Telescopio Forcarei

Interior del telescopio de Forcarei, cedida por la Fundación Ceo, Ciencia e Cultura.

Las estrellas están en Forcarei

Un grupo aficionados a la ciencia mantiene pese a los recortes el tercer mayor telescopio de Galicia

Hasta Flagstaff, una ciudad de montaña del estado de Arizona (EE UU), se fueron a buscar un telescopio en condiciones los responsables la fundación Ceo, Ciencia e Cultura, que entre 2005 y 2006 se pusieron de acuerdo para buscar un lugar desde donde observar las estrellas, de acceso público y vocación educativa. La ubicación elegida fue finalmente la zona de As Casetas, en Forcarei, donde hoy se levanta un observatorio astronómico que resiste a los recortes.

“En su día se diseñó un proyecto bastante completo. Había gente del ámbito universitario y conseguimos una ayuda de 180.000 euros de los fondos europeos Leader”, explica Enrique Alonso, presidente de la fundación. Eran esos años en los que quienes avisaban de la crisis eran tachados de agoreros, y el proyecto suscitó el interés de las instituciones públicas y las cajas de ahorros. De modo que el telescopio que se adquirió era de los buenos. “Costó en su día unos 90.000 euros. Los espejos tienen una calidad altísima, y Forcarei es un lugar oscuro, con una calidad del cielo amplia”, explica Alonso.

El observatorio empezó con buen pie y atrajo cierto interés en la comunidad. “Es de los mejores que hay en Galicia, junto con los de Santiago y Lalín”, señala el presidente de la fundación, que recuerda con orgullo que unas fotografías de supernovas situadas a 30 millones de años luz suscitaron el interés de los medios hace un par de años. El observatorio también se ha centrado últimamente en localizar los denominados objetos cercanos a la tierra (NEO, en sus siglas en inglés) para vigilar que los astros más próximos siguen donde deben.

El ataque de la crisis

Pero la crisis lo ataca todo. Parte del personal que trabajaba en el observatorio eran técnicos de estudios superiores para cuyos sueldos la Xunta echaba una mano. Ahora la financiación escasea y son los propios patronos los que se tienen que turnar para mantener operativo el centro. “Somos tres o cuatro, y uno de nosotros, que está en el paro, es el que se encarga de concertar las visitas de colegios, grupos de mayores y demás”.

“Queremos darle una visión más técnica, y estamos negociando con la Universidad de Vigo para que los estudiantes vengan a colaborar a cambio de créditos”, añade.

“Cuando la gente viene se queda impresionada”, asegura Alonso, que calcula que cada año reciben entre 2.000 y 3.000 visitantes. El pico suele coincidir con las Perseidas, en agosto, cuando se citan en As Casetas cientos de personas para pasar la noche observando el firmamento. “Es una pena que no tengamos más recursos, pero tenemos que buscarnos la vida”, concluye Enrique.

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