Pablo Barco.

Pablo Barco.

“Una ciudad que apuesta por el peatón es una ciudad más sana”

El activista Pablo Barco coordina la red 'Ciudades que Caminan', que preside Pontevedra

La red de Ciudades que Caminan nació hace cinco años para agrupar a todos los municipios y administraciones que apuestan por mejorar la situación de los viandantes en las ciudades. Actualmente, forman parte de ella más de veinte ayuntamientos de España y Portugal. La ciudad de Pontevedra ocupa actualmente la presidencia de la entidad. Pablo Barco (Sevilla, 1979), es su coordinador técnico. Este activista, licenciado en Historia y con estudios técnicos en movilidad sostenible, trabaja desde hace años para defender los derechos de los peatones en los núcleos urbanos.

-¿Cuál es el trabajo de Ciudades que Caminan?

-Nuestra estrategia se centra en tres puntos: mejorar la seguridad vial, fomentar la accesibilidad universal y apostar por la defensa del medio ambiente. Ciudades que Caminan nació de la unión entre las Administraciones Públicas y los movimientos ciudadanos que abogaban por una movilidad sostenible para trabajar en la consecución de objetivos en este ámbito.

-¿Cuál es la tendencia actual? ¿Se apuesta por la movilidad sostenible o sigue habiendo resistencias?

-Es obvio que las reticencias siguen existiendo. Se nota en algunas propuestas, como la de reducción a 30km/h en algunas áreas de la ciudad. Lo hemos propuesto en muchos municipios, pero muy pocos acceden. Y eso que los principales usos de los coches en la ciudad no se ven afectados por esta limitación. Sin embargo, los ayuntamientos no acceden. Sigue estando muy arraigada la costumbre de coger el coche para todo, a veces, aunque perdamos más tiempo que si nos desplazásemos andando. Y tampoco ayudan algunas campañas publicitarias que podemos ver en los medios de comunicación por parte de algunas marchas de automóvil, donde se sugiere que el coche debe ser el medio de transporte principal en la ciudad, a veces incluso ridiculizando la figura del peatón o del ciclista.

‘Se cree que la peatonalización debe ser integral, pero hay matices’

-¿Todas las ciudades pueden ser ciudades para caminar?

-Cualquier ciudad puede serlo. Pero uno de los problemas que detectamos es que cuando se habla de peatonalización, hay bastante desconocimiento del concepto. Se cree que la peatonalización debe ser siempre integral. Pero hay matices, se pueden tomar otras medidas que beneficien al peatón: reducir el ancho de las vías, elevar los pasos de peatones, etc. Y por otra parte, el proceso se debe hacer de una manera distinta en las ciudades pequeñas y en las grandes. En estas últimas, por ejemplo, hay que tener más en cuenta el papel del transporte público para salvar las grandes distancias que existen sin tener que recurrir al vehículo privado.

-¿Cómo se adapta una ciudad para ser más amable con los peatones?

-Nosotros apostamos por empezar el proceso con el modelo de supermanzana, que ya se está aplicando en ciudades como Vitoria. Se estructuran los barrios, con sus principales vías de comunicación, se establecen aceras continuas, y se regula la circulación en el interior de estas supermanzanas, adaptándolas al peatón con plataforma única, sentido único de circulación y limitación de velocidad. A medida que se regulan los itinerarios peatonales, se va adaptando la circulación del tráfico.

-¿En qué mejora una ciudad hecha para los peatones?

-Para empezar, se reconocen una serie de derechos, incluidos en la Carta de los Derechos del Peatón, que alude a asuntos tan básicos como la accesibilidad universal o la reducción de la contaminación. En algunos lugares, el dominio del vehículo a motor conculca incluso el derecho a la libertad de desplazamiento. Del mismo modo, una ciudad que apuesta por el peatón es una ciudad más sana, mental y físicamente. Los niños ven respetados sus derechos, tienen mayor autonomía y pueden disfrutar del espacio público, al igual que las personas mayores y con movilidad reducida. A nivel de seguridad vial, la siniestralidad se reduce mucho. Y hay otros motivos, a los que ya aludía Jane Jacobs, una de las madres del urbanismo sostenible, que afirmaba que la movilidad mejora la comunicación entre los habitantes de una ciudad y, consecuentemente, fomenta el desarrollo de una inteligencia colectiva.

-¿Qué papel juega la educación?

-Es una de las líneas principales de nuestra estrategia, pero queremos potenciarla aún más. Creemos que hay que partir de la educación de la infancia y de su participación en la toma de decisiones de la ciudad. Hemos realizado encuestas en las que los niños manifiestan que quieren más espacios para jugar, quieren más seguridad vial. Son un grupo muy olvidado en la sociedad a la hora de tomar decisiones, hay que tenerlos más en cuenta.

‘Una buena movilidad mejora la inteligencia colectiva de una ciudad’

-¿Por qué se ha convertido Pontevedra en un referente?

-Por haber puesto en práctica lo que mucha gente consideraba imposible. Es el resultado claro de tomar decisiones políticas que son complicadas, pero que deben ser firmes. Se tenía claro el modelo, había colaboración técnica a todos los niveles, y se aplicó de manera firme y constante. Y además, se demostró la validez de los cambios con hechos. Pontevedra es el modelo a seguir porque apostó por los tres ejes que nosotros defendemos: la seguridad vial, la accesibilidad universal y el cuidado del medio ambiente. Al pasear por la ciudad se respira un ambiente especial: hay tranquilidad, los niños se mueven con autonomía, etc.

-Usted vivió de cerca un caso interesante como el de Sevilla ¿Qué ocurrió?

-A comienzos de la pasada década se puso en marcha un proceso que, sin embargo, tuvo un período de parálisis entre 2011 y 2015. Al principio se acometieron algunas peatonalizaciones de gran envergadura, como la de la Avenida de la Constitución, una calle céntrica de cuatro carriles, por la que pasaban muchísimos coches, y que se reformuló completamente. También se actuó en otros lugares, como la plaza de la Alameda o en los barrios de Triana y Los Remedios. Todos estos proyectos funcionaron bien. Sin embargo, se dieron pasos atrás. Cuando se paralizó el proceso, se eliminó la restricción del tiempo de tránsito de los vehículos en el centro de la ciudad. Ahora, pese a que se apostó de nuevo por la movilidad sostenible, no se ha reinstaurado esta limitación.

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