ves gente que está ansiosa de hacer cosas. Se frustran cuando no consiguen un proyecto de investigación. En cambio, veo otras universidades con gente más acomodada, mayor, que no se esfuerza tanto…

Influirá también que la de Vigo es una universidad muy tecnológica…

Lo es. No sólo por nuestras ingenierías, sino en el ámbito científico donde también se está haciendo mucha transferencia. Pero, para mí, la clave es la edad media de las personas. Para la Universidad de Vigo, ser joven es un gran valor. La gente aquí se queda hasta las cuatro y cinco de la mañana para completar un experimento… es difícil encontrar en ninguna parte tanta motivación…

Pero en España hay laboratorios que no trabajan porque no tienen ni para reactivos…

Ese problema lo sufrimos todos. Pero aquí somos muy imaginativos. Con poco presupuesto hacemos muchas cosas. Y sobre todo trabajando mucho.

El profesor Fernando Aguado y su programa de satélites es un ejemplo…

En ese proyecto aeroespacial, hemos trabajado mucho, incluso poniendo dinero de nuestro propio bolsillo. Tanto él como yo y otros. Mucho dinero. Sacar nuestra cartera y pagar cosas. Y no somos los únicos. A ese extremo se llega. Y lo hacemos muchos en la universidad y fuera. Se puede pensar, cuando llegan ayudas a proyectos, que nos sobra el dinero. Muy al contrario, muchos ponemos dinero para viajes, para investigar, para material incluso, si creemos que nos va a dar una oportunidad… La ciencia está hecha de muchos sacrificios y no sé si esto el ciudadano lo sabe…

¿Fue difícil que les creyesen con un proyecto de satélites desde Marcosende?

Fue difícil hasta que lo creyese yo. Cuando Fernando Aguado me dijo que proyectaba lanzar un satélite me quedé impresionado. No me lo creía. Fuera pasó lo mismo. Al principio no nos creían. Nos faltó mucho apoyo inicial, porque no nos veían capaces de poner un satélite en órbita. Muchas universidades en Europa lo han intentado y no lo han conseguido. Algunas muy prestigiosas. Las pocas que han llegado a lanzarlo, sus satélites no funcionan. Nosotros hemos lanzado dos y los dos siguen funcionando. Uno de ellos, el primero, el Xatcobeo, tenía una vida útil prevista de tres meses, porque está en una órbita súper radioactiva, donde sufre muchísimo, y sigue funcionando después de dos años…

“Yo mismo y otros hemos puesto dinero de nuestro bolsillo para los satélites”

Este éxito deja en un papelón a las administraciones: ahora tienen que decidirse entre apostar o no…

Está pasando ahora mismo. Tenemos muy poco apoyo, por no decir nulo. Tenemos la oportunidad de lanzar un satélite en colaboración con Japón y no somos capaces de conseguir la financiación. Nos hacen falta ocho millones de euros y no los conseguimos.

Hablamos del G-Sat, que ya sería un satélite comercial…

Comercial y con aplicaciones como la detección temprana de incendios. Tenemos la suerte de que Japón nos ha invitado a formar parte de su constelación de satélites. Nos ayudarían a hacerlo, porque ya es más complicado e incluye propulsión. Estamos hablando de cincuenta kilogramos de masa. Tiene control de altitud y posicionamiento. Es un satélite de un coste económico elevado y no somos capaces de encontrar financiación.

¿Recelan las administraciones de que nazca un sector aeroespacial?

Es un campo muy novedoso y puntero y genera recelo de las administraciones para comprender que sea un sector rentable. Ya hemos dado todos los pasos para demostrar que era viable. Pocas universidades en el mundo pueden decir que tiene dos satélites en órbita ahora mismo. Esto es un carrera muy larga y ya hemos demostrado todo, lo que falta es que alguien crea en nosotros… Es una pena tirar ese trabajo y dejarlo ahí. Nos falta alguien que crea en esto.

¿Y hay hueco para la empresa privada?

Es difícil ahora que participe la empresa privada. El mundo espacial tiene unas fases largas. Y esto no se adapta al mundo de la empresa. Y eso que nosotros somos muy rápidos. Hemos puesto dos satélites en órbita en dos años, algo que no hace nadie. Pero hace falta impulso público. Hay que hacer una inversión a cinco años vista…

“Por cada euro invertido en el sector aeroespacial retornan tres; más que en la automoción”

¿Generaría empleo una industria aeroespacial gallega?

Muchísimo empleo. Por cada euro que se invierte en el sector aeroespacial, retornan de forma directa tres. E indirectamente, pueden llegar a retornar veinte euros… ¡Claro que crea empleo! Es más rentable y con más retorno que el automóvil, por ejemplo.

Los lanzamientos se rigen por “ventanas” en las que se puede despegar para una misión… ¿Ocurre lo mismo con este proyecto? ¿Cuándo se cierra la ventana con la oportunidad de lanzar la industria aeroespacial o perder la ocasión para siempre?

Ahora mismo por desgracia es una ventana tan pequeña que estamos hablando de meses. Si en seis meses no hay novedades, nuestra iniciativa puede peligrar. Sin ayuda pública en seis meses, peligra el programa aeroespacial. Y la gente se va a marchar a otros sitios a investigar. Ya tenemos gente en la NASA y en la  ESA. Y, si aquí no hay futuro, se tendrán que ir… Sería una pena. Perderíamos a gente formada que se va a ir a otros países y que tiene un valor incalculable.

¿Cómo va el sector biomédico, otra línea estratégica de la Universidad de Vigo?

Pues tenemos Biocaps, un proyecto que ha llegado a su madurez. La doctora África González, la directora, trabajaba mucho en aplicaciones biomédicas de nanotecnología. Es el futuro. Algo por lo que apuesta la Unión Europea. Hacer llegar, por ejemplo, un medicamento a unas células sin afectar a otras. Esto sucede con las células tumorales, por ejemplo. Camuflar los medicamentos como virus para que lleguen a determinadas células…

¿Van a trabajar con farmacéuticas y laboratorios?

Vamos a trabajar sobre todo con hospitales, como el CHUVI…

¿Qué otras líneas estratégicas siguen en transferencia?

Es muy fuerte nuestra estrategia en tecnologías de la información (TIC). También apostamos por la bioingeniería y por el campus del agua, en Ourense. Y a ello hay que sumar el campus del mar, que ya está en marcha y es de excelencia internacional.

¿La Universidad de Vigo está en la élite en España en registro de patentes? ¿Por qué tan pocas se desarrollan en la empresa?

En general, en España y a nivel internacional los porcentajes de patentes que se llegan a explotar no superan jamás el cinco por ciento. En nuestra universidad la ratio es superior, porque nuestras patentes son más tecnológicas.  Y hemos creado un fondo de valorización, que impulsó nuestro rector, con una cantidad importante de dinero para ponerlas en valor.

“Estamos tramitando 22 solicitudes para spin offs de equipos de investigación”

¿Llegan las empresas a la Universidad de Vigo a pedir colaboración?

Llevo 23 años en la universidad. Cuando empecé, las empresas no querían trabajar con nosotros. No es que no viniesen. Es que ibas tú allí y te rechazaban. Eso lo viví yo tocando puertas sin descanso. No confiaban en nosotros. Hoy es absolutamente lo contrario. Hoy llegan las empresas a nuestra puerta pidiéndonos ayudas y soluciones.

Los estudios internacionales dicen que sí, que la UVigo investiga y transfiere conocimiento muy por encima de su dimensión, ¿cómo se han ganado esa confianza?

Somos una universidad joven, con ilusión y ganas de trabajar. También hemos generado confianza, al ir haciendo proyectos que eran rentables. Y lo tercero es que cada día hay más altos cargos en la empresa que vienen de nuestra universidad, que la conocen y que saben lo valiosos que son nuestros equipos de investigación.

Así que se encuentra ex alumnos cuando visita grandes empresas…

Basta decir que el director general de PSA estudió en la Universidad de Vigo. Y el director general de PSA en la central en Francia, también. Ahora voy a una empresa y hay más de un ingeniero, científico o directivo que son alumnos de esta universidad. Esto crea tejido y relación entre universidad y empresa.

¿Se animan los investigadores a crear su propia empresa? ¿Están naciendo spin-offs?

Ese es uno de mis cometidos. Estamos creando spin-offs ahora mismo. La mayor parte son del ámbito tecnológico.  Por citar algunas, tenemos Hércules Control, de boyas marinas; Social Wire Labs, de tecnologías de la información; Ilumnia, de óptica… Y estamos tramitando 22 solicitudes para constituir nuevas empresas…  Por eso lo digo: hay crisis, hay recortes, pero la Universidad de Vigo crece y crece… Y esto es gracias a la ilusión y el esfuerzo de sus investigadores.

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