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Pecho y biberón en el ring

biberon-pecho¿Le vas a dar el pecho o el biberón? Esta es una de las preguntas que siempre se le hace a una futura mamá. Hoy por hoy el biberón es la opción más requerida por las madres. Muchas de ellas, ni se plantean dar el pecho, incluso antes de quedarse embarazadas ya tienen claro que quieren mantener sus mamas intactas, no hay lugar para la duda siquiera. Pero, ¿cuál es la razón, si dar el pecho es la mejor opción para el bebé? Según la Organización Mundial de la Salud, “la lactancia materna es la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables. Prácticamente todas las mujeres pueden amamantar, siempre que dispongan de buena información, del apoyo de su familia y del sistema de atención de salud”.

La leche materna varía su composición a lo largo de la toma y tiene una mayor cantidad de grasa al final de ésta. El objetivo de este proceso natural es frenar el centro de saciedad del niño y dar la orden automática de que ya se ha dejado de necesitar alimento. La leche de biberón mantiene los mismos componentes durante toda la toma, por lo que este centro de saciedad del bebé no funciona de manera tan perfecta. No es sólo ésta la diferencia fundamental entre los dos tipos de lactancia, los nutrientes alcanzan un porcentaje superior en la leche materna que en la de biberón y ayudan en la defensa del tubo digestivo, como es el caso de los oligonucleótidos, que no aparecen en la leche de vaca. Estos elementos participan también en el proceso de crecimiento y desarrollo de la mucosa intestinal, haciéndola más apta para digerir. Además, la mayoría de expertos nos demuestran que el biberón eleva el riesgo de sobrepeso en la edad escolar y la adolescencia. La diferencia de componentes entre ambos tipos de leche, el exceso de cálculo de la madre en el volumen de los biberones y la tendencia a introducir alimentos no lácteos en la dieta de estos niños antes de los cinco meses de vida, hacen que aumente la posibilidad de estar sometiéndolos a regímenes hipercalóricos desde muy pequeños. Diversos estudios realizados en ciudades alemanas revelan que aquellos niños y adolescentes que no tomaron el pecho y fueron alimentados con biberón durante los primeros meses de vida, tienen mayor tendencia a padecer obesidad y sobrepeso que aquellos que sí lactaron.

En España, sólo el 36% de las mujeres dan el pecho en exclusiva durante seis meses. En Estados Unidos es un pírrico 12%. Los motivos para este abandono, a pesar de la insistencia de los pediatras en que la leche materna es el mejor alimento para el bebé, están relacionados con el desconocimiento por parte de las mujeres de la técnica para amamantar correctamente, con motivos meramente físicos y, en menor medida, con causas laborales. A día de hoy, lo más común, es encontrar declaraciones de mujeres que opinan igual que la modelo británica Nicola McLean, que en su momento ha dicho que no le va a dar el pecho a su hijo porque sus “pechos son sólo para el sexo”Otras se respaldan en mitos como que no tienen leche. Un nuevo análisis científico publicado en el diario médico estadounidense Pediatrics sostiene que el 90% de las mujeres pueden dar el pecho a sus hijos, y como ejemplo, si el 90% de las madres de ese país dieran el pecho a sus hijos durante al menos seis meses, se evitaría una multitud de enfermedades puntuales y problemas de salud como gastroenteritis, otitis, infecciones varias, asma, diabetes e incluso leucemia que la lactancia materna podría prevenir.

¿En qué se centra ahora la ciencia? Estudios científicos realizados por investigadores españoles, han utilizado una técnica basada en la secuenciación masiva de ADN para identificar el conjunto de bacterias que contiene la leche materna. En unas muestras de calostro, el líquido que secretan las mamas los días que suceden al parto, han encontrado más de 700 especies de estos microorganismos. En este caso, los más comunes pertenecen a los géneros Weissella, Leuconostoc, Staphylococcus y Streptococcus, mientras que en las correspondientes al fluido que se desarrolla entre el primer y el sexto mes de lactancia aparecen los típicos de la cavidad bucal, como Veillonella y Leptotrichia. Este estudio se centra ahora en averiguar si estas bacterias se podrían añadir a la leche de fórmula y así disminuir el riesgo de que el pequeño sufra alergias, asma y enfermedades autoinmunes, lo cual “garantizaría que se desarrolle la mucosa intestinal, impidiendo el paso de aquellas moléculas que estimulan al sistema inmunitario y que producen reacciones de intolerancia y alergia”.

Deberíamos partir de que todas las madres quieren lo mejor para sus hijos. Pero ¿qué es lo mejor? ¿Lo mejor es lo más sano? ¿Lo mejor para un bebé es también lo mejor para su madre? ¿O lo mejor es lo «normal»? ¿Y qué es lo «normal» hoy en día? Objetivamente, todos los bebés humanos deberían alimentarse con leche de sus madres. Puesto que cada madre fabrica exactamente la leche que necesita su bebé, en composición y en cantidad. Luego, a priori, no es comprensible que alguien opte por sustituir ese alimento perfecto por un sucedáneo.

Pero después de la teoría nos encontramos con la vida real. Por un lado, madres, con circunstancias muy diferentes las unas de las otras. Y tenemos, por otro, a la sociedad, que marca aquello que es «normal». De lo que sí disponemos son de ciertas verdades indudables. Si siempre se dio el pecho (antes de inventarse la leche artificial), ¿por qué tanto fracaso ahora? Antes de la leche de fórmula había mujeres que no podían dar el pecho, pero parece que bastantes menos. Hoy en día, hablando desde el punto médico, hay muy pocos casos en los que una enfermedad puede impedir la lactancia, por ejemplo, la diabetes o el hipotiroidismo se pueden tratar con medicación y ésta es compatible con la lactancia materna. Y saliendo del tema médico, la lactancia tiene un componente fisiológico e instintivo, pero en gran medida es un acto que se aprende por imitación de nuestros congéneres. Antiguamente disponíamos en nuestro entorno de muchas mujeres lactantes en las que fijarnos, pero eso cambió con la leche artificial. Actualmente todavía hay muchas mujeres que se enfrentan a su primera lactancia sin ningún referente cercando en el que fijarse y apoyarse. Y el componente emocional cobra mucha importancia también: una madre lactante necesita sentirse acompañada y comprendida, sin ese apoyo cualquier inconveniente puede magnificarse hasta desembocar en el abandono de la lactancia.

biberonY digo yo, si en vez de investigar cómo introducir los componentes de la leche materna en la leche de fórmula, se tratara de incorporar facilidades laborales para las madres en general, pero sobre todo para aquellas que quieran amamantar a sus hijos, si se diera más información de cómo y por qué se debe dar el pecho y si se apoyara emocionalmente más a la mamás que deciden compartir este vínculo entre madre e hijo, ¿no sería un camino más acertado? Racionalmente es obvio que es más acertado y beneficioso para las madres, los bebés, la sociedad, la educación…, pero no lo es para el interés de las multinacionales que nos venden la leche empaquetada. Detrás de cada respuesta a la pregunta ¿pecho o biberón? hay una madre que tiene unas razones, a veces comprensibles y tristemente marcadas por la sociedad en la que vivimos, y otras totalmente incomprensibles cuando tienen que ver con lo meramente físico.

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