Mejillones con daños en su concha por la acidificación. Foto: Oregon University.

Mejillones con daños en su concha por la acidificación. Foto: Oregon University.

El mejillón sucumbe al océano ácido

El cambio climático ya afecta a la mortalidad de larvas de bivalvos, incapaces de construir su concha por la baja saturación de carbonato en el mar

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El cambio climático tiene consecuencias que van más allá de que suba el nivel del mar, se fundan los glaciares o el termómetro se eleve unos grados. Hay secuelas que para muchos ciudadanos pasan inadvertidas. Pero ya suceden. Y es que las emisiones de CO2 y el calentamiento global afectan a la flora y a la fauna. Por ejemplo, el agua de los océanos se está volviendo más ácida. Y los moluscos no son capaces de reunir suficiente calcio para formar sus conchas. La mortalidad de especies como la ostra en el Pacífico ya es apreciable. Y ahora le toca el turno al mejillón. Un bivalvo que en Galicia tiene interés estratégico.

Iria Giménez Calvo.

Iria Giménez Calvo.

Una gallega, Iria Giménez, de Sada, participa en el estudio que un equipo de la Universidad de Oregón (EEUU) acaba de publicar en la prestigiosa Nature Climate Change. Dirigido por el biólogo marino George Waldbusser, el trabajo demuestra que los bajos niveles de carbonato en el agua de mar provocan que los mejillones no puedan formar su primera concha. Y que ya se produzcan mortandades masivas, especialmente en el Pacífico, de Chile a Canadá.

“Las larvas de los bivalvos son tan vulnerables porque dependen de la rapidez con que tienen que construir su primera concha, un proceso que ocurre en las primeras 24 horas de vida y que es crítico para asegurar que puedan comenzar a alimentarse por sí solas”, explica Iria Giménez. “Las larvas tienen que formar su concha tan rápido que el proceso es muy costoso en términos de energía. Si la composición química de agua de mar es desfavorable, el gasto energético todavía es mayor, complicando la supervivencia del organismo”.

El trabajo señala que no es suficiente medir el CO2 y el PH, sino que el dato que más influye en las larvas de mejillón es la saturación de carbonato en el agua de mar. Este indicador, sin embargo, está relacionado con el cambio climático. Porque el océano absorbe dióxido de carbono, que se asocia con el calcio depositándose en el fondo del océano. El resultado es menor concentración del carbonato necesario para formar las conchas de los moluscos.

“Comienza una carrera mortal de clasificación para los bivalvos”, dice Waldbusser

George Waldbusser, director de la investigación, define gráficamente lo que sucede a los bivalvos: “Comienza una carrera mortal de clasificación,” explica el biólogo marino: “¿Puede la ostra construir su concha lo suficientemente rápido que permita desarrollar sus mecanismos de nutrición antes de agotar su energía procedente del huevo?” Otro tanto sucede con los mejillones.

“Los niveles peligrosamente bajos de saturación se alcanzarán muy pronto, décadas o siglos antes de que los efectos nocivos por pH o CO2 afecten a los organismos”, explica Iria Giménez. Y ya se plantea que, en el futuro, las larvas tengan que criarse en acuicultura, porque no sobrevivirán a la acidez del mar.

Criaderos de ostras y mejillones en Oregon (EEUU).

Criaderos de ostras y mejillones en Oregon (EEUU).

Waldbusser aporta datos muy preocupantes: “Este incremento en  la acidificación está ocurriendo a escala global y es el más rápido de los últimos 50 millones de años. Desde los inicios de la era industrial en el 1800, hemos incrementado en un 30% la acidez del océano”. Reducir drásticamente las emisiones por combustibles fósiles parece la única solución a nivel planetario. Cambiar el modelo energético, con todo lo que implica.

“Estamos realizando los experimentos ahora y en 100 años más veremos si estas especies logran sobrevivir y cuales no lo lograrán”, subraya Waldbusser.

Por tanto, hay razones para preocuparse. El mejillón, un bivalvo estratégico para la economía del mar en Galicia, está librando una batalla para sobrevivir a un océano ácido. Y la comunidad científica ya ha dado la alarma, como en este artículo de Nature Climate Change en el que participa la gallega Iria Giménez.

Leer el artículo científico completo en Nature Climate Change.

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