Mark-Everett

¿Has visto por aquí el cerebro de mi padre?

Una de las biografías del rock que más me impactó de todas las que leí (he leído muchas, tengo esa perversión) fue Cosas que nuestros nietos deberían saber, de Mark Everett, a la postre alma máter de Eels, posiblemente una de las bandas mas deliciosas que jamás estos oídos hayan degustado. Curiosamente bien escrita, cosa rara en este género, y alejada de todos los típicos tópicos de lo esperado en una bíopop, la vida de este hombre, estrella indiscutible del rock de las dos últimas décadas, está sentenciada a partes iguales por la desgracia familiar y el éxito profesional.

Pero no es el gran E. el protagonista directo de lo que voy a contar. Es su padre: el eminente físico Hugh Everett.

Mark-EverettParalell Worlds, Paralell Lives, un documental de la BBC que suelo revisar cada cierto tiempo por lo mismo que me leí tres veces la autobiografía antes citada, trata de cómo Mark se embarca en un viaje de búsqueda hacia el recuerdo de su padre, al que claramente desconocía en lo afectivo (el único momento en que se abrazan es cuando este fallece e intenta levantarlo del suelo), reencontrándose con buena parte de la comunidad científica americana a la que Hugh E. perteneció a mitad del siglo XX. Hablamos pues ni más ni menos que de toda una autoridad en física cuántica, desarrollador de la innovadora teoría de los universos paralelos. Y padre de una estrella del rock.

Nacido en 1930 en una estricta familia de militares, Mark Everett III ya mostraba maneras escribiéndole a los 12 años cartas de admiración a Albert Einstein. Su teoría chocó en su momento frontalmente con lo más granado y brillante del establishment científico, viniendo a demostrar que el universo se podrían bifurcar en ambas direcciones con cada decisión que tomamos, pudiendo los posibles eventos ocurrir en universos distintos pero paralelos. E. empieza viajando a Princetown, donde viejos colegas de su padre le enseñan los “santos” lugares donde un joven Hugh empezaba a dibujar sus teorías a la tierna edad de 24 años, chocando frontalmente con Niels Bohr, premio Nobel danés defensor de la Interpretación de Copenhague, teoría que viene planteando que el comportamiento de una partícula es afectado por el mero hecho de ser observada, algo que no convencía al joven Hugh (como a Schrodinger… el del gato), que acabó elaborando su propia teoría, la cual descartaba al observador introduciendo la noción de separación que ocurre en cada evento cuántico creando los universos paralelos.

E. es ilustrado como hijo profano por colegas y fans de su padre con divertidas teorías como la paradoja del gato de Schrodinguer, donde a un minino en una caja opaca se le expone a un detector de electrones conectado a un mecanismo que si se acciona romperá un frasco de letal veneno. Si se dispara un electrón hay un 50% de probabilidades de que el gato viva o muera. Solo si vemos en el interior de la cajas sabremos su destino final, diría la interpretación de Copenhagen, mientras tanto el gato estaría vivo o muerto en dos estados posibles… Pero Hugh no tragó e introdujo su propia teoría, la de los Universos Paralelos, donde nada depende de un observador, sino que todo ocurre a la vez en todas sus posibilidades en universos separados. Llevado por su arrogancia juvenil, se enfrentó a Bohr y perdió. Se alejó del mundo académico y empezó a trabajar para el gobierno en plena Guerra Fría, donde llevó a cabo el Proyecto de Lluvia Radioactiva, dejando patentes los devastadores efectos de una guerra atómica en ambas superpotencias.

Llegan los setenta. La sociedad había cambiado y la física cuántica no iba a ser menos. Fue cuando la Universidad de Texas reclamó la presencia de Hugh para una conferencia, ya que su teoría empezaba a formar parte de libros y artículos e incluso en la cultura popular: en cine, TV y ciencia ficción empezaba a ponerse de moda la idea de los universos paralelos. Hugh era casi una estrella de rock como su hijo, pero por poco tiempo: cinco años más tarde, debido a sus excesos con el tabaco y alcohol, falleció de un ataque al corazón.

En una de sus mas bellas canciones, E. rememora todo este viaje en una sola estrofa:

I’m turning out just like my father
Though I swore I never would
Now I can say that I have a love for him
I never really understood
What it must have been like for him
Living inside his head

I feel like he’s here with me now
Even though he’s dead

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