El cambio climático tiene consecuencias que van más allá de que suba el nivel del mar, se fundan los glaciares o el termómetro se eleve unos grados. Hay secuelas que para muchos ciudadanos pasan inadvertidas. Pero ya suceden. Y es que las emisiones de CO2 y el calentamiento global afectan a la flora y a la fauna. Por ejemplo, el agua de los océanos se está volviendo más ácida. Y los moluscos no son capaces de reunir suficiente calcio para formar sus conchas. La mortalidad de especies como la ostra en el Pacífico ya es apreciable. Y ahora le toca el turno al mejillón. Un bivalvo que en Galicia tiene interés estratégico.
Iria Giménez Calvo.
Una gallega, Iria Giménez, de Sada, participa en el estudio que un equipo de la Universidad de Oregón (EEUU) acaba de publicar en la prestigiosa Nature Climate Change. Dirigido por el biólogo marino George Waldbusser, el trabajo demuestra que los bajos niveles de carbonato en el agua de mar provocan que los mejillones no puedan formar su primera concha. Y que ya se produzcan mortandades masivas, especialmente en el Pacífico, de Chile a Canadá.
«Las larvas de los bivalvos son tan vulnerables porque dependen de la rapidez con que tienen que construir su primera concha, un proceso que ocurre en las primeras 24 horas de vida y que es crítico para asegurar que puedan comenzar a alimentarse por sí solas», explica Iria Giménez. «Las larvas tienen que formar su concha tan rápido que el proceso es muy costoso en términos de energía. Si la composición química de agua de mar es desfavorable, el gasto energético todavía es mayor, complicando la supervivencia del organismo».
El trabajo señala que no es suficiente medir el CO2 y el PH, sino que el dato que más influye en las larvas de mejillón es la saturación de carbonato en el agua de mar. Este indicador, sin embargo, está relacionado con el cambio climático. Porque el océano absorbe dióxido de carbono, que se asocia con el calcio depositándose en el fondo del océano. El resultado es menor concentración del carbonato necesario para formar las conchas de los moluscos.
«Comienza una carrera mortal de clasificación para los bivalvos», dice Waldbusser
George Waldbusser, director de la investigación, define gráficamente lo que sucede a los bivalvos: «Comienza una carrera mortal de clasificación,» explica el biólogo marino: «¿Puede la ostra construir su concha lo suficientemente rápido que permita desarrollar sus mecanismos de nutrición antes de agotar su energía procedente del huevo?» Otro tanto sucede con los mejillones.
«Los niveles peligrosamente bajos de saturación se alcanzarán muy pronto, décadas o siglos antes de que los efectos nocivos por pH o CO2 afecten a los organismos», explica Iria Giménez. Y ya se plantea que, en el futuro, las larvas tengan que criarse en acuicultura, porque no sobrevivirán a la acidez del mar.
Criaderos de ostras y mejillones en Oregon (EEUU).
Waldbusser aporta datos muy preocupantes: «Este incremento en la acidificación está ocurriendo a escala global y es el más rápido de los últimos 50 millones de años. Desde los inicios de la era industrial en el 1800, hemos incrementado en un 30% la acidez del océano». Reducir drásticamente las emisiones por combustibles fósiles parece la única solución a nivel planetario. Cambiar el modelo energético, con todo lo que implica.
«Estamos realizando los experimentos ahora y en 100 años más veremos si estas especies logran sobrevivir y cuales no lo lograrán», subraya Waldbusser.
Por tanto, hay razones para preocuparse. El mejillón, un bivalvo estratégico para la economía del mar en Galicia, está librando una batalla para sobrevivir a un océano ácido. Y la comunidad científica ya ha dado la alarma, como en este artículo de Nature Climate Change en el que participa la gallega Iria Giménez.
Inutilizar el sistema de comunicación de las bacterias patógenas para mantenerlas aisladas y evitar que se organicen y ataquen organismos. Este ha sido el principal objetivo de la línea de investigación Quorum Sensing y Quorum Quenching que ocupa desde hace ocho años al Grupo de Acuicultura y Biotecnología de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Y se ha logrado. El hallazgo ya ha sido protegido con una patente en Europa, Estados Unidos y China, y se espera que pronto pueda ser comercializado por alguna de las empresas internacionales que negocian la licencia con la Fundación Barrié, socio inversor en esta investigación incluida en su Fondo de Ciencia y que ha contado con la colaboración de la empresa Isis Innovation de la Universidad de Oxford para la búsqueda de potenciales clientes.
Pruebas de actividad quorum quenching de bacterias marinas.
Esta es la línea de investigación más innovadora de este ya veterano grupo de investigación del Departamento de Microbiología y Parasitología de la USC. Fue a principios de la pasada década de los años 80 cuando el profesor Jaime Fábregas lo puso en marcha. Con él comenzaba en España la investigación en biotecnología de microalgas, convirtiéndose con el paso de los años en uno de los equipos más destacados en el mundo en el estudio de las aplicaciones de las microalgas marinas. Sin embargo, el gran reconocimiento popular, vía medios de comunicación, les ha llegado con esta segunda línea de investigación para atajar los ataques de bacterias. «Es lo que nos ha puesto más en el mapa, sobre todo con los medios, porque es una línea que se vende muy bien y todo el mundo entiende el impacto biotecnológico que puede tener», reconoce Ana María Otero Casal, una de los tres investigadores principales del grupo —junto con Fábregas y Buenaventura Cabezas— y máxima responsable de este proyecto.
Quorum quenching
En terminología científica, a la comunicación bacteriana se le llama quorum sensing (detección de quórum), ya que lo que se describe es la manera en que las bacterias emiten señales para detectar si hay un número suficiente de compañeras para lanzar un ataque efectivo. Y a la estrategia biotecnológica para la interrupción de la comunicación bacteriana se la denomina quorum quenching.
Lo que se sabe es que muchas bacterias patógenas se comunican entre sí mediante la producción de pequeñas moléculas señal y que esas comunicaciones pueden ser interrumpidas de una manera más efectiva con bacterias marinas con actividad quorum quenching. «Lo más interesante desde el punto de vista biotecnológico es que las bacterias patógenas —las que nos ponen enfermos— necesitan comunicarse entre ellas para atacarnos. Así que si eliminas esas señales, la bacteria no te puede atacar y no vas a enfermar», detalla Otero. Este mecanismo es una alternativa al uso de los antibióticos para el control y el tratamiento de patologías infecciosas de origen bacteriana en animales, tanto en acuicultura como en ganadería. Lo que se busca aislando a las bacterias que intentan comunicarse y organizarse es ayudar al propio sistema inmune del individuo a acabar con estas, o a eliminarlas más rápidamente en colaboración con el uso de antibióticos.
Manuel Romero y Ana Otero, en el laboratorio.
El origen de esta línea de investigación desarrollada por el grupo gallego se remonta al año 2006, en concreto a una tesis de Manuel Romero Bernárdez —hoy, embarcado en una investigación posdoctoral en la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido—, dirigida por Ana María Otero. «Lo que hicimos fue ir al mar a buscar bacterias que fuesen capaces de cortar esa comunicación entre las bacterias patógenas. Tuvimos mucha suerte y encontramos muchas con esa actividad, y algunas de ellas muy buenas, más activas que las terrestres. Cuando empezamos ya había alguna cosa descrita en bacterias terrestres, pero estas bacterias marinas que hemos encontrado son mucho más activas y tenemos ya varias patentes. Sobre todo destaca la cepa 20J, patentada ya para su uso en Europa, Estados Unidos y China en la lucha contra infecciones bacterianas», relata Otero. Esta línea de investigación ha logrado también el Premio de Investigación 2010 de la Real Academia Gallega de las Ciencias y distintas publicaciones en revistas de impacto.
Las primeras pruebas que demuestran la viabilidad de esta estrategia se han aplicado en acuicultura
La idea era entablar una lucha contra las infecciones de un modo muy distinto al que se libra con el uso de antibióticos, bloqueando la relación entre las bacterias con el desarrollo de varias enzimas que cortasen su comunicación, eliminando las señales entre estas y frustrando así sus ataques. «Cuando usas un antibiótico, intentas matar a la bacteria y esta intenta defenderse generando resistencia, que es el mayor problema que tenemos ahora en los hospitales con algunas bacterias muy resistentes y para las que no hay antibióticos para matarlas. Sin embargo, con la estrategia de quorum quenching lo que hacemos no es matar a las bacterias, sino evitar que se comuniquen entre ellas y, por lo tanto, impedir que ataquen. A la bacteria le resulta más difícil detectar que estás luchando contra ella y su generación de resistencia es menor; pero esto no quiere decir que no vaya a acabar habiendo cierta resistencia a esta estrategia, aunque más lenta», explica la investigadora.
Las primeras pruebas en el mundo que demuestran la viabilidad de esta estrategia se han aplicado en acuicultura, un campo donde el uso de antibióticos está muy restringido. «Como teníamos experiencia con las algas», apunta Otero, «hemos hecho pruebas de concepto en acuicultura. Y hemos visto que en peces grandes, mezclando esa bacteria muerta en su pienso, somos capaces de curarlos de infecciones mucho más rápido. En larvas pequeñas de ostras, almejas…, como estas no comen pienso las hemos tratado poniendo la bacteria viva con capacidad de quorum quenching en el tanque de cultivo y hemos comprobado que se puede incluso duplicar su supervivencia. Otros investigadores han hecho también trabajos con langostinos, ratones, plantas transgénicas… Hay mucha gente trabajando y las farmacéuticas tienen mucho interés, claro. No es que vayamos a eliminar los antibióticos, pero sí podemos combinarlos con esta estrategia para potenciar su acción. Además, es una estrategia que se puede aplicar a muchos otros campos, más allá de la sanidad animal o humana», comenta la científica.
Proyecto europeo ByeFouling
Entre esas otras aplicaciones del quorum quenching se encuentra el proyecto europeo ByeFouling, en el que participa el Grupo de Acuicultura y Biotecnología de la USC, junto con otros 17 equipos de investigación y empresas de 11 países. El objetivo del proyecto, que comenzó el 1 de diciembre de 2013 y que tiene un plazo de ejecución de cuatro años, es el desarrollo y producción a gran escala de recubrimientos antiincrustantes ecológicos de baja toxicidad para su aplicación en barcos y otras estructuras marinas sujetas a colonización biológica. El fenómeno de la bioincrustación es responsable de la pérdida de millones de euros anualmente debido al enorme gasto en tareas de limpieza y consumo de combustible, ya que la adhesión biológica en el casco de los barcos ocasiona un incremento de hasta el 40% en el consumo de combustible, que conlleva además un incremento en la emisión de CO2. ByeFouling explorará la viabilidad de producción industrial de nuevos recubrimientos basados en materiales de superficie estructurada, inhibidores de la adsorción de proteínas, biocidas naturales y el uso de microorganismos con actividad antiincrustante, utilizándose nuevos materiales nanoestructurados para la encapsulación de los compuestos activos.
El grupo de la USC participa en el proyecto aportando su experiencia en sus dos líneas de investigación principales, biotecnología de microalgas y comunicación bacteriana, ya que se realizan estudios de presencia de biocidas en la biomasa de microalgas marinas en una aproximación denominada “alga contra alga” y, por otro lado, se buscarán nuevos compuestos inhibidores de la comunicación bacteriana que bloqueen la formación de las biopelículas bacterianas que constituyen la primera fase del proceso de bioincrustación. Los compuestos y enzimas identificados en este estudio podrán tener además aplicación en otros campos en los que esté involucrada la formación de biopelículas bacterianas, como el deterioro de monumentos o la formación de placa dental.
Pruebas de quorum quenching y actividad antibiofilm en el laboratorio de la USC.
ByeFouling —juego de palabras inglesas que quiere expresar el «adiós» a las «bioincrustaciones»— intentará así reducir los organismos que se pegan a las superficies de las embarcaciones. «Hay una restricción muy importante en los componentes que se incorporan a las pinturas de los barcos para evitar que a los cascos se peguen algas, mejillones, etc. Cualquier superficie que esté metida en agua de mar se va a cubrir de organismos que dificultan muchísimo el movimiento de los barcos y aumentan su consumo. Hablamos de millones y millones de euro al año en combustible. A los armadores, cada dos o tres años, no les queda otra opción que quitar los barcos del agua y limpiarlos, y eso supone muchísimo dinero», describe la investigadora gallega.
Tradicionalmente se han usado pinturas cada vez más restringidas por su toxicidad. En el proyecto ByeFouling se están buscando alternativas environment-friendly, es decir, alternativas que no dañen el medio ambiente y que a la vez eviten que ciertos organismos se peguen a los cascos de los barcos. «Y como lo primero que se pega son las bacterias, y para pegarse utilizan el quorum sensing, estamos estudiando si podríamos introducir compuestos o encimas de quorum quenching en las pinturas para evitar la primera capa de colonización, que son las bacterias», esclarece Ana María Otero.
El Grupo de Acuicultura y Biotecnología de la USC tiene por delante unos frenéticos y emocionantes meses para cerrar un acuerdo para la comercialización de su patente, para desarrollar una solución a la bioincrustación que pueda reducir los altos costes que ahora supone este problema para el sector del mar y para optar a nuevos proyectos de investigación. Todo un privilegio en tiempos funestos para la ciencia en España, en los que, como lamenta y reconoce la propia Ana María Otero, «muchos laboratorios se están quedando vacíos por falta de becas y ayudas”.
Es una titulación imán. Atrae a estudiantes de carreras diversas, tiene grandes salidas laborales y su sector crece de forma imparable. Biotecnología, con máster en las tres universidades gallegas, es una ciencia de ciencias en la que la demanda de matrícula ya triplica a la oferta.
A la Biotecnología se llega desde 8 carreras diferentes.
La biotecnología no es nueva. El ser humano la practica desde que, en el Neolítico, descubrió la agricultura. Sin saber qué era un cromosoma ni la doble hélice del ADN, seleccionaba genéticamente las mejores plantas para el cultivo. Sin embargo, el concepto no apareció hasta fecha reciente. La americana Genentech Incorporated, fundada en 1976, fue la primera empresa biotecnológica del mundo. Y, en 1977, lanzó al mercado la primera proteína humana fabricada en una bacteria: la somatostatina. Aquel lanzamiento está considerado el inicio de la llamada Era de la Biotecnología.
Hoy, Biotecnología es la palabra de moda. La técnica para estudiar y aprovechar las interacciones biológicas de los seres vivos se usa ampliamente en agricultura, farmacia, ciencia de los alimentos, medio ambiente o medicina. Y, además, involucra a expertos de muchas disciplinas, como biología, bioquímica, genética, virología, agronomía, ecología, ingeniería, física, química, medicina y veterinaria entre otras. Es una auténtica ciencia de ciencias. Y, además, aplicada: lista para ofrecer soluciones y transferirse al mercado.
«A nuestros estudios se puede llegar desde 8 carreras diferentes», afirma Gallego
La evolución del sector ha sido exponencial en todo el mundo. En Galicia, ya supone el 60 por ciento de la producción científica. Y son 45 las empresas afiliadas al clúster Bioga, que en 2013 facturaron 56 millones de euros y dieron empleo a medio millar de personas, en su mayoría titulados universitarios.
«Es una titulación en boga», reconoce Pedro Pablo Gallego, coordinador del máster en Biotecnología Avanzada que ofrecen conjuntamente las universidades de Vigo y A Coruña. «A nuestros estudios se puede llegar desde ocho carreras diferentes», explica Gallego, «y es un máster con unas salidas enormes; la gente piensa en laboratorios e industria farmacéutica, pero hoy demandan biotecnología la industria láctea, la vinícola, las clínicas de fertilidad, las fábricas de cerveza… la oferta es muy variada».
Pedro Pablo Gallego.
El Máster en Biotecnología Avanzada de A Coruña y Vigo comenzó en 2010 y sus números no han dejado de crecer. Oferta 30 plazas, 15 en cada universidad, y la demanda superó el triple: más de 90 solicitudes. «Tenemos prestigio y funciona el boca a boca», afirma Pedro Pablo Gallego, «nos llegan alumnos de Madrid, de Salamanca y de Iberoamérica».
Las prácticas y la participación de profesorado de empresas son fundamentales. «Queremos que los alumnos conozcan la vida real; las técnicas y problemas que se van a encontrar en el trabajo», explica el coordinador.
La Universidad de Santiago tiene su propio máster en Biotecnología. Los estudios comenzaron en 2001 y, desde 2010, tieneN el formato actual. Lo dirige el catedrático de Microbiología Tomás González y el profesorado es el propio de la USC. Por apuntar diferencias, los contenidos e intercambio con la empresa son más intensos en el de A Coruña y Vigo. Donde el adjetivo «avanzada» busca que los alumnos puedan practicar con las últimas técnicas, a veces usando equipos de grandes empresas como Lonza, asentada en O Porriño, que llega a donar sus aparatos. Los fuertes requisitos de la agencia del medicamento de EEUU, la FDA, les obligan a una renovación permanente, por lo que ceden a menudo materiales casi de estreno y de última generación.
El 7,8 del PIB de España ya depende de la Biotecnología
Ambos máter tienen una duración de un año y medio. Y concluyen con un proyecto de fin de estudios, enfocado en una disciplina práctica. Ahí el alumno puede elegir la salida profesional que más le interesa. «Yo recomiendo al estudiante que comience por una titulación generalista, como biología, química, etc…», explica Pedro Pablo Gallego, «y que se especialice luego en un máster, que busque su camino, porque la biotecnología ofrece las salidas más variadas, todas apasionantes».
Así que tenemos unos estudios de moda. El 7,8 por ciento del PIB de España ya depende de la biotecnología. La gallega Zeltia valía 1 euro en bolsa en 2012 y ahora vale el triple. Más de 3.000 empresas integran en España el sector. Y las previsiones apuntan a un gran crecimiento hasta 2020. Así que la ciencia de ciencias parece que seguirá siendo una titulación imán.
La uva guarda el secreto de la juventud. Del bagazo del albariño gallego, el residuo que queda tras el prensado en la bodega, la empresa i-Grape extrae un líquido natural con propiedades antioxidantes y bactericidas. Y sus utilidades van de las cremas cosméticas a tratamientos de farmacia y veterinaria. i-Grape, que está en fase de lanzamiento, nace de un grupo de investigación de la Universidad de Santiago, ya ha colocado su patente en el mercado y ha ganado el premio Argos a la mejor ‘start-up’, los negocios que surgen a partir de los equipos científicos universitarios.
Equipo LIDSA de la Universidad de Santiago, germen de i-Grape.
El secreto de la uva son sus polifenoles, sustancias químicas naturales que tienen virtudes antioxidantes, potencialmente capaces de retrasar el envejecimiento o protegernos de enfermedades como el cáncer o las dolencias cardiovasculares. Existen en el vino y por eso un consumo moderado es beneficioso para la salud. Pero también se quedan en el bagazo, el residuo que, en una mínima parte, las bodegas usan para hacer aguardientes y que, en su mayoría, supone un residuo de difícil gestión por su volumen y sus gastos asociados.
«Nuestra propia materia prima, el bagazo, supone solucionarle un problema a las bodegas», resume Juan Verdes, responsable de i-Grape, que fue constituida el pasado julio y que en 2015 comenzará la comercialización de su producto.
i-Grape nace del Laboratorio de Solucións Analíticas (LIDSA) de la USC
Una empresa de Ponteareas explotará la patente para cremas cosméticas, mientras que en una granja de Coristanco y en otra en el Ulla ya prueban su extracto como antibacteriano natural para las vacas, sin efectos secundarios en la producción de leche. «El producto de i-Grape permite tratar a las vacas en casos de mamitis sin utilizar antibióticos, que obligan a una cuarentena del ganado», explica Verdes.
La creación de i-Grape, de la universidad a la empresa, surge del LIDSA, el Laboratorio de Investigación e Desenvolvemento de Solucións Analíticas, de la Facultad de Química compostelana. Allí, la investigadora Marta Lores lideró un equipo que estudia las propiedades del bagazo, en colaboración con las cinco denominaciones de origen gallegas. Tras varios descubrimientos, publicados en revistas científicas, decidieron dar el paso a la industria. En el camino, se unió la experta en alimentación Marta Álvarez, el investigador en Farmacia Jesús Álvarez y dos socios con perfil económico: Daniel Gómez y Juan Verdes, ambos máster en Dirección de Empresas.
Gráfico sobre el extracto comercializado por i-Grape.
La idea de i-Grape no sólo crea una nueva actividad en el sector vitivinícola. También da buena imagen a los vinos gallegos, en su mayoría blancos, que quedan asociados a lo saludable. Porque se sabe que los tintos tienen mayor concentración de antioxidantes, con 5.500 miligramos por kilo, frente a los 4.000 por kilo de la uva blanca. Y las desigualdades crecen porque, en la elaboración del vino, en el blanco se separan las pieles de la uva del mosto, fermentando de manera independiente. Por contra, en el tinto se mezcla todo para su fermentación, lo que enriquece el caldo con mayor cantidad de polifenoles totales. Lo que parece una desventaja ha sido aprovechado por los investigadores compostelanos: usar el bagazo de blanco, que es donde la concentración de antioxidantes es mayor.
«Lo que nos falta es un nombre comercial», reconoce Verdes, «aunque nosotros lo llamamos greipiño». Así que «greipiño», o como se comercialice en el futuro el extracto saludable de la empresa i-Grape, nace para triunfar. Y para demostrar que en la uva puede estar el secreto de la eterna juventud.
En una tierra generosa en recursos naturales como Galicia, tanto en tierra como en mar, no puede ser casualidad el desarrollo de empresas, grupos de investigación y centros públicos que han hecho de las ciencias de la vida su campo de desarrollo. Más extraño es que hasta 2010 ningún esfuerzo lograse aunarlos en un proyecto común para pensar y actuar en conjunto. Ese año nació Bioga, el cluster tecnológico empresarial de la biotecnología gallega, que desde entonces no ha parado de crecer. Es posiblemente el más claro exponente de la importancia de un sector que aglutina ya el 60% de la producción científica gallega, aunque volcada en más de un 90% al mercado internacional.
Carme Pampín
2014, Año de la Biotecnología en España, lo ha sido también el de la consolidación de Bioga, que ejerció de anfitriona en el principal evento internacional del sector, BioSpain, celebrado en septiembre en Santiago, y que ha contemplado el ingreso en sus filas de otro gigante como Zeltia. Son ya 45 las empresas asociadas, que facturan cada año 56 millones de euros y dan trabajo a medio millar de personas, un 60% de ellas titulados universitarios y doctores. “El objetivo es posicionarnos como referente en Galicia y en el Estado, y creo que lo estamos consiguiendo”, asegura su presidenta, Carme Pampín.
Nacida como heredera de una Plataforma de la Biotecnología que no llegó a cuajar, sus promotores pronto fueron conscientes de la existencia de suficiente masa crítica para promover una asociación que parte de la industria pero que también une a universidades, spin-offs, centros de investigación, fundaciones hospitalarias y organismos públicos. En Bioga están representados todos los grandes colores de la biotecnología: la roja, que se aplica en procesos médicos; la blanca o industrial; la verde, relacionada con los procesos agrícolas, y la azul, de los ambientes marinos y acuáticos. El 34% de sus socios están vinculados a la investigación, el 23% al sector agroalimentario y el 20% a la salud. El resto trabaja en ámbitos como la nanobiotecnología, la industria farmacéutica o el medio ambiente.
Las ciencias de la vida generan ya el 60% de la producción científica de Galicia
Con el Campus Vida, Zeltia y Lonza Biologics Porriño como puntas de lanza, el cluster ha dejado de ser una agrupación incipiente para exhibir su indiscutible potencial. Con todo, la gran mayoría de las empresas del Cluster Tecnolóxico e Empresarial das Ciencias da Vida, nombre oficial de Bioga, son compañías de pequeño formato que se dedican de una forma u otra a aplicaciones tecnológicas que, mediante la utilización de sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados, crean o modifican productos o procesos para usos específicos. Es esa la definición que se consensuó a la biotecnología en el Convenio sobre Diversidad Biológica de 1992.
El cluster ofrece un panorama fiel de la diversidad de campos que abarcan las empresas del sector en Galicia. Algunas desarrollan servicios que sirven para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades (Ebiotec), otras se dedican a investigar y producir ingredientes funcionales como los probióticos (Bialactis), hay productos que previenen enfermedades o plagas en cultivos agrícolas (Deroceras) y algunas que se han especializado en recursos humanos (In Out Consulting).
Instalaciones de Lonza Biologics Porriño. / Lonza
AMSlab, surgida en el campus de Lugo, de la Universidad de Santiago, hace análisis de productos por espectometría de masas, y se ha diversificado hacia los sectores textil, alimentario y farmacéutico. Es la empresa de referencia en los controles de calidad de Inditex. El producto estrella de Nanogap son nanopartículas metálicas de oro y plata con aplicaciones en electrónica y materiales. Y el de Biovía, un dispositivo que permite medir la contaminación a través del musgo.
A partir de Bioga nacen otras asociaciones como CosmetInnova, la unión de cinco empresas gallegas para desarrollar productos de cosmética de mayor actividad biológica y efectos beneficiosos a partir de especies vegetales. Ahí está Hifas da Terra, que cultiva setas para obtener productos de biomedicina. O Glecex, primera empresa española dedicada a la separación y aislamiento de antioxidantes producidos por las plantas para aplicarlos a la industria farmacéutica, agroalimentaria y cosmética. “Esperamos obtener el primer agente preservante con certificado ecológico”, avanza José Manuel López Vilariño, uno de sus creadores.
“Lo que tratamos de hacer con todo este potencial es dinamizar el sector y romper las barreras que nos estaban limitando”, explica la presidenta del cluster. “Lo hacemos con actividades de networking, financiación y formación”. Algunas que se han convertido en todo un acontecimiento para el sector, como BioSpeed Dating, Bio Investor Day, Bioalmorzos o los premios Bioga, que se entregan este 12 de diciembre en Lonza Biologics, ganadora del premio a la Empresa Más Competitiva en 2013.
Todo este mosaico de pequeñas y grandes, de empresas y centros de investigación, de tierra y mar, de medicina y de agricultura, de público y privado, es el que dibuja un sector gallego que se ha situado ya entre los cinco primeros de España. Natural como Galicia y diverso como la vida misma.
Jorge se ha partido una muela al masticar una aceituna con hueso. Barcos pesqueros regresan del Índico a Vigo repletos de tiburones de los que deberán descartar buena parte de sus piezas. Ni Jorge ni el armador de esos barcos pueden sospechar que los problemas de cada uno van ser las soluciones del otro. Él curará su dentadura con piezas extraídas de la boca de los escualos, mientras que el propietario de la carga logrará un rendimiento económico a partir de restos destinados a engrosar el contenedor de los descartes.
Una investigación llevada a cabo en Vigo con excelentes resultados, ya testados, permitirá la el aprovechamiento de los dientes de las especies tintorera y marrajo para la generación de tejido óseo, de gran utilidad en los campos de la traumatología y, muy especialmente, la odontología, en lo que constituye un innovador avance biomédico y del aprovechamiento de los recursos marinos.
Tres años de estudios realizados por investigadores del Grupo Novos Materiais de la Universidade de Vigo, integrados en el proyecto Biocaps, están a punto de dar sus frutos y facilitar que la historia de Jorge y Copemar culmine con la consecución de la patente. Jorge es el nombre que Biocaps, el programa del Instituto de Investigación Biomédica de Vigo, eligió para el personaje ficticio de un vídeo divulgativo dirigido por Paulino Pérez que trata de exponer de forma muy didáctica la utilidad de la investigación. Y Copemar es la empresa armadora que colabora en el proyecto, efectuado en el marco del programa europeo MARMED de desarrollo de productos innovadores de valorización de recursos marinos.
La valorización de los dientes de tiburón es un ejemplo claro de las posibilidades de la biotecnología roja, la orientada hacia la medicina. No es una novedad el aprovechamiento de piezas animales para la elaboración de cerámicas biológicas, pero el hueso bovino que se venía utilizando hasta ahora se ha complicado tras la confirmación del riesgo de transmisión de la encefalopatía espongiforme bovina, conocida como el mal de las vacas locas, un riesgo que desaparece con el uso de dientes de tiburón. No hay toxicidad en las piezas de escualos, como se ha demostrado en los laboratorios del Grupo de Novos Materiais de Vigo.
Tiburones en la lonja del puerto de Vigo.
En el puerto pesquero vigués, uno de los más importantes del mundo, se descargan cada año 3.000 toneladas de tiburón –principalmente tintorera y marrajo procedentes del Índico–, lo que lo convierte en el principal de España en esta especie. Las aletas tienen gran aceptación en el mercado asiático y la carne se vende en Europa, pero es ingente el volumen de descartes que deben gestionar los armadores en la práctica totalidad de los animales. “El tratamiento de los recursos marinos no se está llevando a cabo de forma sostenible, lo que acarrea el descarte de subproductos con un elevado potencial de valorización”, reflexiona Julia Serra, del grupo investigador. El proyecto MARMED permite realizar estudios de casos reales en colaboración con la industria para la generación de productos biomédicos con un alto valor añadido procedentes de las empresas del sector.
El mal de las vacas locas impide la implantación de hueso bovino
El proceso al que se someten los dientes de tintorera y marrajo es relativamente sencillo. Comienza con el lavado y secado de las piezas, para proceder después a su molerlas y tamizarlas. Se introducen a continuación en un horno para exponerlas a una temperatura de 1.500 grados, lo que elimina todo resto orgánico. El material se somete a un estudio morfológico al microscopio para caracterizarlo y ya está listo para las pruebas biológicas. Las realizadas con cráneo de rata dieron unos resultados sensacionales, por lo que el grupo integrado en Biocaps ya ha puesto en marcha el proceso para conseguir una patente europea que se espera en cuestión de semanas.
“Una vez que consigamos la patente, el siguiente paso será encontrar una empresa que quiera licenciarla”, continúa Serra. Un acuerdo con una compañía protegido con una cláusula de confidencialidad tiene prácticamente atada la comercialización del producto. La profesora universitaria, que dirige el proyecto conjuntamente con el catedrático Pío González, recuerda con especial emoción el momento en el que observaron el material final, tras pasar el proceso de molido y pirólisis: “Blanco, granulado: perfecto”. Un material “muy amable”, que confirmó la intuición de que el diente de tiburón era perfecto para su proyecto.
Para ser exactos, no era una intuición lo que llevó a Serra y González a emprender la investigación, sino la certeza de que estaban ante el material no sintético más adecuado para los implantes que emplean los odontólogos. “Por su morfología, su porosidad, su dureza extraordinaria, su flúor, por carecer de caries…” Gracias a su investigación, los dientes de tiburón dejarán de ser un engorro para los armadores, algo más que una amenaza para los bañistas sensibles a los mitos del cine. Y Jorge podrá decir con orgullo que lleva tiburón en las encías.
En España, 17 millones de ciudadanos manifiestan tener interés y curiosidad por la actividad científica y tecnológica. Todo un castigo a los catastrofistas, recogido en el reciente estudio Los públicos de la ciencia que dirigió el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Luis Pablo Francescutti y editó la Fundación Dr. Antoni Esteve. Es muy posible que esa sorprendente conclusión se confirme en experiencias como la vivida por GCiencia en su primer año de existencia, un periodo que se cumple el 25 de noviembre con unos resultados que han vencido a los presagios de los agoreros.
La ciencia interesa. Solo así se puede explicar que un medio digital, nuevo y especializado como este se haya consolidado en solo 12 meses entre los grandes de Galicia en Internet, como octavo medio de comunicación gallego en la red y primero nativo digital (datos del ranking Alexa de octubre de 2014). Es un logro que no podíamos ni sospechar quienes lo pusimos en marcha tras convencer con nuestra propuesta al jurado del proyecto iProx, lo que nos permitió nacer. Surgía una revista digital en pleno ébola periodístico, ese virus que aísla a los profesionales de la información en la frustrante ausencia de medios en los que publicar. Los promotores de GCiencia no nos resignamos al silencio, impelidos por la innata necesidad de comunicar que atrapa a los periodistas.
GCiencia nació con dos premisas fundamentales. La primera, comunicar la ciencia, y la segunda, hacerlo con las herramientas tradicionales del periodismo, esas que permiten entender lo que ocurre en un laboratorio a quien no ha pisado uno jamás. En caso de duda haz periodismo, dice el viejo axioma de la profesión, y experiencias como las vividas por esta web que cumple un año permiten concluir que sí, que la divulgación científica es fundamental y que los esfuerzos de los investigadores por comunicar son encomiables. Pero también que en esa tarea es necesaria y hasta imprescindible la contribución de quienes nos dedicamos a contar lo que ocurre en el mundo, sea un pleno del Congreso, un partido de baloncesto o el aterrizaje de la sonda Philae a 510 millones de kilómetros de la tierra.
Tan interesante ha sido constatar la sed de noticias sobre ciencia como el grado de desarrollo de la investigación gallega
Pero si interesante ha sido constatar la sed de conocimiento de los lectores, no menos ha resultado testar el grado de desarrollo de la ciencia gallega, auténtico foco de nuestras informaciones. Encontrar investigaciones, proyectos e iniciativas que trasladar a los lectores ha sido el menor de los problemas de GCiencia desde que echó a andar. Universidades, centros tecnológicos y empresas desafían día sí y día también a la endémica escasez de recursos que caracteriza los nuevos tiempos, produciendo tal catarata de materiales que solo cabe lamentar no disponer de más medios para poder trasladarlos al público que los está esperando.
GCiencia encara un período crucial. Tras muchos meses en los que su principal preocupación consistió en afianzar su crédito como medio de comunicación naciente, los últimos tiempos han permitido vislumbrar la viabilidad de un proyecto a medio y largo plazo. No es poco, en tiempos en los que los gigantes de la información se tambalean. Un nuevo modelo dominado por medios de tamaño pequeño y carácter especializado se abre camino, y esa es la senda por la que esta web de la ciencia gallega quiere transitar. GCiencia será un medio más o menos interesante o más o menos necesario, pero ha de ser obligatoriamente viable, y comienza a serlo gracias al apoyo de sus primeros anunciantes y patrocinadores.
La consecución de un modelo de negocio que acompañe a las nuevas empresas periodísticas sin comprometer su línea informativa es el principal caballo de batalla de esta nueva era de la profesión. Tras la publicación de miles de noticias y recibir más de un millón de visitas, GCiencia encara su segundo año con el reto de la sostenibilidad, objetivo para el que acaba de recibir el espaldarazo del principal plan de divulgación estatal: las prestigiosas ayudas para la cultura científica, tecnológica y de la innovación que concede la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología), del Ministerio de Economía y Competitividad. No ha sido fácil. El proyecto tuvo que superar un triple y exigente filtro evaluador que en España solo lograron vencer otros tres medios de comunicación –El País, la agencia Efe y TVG– y en Galicia ocho instituciones en total, GCiencia incluida.
El apoyo de la FECYT permitirá sentar las bases de GCiencia en su segundo año de vida, un éxito que hoy queremos compartir con quienes lo han hecho posible. Es una categoría en la que deben incluirse no solo los colaboradores, blogueros y profesionales en general que han contribuido a su consolidación, o los propios científcos con su producción, sino también y sobre todo los lectores que cada día nos han sorprendido con su apoyo a la causa de GCiencia, que no es otra que la causa de la ciencia gallega.
A las 12,00 del 25 de noviembre de 2013, un cohete que durante semanas simbolizó una cuenta atrás despegó virtualmente de la pantalla del ordenador para ilustrar el nacimiento de GCiencia. No fue casualidad que el primer contenido de apertura fuera la entrevista con el diputado gallego que cambió la política por un postdoctorado en Copenhague, un símbolo de los tiempos que le toca vivir a la investigación. Como tampoco son fruto del azar las dos características que definen a este nuevo medio de comunicación: en formato web, que ha venido a revolucionar a los medios tradicionales; y sobre ciencia, anticipo de la inevitable especialización que se vislumbra en la fragmentación de las audiencias.
Pues bien. Transcurridos seis meses de aquel despegue, esta modesta web sobre ciencia gallega ha conseguido un hito por el que muy pocos hubiesen apostado en el momento de su creación: hacerse un hueco entre los diez principales medios de comunicación de Galicia en Internet. Así lo refleja el medidor Alexa, que facilita el índice más fiable para medir la cantidad y la calidad del tráfico de una web. Como se puede observar en las clasificaciones que publica websgalicia.com, GCiencia ocupa el puesto número 28 del total de páginas de Galicia, incluidas las de gigantes comerciales o institucionales como Zara, la Xunta o el Banco Pastor.
No solo somos el tercer medio nativo digital mejor situado de Galicia, sino que hemos superado ampliamente las versiones para Internet de periódicos con una estructura empresarial consolidada como Atlántico Diario,Diario de Arousa o El Ideal Gallego. Las entradas en nuestra revista digital abarcan la práctica totalidad de países del mundo, con noticias cuyas visitas se han contado por decenas de miles. La web de la ciencia gallega es, A 26 de mayo, la 2.543 de España y la 107.422 del mundo en Alexa, y acumula más de un centenar de sitios de enlace.
Pero sobre todo, los que hacemos GCiencia nos sentimos orgullosos de la fidelidad de nuestros lectores, que mantienen un suelo en nuestro tráfico que ni imaginábamos cuando decidimos apostar por este proyecto. Esa es quizás la clave de que se incumpliera el morboso vaticinio del “isto non vai prender” al que tan acostumbrados estamos los periodistas, y al que desafiaba el decano del Colexio de Xornalistas de Galicia, Xosé Pereiro, en un artículo que nos acompañó aquel 25 de noviembre que comienza a parecer lejano.
GCiencia ha prendido. Para conseguirlo ha sido necesario trabajo, mucho trabajo. Pero también romanticismo, aportado por quienes creen que el periodismo todavía es posible. Con la herramienta del periodismo como activo, principalmente mediante el género del reportaje, esta web está demostrando el enorme interés que existe en Galicia por la ciencia, pero también el extraordinario potencial de nuestros científicos e investigadores, dispuestos a abandonar el cómodo escaño de un Parlamento autonómico para poder desarrollar su auténtica vocación hasta sus últimas consecuencias.
Cientos de reportajes han sido publicados en GCiencia, a pesar de desarrollar su trabajo en una fase que todavía se podría calificar de beta. A lo largo de estos seis meses hemos ido enriqueciendo la web con nuevas secciones. Como Perspectivas, que actúa como un agregador de contenidos; Bitácoras GC, donde los aficionados hablan de ciencia y los científicos de lo que les apetece, o Fotonautas, una ventana a la fotografía sin limitaciones geográficas. También hemos puesto en marcha, con el patrocinio de La Caixa y la colaboración de las tres universidades gallegas, el I Premio Universitario ‘Contar a ciencia’, donde un grupo de estudiantes previamente seleccionados analizan a través de reportajes algunas de las investigaciones que se realizan en los campus de sus propias universidades.
Estamos lejos aún de alcanzar nuestra meta de convertirnos en un medio totalmente trilingüe, para cumplir así el objetivo de expandir el trabajo de nuestros investigadores hasta sus últimas consecuencias, pero lucharemos para conseguirlo. También está en nuestra agenda incrementar la producción de información propia, ampliar la red de colaboradores, salir de la web a la calle para acercar la ciencia a los ciudadanos, contribuir a la divulgación científica a través de simposios y jornadas, crear nuevas secciones… Crecer, en definitiva. Estamos convencidos de que el apoyo que hemos recibido en este primer medio año de vida, que nos ha permitido asegurar que una web especializada en ciencia es un objetivo posible y sostenible, se incrementará en esta nueva etapa para consolidar un proyecto que, pese a sus incontestables logros, todavía no ha hecho más que despegar.
Si existe algo más complejo en el mundo del periodismo que alumbrar un nuevo de comunicación, no cabe duda de que se trata de consolidarlo. Poner en marcha GCiencia, esta revista digital dedicada a la investigación y la ciencia en Galicia, fue una aventura maravillosa, un gran reto periodístico y todo un desafío a la crisis. Gracias al apoyo de una beca iProx –y al acicate de un plazo ineludible que llevaba aparejada, por qué negarlo– la web despegó a las 12,00 horas del 25 de noviembre pasado. Hemos cumplido dos meses de un esfuerzo tan agotador como reconfortante, en el que han jugado un papel protagonista las decenas de miles de visitantes únicos acumulados en este corto trayecto.
El reto consiste ahora en mantener y consolidar este proyecto que nace con la vocación de retratar la investigación en Galicia. Es un retrato delicado y especialmente relevante, en cuanto se produce en el momento en que toca definir los grandes objetivos del Horizonte 2020 y de la Estrategia de Especialización Europea (RIS3) de la Unión Europea. Ahora que los datos del Instituto Nacional de Estadística reflejan que las empresas gallegas vuelven a apostar por la innovación, se abre un apasionante debate entre dos modelos de innovación: de un lado están quienes defienden una investigación propia y de calidad como requisito indispensable para promover la innovación en el tejido empresarial; del otro, quienes anteponen la innovación con independencia del lugar de procedencia de la investigación, como alternativa para atravesar el desierto de la crisis. A ese debate también quiere contribuir GCiencia.
Con las herramientas clásicas del periodismo, desde una perspectiva divulgativa pero sin caer en la banalización, GCiencia ha venido contando la actividad de quienes investigan y de quienes innovan y exponiendo todos los puntos de vista, lo que es tanto como contribuir a un relato que tradicionalmente se transmitió a la sociedad de forma parcial e inconexa. Y los resultados nos alientan a continuar en esta segunda batalla de la consolidación.
Superados los primeros dos meses, GCiencia ha dado pasos importantes hacia su consolidación. Nuestra audiencia crece día a día. Incrementamos número de visitas generales y visitante únicos. Más de 400 personas están suscritas a nuestros boletines, gracias a los cuales reciben en sus mails los contenidos de GCiencia semanalmente. En las redes sociales, vamos camino de los 5.000 seguidores, con especial incidencia en Twitter y Facebook. Este último terreno es uno de los más importantes, por cuanto ayuda a nuestro cometido divulgativo, popularizando contenidos.
GCiencia acaba de situarse en el puesto número 7 entre los medios digitales gallegos nativos de Internet más visitados. Y según el ránking Alexa el estándar de más prestigio, tenemos más audiencia que la edición digital de varios periódicos gallegos consolidados, de cabeceras bien conocidas.
GCiencia se sitúa, además, en el puesto número 70 entre las webs de Galicia más visitadas. En esta clasificación, tiene más valor el hecho de que incluye portales institucionales, instituciones financieras o gigantes como el grupo Inditex y todas sus marcas.
GCiencia ha publicado más de cien reportajes, noticias y tribunas de opinión en sus dos primeros meses de vida. Intentamos tratar temas diversos, de las tres universidades gallegas, empresas y centros de investigación. Y poner en valor la historia de la ciencia en Galica con nuestra sección Historias GC.
Tras estas primeras semanas de constante crecimiento, nuestro objetivo es avanzar hacia nuevos contenidos, con mayor atención al audiovisual y la proyección internacional con más noticias en inglés.
Desde GCiencia queremos agradecer a nuestros visitantes, a los seguidores en las redes sociales, a nuestros colaboradores, instituciones y la comunidad científica el interés y amabilidad con que nos han recibido. Es de ellos la responsabilidad del éxito de la web de la ciencia gallega. Y prometemos seguir avanzando hacia la consolidación de un nuevo medio de comunicación de calidad para hablar del I+D+i que se hace en Galicia.
Nace GCiencia, la web de la ciencia gallega. Salimos con la intención de informar y divulgar sobre la investigación que se hace en Galicia. Queremos acercar a la sociedad la I+D+i y concienciar sobre su importancia para el desarrollo del país. Y, por supuesto, reivindicar la calidad de los profesionales, de las universidades y de los centros de investigación, porque este nuevo medio surge desde la certeza de que en Galicia no solo se hace mucha ciencia, sino de una enorme calidad.
Sabemos que aparecemos en un contexto difícil, caracterizado por grandes recortes en el presupuesto investigador. Pero, precisamente por ello, vemos llegado el momento de reivindicar la ciencia en Galicia.
Han sido muchos los motivos que nos animan a tomar la decisión de crear GCiencia, entre ellos unos cuantos relacionados con el periodismo, profesión sumida en una crisis sin precedentes. Como resultado de la letal combinación de la caída publicitaria y la irrupción de las nuevas tecnologías, el periodismo tal y como lo conocemos se viene abajo. Sin necesidad de profundizar en otras causas, en las que la autocrítica debería ocupar un lugar destacado, observamos las consecuencias. Y una de ellas tiene que ver con una fragmentación de audiencias que está comenzando a reflejarse en la oferta periodística. Esto es, en la especialización.
No volverán las grandes redacciones. Nadie competirá con los grandes medios de comunicación en capacidad para desplegar corresponsalías por el mundo o desplazar en horas a un equipo allí donde se produzca una noticia, pero esos gigantes se las tendrán que ver con múltiples hermanos pequeños dispuestos a hacerse un hueco en cada una de sus especialidades. Ya lo hacen, sea en política, internacional, cultura, información local o deportes. También en el campo de la ciencia.
Es intención de GCiencia aprovechar las posibilidades que ofrece Internet para llegar al público sin necesidad de hacer frente a una inversión desmesurada. Eso ha permitido que este nuevo portal científico pueda centrarse en lo realmente importante: en periodistas, en periodismo. No somos científicos, pero somos capaces –creemos serlo, vamos a intentarlo– de contar la ciencia.
Elegimos la ciencia y la investigación porque nos gusta, pero también porque creemos firmemente en ella. No solo nosotros. Llegamos en un momento en que se materializan los grandes objetivos del Horizonte 2020 en toda la Unión Europea y en que se define la estrategia de investigación e innovación RIS3, que defiende el principio de que la investigación ha de ser la palanca que saque a Europa de la crisis. Lo hacemos, también es cierto, en una época de crisis económica que ha castigado duramente a la industria del conocimiento.
Queremos ser una fotografía fiable de la ciencia en Galicia, con sus retos y dificultades. No seremos, sin embargo, un medio político. No esquivaremos ningún tema, pero GCiencia será sobre todo una herramienta para la divulgación. Lo haremos utilizando tres idiomas: principalmente, el gallego, pero acompañado del castellano y con una progresiva incorporación del inglés para dar mayor proyección internacional a nuestra investigación. También pretendemos que el audiovisual sea un contenido habitual de GCiencia. Es un producto caro, pero que ha devenido en el estándar de la comunicación en la red.
Queremos dar voz a la comunidad científica. Y agradecemos la colaboración de los grandes profesionales que incorporan sus firmas desde el mismo nacimiento de este nuevo medio de comunicación, como también damos las gracias a todos los científicos e instituciones que nos han ayudado hasta ahora, comenzando por el Colexio de Xornalistas y Novagalicia Banco, a través de la Iniciativa Iprox.
Esto no ha hecho sino empezar. Tenemos muchos retos por delante. Entre ellos, la constitución del Comité Asesor Científico que vele por la calidad y rigor de Gciencia.
La hora es ahora. Nace GCiencia. Desde hoy, un nuevo espacio para divulgar, comprender e informar sobre de la ciencia gallega.
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