Escavacións no castro de Santa Trega.

Escavacións no castro de Santa Trega.

Trega, el gran monumento colectivo de la Edad del Hierro

El mayor enclave castreño del Noroeste peninsular está situado en un alto espectacular que domina el río Miño

El monte Trega es el gran monumento colectivo de la Edad del Hierro en Galicia. Es también el lugar con más visitas turísticas tras la catedral de Santiago. Y el poblado castreño más extenso del Noroeste de la Península. Situado en el municipio de A Guarda, en un otero desde el que se divisa la desembocadura del Miño y el valle de O Rosal, su emplazamiento es también todo un espectáculo.

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La dimensión y la importancia que alanzó el Trega se revela en la diversidad y abundancia de su decoración arquitectónica. Se han encontrado los más variados elementos decorativos, entre los que destacan las llamadas esvásticas, unos cilindros de granito destinados a ser encajados en los muros de las construcciones más destacadas.

Las esvásticas adoptan símbolos distintos, como los trisqueles, los tetrasqueles, los nudos… Y se cree que representaban el disco solar. También aparecen en joyería. A estos elementos, hay que sumar dinteles o cornisas labrados, que nos demuestran que algunos edificios eran singulares. Incluso hacen pensar en una diferenciación entre clases sociales, con una élite que también disfrutaba de joyas, muchas de ellas de oro extraído del río Miño y sus afluentes. El torque es la estrella de estas alhajas. Se trata de un collar que remata en dos pomos labrados con filigrana. Hay representaciones en las que los guerreros se adornan con esta joya distintiva.

Hablamos en el monte Trega de un castro extenso, el de mayor tamaño de todo el Noroeste de la Península. Con una extensión de 20 hectáreas, se trataría de un ‘oppidum’, un poblado de grandes dimensiones ya con características de ciudad.

Se trata de unos de los primeros castros en ser excavados en Galicia. Ya en 1913, la Sociedad Pro-Monte Santa Trega inició los trabajos, que tuvieron gran repercusión y contribuyeron a convertir el yacimiento en un atractivo turístico de primer orden. Actualmente, los visitantes buscan las cabañas que han sido reconstruidas y que, con mayor o menor acierto, reflejan cómo vivían los galaicos de la Edad del Hierro.

Desde el Trega sus habitantes controlaban el Miño y el valle de O Rosal

El poblado se extiende por la parte más alta de la montaña, por las laderas Este, Sureste y Norte. En esta situación, sus habitantes podían controlar todo el estuario del río Miño, una ventaja tanto para las relaciones comerciales como para la seguridad ante posibles invasiones.

Si observamos hoy el dibujo de este complejo urbano, destaca el laberinto que forman las construcciones, los muros, las vías de comunicación. Los siglos fueron labrando su fisonomía para dar cobijo a miles de habitantes.

La muralla, construida en granito, tiene 1,60 metros de espesor y rodea el poblado. Las excavaciones han sacado a la luz la Puerta Norte, mientras que en un lateral vemos lo que parece una construcción defensiva, destinada a alojar un cuerpo de guardia. Las viviendas aparecen abigarradas dentro del recinto defensivo, nunca pegadas a la propia muralla por motivos estratégicos. Varias vías principales recogen el flujo de pequeñas callejas o pasos, que van a las viviendas familiares. Además, hay una organización compleja de la ciudadela, con canales de aguas, pequeños aljibes o aliviaderos de aguas residuales.

Recentes escavacións da Deputación de Pontevedra no Trega.

Recentes escavacións da Deputación de Pontevedra no Trega.

Los antiguos moradores del Trega vivían de la caza, de la pesca y de la ganadería. Pero también comerciaban. Y, por lo hallado en las excavaciones, eran buenos en esto. Se han encontrado numerosas ánforas, algunas del modelo Haltern 70, que traían productos de la Bética, especialmente vinos. Hay también joyas, vasos y vajillas finas y otros elementos que nos hablan de una cierta élite social y un desahogado nivel de vida.

De la alimentación nos hablan los concheros encontrados en el Trega. Se trata de depósitos de restos de moluscos, que demuestran que en la Edad del Hierro también eran aficionados a las mariscadas. Además, han aparecido huesos de animales domésticos, tanto de ovino, caprino y bovino, que nos revela la importancia de la ganadería.

Sus habitantes tejían su propia ropa y también fabricaban cerámica y joyas

Con la llegada de los romanos, se incorpora al Trega una segunda tradición en alfarería. El torno bajo se une a la producción hecha a mano. Vasos para beber, ollas para poner al fuego, grandes vasijas para el almacenaje… la producción es enorme y aparece bellamente decorada. También hallamos piezas de ‘Terra Sigilata‘, que cuentan con un pequeño ‘sigillum’ o sello en su interior para identificar el alfar del que salieron.

Los antiguos habitantes del Trega también se dedicaban a la artesanía textil. El lino, la lana y el cuero son sus materias primas. Hay hilado y también pequeños telares, mientras la labor final de cosido se realiza con agujas de bronce, de las que se han encontrado varios ejemplares.

En cuanto a la religión, muchos aspectos siguen en el misterio. En 1860, fue hallada aquí una estatua de Hércules en bronce, que fue robada de los fondos del museo un siglo más tarde. No se han encontrado cementerios y desconocemos el destino de sus muertos. Pero parecían tener una idea de trascendencia, porque las últimas excavaciones hallaron una cabeza en piedra de un guerrero. Se cree que podría ser la representación de un valiente enemigo, cuya alma serviría para reforzar la defensa de la muralla.

Más de un siglo de excavaciones

Las primeras excavaciones en el castro de Santa Trega las realiza un religioso, Juan Domínguez Fontenla, en 1910, acompañado de un arqueólogo alemán. En ellas descubren las primeras construcciones circulares, en la zona de Campo Redondo.

Anteriormente, en 1860, el cantero José María Domínguez Troncoso había encontrado de forma casual una pequeña estatua de Hércules en bronce.

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Pero el primer gran avance en el poblado lo realiza la Sociedad Pro-Monte Santa Trega, en 1913, cuando inicia una campaña que descubrirá buena parte del poblado. Hasta 1923, continuarán los trabajos, por desgracia en algunos casos sin rigor científico, lo que dejará lagunas y falta de datos.

Las primeras excavaciones con un método científico las dirigirá el catedrático Cayetano de Mergelina entre 1928 y 1933. Dos jóvenes arqueólogos, Sebastián González y Filgueira Valverde, le ayudarán en su misión.

El Trega se convierte en un atractivo turístico, pero el interés arqueológico parece decaer. Hay nuevas excavaciones de 1953 a 1972 dirigidas por Manuel Fernández Rodríguez. Y, de 1983 a 1988, por Antonio de la Peña Santos, que aporta datos minuciosos y una cronología sostenida por las evidencias.

Las excavaciones acaban de regresar con el plan de la Diputación de Pontevedra y del Ministerio de Fomento iniciado en 2015. Y han avanzado por nuevos barrios del gran poblado del monte Santa Trega. El hallazgo de una cabeza pétrea de un guerrero es uno de los hitos más importantes de esta nueva campaña.

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