Iago González y Angel Iglesias, los dos socios de DQbito
Iago González y Angel Iglesias, los dos socios de DQbito

Imprima su mandíbula para que el dentista practique

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Un modelo en plástico del cráneo del paciente o de la dentadura en la que se colocará un implante eran hasta hace no tanto un lujo para médico y enfermo. Conseguir una reproducción fiable de una parte del cuerpo humano resultaba caro y el dentista se cuidaba mucho de encargarla porque el capricho encarecía el servicio, aun cuando este tipo de modelos son útiles para preparar una operación o explicarle al enfermo a qué se le lleva al quirófano. Pero el desarrollo de tecnologías como la impresión 3D está llamado a acabar con el carácter excepcional de este recurso o al menos así lo creen los dos socios de DQbito Biomedical Engineering, Iago González y Manuel Ángel Iglesias, ingeniero industrial y físico, respectivamente, que desde Baiona enseñan al mundo las virtudes de la ingeniería biomédica y dan ejemplo vendiendo a doctores de varios países europeos modelos plásticos de la anatomía humana obtenidos por impresión 3D a partir de un simple TAC recibido en su plataforma web.

Uno de los modelos en plástico que imprime DQbito
Uno de los modelos en plástico que imprime DQbito

La novedad de una mandíbula plástica en la que el odontólogo comprueba la adecuación de una prótesis, por ejemplo, aparece en la factura antes que en ningún otro lugar. Los 50 euros que puede costar una de estas reproducciones frente a los 500 de antaño hacen que muchos médicos se lo piensen. “Trabajamos sobre todo con especialistas en odontología y cirugía maxilofacial, a través de pruebas de imagen médica, como el TAC. Ellos mismos suben los archivos informáticos a nuestra página web y nosotros los procesamos en función de las demandas específicas de cada médico. Así logramos una reproducción exacta de la anatomía de la persona, tanto de tejido óseo como blando“, detalla Manuel Ángel Iglesias, uno de los dos socios de DQbito, nacida hace tres años después de que los dos fundadores asistieran a un curso de la Universidade de Vigo que les dio la idea de negocio. Hoy venden sus modelos a medida a países europeos como Alemania, Italia y Francia, además de España, y ultiman su llegada a México a través de un socio local.
El resultado es una herramienta de trabajo que facilita el día a día del médico. “Un modelo es muy útil para verificar antes de la intervención las prótesis que se van a colocar, para darle la curvatura adecuada a un implante sobre una reproducción que resulta fácil de usar. No realizamos prótesis ni implantes, nosotros solamente hacemos la reproducción en un material plástico que refleja con fidelidad la anatomía del paciente. Hasta ahora se usaban programas informáticos de 3D en una pantalla, pero ahora los modelos se pueden tocar, incluso destruirlos”, continúa.
Hasta ahora se usaban modelos 3D en pantalla. Ahora las reproducciones se pueden tocar y manipular

En algunos casos, el cliente solicita duplicados para practicar a su antojo en el plástico. Inesperadamente para los socios de DQbitor, el recurso a reproducciones de una zona enferma o lesionada alimenta también el deseo de los médicos de resultar más didácticos y cercanos con el paciente. “En muchas intervenciones complejas de odontología hay que explicarle al paciente qué se le va a hacer, porque a veces son reacios. Con estos modelos es mucho más fácil transmitir la información y por eso se nos demanda cada vez más este tipo de reproducciones”, confirma Iglesias.
La impresión 3D de DQbito se realiza a través de un modelado por deposición de material fundido, FDM en sus siglas en inglés. En otras palabras, una mandíbula de plástico se reproduce gracias a la deposición de diversas capas de ese material. “Usamos distintos tipos de plástico en una especie de bobinas, que al calentarse se funden y depositan según las indicaciones que se dan en el archivo informático creado para la impresión”. La empresa de Baiona usa el “equipo más sencillo y económico de impresión 3D, que cualquiera puede tener en su casa para hacer tableros, carcasas para teléfonos o juguetes”. Con la deposición de material fundido se alcanza una precisión de 50 micras en las reproducciones, una fiabilidad que según Iglesias satisface a la clientela. “Al principio puede haber reticencias, pero los resultados son muy buenos y a un coste muy asequible teniendo en cuanta que este tipo de recursos médicos pueden ser bastante altos. Los pacientes cada día tenemos más información de cuestiones médicas a través de Internet y cada vez pedimos más, así que a los médicos todo lo que sean herramientas para explicar mejor su trabajo les va a interesar, y eso que a priori no pensamos que esta circunstancia tendría tanto peso”.
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Desde que se envía el material médico a la empresa – puede subirse a través de la propia página web de DQbito- el encargo no suele suponer más de cuatro o cinco días de espera, unos 10 para las reproducciones más complejas. Este es otro de los beneficios que la tecnología 3D trae al día a día de los profesionales de la salud. “Aportamos simplicidad, es el propio profesional el que nos facilita los archivos sin necesidad de desplazarse ni él ni nosotros y en cuestión de días creamos el modelo y se lo enviamos. Esto, unido a los costes más bajos, explica que en casos en los que antes ni se pensaba una reproducción ahora si se haga. Un dentista, si quiere, puede hacer una reproducción de la boca de todos sus pacientes, de forma sistemática, porque el precio es asequible”, anima el fundador de DQbito.
Los dos socios trabajan por ahora con las consultas privadas, sobre todo en clínicas de odontología, aunque el método es válido para la impresión de cualquier parte del cuerpo y tejido, incluso con reproducciones mixtas. Se trata de una cuestión práctica más que de espíritu del proyecto, porque es en las consultas privadas donde por el momento está su clientela.
No es la única, tampoco. DQbito nació hace dos años como una iniciativa docente en el campo de la biomédica, un ámbito en el que no existe titulación superior en Galicia pese al interesante mercado que el desarrollo tecnológico abre hacia el mundo de la salud. Desde su creación en 2013 han participado en actividades formativas en la Universidade de Vigo y en la UNED y han contado con la colaboración de Ángel Carracedo, Catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Santiago de Compostela. Su plataforma de formación online ofrece cursos a distancia que por cuestiones de idioma aprovechan muchos profesionales latinoamericanos. En el futuro próximo los dos socios planean incorporar también el inglés como idioma de docencia para ampliar horizontes.
“Hay grupos de investigación, pero en formación tenemos un vacío importante. Ahora mismo tenemos abiertos dos cursos, uno de ingeniería biomédica y otro sobre biomateriales, que constan de todos los materiales necesarios y acceso a los tutores, que somos nosotros mismos”, explica Iglesias.
Los precios más bajos animan a los médicos a usar las reproducciones también con fines didácticos

Otras líneas de trabajo de DQbito no son menos esperanzadoras y constituyen un buen ejemplo de lo que la tecnología puede hacer por el bienestar de las personas de manera aparentemente sencilla. Casi de manera altruista, a partir de colaboraciones puntuales con colectivos sociales, la empresa ha experimentado con soluciones adaptadas para personas con discapacidad que hasta ahora arreglaban con buenas dosis de creatividad contratiempos en tareas cotidianas como hacer clic con el ratón del ordenador o abrir una pinza para poner la ropa a secar. “Tanto las personas con discapacidad como sus cuidadores hacen auténticos trabajos manuales en las casas con madera o hierro para adaptar sillas de ruedas, calzarse, vestirse o subir al coche. Con la impresión 3D todo este trabajo puede hacerse de manera rápida y barata“, asegura Iglesias.
El mercado ya soluciona en muchos casos buena parte de estas necesidades, pero a menudo, recalca, a costa “de unos precios desorbitados“. La impresión 3D abarata prótesis personalizadas y no parece tener límites: cubiertos, adaptadores para apretar un tubo de dentífrico, abrir la puerta del coche o usar un cajero automático o pinzas de la ropa con un cabezal más ancho de lo habitual son algunas propuestas. “Al visitar a los afectados te das cuenta de que son cosas muy sencillas que con una pequeña ayuda se pueden solucionar. Hay auténticos artistas haciéndolo de forma casera en el día a día, pero con la tecnología basta tener las medidas del paciente, un programa de diseño e imprimir la pieza personalizada“, contrapone Iglesias. El modelo permite incluso responder a excentricidades que el mercado no tiene en cuenta. Siempre bromean, cuenta, con que la impresión 3D debería ser capaz de ayudar a que alguien con un problema físico que quiera seguir dando sulfato a sus viñas pueda hacerlo.

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