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Ladillol contra Aceite Inglés: “Ladilla que toca, muerta es”

Antes de la industria farmacéutica, boticas y laboratorios de Galicia lanzaban sus marcas de medicamentos

Gonival, de Laboratorios Orzán, para a gonorrea.

Gonival, de Laboratorios Orzán, para a gonorrea.

Pequeños laboratorios y farmacias fueron en Galicia los pioneros de la industria farmacéutica. Antes de que apareciese el propio sector. Antes de que existiesen gigantes como Bayer, Roche, Pzifer o incluso la gallega Zeltia, fueron modestas boticas las que se lanzaron a crear medicamentos de marca. A finales del siglo XIX, los periódicos se llenan de anuncios que pregonan los remedios más milagrosos. Todo parece tener cura gracias a pomadas, unturas, píldoras y jarabes, que se fabrican a pequeña escala por todas las ciudades del país.

Estos modestos tratamientos, con su marca y su márketing, llegan a hacerse muy populares. Pero desaparecerán ante el empuje de los grandes grupos químicos.

Uno de los grandes éxitos de principios del siglo XX fue el “Ladillol”, de los coruñeses Laboratorios Orzán. Su nombre no dejaba dudas sobre sus indicaciones: servía para combatir las infestaciones de ladillas.

Camilo José Cela, en su obra “San Camilo 1936”, menciona el “Ladillol” en un pasaje: “La tísica Lupita le pone la zancadilla y el hermano marista se estrella contra una tapia que anuncia el Ladillol, destruye radicalmente los pedículus del pubis, Laboratorios Orzán”.

Menciona más tarde otros de la competencia, como “Mataladillas Bomba”, de Laboratorios Burriana, en Castellón. O el “Aceite de Lion”, de laboratorio Castillón, de Madrid. Pero el gran rival de “Ladillol” será, durante la República, la Guerra Civil y la postguerra, otro fármaco con dos slogans muy logrados: “El aceite inglés: ladilla que toca, muerta es”; o bien “El aceite inglés… todo el mundo sabe para lo que es”.

“El laxante Bescansa y el dentífrico Orzán fueron todo un éxito”

Laboratorios Orzán, fundado en A Coruña por el farmacéutico Ismael Vidal, tiene también éxito con Gonival, dedicado a tratar la gonorrea. Además, fabrican el popular dentífrico “Crema Orzán”, el purguante “Colagol”, el antirreumático “Linisum” o el complejo vitamínico “Cobaltrón”.

En Ourense, el Laboratorio Vidal fabrica “Perusabinos”, indicado para las infecciones de la piel. Y, en Santiago, Bescansa hace la crema dérmica “Acnosán”, el antiácido “Oxagás” y un jarabe reconstituyente llamado “Riché”. Fundada en 1917 por Ricardo Bescansa Castilla, la antigua farmacia continúa hoy en día abierta, en la céntrica plaza do Toural.

Desde los años 20 del siglo pasado, por toda la geografía gallega hay boticas que se reconvierten en laboratorios y producen sus propios fármacos. De Ponteareas, sale el Biogenal, contra la anemia; mientras que en Verín el Laboratorio Amoeiro fabrica el “Liver-Kal”, para que los niños crezcan fuertes y sanos.

Cafenina, a

Cafenina, a “aspirina” galega, de Laboratorios Orzán.

Junto a la industria farmacéutica, creció también la cosmética. En 1905, salen de la isla de A Toxa los primeros jabones y sales con la marca “La Toja”. Su fundador será el hombre más rico de la Galicia de la época, el marqués de Riestra. Aunque el crack del 29 en Estados Unidos será un duro golpe para la empresa y obligaría a vender la marca a la Banca Pastor, que continuaría y engrandecería el negocio bajo la presidencia de Pedro Barrié de la Maza.

Otra marca cosmética de éxito fue la loción “La Carmela”, creada en 1902 por el profesor y boticario santiagués Nemesio López Caro. Este pequeño milagro de la química empleaba acetato de plomo y eliminaba las canas. En 1925, trasladó su producción a Barcelona y terminaría desapareciendo cuando todos copiaron su fórmula. Pero se convirtió en un fenómeno de ventas en Europa, América y los países árabes, donde se vendía con la etiqueta traducida. La propia empresa gallega presumía de tener como cliente a un actor norteamericano, bien que de segunda fila. Era conocido como Ronald Reagan.

Pequeños medicamentos, marcas y productos cosméticos salieron de la ilusión de farmacéuticos y químicos gallegos. No sobrevivirían a las grandes multinacionales. Y nunca alcanzaron el nivel del gigante Zeltia, desde O Porriño al mercado mundial. Pero queda en el recuerdo, y en los viejos anuncios, una época en la que Ladillol se enfrentaba al Aceite Inglés. Y a la que Álvaro Cunqueiro habría llamado la “Escola de Menciñeiros”…

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Antiga botica de Pontevedra.

Antiga botica de Pontevedra.

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