Equipo de Aistech Space, na Axencia Europea do Espazo.

Equipo de Aistech Space, na Axencia Europea do Espazo.

Aistech Space: la democratización del espacio

La creación de los cubesats o nanosatélites abaratará el coste del acceso a la tecnología espacial

El primer satélite artificial que la humanidad puso en el espacio era soviético, tenía 83.6kg de masa y estaba formado por una bola de aluminio de 58 centímetros de diámetro y cuatro antenas de 2,4 y 2,9 metros. El Sputnik 1 daba comienzo el 4 de octubre de 1957 a la conquista del espacio. Desde ese momento los satélites no hicieron más que crecer: más grandes, más potentes y con más herramientas. Y también mucho más caros.

Satélite de Aistech.

Satélite de Aistech.

Para los estudiantes, tanto el precio como la complejidad de los aparatos les generaban un problema a la hora de desarrollar modelos propios, montarlos y probarlos. Pero a finales de los 90 el profesor catalán de la Universidad Politécnica de California, Jordi Puig-Sauri, y el de la Universidad de Stanford, Robert «Bob» Twiggs presentaron una solución: satélites cúbicos de 10 cm para estos fines académicos. Más baratos y más sencillos que los tradicionales. El primero es lanzado con éxito en 2003.

“Nosotros seguimos de cerca la evolución de los nanosatélites, y sobre todo de las empresas de Silicon Valley que estaban desarrollando esta tecnología con fines comerciales”, explica Guillermo Valenzuela, CEO y cofundador de Aistech Space.

Con sede en Porto do Molle, Nigrán, trasladada en 2016 desde Barcelona por el apoyo de la Xunta, su empresa se dedica al desarrollo de cubesats para uso civil. En 2015 nace la compañía, después de un año de estudio en el que descubren un nicho de mercado en el seguimiento de aviones, la comunicación bidireccional en zonas remotas y la captura de imágenes infrarrojas y térmicas desde el espacio.

El new space frente al old space
La principal revolución que trae este nuevo tipo de satélites, que pertenecen al sector del apodado new space, es debido al bajo coste. Aparatos más pequeños y por lo tanto más fáciles de poner en órbita. “Hace veinte años era absolutamente impensable que una PYME de 14 personas como nosotros se plantease lanzar un satélite”, comenta Valenzuela, «sólo estaba a la altura de Boeing, Airbus o Thales”.

“Un nanosatélite lo es únicamente por el tamaño porque los sistemas que trae integrados son los mismos que un satélite grande”, explica. La diferencia está en la redundancia y en la potencia, que genera una estructura de trabajo distinta. Mientras un satélite del old space como el Galileo lleva cuatro relojes y dos ordenadores, únicamente por si en vuelo alguno falla, en un nanosatélite la redundancia la obtenemos del nanosatélite que vuela al lado.

De ahí la necesidad de tener en el aire una constelación, pues la tasa de fallo está en un 3-4%. “Para nosotros será un problema porque no podremos facturar con esos satélites que mueren anticipadamente, pero no es lo mismo perder 3 nanosatélites que un solo satélite de 500 millones de euros que se amortiza en 15 años”.

Los nanosatélites son un mercado más económico para acercar la tecnología espacial a las pymes

“Todo tiene su mercado”, dice Valenzuela. Y es que no podremos utilizar cubesats para retransmitir televisión por satélite o para obtener imágenes de altísima resolución, algo que sí hacíamos con los aparatos tradicionales de mayor potencia. “Hay quien exige treinta centímetros por píxel en sus imágenes y está dispuesto a pagar 3.000 euros por ello, y quien le valen con 5 metros por píxel a 100 euros la fotografía”. Pero se está abriendo un mercado a sectores que antes no podían pagarlo.

Patch de Aistech.

Patch de Aistech.

Como para la agricultura o la gestión forestal, donde gracias a la fotografía multiespectral podremos saber qué zonas de un campo deberán regarse o abonarse más o menos, qué zonas forestales están más secas y dónde puede haber riesgo de incendio. Aistech plantea además la coordinación de los sistemas espaciales con equipos en tierra, ya que “podríamos ver dónde hay un conato de incendio y enviar a los bomberos o un dron a verificarlo”.

Una constelación de satélites fabricados en Galicia
El objetivo de la empresa es tener cien satélites orbitando la Tierra para 2022. Con ello conseguirían tener una alta tasa de refresco de datos. “Con un solo satélite como los nuestros, que vuelan en órbita polar a poca distancia, damos la vuelta al mundo en 90 minutos y podemos ver todo el planeta». El problema está en que el mercado requiere una mayor frecuencia de datos, así que necesitan más satélites. El calendario que se marcan es lanzar el primero en 2018, pero cuentan con tener 13 satélites en órbita a mediados del 2019 y la constelación completa de 100 para 2022. Aunque para este último paso reconocen que necesitan más financiación.

El I+D de Aistech Space no está enfocado hacia la estructura de los nanosatélites. “No pretendemos inventar la rueda”, dice Valenzuela, sino que se dedicarán al desarrollo de las cargas útiles: la cámara, el telescopio, o tarjetas de comunicación.

Lo que implica comprar unas partes y fabricar otras. Y así entra en juego el Centro de Innovación Aeroespacial de Galicia (CINAE), que será quien ensamble todo el aparato. “CINAE tiene mucha experiencia integrando satélites, así que hemos cerrado dos grandes proyectos con ellos», dicen desde Aistech. Y reconocen haberse venido a Galicia también por el conocimiento y la ‘expertise’ no sólo del CINAE, sino además, de la propia Escuela de Telecomunicaciones. E incluso “por la oportunidad de captar gente formada de la Universidad, o de traer a titulados emigrados de vuelta a Galicia, lo que para nosotros es un orgullo”.

El diseño de los cubesats continúa en Barcelona, pero la fabricación del primer satélite está ahora en Vigo, en la sala blanca de la universidad. En breves, Zona Franca abrirá su propia sala blanca, por lo que pronto trasladarán allí toda la fabricación.

El lanzamiento del primer cubesat de la empresa será con un cohete de SpaceX desde California, y ya está programado para el próximo marzo.

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