O tempo non pasa por Albert Einstein.

O tempo non pasa por Albert Einstein.

“La belleza de la obra de Einstein no tiene parangón en la historia de la Humanidad”

O físico José Edelstein, da Universidade de Santiago, lembra a Albert Einstein no 60 aniversario da súa morte

José Edelstein.

José Edelstein.

José Edelstein é profesor de Física Teórica na Universidade de Santiago de Compostela. Tamén é un gran divulgador científico. Naceu en Bos Aires en 1968, e tras pasar por Harvard, hoxe exerce como compostelán. Neste artigo para o especial da axencia SINC, coordinado por Enrique Sacristán, describe a trascendencia da obra de Albert Einstein, a maior figura científica da historia da Humanidade, cando se cumpren 60 anos da súa morte, o 18 de abril de 1955.


Hace seis décadas dejó de respirar el físico más brillante de todos los tiempos. Albert Einstein irrumpió en el universo académico a los 26 años de un modo al que incluso le queda corto el adjetivo de sobrehumano. Publicó cuatro trabajos como único autor: sobre la naturaleza de la luz, de las moléculas, de la masa y del tiempo. Cada uno de ellos significó una revolución científica de tal calado que el único corolario razonable habría sido la concesión de cuatro premios Nobel. Solo lo recibió por su explicación del efecto fotoeléctrico a través de los fotones, hito fundacional de la física cuántica. Cuando parecía imposible superarse, exactamente hace cien años, Einstein presentó las ecuaciones de la teoría de la relatividad general.

“Querido Sommerfeld, no te molestes conmigo por responder tu amable e interesante carta recién hoy. Este último mes ha sido uno de los más estimulantes y agotadores de mi vida. Quizás también el más exitoso. No podía pensar en escribir”. Esto le escribía a uno de los pioneros de la teoría atómica, Arnold Sommerfeld, el 28 de noviembre de 1915. Tres días antes había presentado su teoría de la gravitación que echaba por tierra aquella que Isaac Newton construyera más de tres siglos antes, y en la que se basaba hasta ese entonces la comprensión del movimiento de los planetas y las estrellas.

La gravedad no es más que el efecto que produce la curvatura del espacio y del tiempo. Se desprendían consecuencias drásticas. La luz debía curvarse al pasar cerca de un cuerpo muy masivo, como una estrella. Aprovechando el eclipse total de Sol, del 29 de mayo de 1919, una expedición encabezada por el astrofísico británico Arthur Eddington comprobó que, en efecto, esto ocurría. Einstein se convirtió de inmediato en una suerte de deidad planetaria, con solo 40 años.

‘Publicó cuatro artículos como único autor y mercería cuatro premios Nobel’

También se desprende de su teoría que el tiempo no transcurre al mismo ritmo en todos lados: su devenir es más lento cuanto mayor es la gravedad. Esto se pudo demostrar en vida de Einstein, aunque la confirmación definitiva llegó poco después de su muerte. Jamás habría imaginado que pocas décadas mas tarde cientos de millones de personas estarían comprobando a diario ese efecto al utilizar el GPS, cuyo funcionamiento tiene en cuenta la cadencia distinta de nuestros relojes y los que están en los satélites para triangular la posición.

En el complejo entramado del universo físico, Einstein siempre supo a qué tuerca había que darle la vuelta. Incluso cuando estuvo equivocado. Dos de sus ‘errores’ han sido la base de la mejor explicación disponible actualmente para la energía oscura –que constituye el 75% del contenido energético del Universo– y de una de las disciplinas más prometedoras del panorama actual: la computación cuántica. La importancia y belleza de la obra de Einstein no tienen parangón en la historia de la humanidad.

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