Un "pataka", hórreo de Polinesia, Australia y Nueva Zelanda de posible origen gallego.

Un "pataka", hórreo de Polinesia, Australia e Nova Zelandia de posible orixe galega.

Así son los “pataka”, los hórreos gallegos de Nueva Zelanda

El nombre provendría de la batata o de una moneda y estudios genéticos dicen hallar descendientes vascos de la San Lesmes

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Un “pataka”, utilizado para guardar víveres.

Los hórreos de los antípodas tienen un nombre bien gallego: “Patakas”. Así se llaman estas construcciones de Polinesia, Australia y Nueva Zelanda, donde los maoríes guardaban los productos del campo y también sus riquezas más preciadas.

No es casual tanto parecido en nombre, apariencia y funciones. Al menos, según el historiador Robert Langdon, de la Universidad Nacional de Australia en Canberra. Su teoría, que despierta un enconado debate científico, afirma que la “Pataka” es un hórreo gallego, que los náufragos de la carabela “San Lesmes”, perdida en 1526 en los Mares del Sur, enseñaron a construir a los indígenas.

En nuestro reportaje “Atopan hórreos galegos en Australia e Nova Zelandia” contamos todos los detalles de esta apasionante historia, que empieza cuando zarpa de A Coruña la expedición de García Jofre de Loaisa, en 1525. Y termina con unos náufragos gallegos que terminan descubriendo Australia y Nueva Zelanda.

Pero ahora vamos con los “Pataka”, que Langdon y otros estudiosos identifican como hórreos genuinamente gallegos. En “The Lost Caravel”, Langdon afirma que el nombre proviene directamente del “galician pataca”. Sin embargo, no puede referirse al tubérculo llamado “solanum tuberosum” que hoy nos comemos en forma de cachelos. Sencillamente, porque no se conocía cuando zarpó la “San Lesmes” de A Coruña, en 1525. Habrían de pasar 12 años, hasta 1537, cuando los conquistadores la vieron por primera vez en el valle de la Grita, en lo que hoy sería Colombia.

Se conocía la batata, pero la patata no sería vista por un europeo hasta 1537

Sin embargo, Langdon y otros estudiosos creen que podría ser la batata, la “ipomea batatas”, que los españoles ya habían visto en el Caribe en sus primeras exploraciones. Y que llevaba en Oceanía desde el año 1000, probablemente por algún viaje desde Sudamérica en embarcaciones rudimentarias.

Otras teorías apuntan a que “Pataka” viene del italiano “patacca”, una antigua moneda de una onza. Se trata de un vocablo muy extendido para monedas de poco valor. Y, por supuesto, encaja con la gallega “patacón”.

Hay también quienes refutan a Langdon. Como Mara Mulrooney, de la Universidad de Auckland, quien en 2009 publicó un artículo en el New Zealand Journal of History: “Langdon propone similitudes arquitectónicas entre el hórreo (un almacén gallego) y el pataka (el almacén maorí), y proclama que el nombre pataka está claramente derivado de la palabra castellana para la patata dulce, la “pataca”. Pero, en su opinión, podría venir del maorí “pa” (lugar cerrado) y “takaa” (preparar la comida).

En cuanto a las palabras, Langdon cita por ejemplo “pero”, que es la forma en que los maoríes dicen “perro”. Lo cual suena menos gallego que “pataca”.

Rasgos europeos en los maoríes

Si los hórreos gallegos siguen despertando controversia, también los rasgos europeos hallados en los aborígenes incluso antes de la visita del inglés Cook. Annie Beart, en “Los primeros viajes españoles a Tuamotu”, destaca que el vasco Pedro Fernández de Quirós, en el siglo XVII, encontró población blanca, de pelo rubio y ojos azules. En las mismas islas donde se supone que deambuló la carabela “San Lesmes” desde 1526.

Maoríes frente a su

Maoríes frente a su “pataka”.

Incluso se han hecho estudios genéticos, como los de Wilfried Schuhmacher, que sospechaba que había descendientes de marineros vascos de la San Lesmes entre los aborígenes de la isla de Pascua: “De los tests realizados a escala mundial, en los años 1970 al 72, de Histocompatibilidad ( Dausset, Colombani 1973 ) se desprende que las poblaciones puras investigadas de los vascos y los isleños de Pascua presentan el más alto y el segundo más alto-porcentaje del mundo, respectivamente, ( 39 y 37 % ) en relación con varios antígenos”. (Revista Fontes Linguae Vasconum, 1976).

Muchos han intentado rebatir esa mezcla genética. El argumento principal es que eran pocos gallegos para que fuese significativa. Y fuese evidente siglos más tarde en la descendencia. Pero Langdon contrapone “las numerosas descripciones de maoríes en la época de Cook, así como muchas fotografías del siglo XIX de Museo Smithsonian de Washington”. Y cita estudios genéticos que “regularmente revuelven un anómalo puzle de marcadores caucásicos, como sus narices estrechas  y los inesperados genes caucásicos (Buck, 1923; Staveley and Douglas, 1958) Dagger (1986)”.

Los argumentos de Langdon para la genética pueden leerse en este artículo: “A replay to Bahn and Flenley on Easter Island Prehistory”.

En definitiva, desde que, en 1976, el profesor Langdon publicó “The lost Caravel”, la controversia sigue en pie. Tanto él como otros investigadores afirman que hay hórreos gallegos en Australia y Nueva Zelanda. Que son un legado de los gallegos de la “San Lesmes” que descubrieron nuestros antípodas. Y que tienen un nombre muy típico del país: “patakas”.

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